sábado, 29 de diciembre de 2007

De la Puta tortura en la Patraña borbónica

Zapatero y la tortura en España
Manuel F. Trillo


Salió el Presidente del Gobierno de España para balancearse entre los periodistas invitados a las ferias comunicativas que prepara junto a la “jueza” vicepresidenta que se ríe de todo cuanto le cae de lado. Son así el uno y la otra. Tanto son así que se ríen de las torturas y poco les falta para felicitar a los torturadores en España. Salió a la palestra Zapatero para anunciar que habrá elecciones generales el 9 de marzo de 2008. Y de este modo y con este anuncio, pedir de paso el voto para él y para los cientos de cafres que le acompañarán en las listas electorales. No es nuevo para el PSOE que miembros destacados fueran condenados por torturas –y otros crímenes-, todos ellos compañeros de Rubalcaba en los años de hierro y de muerte institucional (“ni hay pruebas ni las habrá”) y crímenes de Estado. Años después Aznar indultaría a varios torturadores mezclados en un indulto cuasi general –cerca de 400 indultados- entre los que se encontraban chorizos, prevaricadores como Gómez de Liaño, y torturadores. Todos los gobiernos de España tienen tanta sangre debajo de las mesas y empapada en los expedientes, que no se atreven a debatir sobre este tema: las torturas en España.

Qué buen asunto para ese santurrón que se llama Mariano F. Bermejo, ministro de Justicia, que mea brillantina jurídica por las mañanas y en todas sus declaraciones, mientras que en las comisarías y cuartelillos de la Guardia Civil se tortura. Se sigue torturando como en la Edad Media, como en el franquismo, como en la “Alemania nazi”. Zapatero, Bermejo, la “jueza” y el Rubalcaba, la banda de los cuatro que pretenden enseñar sobre lo que está bien y lo que está mal cuando son responsables de que España sea un Estado torturador, semejante a cualquier otro de los que se dicen salvajes o escasamente civilizados. Se dice así de entrada para que no tengan duda alguna sobre la incriminación que se les hace desde estas páginas. Y para que no se atrevan a pasar jamás al lado de una persona decente y mucho menos pedirle el voto. Pues un voto a un miembro del PSOE sería dar un voto a quienes permiten la tortura en España. Votar al PSOE es votar la permanencia de la tortura.

El informe de Amnistía Internacional (AI) “Sal en la herida” (http://www.es.amnesty.org/) del año 2007, y otros muchos informes de organismos y relatores internacionales nos hablan de cientos de torturados en España.

Las declaraciones y las imágenes de las víctimas de las torturas son escalofriantes (Anika Gil - http://www.youtube.com/watch?v=UKACaBA0Yjc-, Gorka Lupiáñez, Lucian Padurau, Unai Romano, etc). Ante la indolencia criminal de los gobernantes del PSOE sólo cabe que a ellos les ocurra lo mismo, o a alguno de sus allegados, para que de ese modo tengan una visión más aproximada de lo que supone pasar por las manos de los torturadores en España, en la España que ellos gobiernan.

España es Parte en diversos tratados internacionales de derechos humanos que imponen a las autoridades la obligación de prevenir y castigar los malos tratos infligidos por agentes del Estado y garantizar acceso a recursos y reparación a las víctimas. Entre ellos figuran el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), la Convención de la ONU contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (Convención contra la tortura) y el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales (Convenio Europeo de Derechos Humanos). Además, el 6 de abril de 2006 España ratificó el Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (durante el Gobierno de Zapatero) que le impone, entre otras, la obligación de mantener, designar o crear uno o varios organismos que realicen visitas periódicas a todos los lugares donde haya personas privadas de su libertad, a fin de impedir los malos tratos. Asimismo, España es Parte en el Convenio Europeo para la prevención de la Tortura y de las Penas o Tratos Inhumanos o Degradantes, lo que supone que permite las visitas periódicas y ad hoc del CPT3 a cualquier lugar donde haya personas privadas de su libertad.

Una muestra más del cinismo del Gobierno del PSOE a partir de 2004 en materia de Derechos Humanos. Mírense las declaraciones de un social-católico como Bono cuando afirmaba que “la tortura es repugnante” en Irak, claro, en España es otra cosa. O cuando Moratinos afirma que hay que perseguir a los torturadores allá donde se encuentren, claro está, siempre que los torturadores no sean españoles ni cometan tales crímenes en España. Según los informes de los organismos internacionales contra la tortura, en España se tortura a no menos de 700 personas al año, de los que el 12% serían independentistas vascos. Dato que es absolutamente ridículo, pues en el caso de los presos y detenidos vascos, o que se les vincule con el conflicto vasco, la inmensa mayoría son objeto de vejaciones y humillaciones, cuando no de violencia física (violación sexual declarada por Lupiáñez) o psíquica (“violaremos a tu novia si no declaras”) afirmada por AI en su informe ya mencionado: “las víctimas afirman haber recibido golpes, patadas, puñetazos e insultos de agentes de policía, incluso estando esposadas y tanto en la calle como bajo custodia policial. En sus denuncias, estas personas aseguran también que los agentes las amenazaron con una pistola o un cuchillo, las azotaron en las plantas de los pies y las amenazaron de muerte. En uno de los casos, los policías dijeron al detenido que si no cooperaba violarían a su novia. En otro, la víctima estuvo varias semanas sin oír por un oído a causa de los golpes que los agentes le habían propinado en la cabeza”.

Está claro que estos tratos son aceptados por Fernández Bermejo –ahora candidato a Diputado- y por Zapatero –ahora candidato a Presidente de Gobierno- , y en la medida en que no han iniciado actuación alguna en estos cuatro años para impedir tan horrendos crímenes, es de suponer que están de acuerdo con que tales prácticas se realicen en las comisarías de España (por no hablar de los tratos que reciben los presos en las cárceles –ya hablaremos de las mazmorras del PSOE). Preocupados por encarcelar el pensamiento y todo lo que suponga independencia política –incluida la persecución de los republicanos, incluso el humor de El jueves- consideran un bien la práctica de las torturas en la España que ellos gobiernan. Pues de otro modo pondrían el mismo afán en perseguir a torturadores como en perseguir a independentistas.

Votar al PSOE es votar por la tortura y por los torturadores. Es votar por el cinismo sin límites. Es votar por la permanencia del crimen institucional, práctica de la que el actual Ministro Rubalcaba es ducho y es gran conocedor desde sus años mozos hace más de 20 años. Se siente mucha vergüenza oír a Bermejo decir que lo que está fuera de la ley no podrá estar dentro de la ley (obviedad donde las haya) para referirse a no se sabe qué intenciones ilegalizadoras en Euskal Herria, y sin embargo, como tal ministro de Justicia, callar ante el crimen que suponen las torturas en España. Parece ser que es mayor crimen ser editor o director de un medio de comunicación en Euskal Herria (J.L. Elkoro, condenado a 22 años de cárcel en el sumario 18/98) que en ser un torturador –aun condenado- a quien la pena mayor es de 4 años de cárcel.

La tortura es gratis en España, lo es en todos los países, y en todos los tiempos, pero en España, en la linda España zapaterista, la tortura y los torturadores lo tienen aún mejor.


Por eso, desde aquí, y a quienes tengan el mínimo de decencia, se les sugiere que ayuden a echar a las cavernas a todos esos canallas que silencian las torturas y encubren a los torturadores en España. (Para los avisados socialdemócratas de buena fe, ¿votaréis por un partido que no persigue a los torturadores?).

En el Reino de la Patraña sólo existe un puto Reino de Desecho

Más de 500 años de cárcel para 47 personas encausadas en el denominado sumario 18/98
Um… ¿Estado de Derecho?
Boris Gruchenko
La Dinamo

El pasado 19 de diciembre la Audiencia Nacional dictaba una pena global de más de 500 años de cárcel para 47 personas encausadas en el denominado sumario 18/98, un macroproceso judicial instruido a partir de cinco operaciones policiales ordenadas por el juez Baltasar Garzón en el País Vasco entre los años 1998 y 2000. Dicho sumario ha formado parte de la cruzada judicial iniciada a finales de los años 90 contra lo que el juez denominó ‘‘el entramado de ETA’’, en referencia a lo que considera diversos ‘‘instrumentos operativos’’ de esa organización relacionados tanto con su entramado financiero como con la ‘‘difusión de los planteamientos de su estrategia’’.

Los principales medios de comunicación se hacían eco de la sentencia judicial (El País, El Mundo, Público), así como de las reacciones favorables a la misma tanto del gobierno como del PP. Sin embargo, los medios no nos han hablado de las numerosas irregularidades que el proceso ha presentado en sus 16 meses de desarrollo, que han motivado, entre otras cosas, que una comisión internacional de juristas formada por profesionales del National Lawyers Guild y de la organización Abogados Europeos Demócratas (AED), haya hablado abiertamente de conculcación de derechos y libertades para catalogar el conjunto de procedimientos instruidos contra una gran variedad de organismos populares, movimientos sociales, organizaciones políticas, empresas y medios de comunicación del País Vasco.

De igual modo, la gravedad del asunto ha llevado al Colegio de Abogados de Barcelona a hacer público un comunicado horas después de conocerse el veredicto del tribunal que ha juzgado el sumario 18/98, manifestando que “la sentencia significa la normalización de una cultura jurídica de emergencia o excepcionalidad, en la cual se establecen responsabilidades penales difusas y colectivas, absolutamente incompatibles con un sistema democrático” y que “evidencia una vez más la inexistencia de una clara división de poderes: la acción judicial está sobrecargada de valores políticos más que de los valores jurisdiccionales que deben regirla”, para añadir que se trata de “uno de los ejemplos más graves de los efectos extensivos de la aplicación del concepto de terrorismo sobre la disidencia política”.

A lo largo del proceso, multitud de colectivos, partidos, asociaciones, sindicatos y agentes sociales muy diversos, incluido el propio Gobierno Vasco, han protestado ante lo que han considerado un atropello a las libertades, así como 15.000 personas se han autoinculpado en apoyo a los procesados.

Particularmente graves han sido los testimonios de torturas relatados por algunos de los acusados en las vistas orales del juicio. Algo que concuerda con el informe que el pasado mes de noviembre hizo público la organización Amnistía Internacional sobre nuestro país, titulado “España. Sal en la herida” y en el que la ONG manifiesta que “en España la tortura y los malos tratos de personas detenidas a manos de agentes encargados de hacer cumplir la ley es una práctica extendida y persistente. Junto con otras ONG nacionales e internacionales y diversos órganos de derechos humanos de la ONU y el Consejo de Europa, Amnistía Internacional lleva años expresando honda preocupación por esta situación, así como por la impunidad de que disfrutan muchos agentes de policía en relación con estos delitos”. En este contexto, especialmente espeluznante ha resultado el testimonio hecho público hace unos días por Gorka Lupiañez, un presunto miembro de ETA detenido por la Guardia Civil el pasado 6 de diciembre, día de la Constitución, en el que relata las brutales torturas que sufrió a manos de agentes de dicho cuerpo de seguridad, con la complicidad de médicos forenses y magistrados.

A tenor de los datos referidos, cuando menos cabe preguntarse: ¿Vivimos realmente en un Estado de Derecho? ¿Es democrático un país en el que 47 personas son encarceladas sin pruebas reales y tras un juicio fraudulento? ¿Qué debemos pensar del juez instructor del sumario 18/98, el señor Baltasar Garzón? Si simples ciudadanos como nosotros tenemos acceso a los testimonios y los informes sobre las espeluznantes torturas que la Policía y la Guardia Civil practican con absoluta impunidad en nuestro país, ¿es creíble que el gobierno, la clase política en su conjunto, los medios de comunicación y el Poder Judicial no sepan nada al respecto?

viernes, 28 de diciembre de 2007

De la dialéctica de nuestros más íntimos sueños eróticos: O de cómo la Puta belleza da realidad a la maravilla del arte de Klimt


¿Contra el puto cuento de la Inocencia?

Si es que van provocando con esas imágenes de niñitos tan desnuditos y destapaditos... y luego pasa lo que pasa con las hipócritas morales que defiende el ganado eclesiástico... Un obispo ¿justifica? la pederastia porque hay niños "que provocan"
El titular de la diócesis Tenerife afirma que “la homosexualidad perjudica a las personas y a la sociedad

MIGUEL ÁNGEL MARFULL
Público, Madrid 27/12/2007 20:37

Si te descuidas, te provocan”. Se refiere así a niños de 13 años. El obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, encierra en esta justificación el origen de un delito, los abusos sexuales a menores. Álvarez considera la pederastia una derivada de la homosexualidad. “No hay que confundir la homosexualidad como necesidad existencial con la que es practicada como vicio. La persona [la] practica como puede practicar el abuso de menores”, señala. A su juicio, este delito nace de la búsqueda de la “novedad” y se convierte por eso en “una forma de sexualidad distinta”.


Relaciones ‘consentidas’


En una entrevista concedida al diario La Opinión de Tenerife, el obispo se extiende en la idea hasta replicar a la periodista, que, previamente, le había señalado que “la diferencia entre una relación homosexual y un abuso está clara”. Por si persisten las dudas, la entrevistadora recuerda al obispo que “un abuso es una relación no consentida”. La respuesta del prelado no deja lugar para las dudas.


"Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso, si te descuidas, te provocan”. En la misma conversación, el prelado desempolva sin matices todos los prejuicios de la Iglesia católica contra los homosexuales. “Es algo que perjudica a las personas y a la sociedad”, critica el obispo.


Viciosos deformados


“No es políticamente correcto decir que es una enfermedad, una carencia, una deformación de la naturaleza propia del ser humano”, se descarga Bernardo Álvarez, después de protegerse en una frase hecha: “Las personas son siempre dignas del mayor respeto”.


Aun así, el titular de la diócesis de Tenerife llega a asegurar que, en ocasiones, la homosexualidad se practica “como vicio”. “Yo no digo que se reprima, pero entre no reprimirlo y promoverlo hay un margen”, apostilla el obispo. El portavoz del prelado señaló ayer a Público que “en ningún caso ha pretendido justificar ni comprender un fenómeno rechazable”.


· maiz 28-12-2007 13:53:12 : Yo cada día alucino más con la forma de hacer periodismo. ¡¡¡Vaya forma tan espectacular y sensacionalista de titular!!! Creo que nos da miedo la realidad. Lo que insinúa el Obispo -¡¡y sólo insinúa!!- es que hay bastantes niños de 13 años que ya se creen saber lo que hacen cuando se meten en provocaciones suicidas o en cuestiones "prohibidas". Y sería interesante que se abriera un campo donde se pudieran hacer reflexiones amplias sobre esas cuestiones antes que matarlas con la maldita censura de la derecha progresista –o izquierda progre de las damas de honor y la honra– y sus sacrosantas leyes jurídicas...


· SOS 28-12-2007 14:00:38 : MAIZ, no puedo creer que hayas hecho ese comentario. Da igual que el niño provoque, eso es lo de menos. El problema es que el adulto ceda ante eso. El problema está en que un adulto NUNCA puede tener relaciones con un menor, porque es moralmente reprobable, carente de toda ética y por si no lo sabías (igual tenemos que recordártelo) eso es UN DELITO!! A LOS NIÑOS NO SE LES TOCA, SEA CUAL SEA SU ACTITUD, TE ENTERAS!. Sólo faltaba que nos tuviesen que dar pena los viejos verdes y asquerosos que se sienten tentados por un niño de 13 años, por favor!


· JuamPA 28-12-2007 14:05:23 : maiz 28-12-2007 13:53:12... no se si eres nueva en esto de la vida pero el simple hecho de insinuarlo me parece muy triste y tu de defender su insinuación. Un niño de 13 años es muy maleable, aquí y en Japón, un adulto puede engañarle y llevarle a su terreno sin problemas... suponiendo una provocación de un niño de 13 años a un señor de 60, no será que el de 60 entiende como provocación un simple gesto de cariño de un niño de 13 años que aún no ha tenido tiempo de ser corrompido por la iglesia y su régimen pederastial? de coña que apoyes a un criminal como este...


· maiz 28-12-2007 14:46:40
Para SOS Y JUANPA: ¿no sé si sabéis leer? O: a lo mejor tengo que pedir disculpas porque no me sé expresar bien. Pero yo con la poca información que da el periódico no deduzco ninguna defensa de la pederastia por parte del Obispo canario. Ya sé que a la Iglesia católica ni agua. ¡¡Vale!! pero eso no quiere decir que no podamos ver la realidad realmente real de frente... y sin tapujos. Y quién diablos ha defendido la pederastia. Lo que digo y afirmo es que hay muchos críos -y crías- menores de edad a los que le gusta jugar con fuego; y mucho mayor cabronazi que abusa y se aprovecha de ellos y de ellas.

La Puta práctica diaria de la tortura en el Reino de la Patraña de los Bribones borbónicos

Socialistas españoles
Mikel Arizaleta
Rebelión
28/12/2007

A inicios del siglo XI, Pedro Damián tras tildar al papa Honorio II, al tristemente famoso Cadalo, de “obispo de la mentira”, de “Vesubio que viertes llamas del infierno” le escupió a la cara una frase, que incluso a finales de 2007 suena aterradora: “O dass Du nicht geboren wärest oder alsbald stürbest...”. ¡Ojalá no hubieras nacido, ojalá te murieras lo antes posible!


Los socialistas españoles os habéis convertido en desecho, habéis pisoteado derechos arrancados por vuestros antepasados a los explotadores de la tierra. He leído páginas bellas de obreros socialistas en las inhumanas minas de hierro de Triano (Bizkaia). Pero aquello es pasado. Hoy sois brazo de explotación, gente vendida, mentirosos consumados, atajo de torturadores. No os fue suficiente crear y atizar al Gal desde la ejecutiva del partido, desde el poder central, desde el gobierno de Felipe González, habéis engordado y cebado la tortura en nuestro pueblo.


El caso de Gorka Lupiañez Mintegi, detenido por la guardiacivil, amparado por gobierno, jueces, forenses, medios... en este mismo mes es aterrador, tortura de vergüenza, de degradación, bestialidad extrema. Lo terrible es que el PSOE español de hoy es capaz de hacer esto sin sonrojo y clamar la ilegalización de otros no por torturar con sus propias manos, como ellos, sino por no condenar la violencia de grupos. Sois escupitajo y pura checa. Estáis a la altura de los bestias más bestias, que conoce la historia.


He aquí un relato de inhumanidad y miseria:


“Nada más llegar a la Dirección General de la Guardia Civil, me llevaron a un cuarto, cuenta Gorka, me desnudaron y me pusieron un antifaz, con el que estuve hasta ser trasladado al Juzgado (...) En día y medio me habían obligado a realizar miles de flexiones. A la vez me golpeaban en la cabeza con algo que podría ser un listín o con una porra de algún material como goma. Con los golpes, veía como luces. Me ponían una bolsa en la cabeza y me metían dentro de ella humo de tabaco. Me la cerraban hasta provocarme asfixia. Los interrogatorios eran continuos. Casi no pisé el calabozo el tiempo que estuve allí. Salvo unas horas el último día (...) Había momentos en los que contestaba a las preguntas con cosas incoherentes. Pienso que era por la falta de aire (...).


Tras esas primeras 36 horas, en las que también le colocaban una manta doblada sobre el cuerpo y me daban puñetazos a través de ella, comenzaron a aplicarle


«la bañera, además de las cosas que ya me venían haciendo. Me ataron en un colchón de espuma, y me metieron la cabeza en agua helada. Luego empezaron a hacerme lo que ellos llamaban `aguapark'. Decían que se lo habían enseñado los israelitas. Consistía en que me tumbaban en un colchón, me sujetaban los pies, los brazos y la cabeza, y me echaban agua con una manguera, en la boca y en la nariz. Cuando ya no podía aguantar, me tiraban un balde de agua a la cara, y me ahogaba (...) Estando desnudo me obligaban a ponerme con los brazos abiertos. Me tiraban baldes de agua muy fría por encima. Como temblaba, decían que era el `ángel nervioso'».


Aproximadamente cuando sería el segundo día y medio, entre hacerme el `aguapark' y el `ángel nervioso', me pusieron a cuatro patas en el suelo y trataron de meterme un palo por el culo. Como no pudieron hacerlo, me tumbaron en el suelo boca arriba, me sujetaron, me levantaron las piernas, y en esa posición me metieron el palo.


En algún momento me pusieron atado en un colchón, me sujetaban un cable en el dedo gordo del pie izquierdo y otro en la mano derecha atado con celo. Oía el ruido de descargas eléctricas, pero no sentía nada».


Afirma que la médico forense le visitó todos los días, pero que no le contó nada sobre el trato por miedo. (...) Cuando salía de la habitación, de nuevo me ponían el antifaz y me desnudaban. Me preguntaban qué había dicho a la médico mientras me daban porrazos (...) Como no quería comer, en una ocasión me metieron un sobado en la boca a la fuerza. Echaron Cola Cao al suelo y me obligaron a chuparlo. Me tiraron numerosas veces del pelo. Tanto de la cabeza como del pubis. Me arrancaron mucho pelo del lado izquierdo de la cabeza (...). Tirando del pene hasta sangrar.


Explica que hizo tres declaraciones policiales que estaban preparadas (...) Cuando terminé la tercera, me llevaron al calabozo y me dijeron que me iban a dejar descansar».


Fueron unos pocos minutos: Me llevaron de nuevo a un cuarto donde estaba alguien que no había intervenido en los interrogatorios de los días anteriores. Lo noté por su voz. Me dijo que él tenía una función, que era sacarme algo que no hubiera dicho con anterioridad. Me empezó a dar bofetadas en la cara, y me provocó muchas llagas en el interior de la boca. Me ató los testículos y el pene con una cuerda, y se puso a estirar. También me estiraba con la mano. En un momento empecé a sangrar del pene (...)”.


¿Y vosotros, gobierno, jueces, forenses, aparatos policiales, medios... queréis condenar, tenéis el valor de pedir la ilegalización de algún partido que no sea el PSOE por no condenar la violencia?

Contra la Puta censura


Erotiblogs
La blogosfera de habla hispana se apunta al carro del erotismo con relatos tórridos e imágenes sugerentes o explícitas

ISABEL REPISO – Diario PÚBLICO, MADRID - 28/12/2007 09:58

"La mayoría de los hombres prefieren que las mujeres lo tengamos pelado. A mí me gusta lo mismo de ellos". Esta confesión es pública. No pertenece a ningún libro sino a la blogosfera de habla hispana. Es uno de los últimos posts publicados en el sitio Piel desnuda, tras el que se esconden las sugestiones de una mujer que se hace llamar Mamots. Poco más sabemos de ella.

El anonimato o, en su defecto, los seudónimos se imponen. Como en todo, el género se encarna en versiones suaves y duras. La diferencia más notoria entre ambas radica en las fotografías sexualmente explícitas o la omisión de éstas.

Según este parámetro, Mojada , Dos locas y un dextino, María lasciva , Mazucamba y Elixir de lujuria podrían considerarse hard. En la otra orilla están quienes tiran de desnudos de la pintura clásica, de objetos cotidianos o simplemente de nada para ilustrar sus relatos, como el anteriormente citado Piel desnuda, Aires abiertos , Con el deseo en la piel y Las veladas de la mansión.

Variedad

Las temáticas que abordan estos sitios van desde información pura y dura, sobre novedades en el terreno de los sex toys, a anuncios de exposiciones de arte erótico, sin renunciar a relatos fantasiosos o confesiones de cama.

¿Alguien sabe quién es Sophie Dee? Esta actriz porno centra el último post de Mazucamba ("sexblog bellaco", en palabras de su autor). La popularidad de Dee subió como la espuma tras su participación en las webs Ass Parade y Round Juicy Butts, sitios que, como su propio nombre indica, rinden tributo a los culos. Este tipo de descubrimientos están a la hora del día en la blogosfera eróticosexual.

Debora y Pancha son Dos locas y un dextino, cuyo post más reciente narra la primera penetración anal de la primera. "No existen mujeres que les ‘nieguen' el culo a los hombres, existen hombres que no saben hacer bien un culo", comenta Debora antes de entrar en detalles metodológicos.

Por su parte, Erotalia es un universo de fragmentos sin ningún pudor gramático que corre a cargo del mexicano Jorge Rueda. En él se entremezclan reflexiones con dibujos eróticos de Jean Cocteau, Toyen, Tom Poulton y pinturas de Paul Avril o Julio Ruelas.

Otras direcciones recomendables para los no iniciados y los amantes del género son las archiconocidas bitácoras Diarios de sexo y libertad, de Rafael Fernández, Ellos no existen, de Jesús Bordas Luque, Recuerdos de Lady Bourbon y La petite Claudine.

Claves para entender el Puto apartheid de la Puta Europa "Blanca", "Cristiana" y "civilizada por los asfaltos"



España es líder en temporalidad laboral


elmercuriodigital.es


La tasa de temporalidad laboral en España es la más elevada entre los países europeos de su entorno, alcanzando un 30% del empleo con bajos niveles de formación, frente a una media del 17% en la UE25, y del 23% entre aquellos puestos de trabajo que requieren una formación superior, cuando la media de la UE25 es del 11%, según se desprende del estudio 'Mind the Gap', realizado por Randstad Holding y SEO Economic Research.


Asimismo, el informe destaca que en países como España, Austria, Italia e Irlanda, la inmigración se ha doblado recientemente, mientras que en los Países Bajos la inmigración neta (inmigración menos emigración) ha descendido enormemente y es negativa desde 2004.


Respecto a las tasas de temporalidad entre aquellos inmigrantes que cuentan con contrato de trabajo, el informe destaca que España se desmarca del resto de países analizados al registrar una temporalidad del 44%, mientras que entre la población nacional la tasa de temporalidad se sitúa en el 24%.


Entre el conjunto de países analizados por Randstad, por detrás de España aparecen Portugal, con niveles de temporalidad del 30% entre los inmigrantes y del 14% para sus nacionales, Polonia (23% inmigrantes y 17% nacionales) y Finlandia (23% inmigrantes y 15% nacionales).


No obstante, el informe señala que el trabajo temporal ha sido un importante componente del crecimiento de empleo en las últimas décadas y afirma que la temporalidad funciona como una pasarela hacia un empleo permanente, puesto que entre un 45% y un 65% de los trabajadores temporales desde 1998 han conseguido un contrato indefinido en tres años.


Por otra parte, España aparece rezagada en los datos que reflejan el porcentaje de hombres y mujeres con contratos a tiempo parcial. En concreto, el porcentaje de mujeres alcanza el 25% y el de hombres el 5%, sólo por delante de Portugal, Polonia, República Checa y Hungría.


Por contra, el informe señala que en Holanda, casi la mitad de los empleados trabaja menos de 35 horas a la semana, una cifra que alcanza entre un 30% y un 40% de los trabajadores en el resto de Europa con especial incidencia entre las mujeres trabajadoras.


EUROPA NECESITA 50 MILLONES MÁS DE TRABAJADORES HASTA 2050


Por otro lado, el estudio elaborado por Randstad y SEO Economic Research afirma que Europa necesitará 50 millones más de trabajadores en el año 2050 para mantener su población activa como hasta ahora, debido al envejecimiento de la población y al descenso en el crecimiento de la misma.


Según este estudio, las tasas de actividad deben aumentar para compensar el incremento de financiación de la salud pública y las pensiones que deberá soportar la sociedad, y asegurar así el Estado de Bienestar.


En este sentido, el envejecimiento de la población reducirá el acceso de nuevos trabajadores al mercado laboral, puesto que si el ratio de empleo continúa en 63,3%, el nivel de empleo en la UE25 disminuirá en 31 millones de personas. Para mantener el nivel de empleo constante (actualmente en 195 millones de personas), el informe señala que la tasa deberá crecer por encima del objetivo de Lisboa del 75,5%. Es decir, el mismo número de personas en activo tendrán que financiar un mayor número de pensionistas.


Además, el documento subraya que el vacío laboral será mayor debido al crecimiento negativo de la población. Este crecimiento negativo será menor de media (un -1%), aunque bastante más significativo en Alemania y la Europa del Sur y el Este (donde puede llegar hasta el -13% en la República Checa).


De acuerdo con el documento, uno de los objetivos principales de la Agenda de Lisboa con más posibilidades de cumplirse, según Randstad, es el de elevar la participación en el mercado laboral hasta el 70%, mientras que menos probable sería el de reducir el desempleo hasta el 4%, puesto que el informe señala que en 2006 la tasa de desempleo fue del 8,4%, la más baja en dos décadas, por lo que parece difícil que la UE pueda cumplir con su meta.

Un puto cuento más sobre la Puta Navidad

Enrique Dussel en Londres en 1986 De un inmigrante y exiliado político:
Joshúa de Nazareth

Enrique Dussel
La Jornada

La filosofía política nos permite realizar una hermenéutica filosófica de narrativas contenidas en textos religiosos. Lo que se llama Navidad es una festividad de las culturas del Mediterráneo y de otros pueblos en la que se celebraba al 21 de diciembre, el día más corto del año, porque desde ese día el sol habría de ir “creciendo”. Era el solis natale. Desde el tercer siglo dC, el cristianismo adoptó esa fiesta, que no era ni judía ni cristiana, y celebró el nacimiento de Joshúa de Nazareth. Las circunstancias de ese nacimiento pasan frecuentemente desapercibidas, fetichizadas bajo sentidos completamente superficiales.


Se sabe que el emperador romano del momento ordenó efectuar un censo para poder cobrar los tributos de sus súbditos coloniales. Palestina era colonia romana. La familia de Joshúa, descendiente de la dinastía de David, rey del pequeño reino entre el de Egipto y los de la Mesopotamia, debieron ir a Belén, lugar del nacimiento y residencia del indicado reyezuelo. Como no tenían recursos, eran inmigrantes pobres, María debió dar a luz al niño en condiciones de indigencia: “lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada” ( Lucas 1,7). ¡Pobres inmigrantes entonces! ¡Un latino o mexicano en el Imperio estadunidense! Pronto la situación se agravará.


Y esto porque el monarca colonial colaboracionista del Imperio romano, siendo Herodes un usurpador no de estirpe real, al enterarse que había la posibilidad del nacimiento de un descendiente de David, temiendo que un día le disputara el poder, ordenó “matar a todos los niños de dos años abajo en Belén y sus alrededores” ( Mateo 2, 16). José tuvo noticia de que “Herodes buscaba al niño para matarlo. [Por ello] José se levantó, tomó al niño y su madre de noche [propio de un asustado perseguido], (y) se fue a Egipto y se quedó allí hasta la muerte de Herodes” ( Ibid ., 13-14).


Vemos entonces que la vida de Joshúa se inició en el peligro de la pobreza, la humillación, la opresión (nació en un pesebre), y no bien nacido casi lo asesinan (de no ser por los buenos informantes que tenía José). ¡Era entonces un perseguido político! Y léase bien: perseguido político y no religioso, porque se lo intentó asesinar porque en la “genealogía de Joshúa, el Ungido, [estaba indicado que era] descendiente de David” ( Ibid ., 1, 1).


En uno de mis viajes a Egipto en los 80, en El Cairo, me tocó en el barrio antiguo copto visitar una iglesita donde la comunidad bizantina celebra la estadía de Joshúa en Egipto. Ese día cobré conciencia de que el tal Joshúa había sido un exilado político en Egipto, y por ello un inmigrante indefenso. Debo indicar que esa estadía en Egipto no le fue a Joshúa inútil. En efecto, Joshúa debió aprender muchas cosas en su estadía en esa gran civilización –inmensamente más desarrollada que su pequeña patria palestina. Entre lo que aprendió fueron los criterios éticos universales que enumera como principios en el Juicio final (acontecimiento celebrado en las tradiciones egipcias, y que tenía a la Gran diosa de la justicia Ma’at por protagonista y que como jueza suprema preguntaba al muerto, que pedía la resurrección, qué había hecho de bueno en su existencia; a lo que el muerto respondía: “Di pan al hambriento, agua al sediento, vestido al desnudo, y una barca al peregrino” –capítulo 125 del Libro de los muertos de Egipto, que Joshúa reproduce en Mateo 25, enunciado mucho más completo que los sugeridos por Isaías).


Lo cierto es que aquella familia de exiliados políticos e indefensos inmigrantes cuando tuvieron información de que “murió Herodes [... José] se levantó, tomó al niño y a su madre y entró en Israel” ( Ibid 2, 21). Pero, como toda familia de exiliados políticos, “tuvo miedo de ir allá”, y esto porque “Arquéalo reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes”. Fue por ello que prefirió estar lejos de Jerusalén donde los servicios de inteligencia de la época eran menos activos, y por ello “se retiró a Galilea” ( Ibid. 22-23).


Pero no es todo. Al final de su vida, aquel laico (porque Joshúa nunca fue sacerdote, y celebró cultos propio de todo padre de familia, como el hagadá , la llamada “última cena”) enderezó su crítica en primer lugar contra la corrupción de la religión de su pueblo (“toda crítica comienza por la crítica a la religión”, dirá siglos después un descendiente judío alemán: Carlos MARX), ya que entrando al templo de Jerusalén “volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas, diciéndoles: Mi casa será casa de oración , pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones” (Mateo 21, 13), claro que, al menos, no debió criticarlos por protectores de pederastas. Podemos decir que Joshúa era anticlerical , cuando el sacerdocio se ha burocratizado y transformado en cómplice político del poder, este mismo también fetichizado.


Aquel mesías (en el significado de Walter Benjamín) profético (no davídico o político) vivió toda su vida desde la experiencia “del tiempo que resta” (en el sentido de Giorgio Agamben), como alguien con tal responsabilidad por los pobres y las víctimas que en poco valoraba salvar su vida que estaba empeñada en la lucha contra la injusticia y el dominio de los poderosos (del templo, de la patria colonial y del Imperio). Por ello, al final, fue acusado de “rebelar el pueblo” (“rebela al pueblo con su enseñanza”; Lucas 23, 5) contra el rey palestino Herodes, el hijo, y el mismo Imperio romano. Al final es crucificado (la cruz era la silla eléctrica política de aquella época). La cruz era la condena política contra los terroristas que se levantaban contra la ley sagrada del Imperio. Esa acusación era nuevamente una acusación política , no religiosa (porque Pilatos no la hubiera aceptado o no le hubiera dado importancia de haber sido sólo una acusación religiosa).


Por ello, el exiliado político en Egipto terminó asesinado bajo acusación de rebelión política, y con un cartel sobre su cruz que nada indicaba de religioso: “Joshúa de Nazareth, rey de los judíos” (Mateo 27, 38), título político y no religioso que el mismo Joshúa aceptó (“–¿Eres tú el rey de los judíos? [...] –Tú lo estás diciendo” –respondió Joshúa; Ibid . 11). Lo que más molestó a los traidores políticos y religiosos coloniales judíos, y al soldado del Imperio, era la prédica profético política de Joshúa que al dar fundamento a los pobres y humillados de sus luchas contra la dominación, esos explotados se transformaban en actores de la historia desde el postulado de un Reino de justicia fraterno.


¡Lo cierto es que dicho postulado terminarán por transformar desde abajo todo el Imperio romano, y a otros posteriormente!


Navidad es una extraña festividad absolutamente fetichizada e invertida en su sentido fuerte, político, profético, crítico.

¡El mercado y las complicidades de los políticos, de los cristianos y sus jerarcas la han desvirtuado!

De cómo se prostituyó hasta nuestra Puta Inocencia




Acto de presentación del libro “Leer con niños”, de Santiago Alba Rico, al que no pudo asistir su autor

¿Para qué sirve el Ministerio de Asuntos Exteriores?

Belén Gopegui
Rebelión
28-12-2007
Había una vez un escritor llamado Santiago Alba que vivía en Túnez con su esposa y sus hijos. Ni el escritor ni su esposa habían querido casarse pues consideraban que su amor no debía estar sujeto a trámites burocráticos. Había una vez un ministerio de Asuntos Exteriores de un país muy moderno llamado España, donde los homosexuales podían, como es justo, casarse y las parejas de hecho podían acceder a los derechos que durante mucho tiempo se les habían negado. Sin embargo, el ministerio de ese país tan moderno se negaba a reconocer que Santiago Alba merecía, por compartir su vida con Ana, el mismo pasaporte que tenían ella y sus hijos y que le daría derecho a obtener un permiso de residencia en Túnez.

Había una vez una embajada española y un ministerio tunecino que propusieron al escritor Santiago Alba convertirse en empleado doméstico de su esposa para así poderle conceder un permiso de residencia en Túnez con un trámite que en otros casos no dura más de una semana. El escritor aceptó la propuesta pues pensaba que era mejor convertirse en empleado doméstico imaginario que ofrecer su amor en prenda a una embajada. Llevó su pasaporte y sus papeles a la embajada y ésta los mandó al departamento de protocolo tunecino el 11 de noviembre de 2007, esperando que estuviera allí sólo una semana (o quizás dos o como mucho tres). Pero el departamento retuvo el pasaporte, y la embajada española de ese país tan moderno, a pesar de tener la capacidad de interpelar a las autoridades tunecinas para que acelerasen los trámites, no hizo nada. Como el cuento sigue, como está ocurriendo ahora, volvamos al presente. El escritor permanece retenido en Túnez desde hace seis semanas mientras la embajada española acepta la situación, más que irregular, de que un ciudadano español que no ha cometido ningún delito se vea privado de su pasaporte e impedido de volver a su propio país.

Santiago Alba, quien con tanta exactitud ha escrito sobre el horror y la guerra y las invasiones y las torturas e injusticias, cuando tiene que explicar su situación utiliza las palabras también con exactitud: “Como en la embajada saben muy bien quién soy y a qué me dedico, lo que no me ofrece la menor duda es que no están precisamente preocupados por todos los perjuicios que me están causando”. Esto es todo lo que el escritor dice: “no están precisamente preocupados”. Porque Santiago Alba detesta el victimismo y nunca se haría pasar por víctima aunque lo sea. También nosotros lo detestamos, sabemos que hay daños muchísimo más graves que el que está padeciendo Santiago. Lo que nos ocurre es que, a diferencia de la embajada, sí que estamos preocupados. Mucho. Porque pensamos que vivimos en un país cuyo ministerio de Asuntos Exteriores se hace cómplice, por omisión, del destierro de un ciudadano. Y pensamos que el atropello de los derechos importa siempre, incluso en los casos más leves, o en los medianos, como éste. Atropellar la ley se parece mucho a atropellar el lenguaje. Si a lo que yo llamo bicicleta, tú me obligas a llamarlo goma de borrar, no habrá terreno común, no habrá posibilidad de argumentar, de razonar, de comprender. Estamos preocupados y extendemos nuestra preocupación, a través de este acto, a todas las personas que puedan de algún modo intervenir.

Ahora vamos a hablar un poco del libro donde Santiago Alba se pregunta para qué sirven los niños y las niñas y, por lo tanto, para qué sirve la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo horrible y lo maravilloso. Un libro muy bello y tanto más necesario cuando, hoy, esas diferencias parecen confusas a la mayoría de las personas. Los niños y las niñas, nos dice Santiago Alba, sirven para aprender a cuidar. Es una afirmación delicada, en el sentido de fácil de lastimar o romper, sentido que no está lejos del que Santiago Alba atribuye a lo real: “Llamamos”, dice, “real a todo que una vez roto no puede recomponerse; a todo aquello que, una vez destruido, no puede ser reconstruido”. Real como un haya, real como un ciervo, real como la economía ecológica, real como los análisis feministas, muchos de ellos marxistas, que llevan años hablando de la economía de los cuidados.

El pensamiento económico convencional considera, como saben, a los agentes humanos especies de centros de computación, radicalmente desvinculados unos de otros y en constante competencia, ocupados todo el tiempo en calcular las opciones y estrategias que, en cada caso, reporten mayores beneficios individuales. Para mostrar lo patético que resulta partir del supuesto del centro de computación egoísta a la hora de explicar los hechos más elementales de la vida humana, el ensayista Luis Alegre pone el siguiente ejemplo: “Pensemos”, dice, “en como se podría explicar el hecho innegable de que bastantes seres humanos tiendan a cuidar generosamente de sus hijos. Podría aducirse que lo hacen para lograr el “objetivo egoísta” de tener quien les cuide a ellos en la vejez, pero entonces resultaría inexplicable por qué los padres cuidan también a sus hijos incluso cuando éstos tienen alguna enfermedad terminal”. La afirmación de Santiago Alba, tanto como la de Luis Alegre, tanto como la economía ecológica y la economía feminista, impugnan el pensamiento económico convencional que es hoy el pensamiento político convencional, y el pensamiento ético convencional, etcétera.

Supongo que todos hemos visto alguna vez una de esas películas en donde una computadora o un robot no comprenden cosas que a las personas les parecen obvias, no entienden un chiste, o por qué alguien se ruboriza, o para qué sirve cuidar. Lo que Santiago Alba ha llamado “nuestra cordura nihilista” nos ha conducido a un sitio no muy distante del de ese robot que no comprende en qué consiste ser humano, esto es: pertenecer a una especie animal que escribe y fabrica herramientas de gran complejidad y enuncia leyes y, como otras especies animales, cuida a las crías, a los cachorros, a los niños. Nuestra cordura nihilista, también llamada capitalismo, hace que tengamos que preguntar por lo evidente. He dicho alguna vez que el libro de Santiago Alba era delicado y brutal. Es delicado como lo vivo. Es brutal porque siempre incorpora violencia tener que preguntar por lo evidente: la violencia de otros sobre nosotros, y la violencia, también, de quien se quita de encima unas manos que le oprimen y le impiden respirar.

Siguiendo el ejemplo de Santiago Alba, voy a preguntar por lo evidente. Y lo evidente es, como decíamos al principio, que Alba no está aquí, presentando su libro. Pero hay otras cosas también evidentes para quienes tenemos los datos, y que hoy voy a permitirme compartir. Es evidente, y acaso mínimo o acaso no, que en septiembre de este año hicieron a Santiago Alba una larga entrevista para el periódico El País con motivo de este libro, Leer con niños. Es evidente que todavía no la han publicado. Y es también evidente que a Santiago Alba le parece irrelevante, innecesario y absurdo, dedicar un artículo a protestar por el hecho de que un medio de comunicación capitalista no publique una entrevista que sin embargo le hizo, que se prolongó más de dos horas y que, en términos capitalistas, le impidió trabajar y producir durante ese tiempo. No obstante, a mí me gustaría preguntar aquí por las pequeñas tragedias íntimas de los periodistas a quienes encargan entrevistas y que las hacen pero luego pasan semanas y meses sin que puedan publicarlas. ¿Qué habrá pensado la periodista que entrevistó a Santiago Alba? ¿Qué razón le habrán dado? ¿Quizá que Santiago ha escrito junto con Carlos Fernández Liria un artículo donde critica no sólo el carácter extrajurídico de la sentencia del sumario 18/98, sino también el alborozo con que la hemos aceptado y cómo no hemos podido dejar de saber que el contenido punitivo de esa sentencia estaba sujeto a los vaivenes de las fallidas negociaciones de paz y al calendario electoral? O puede que le hayan dicho que Santiago Alba ha escrito artículos no falsos sobre Palestina, sobre Iraq, sobre Cuba, sobre Venezuela. O puede, es lo más probable, que no le hayan dicho nada. Que la periodista haya tenido que conformase con un “no vamos a sacarla ahora” o cualquier otra frase. En esto se acaban convirtiendo nuestras vidas de cuerdos capitalistas, en no poder decidir, en no poder preguntar, en no poder intervenir y que no poder hacerlo nos parezca lógico.

Cuando Santiago Alba me pidió que viniera aquí, me dijo que hablara “de lo que siempre hay que hablar: de la literatura que nos falta, de la que está por hacer”. Pero yo he venido a desobedecerle para hablar de la literatura que no nos falta y que sí tenemos, la que él escribe cada día. En su libro Leer con niños, no sólo logra explicar para qué sirven los niños y las niñas, e incluso para qué sirve que nos lo preguntemos. También consigue explicar que los libros podrían llegar a servir para algo bueno. Por eso quiero terminar dedicándole unas palabras de Conrad que describen muy bien los cuentos maravillosos que jalonan Leer con niños, y nos revelan para qué sirve este libro de Santiago Alba:

Tendemos a olvidar”, dijo Conrad, “que el camino de lo excelso es, en lo intelectual, a diferencia de lo emocional, la humildad. Lo que uno siente tan irremediablemente estéril en el pesimismo declarado es tan sólo su arrogancia. Parece que el descubrimiento hecho por muchos hombres en diferentes momentos de la historia de que es mucha la maldad existente en el mundo, fuese fuente de orgullo y de inconfesable alegría para no pocos de los autores modernos. Esta disposición de la mente no es la más apropiada para abordar seriamente el arte de la Ficción [...] Ser esperanzado en un sentido artístico no implica necesariamente creer en la bondad del mundo. Basta con creer que no es imposible que sea así”.

Agradezcamos pues, a Santiago Alba, que a pesar de los pesares nos enseñe a comprender que no es imposible la bondad del mundo.

Muchas gracias por su atención.

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jueves, 27 de diciembre de 2007

La jaula de la Puta Libertad pornoyanqui: ¿invitamos otra vez a Tocqueville?


Uno de cada 31 ciudadanos vive bajo supervisión judicial, la tasa más elevada del mundo

Más de siete millones de estadounidenses están encarcelados o en libertad condicional

Jean Guy Allard
Rebelión 27/12/2007

Más de siete millones de ciudadanos adultos se encuentran encarcelados o mantenidos bajo regímenes de libertad controlada por el sistema carcelario en Estados Unidos, un record de todos los tiempos para esta nación e, incluso, para el planeta entero.



De acuerdo con los números publicados esta semana por el Departamento de Justicia, uno de cada 31 adultos está bajo la supervisión de las autoridades judiciales, entre los cuales un número sin precedentes de 905 000 afroestadounidenses.


Al final de 2006, 2 millones 385 mil 213 "ciudadanos" del país que tanto pretende ser referencia en materia de derechos humanos, estaban presos en la inmensa red de cárceles federales y estatales de Estados Unidos.


Los datos que confirman todas las proyecciones, reflejan profundas desigualdades raciales en el sistema carcelario de la nación donde los índices de encarcelamiento de personas negras son proporcionalmente de diez veces superiores al índice de personas blancas.


En cuanto a las personas denominadas “latinas” la tasa de encarcelamiento es de casi del triple de los “blancos”.


A pesar de constituir una minoría en la población, los afroamericanos representan la parte más grande de la totalidad de los presos con 38% mientras los blancos siguen con 34% y los latinos con 21%.


Según los estimados oficiales de la población de Estados Unidos, los hispanos son el grupo minoritario más numeroso, ligeramente por encima de los negros o afroamericanos: 44 252 278 hispanos (14,78% de la población total) versus 40 240 894 afroamericanos (13,44%).


Sin embargo, 3 042 de cada 100 000 hombres negros; 1,261 de cada 100,000 hombres hispanos y 487 de cada 100 000 hombres blancos están detrás de los barrotes.



Las estadísticas del Departamento de Justicia, como varias estadísticas oficiales en Estados Unidos, dividen los ciudadanos en grupos raciales. La población carcelaria está repartida, con fines estadísticos, entre blancos, negros o afroamericanos y latinos. De manera algo inusitada, los blancos incluyen a los autóctonos o amerindios, los indígenas de Alaska, los asiáticos, los hawaianos o otros isleños del Pacífico, así como las personas identificadas con dos razas o más pero NO a los hispanos. Sin embargo, un individuo rubio de ojos azules de habla española NO es un blanco sino un ‘latino’. Los denominados negros NO incluyen a los negros de habla hispana que SÍ se suman al grupo ‘latino’. Como puede verse la clasificación es bastante científica, racional y rigurosa. Es una muestra del sabio y civilizado proceder de la suciedad yanqui.


Las mujeres de raza negra representan el 28% de todas las mujeres encarceladas. La población de mujeres presas no deja de aumentar y alcanza hoy 112,498 personas.


En el curso de este quinto año de régimen Bush, la población de las prisiones aumentó más rápidamente que nunca con una tasa de 2.8%.


La Florida está entre los diez Estados con una población carcelaria más importante al lado de Texas, California, New York, Michigan, Ohio, Illinois, Georgia, Pennsylvania y Louisiana.


En la nación donde todo es negocio, más de 113 000 presos estaban detenidos en 2006 en prisiones manejadas por empresas privadas, un aumento marcado de 5.4% sobre el año anterior.
En cuanto al nivel de ‘confort’ en medio penitenciario, las instituciones federales funcionan al 37% por encima de su capacidad.


Por otro lado, cerca de 30 000 detenidos extranjeros se encuentren bajo la jurisdicción de las autoridades migratorias, un aumento dramático de 41% del 2006 versus el 2005. El Estado de Nuevo México detiene el doble de personas mientras Texas registra un aumento del 76% de inmigrantes ilegales oriundos en su mayoría de México, El Salvador, Guatemala y Honduras.


Estas estadísticas no incluyen a los ciudadanos sometidos a sanciones locales o regionales ni a los ex presos sometidos a sanciones de por vida, notablemente en cuanto al derecho a votar.


Según los especialistas, la tasa de encarcelamiento de Estados Unidos es la más elevada en el mundo tanto en población carcelaria total cómo en tasa de encarcelamiento por cápita.

La Puta Injusticia realmente Real del Reino borbónico de los Bribones


SABINO ORMAZABAL, CONDENADO A 9 AÑOS EN EL JUICIO DEL 'CASO EKIN'

"Estoy en contra de ETA y defiendo el camino de la no violencia"

Miembro de la Fundación Joxemi Zumalabe, una asociación acusada en la vista de estar a las órdenes de la banda, siempre se ha mostrado crítico con los atentados.


AMADOR FERNÁNDEZ-SAVATER
Diario PÚBLICO 26/12/2007 18:07


Sabino Ormazábal (San Sebastián, 1953) lleva más de 25 años profundamente implicado en el campo de la filosofía y la acción política no violenta.
Sin embargo, ha sido condenado a 9 años de cárcel por colaboración con ETA dentro del sumario 18/98, el llamado ‘caso Kas-Ekin-Xaki’. Actualmente está en libertad bajo fianza.

¿Cómo has vivido la sentencia?
¡Nueve años! Todo es kafkiano, porque no sólo estoy en contra de ETA, sino que tengo un camino antagónico desde hace muchos años, el de la no violencia.

¿Por qué has sido juzgado en este proceso?
Soy miembro del patronato de la Fundación Joxemi Zumalabe y se nos ha acusado de haber desarrollado la desobediencia civil por órdenes de ETA. Adjudicaron al documento -presentado por sus autores en unas jornadas apoyadas por la Fundación– nuestra ligazón con ETA, porque dicen que un ejemplar del mismo fue encontrado en manos de un miembro de esa organización. Básicamente, lo que la Fundación ha hecho (y sigue haciendo, porque no la han ilegalizado y sigue funcionando) es contribuir al asociacionismo ciudadano.


¿De dónde arranca ese camino de la no violencia?

Se trata de una evolución personal, fruto de la acumulación de sufrimiento a mi alrededor. De pronto ya no puedes seguir diciendo lepoan hartu eta segi aurrera (cárgalo a tu espalda y sigue adelante) como un autómata. En los colectivos antimilitaristas y ecologistas de los que provengo me he ido fraguando en la no violencia como práctica más adecuada para abordar los conflictos si no quieres que impliquen a su vez nuevas injusticias, si pretendes construir algo basado en formas horizontales de relación, respeto y convivencia. Por ello, aparejar una práctica no violenta como la desobediencia civil a ETA, como ha hecho esta sentencia, supone una criminalización muy grave.

¿Fue tu compromiso no violento desde donde criticaste públicamente el atentado de Irene Villa en las mismas páginas de ‘Egin’ en 1991?
En aquella ocasión me publicaron un artículo que generó un importante debate en ese periódico, donde trabajaba. En él expresé mi denuncia y mi dolor por lo sucedido y escribí que “no me resigno a ver los acontecimientos desde la barrera. Creo que se tiene que hacer lo imposible para evitar más sangre. Quiero que se sepa lo que pienso, no quiero ocultarlo”. La lógica militarista y autoritaria no puede cegarnos.


¿Y por eso escribiste ‘Mapa inacabado del sufrimiento’?
Hay mucho sufrimiento a nuestro alrededor que no es tenido en cuenta, porque cada mundo conoce únicamente lo que le pasa a los suyos. Mi labor consistió en recopilar una serie de datos utilizando las fuentes más diversas, tratando de reflejar la foto más completa posible de la realidad del sufrimiento de motivación política desde 1968 en el País Vasco. No hay víctimas de primera y de segunda. Es algo que me parece básico si pensamos en un futuro compartido.

¿Qué haces en la actualidad con respecto a ese sufrimiento?
Trabajo en un proyecto sobre víctimas y organizamos cada año las Jornadas de No Violencia Activa, a las que trajimos el año pasado a la inglesa Jo Berry y al irlandés Pat Magee. Éste, miembro del IRA, había matado al padre de Jo en un atentado, pero ahora ambos se esfuerzan en transmitir un mensaje de futuro, no vengativo, en el que tratan de escucharse, entenderse y dialogar.

Además, con personas de diferentes movimientos sociales nos concentramos en el Bulevar cada primer y tercer jueves de mes. Nuestra expresión son las sillas en círculo y la fuerza del silencio, junto a una banderola que dice “Abramos camino a la paz”. Al sentarnos en un mismo espacio queremos manifestar el hastío ante la situación y mostrar nuestra disposición activa a compartir un lugar común. De la misma manera, quisiéramos que lo hicieran quienes tienen responsabilidades para reiniciar un nuevo proceso en búsqueda de paz.

¿Te sientes una pieza sacrificada en el tablero político?
Si seguimos la secuencia cronológica, el juicio de Jarrai y el del 18/98 se desarrollan en periodo de tregua y de conversaciones. En diciembre, ETA atenta en la T-4 y a los pocos días el Supremo aumenta de 3 a 6 años las penas de cárcel para los jóvenes. En marzo, el fiscal del 18/98 solicita en nuestro caso penas de 7 años por colaboración. Tras la ruptura de la tregua en junio, las peticiones llegan hasta 9 años en nuestro caso, 525 en el conjunto del sumario. Cada cual hace sus movimientos y nosotros somos los daños colaterales.

¿La sentencia te hace replantear tu opción de no violencia?
Rotundamente, no. Refuerza mis convicciones. La cárcel no es desconocida para el activismo no violento. A ella fue a parar Thoreau, considerado el primer desobediente civil, que, por cierto, y viene al caso, declaró que “no deseo que se me considere como miembro de ninguna sociedad a la cual no me haya unido”.

¿Y ahora?
Ahora cabe el recurso de casación ante el Tribunal Supremo. Y luego ante el Constitucional, Estrasburgo... Si voy a la cárcel, he solicitado ser considerado preso de conciencia por Amnistía Internacional. Pero mientras esté en la calle, seguiré en mi empeño por extender la no violencia, el diálogo y la participación ciudadana para conseguir la paz, todos los derechos para todos y la justicia social.

Reflexiones del Compañero de la República Comunista Internacionalista sobre la Puta situación mundial


17 de diciembre de 2007 22:46:00 GMT
La Habana, 17 de diciembre de 2007


Querido Randy:


Escuché íntegramente sin perder un solo segundo la Mesa Redonda del jueves 13. Las noticias sobre la Conferencia de Bali, apuntadas por Rogelio Polanco, director de Juventud Rebelde, confirman la importancia de los acuerdos internacionales y la necesidad de tomarlos muy en serio.


En aquella pequeña isla de Indonesia se reunieron numerosos Jefes de Gobierno de países del llamado Tercer Mundo, que luchan por su desarrollo y reclaman un trato equitativo, recursos financieros y transferencias de tecnología a los representantes de las naciones industrializadas también allí representadas.


El Secretario General de Naciones Unidas, ante la tenaz obstrucción de Estados Unidos en el seno de las 190 representaciones allí reunidas, y después de doce días de negociación, afirmó el viernes 14, hora de Cuba, cuando ya era sábado en Bali, que la especie humana podía desaparecer como consecuencia del cambio climático. Después se marchó hacia Timor Oriental.


Aquella declaración convirtió la conferencia en una olla de grillos. Al décimo segundo día de estériles esfuerzos persuasivos, la representante yanqui Paula Dobriansky, tras un suspiro profundo, declaró: “nos unimos al consenso.” Es obvio que Estados Unidos maniobró para sortear su aislamiento, aunque no cambió en absoluto las sombrías intenciones del imperio.


Vino el gran espectáculo: Canadá y Japón se adhirieron de inmediato a Estados Unidos, frente al resto de los países que demandaban compromisos serios sobre la emisión de gases que originan el cambio climático. Todo se había previsto con antelación entre los aliados de la OTAN y el poderoso imperio, que en una maniobra de engaño accedió a negociar durante el año 2008 en Hawai, territorio norteamericano, un nuevo proyecto de convenio, que sería presentado y aprobado en la Conferencia de Copenhague, Dinamarca, el año 2009, que sustituiría al de Kyoto, al caducar éste en 2012.


A Europa en la teatral solución le reservaron el papel de salvadora del mundo. Hablaron Brown, la Merkel y otros líderes de países europeos pidiendo gratitud internacional. Excelente regalo de Navidad y Año Nuevo. Ninguno de los panegiristas mencionó las decenas de millones de personas pobres que siguen muriendo de enfermedades y hambre cada año dadas las complejas realidades actuales, cual si viviéramos en el mejor de los mundos.


El Grupo de los 77, que comprende 132 países que luchan por desarrollarse, había logrado consenso para demandar de los países industrializados una reducción de los gases que originan el cambio climático, para el año 2020, del 20 al 40% por debajo del nivel alcanzado en 1990, y del 60 al 70% en el año 2050, lo cual es técnicamente posible. Demandaban además la asignación de fondos suficientes para la transferencia de tecnología al Tercer Mundo.


No olvidar que esos gases dan lugar a las olas de calor, la desertificación, el derretimiento de glaciares y el aumento del nivel de los mares, que podrían cubrir países enteros o gran parte de ellos. Las naciones industrializadas comparten con Estados Unidos la idea de convertir los alimentos en combustible para los autos lujosos y otros derroches de las sociedades de consumo.
Lo que afirmo quedó demostrado cuando el propio sábado 15 de diciembre se hizo público a las 10 y 06, hora de Washington, que el Presidente de los Estados Unidos había solicitado al Senado, y éste había aprobado, 696 mil millones de dólares para el presupuesto militar del año fiscal 2008, entre ellos 189 mil millones destinados a las guerras de Irak y Afganistán.
Experimenté un sano orgullo al recordar la forma digna y serena con que respondí las hirientes propuestas que me hizo en 1998 el entonces primer ministro de Canadá Jean Chrétien. No albergo ilusiones.


Mi más profunda convicción es que las respuestas a los problemas actuales de la sociedad cubana, que posee un promedio educacional cercano a 12 grados, casi un millón de graduados universitarios y la posibilidad real de estudio para sus ciudadanos sin discriminación alguna, requieren más variantes de respuesta para cada problema concreto que las contenidas en un tablero de ajedrez. Ni un solo detalle se puede ignorar, y no se trata de un camino fácil, si es que la inteligencia del ser humano en una sociedad revolucionaria ha de prevalecer sobre sus instintos.


Mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional que me tocó vivir.


Pienso como Niemeyer que hay que ser consecuente hasta el final.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

El Puto amor platónico: una visión crítica desde el dramático teatro de Aristófanes

ARISTÓFANES

LA ASAMBLEA DE LAS MUJERES

Adaptación de Carlos Alcalde Martín, Raúl Caballero Sánchez y Juan Francisco Martos Montiel
Recreación de los coros y canciones por Juan Francisco Martos Montiel

PERSONAJES
PRAXÁGORA, heroína de la pieza
MUJER A, MUJER B
BLÉPIRO, marido de Praxágora
VECINO, marido de la mujer A
CREMES
HOMBRE A, HOMBRE B
MUJER HERALDO
VIEJA 1, VIEJA 2, VIEJA 3
LA JOVEN, EL JOVEN
SIRVIENTA
CORO DE MUJERES
PERSONAJES MUDOS: FLAUTISTA, SICÓN Y PARMENÓN (esclavos del HOMBRE A), BAILARINAS.

PRIMERA PARTE
(La escena representa una plaza de Atenas con dos casas: la de BLÉPIRO y la de su VECINO.)

I

PRAXÁGORA. (Sale sola ante su casa, con su candil; aún es de noche. Va vestida de hombre, con bastón y sandalias laconías; bajo el brazo, lleva una barba postiza. Declama dirigiéndose al candil.)
Ojo brillante del candil trabajado por el torno, hallazgo el más hermoso de inventores certeros, lanza la señal convenida de tu llama. Pues sólo a ti te lo explicamos: con razón, pues también cuando nos entregamos, dentro de nuestra alcoba, a los meneos de Afrodita, nos acompañas allí cerca, y a tu ojo que vigila los cuerpos nuestros que se arquean nadie lo echa de su casa. De nuestros muslos en los secretos ángulos tú solo echas tu luz mientras chamuscas el vello que florece allí; y cuando abrimos a hurtadillas las despensas llenas de grano y de licor de Baco, estás a nuestro lado: y haciendo esto con nosotras, no se lo cuentas al vecino. Por esto, vas a enterarte de nuestros planes de hoy, los que han acordado mis amigas en la fiesta de las Esciras. (Pausa.) Pero no está ninguna de las que tenían que venir. Y eso que ya está casi amaneciendo y la Asamblea va a ser ahora mismo y debemos ocupar los asientos y hacer que nuestras cosas no se nos vean al sentarnos. (Pausa.) ¿Qué habrá pasado? ¿No tienen bien cosidas las barbas que se les dijo que tuvieran? ¿O después de coger la ropa del marido les ha sido difícil salir a escondidas? Pero veo que aquí se acerca ya un candil. Emprenderé la retirada, no vaya a ser un hombre el que se acerca.
(Entran el CORIFEO, con un primer grupo de mujeres del CORO, también con candil y ataviadas igual que PRAXÁGORA.)
CORIFEO. Ya es hora de ir, hace un momento que el heraldo lanzó el segundo quiquiriquí.
PRAXÁGORA. Esperándoos me he pasado sin dormir toda la noche. Venga, voy a llamar a la vecina dando a su puerta un toquecito, porque debe escaparse sin que se entere su marido. (Llama.)
MUJER A. (La MUJER A sale de su casa.) Ya oí el golpear de tus nudillos mientras me abrochaba las sandalias, no dormía. Es que, querida, mi marido –que es de Salamina– toda la noche me ha estado dando con el remo entre las mantas, así que hace un instante que le cogí el vestido.
PRAXÁGORA. Veo también que se acercan otras muchas mujeres, toda la flor y nata de la ciudad. (Entra la mujer B y con ella el segundo grupo del Coro.)
MUJER B. Con qué trabajito, queridísima, me he escurrido de la cama. Toda la noche ha estado con arcadas mi marido por un atracón de boquerones que se dio ayer tarde.
PRAXÁGORA. Sentaos, que voy a preguntaros, ahora que estamos reunidas, si habéis hecho lo que acordamos en las Esciras. (Se sientan, formando un semicírculo, enfrente de Praxágora.)
MUJER A. Yo sí. Lo primero, tengo los sobacos más espesos que un matorral, como quedó acordado. Y luego, cada vez que mi hombre salía a la plaza, me frotaba de aceite todo el cuerpo y me bronceaba, plantada todo el día al sol.
MUJER B. Yo también. Y lo primero que hice fue tirar la navaja por la ventana, para ponerme toda peluda y no parecerme ya nada a una mujer.
PRAXÁGORA. ¿Y tenéis las barbas que dijimos que había que traer?
MUJER A. Sí, por Hécate, mira qué hermosa es ésta.
MUJER B. Pues yo tengo una mucho más hermosa que la de Epícrates.
PRAXÁGORA. (A las demás mujeres) ¿Y qué decís vosotras?
MUJER A. Dicen que sí con la cabeza.
PRAXÁGORA. Lo demás, veo que lo habéis hecho. Tenéis sandalias de Laconia, bastones y vestidos de hombre, como dijimos. (Pausa.) Bueno, vamos a hacer ya lo que viene después, mientras hay todavía estrellas en el cielo. La Asamblea a la que estamos dispuestas a ir será al amanecer.
MUJER A. Sí, por Zeus, debes coger asiento al pie de la tribuna, enfrente de los prítanis.
MUJER B. Yo me he traído esta cosita (Muestra un cesto con lana y peine de cardar y al mismo tiempo hace un gesto obsceno con el peine) para cardar un poco mientras se llena la Asamblea.
PRAXÁGORA. ¿Mientras se llena, desgraciada?
MUJER B. Sí, por Ártemis. ¿Es que iba a oír peor mientras cardaba? Mis niñitos están desnudos.
PRAXÁGORA. ¡Cardar! ¡Anda ya! ¿No te enteras de que no debes enseñar nada del cuerpo a los que asisten? Menuda gracia tendría si estuviera ya todo el mundo sentado y una, saltando entre las filas, se arremangara la falda y enseñara el chou-chou. Ahora, si nos sentamos las primeras, no notarán nada cuando nos recojamos el vestido; y con la barba que nos vamos a atar, ¿quién dejará de creernos hombres en cuanto nos vea? Por eso, ¡por el día que ahora empieza!, tengamos lo que hay que tener (Gesto varonil.), a ver si podemos apoderarnos de los asuntos públicos para hacer un bien a la ciudad. Porque lo que es ahora, no navegamos ni a vela ni a remo.
MUJER A. ¿Y cómo va a hablar en la Asamblea un corro de marujas?
PRAXÁGORA. ¡A las mil maravillas! Los jovencitos ésos, a los que más les dan (gesto obsceno), dicen que son los más sutiles para hablar: pues a nosotras, mira qué coincidencia, nos pasa lo mismo.
MUJER A. No sé. Lo terrible es la falta de experiencia.
PRAXÁGORA. Pues por eso mismo nos hemos reunido aquí primero, para ensayar lo que hay que decir allí. Venga, átate la barba y lo mismo las demás, vosotras que tenéis tanta práctica en charlar.
MUJER B. (A la mujer A) ¿A quién de nosotras, so desgraciada, no se le da bien charlar?
PRAXÁGORA. Vamos, tú, sujétate la barba y hazte hombre enseguida. (Pone la corona en el suelo.) Yo también voy a atarme la barba con vosotras, por si decido hablar.
MUJER B. ¡Praxágora, encanto! ¡Pobre de mí! Mira qué cosa más ridícula.
PRAXÁGORA. ¿Cómo que ridícula?
MUJER B. Es como atarse la barba con jibias a la plancha.
(Ensayo de Asamblea.)
PRAXÁGORA. Purificador de la Asamblea. Hay que dar la vuelta al ruedo con el gato. ¡Vamos, adelante! Arífrades, deja de hablar. Pasa y siéntate. ¿Quién quiere tomar la palabra?
MUJER A. Yo. (Se pone la corona.)
PRAXÁGORA. Puedes hablar.
MUJER A. ¿No voy a beber antes de hablar?
PRAXÁGORA. ¡Sí, claro! ¡Beber!
MUJER A. ¡Y para qué me he puesto la corona, desgraciada?
PRAXÁGORA. Vete a la porra: allí nos habrías hecho lo mismo.
MUJER A. ¿Y qué? ¿Es que no beben en la Asamblea?
PRAXÁGORA. Otra vez con que beben.
MUJER A. Sí, por Ártemis, y por cierto que vino sin aguar. Y sus decretos, bien mirado, son locuras de borrachos. Y es verdad, por Zeus, que hacen libaciones de vino: o si no, ¿a cuento de qué tantas plegarias al empezar, si no hubiera vino? Además, se insultan como borrachos y al que delira por el vino le echan fuera los arqueros de la policía.
PRAXÁGORA. Tú vete y siéntate, no vales para nada.
MUJER A. Por Zeus, más me valiera no tener barba, porque de tanta sed, me parece que voy a quedarme seca. (Vuelve a su sitio.)
PRAXÁGORA. ¿Hay alguna otra que quiera hablar?
MUJER B. Yo.
PRAXÁGORA. Vamos, ponte la corona, que la cosa marcha. Ea, habla como un hombre, como está mandado, cargando tu figura en el bastón.
MUJER B. (Se adelanta. Solemne.) Preferiría que algún otro de los que suelen dijera lo mejor para Atenas, y que yo pudiera seguir sentado en silencio. Pero no voy a permitir, en lo que valga mi opinión, que pongan en las tabernas toneles de agua. No estoy de acuerdo, por las dos diosas.
PRAXÁGOR.A. ¿Por las dos diosas? Desgraciada, ¿dónde tienes la cabeza?
MUJER B. ¿Qué pasa? No te he pedido de beber.
PRAXÁGORA. Por Zeus, es que eres un hombre y has jurado por las dos diosas. Y eso que lo demás lo dijiste muy diestramente.
MUJER B. Ah, por Apolo.
PRAXÁGORA. Calla, que yo no voy a mover un pie para ir a la Asamblea si esto no sale calcado. (Le coge la corona.)
MUJER B. Trae la corona, voy a hablar otra vez. (Se la da.) Creo que ahora ya le he cogido el tranquillo. (Al CORO.) A mí, mujeres aquí presentes...
PRAXÁGORA. ¿Otra vez llamas mujeres a los hombres, desgraciada?
MUJER B. Es por aquél que está allí. (Señalando a un sector del público.) Al mirar hacia allí, creí que estaba hablando ante mujeres.
PRAXÁGORA. Vete al infierno tú también y siéntate lejos de aquí. Por vuestra culpa, me parece que soy yo la que va a hablar. (Se pone la corona.) Pido a los dioses tener éxito y conseguir lo que hemos planeado. (Se adelanta. Solemne.) Tengo tanta parte en esta tierra como vosotros, pero sufro y no puedo tolerar la situación en la que se encuentra la ciudad. Porque veo que sus políticos son siempre corruptos; y si uno por un día se hace bueno, por diez días es malo. Das el poder a otro: hace cosas todavía peores.
MUJER A. Por Afrodita, es estupendo lo que dices.
PRAXÁGORA. Desgraciada, ¿has jurado por Afrodita? Bonito papel habrías hecho, si hubieras dicho esto en la Asamblea.
MUJER A. No lo habría dicho.
PRAXÁGORA. Pues no te acostumbres a decirlo. (Vuelve a coger el hilo.) Y vosotros, oh pueblo, sois los culpables de todo lo que pasa. Porque como cobráis vuestros salarios de los fondos públicos, cada uno mira lo que ganará él, mientras que el Estado va dando tumbos. Pero si me hacéis caso, todavía os salvaréis.– Propongo que entreguéis la ciudad a las mujeres. En realidad, ya en nuestras casas las tenemos de gobernantas y tesoreras.
MUJERA. ¡Bravo! ¡Bravo!, por Zeus ¡Bravo!
MUJERB. Habla, habla, amigo.
PRAXÁGORA. Que sus costumbres son mejores que las nuestras, os lo voy a enseñar. Lo primero, tiñen sus lanas en agua caliente de acuerdo con la costumbre antigua; y eso todas y no puedes encontrar que hagan innovaciones. En cambio, Atenas, si algo le sale bien, no por ello cree salvarse, si no se mete en alguna otra novelería. Sentadas hacen sus parrilladas como antes, llevan cargas en su cabeza como antes, celebran las Tesmoforias como antes, cuecen los pasteles como antes, revientan a los hombres como antes, tienen amantes en casa como antes, se sirven los mejores bocados como antes, les gusta el vino puro como antes, disfrutan cuando las joden como antes. Varones, entreguémosles la ciudad y no le demos más vueltas ni les preguntemos qué es lo que van a hacer. Simplemente, dejémoslas gobernar. Nada más que por estas razones: lo primero, que como son madres querrán salvar la vida a los soldados; y luego, ¿quién podría enviarles fruslerías más deprisa que una madre? Para procurar dinero, una mujer es lo más hábil y cuando manda, nadie es capaz de engañarla: porque están muy hechas a engañar. Lo demás me lo callo. Si me hacéis caso en esto, pasaréis vuestra vida en la mayor felicidad.
MUJER A. ¡Muy bien, Praxágora, divina, bravo!. ¿Y cómo aprendiste esto así de bien, amiga mia?
PRAXÁGORA. Cuando el destierro, viví con mi marido en la Pnix, donde la Asamblea. Y a fuerza de escuchar a los oradores, aprendí.
MUJER A. Entonces, con razón eres hábil y sabia. Y desde ahora mismo te nombramos generala las mujeres, si llevas a buen fin nuestra conjura. (Pausa) Pero, dime una cosa, si el demagogo Céfalo viene aquí en mala hora y te insulta, ¿cómo vas a contestarle en la Asamblea?
PRAXÁGORA. Diré que está loco.
MUJER A. Eso lo saben todos.
PRAXÁGORA. Añadiré que es un bilioso.
MUJER A. También eso lo saben.
PRAXÁGORA. Y que es mal alfarero para dar forma a los platos, pero hábil y diestro para moldear a la ciudad.
MUJER A. ¿Y qué, si te insulta el legañoso de Neoclides?
PRAXÁGORA. A ése yo le diría que ponga sus ojos en el culo de un perro.
MUJER A. ¿Y qué, si te dan un meneo?
PRAXÁGORA. Me moveré a compás, pues no soy inexperta en ninguna clase de meneos.
MUJER A. Sólo falta por ver, si te echan mano los arqueros, qué vas a hacer.
PRAXÁGORA. Me pondré en jarras de esta manera: jamás me cogerán por la cintura.
MUJER A. Si te cogen en vilo, les diremos que te dejen.
MUJER B. Todo esto lo tenemos bien pensado. Pero no hemos meditado todavía cómo vamos a acordarnos de que hay que levantar la mano, porque nuestra costumbre es la de levantar las piernas.
PRAXÁGORA. Es un asunto peliagudo. Pero, de todas maneras, hay que votar remangándonos la túnica hasta el hombro.– Vamos, subíos las tuniquitas y ataos rápido las sandalias laconias, igual que veíais hacer al marido cada vez que iba a la Asamblea o salía de casa. Luego, cuando todo esto esté ya bien, ataos las barbas. Y en cuanto os las hayáis sujetado bien, echaos encima los vestidos de hombres que les cogísteis y después apoyaos en los bastones y marchad cantando una canción de esas de viejos, al estilo de los hombres del campo.
MUJERA. Dices bien, nosotras nos adelantamos. Porque me parece que otras mujeres van a ir derechas desde el campo a la Asamblea.
PRAXÁGORA. Venga, corred, porque es costumbre que los que no llegan con la aurora se vayan sin recibir ni un puto óbolo. (Desfílan.)
CORIFEO
Ya es la hora,
señores;
sí, señores, repito, señores,
que no se os olvide, que nos pueden dar
una buena tunda si van y nos pillan
vestidas de hombre así, en este plan.
CANTO DEL CORO
Vamos pronto,
señores,
que sabéis lo que hace el arconte,
que a quien no madruga, si va a la Asamblea,
y no llega oliendo a gazpacho o a anís,
no le dan ni un duro, así que menea
tu culo, Esmicito, y tú, Draces, jolín.
Que tengáis cuidado y no déis la nota,
no vaya a notarse que es un paripé.
Y cuando estéis dentro procurad sentaros
todas muy juntitas, que así os irá bien.
¿Qué digo juntitas? ¡Por Zeus, qué despiste!
Si sois tiarrones, se nota fetén.
Venga, vamos,
señores,
vega, vamos, que lleguemos antes,
que esos sinvergüenzas de nuestras ciudad;
que cuando antes daban un óbolo solo
ninguno tenía prisa por llegar.
Sin embargo ahora, que lo que se paga
por asambleario es tres veces más,
ya pierden el culo por llegar temprano
y entrar el primero, y hasta hostias se dan.
¡Parece mentira! Esto no pasaba
cuando el que mandaba era un general;
nadie en aquel tiempo se habría atrevido
a ser del gobierno por sólo medrar.
Bastará que os diga que todos venían,
trayendo en su bolsa un poco de pan,
y con dos cebollas pasaban el día
votando y votando y volviendo a votar.
Los de ahora, en cambio, no mueven un dedo
si no se les paga antes el jornal,
y con ademanes de peón caminero
atrincan la pasta y luego a ladrar.
Con este gobierno que ahora tenemos,
con esta asamblea, que vaya qué plan,
vamos cuesta abajo, de culo y sin frenos,
y ya no nos luce ni pelo ni ná.

II

(El Coro sale de escena. De la puerta de la casa de Praxágora sale su marido Blépiro, vestido de mujer.)
BLÉPIRO. ¿Qué es lo que pasa? ¿Dónde se habrá metido mi mujer? Va a amanecer y no aparece por ningún sitio. Y yo llevo un buen rato en la cama con ganas de cagar tratando de encontrar las zapatillas y la ropa en la oscuridad. A tientas, no era capaz de encontrarlo y mientras tanto el Cacas seguía dando golpes a la puerta: así que he cogido el chal de mi mujer y sus zapatillas persas. Pero ¿dónde, dónde podría uno acertar a cagar a cielo abierto? ¿O de noche vale cualquier sitio? ¡Si no me va a ver nadie! Desdichado de mí, que me casé ya viejo, me lo tengo merecido! Ésa no ha salido para hacer nada bueno. Pero de todos modos, tengo que cagar. (Se pone en cuclillas)
VECINO. (Desde la ventana de la casa de al lado.) ¿Quién es? ¿No es mi vecino Blépiro?
BLÉPIRO. El mismo, por Zeus.
VECINO. Dime, ¿qué es esa cosa roja que llevas? ¿No será que el marica de Cinesias se te ha ensuciado encima?
BLÉPIRO. No, es que he salido con el vestidito de color azafrán que se pone mi mujer.
VECINO. Y tu manto, ¿dónde está?
BLÉPIRo. No sé decirte; aunque lo busqué, no lo encontré entre las mantas.
VECINO. ¿Y no ordenaste a tu mujer que te dijera dónde estaba?
BLÉPIRO. Es que no está en casa, por Zeus; se ha escapado sin que yo me diera cuenta. Temo que me haga alguna trastada.
VECINO. Por Posidón, te ha pasado exactamente igual que a mí, mi mujer se ha marchado con el manto que yo usaba. Y para colmo, también se ha llevado las sandalias. No pude dar con ellas por ninguna parte.
BLÉPIRO. Por Díoniso, ni yo con las mías, unas sandalias laconias; pero como tenía ganas de hacer caca he salido con sus plataformas, para no cagarme en la colcha, que estaba limpia.
VECINO. ¿Qué habrá pasado? ¿La habrá invitado una de sus amigas?
BLÉPIRO. Es lo que yo pienso. No es una mujer mala, por lo que yo sé.
VECINO. Pero estás echando una cagada más larga que una soga y ya es hora de que me vaya a la Asamblea, si es que encuentro mi manto, el único que tenía (Se retira de la ventana).
BLÉPIRO. Yo iré también, en cuanto acabe de cagar, porque ahora una pera silvestre me ha bloqueado la comida. ¿Será ese bloqueo del que Trasíbulo habló a los laconios? Por Dioniso, por lo menos se me agarra terriblemente. Pero, ¿qué hacer? Porque no es esto sólo lo que me aflije, sino pensar a dónde va a ir a parar la caca de ahora en adelante cuando coma. Ahora ése ha echado el cerrojo a la puerta, quienquiera que sea ese individuo Peralense. ¿Dónde hay un médico? ¿Dónde hay un culista docto en esa ciencia? Que llamen a Antístenes, a cualquier precio. Pues, a juzgar por sus gemidos cuando su coro no obtuvo premio, sabe lo que desea un culo con ganas de cagar. Señora Ilitía, diosa de los partos, no me dejes así, reventado y taponado, no vaya a rebosar como un pozo negro.
CREMES. (Entra, viniendo de la Asamblea. Es de día) Tú, ¿qué estás haciendo? ¿Estás cagando?
BLÉPIRO. ¿Yo? Ya no, por Zeus, ya me levanto. (Se levanta.)
CREMES. ¿Y llevas el vestidito de tu mujer?
BLÉPIRo. Es lo único que encontré en la oscuridad. Pero ¿de dónde vienes?
CREMES. De la Asamblea.
BLÉPIRO. ¿Pero ya ha terminado?
CREMES. Por Zeus, ha sido al alba. Muchos no pudieron ya entrar ni cobrar.
BLÉPIRO. ¿Te dieron los tres óbolos?
CREMES. Ojalá. Llegué tarde, me avergüenzo de ello: no ante ningún otro, sólo ante mi bolsa de comida.
BLÉPIRO. Pero, ¿qué es lo que tuvo la culpa?
CREMES. La mayor turba de gente que nunca vino junta a la Asamblea. La verdad es que todos nos parecían zapateros. Era alucinante la cantidad de caras blancas que había en la Asamblea. Por ello, ni cobré yo ni otros muchos.
BLÉPIRO. ¿Y tampoco cobraré yo, si voy ahora?
CREMES. ¿De dónde? Ni aunque hubieras ido cuando cantó el gallo por segunda vez.
BLÉPIRO. Desgraciado de mí. Pero ¿qué pasaba que tanto barullo de gente se reunió tan puntual?
CREMES. Pues que los prítanis acordaron que se hablara sobre la salvación de Atenas. Antes que nadie se adelantó Neoclides el legañoso y entonces el pueblo se puso a gritarle de todo: “¿No es intolerable que se atreva a hablar, y eso siendo el asunto a tratar la salvación, uno que no ha salvado para sí mismo ni una sola pestaña. Después, el listo de Eveón se presentó desnudo o eso es lo que parecía –pero él decía que llevaba un manto– y pronunció palabras muy democráticas: “Estáis viendo que yo mismo necesito una salvación de dieciséis dracmas, pero voy a deciros, de todos modos, cómo podréis salvar a Atenas y a sus ciudadanos. Si los fabricantes dan mantos a los necesitados cuando llegue el invierno, ninguno de nosotros tendrá en adelante más bronquitis. Y aquellos que no tienen cama ni mantas, que vayan a dormir, bien bañados, a casa de los fabricantes de pellizas. Y si en invierno les cierra uno la puerta, pague tres pellizas de multa.”
BLÉPIRO. Cosa excelente, por Dioniso; y nadie habría votado en contra si hubiera añadido que los vendedores de harina dieran cuarto y mitad a todos los menesterosos, so pena de sufrir un castigo ejemplar.
CREMES. Bueno, después de esto un guapo joven de tez blanca, muy parecido a Nicias, se adelantó de un salto y empezó a decir que había que entregar la ciudad a las mujeres. Entonces la tropa zapateril empezó a alborotar y a gritar que tenía razón, pero los campesinos le abuchearon.
BLÉPIRO. Por Zeus que eran sensatos.
CREMES. Pero eran menos, y él seguía gritando, haciendo gran elogio de las mujeres y hablando mal de ti.
BLÉPIRO. ¿Y qué dijo?
CREMES. Lo primero, decía que eres un sinvergüenza.
BLÉPIRO. ¿Y tú?
CREMES. No preguntes aún. Y además, un ladrón.
BLÉPIRO. ¿Yo solo?
CREMES. Y también un soplón, por Zeus.
BLÉPIRO. ¿Yo solo?
CREMES. Y casi todos éstos (apuntando al público), por Zeus.
BLÉPIRO. ¿Y quién no está de acuerdo?
CREMES. Decía también que la mujer está llena de buen sentido, y busca siempre la ganancia. Y que nunca revelan los secretos de la fiesta de las Tesmoforias, mientras que tú y yo, cuando somos consejeros, nos vamos siempre de la lengua.
BLÉPIRO. En esto, por Hermes, no mintió.
CREMES. Decía además que se prestan unas a otras mantos, joyas de oro, plata, vasijas, y eso a solas, no delante de testigos, y que lo devuelven todo y no se lo quedan. En cambio, aseguraba que la mayoría de nosotros eso es lo que hacemos.
BLÉPIRO. Y hasta delante de testigos, por Posidón.
CREMES. Que no son soplonas, no ponen pleitos ni amenazan a la democracia. En otras muchas cosas alababa enormemente a las mujeres.
BLÉPIRO. ¿Y qué se decidió?
CREMES. Poner en sus manos la ciudad, pues se estaba de acuerdo en que era la única cosa que todavía no había sucedido.
BLÉPIRO. ¿Y está aprobado?
CREMES. Ya te lo estoy diciendo.
BLÉPIRO. ¿Se les ha dado todo lo que antes era competencia de los ciudadanos?
CREMES. Así es.
BLÉPIRO. Entonces, ¿ya no iré al tribunal, va a ir mi mujer?
CREMES. Ni tampoco vas a mantener a tus hijos, lo va a hacer tu mujer.
BLÉPIRO. ¿Y no va a ser cosa mía ya quejarme del madrugón?
CREMES. No, por Zeus, esto ya les toca a las mujeres. Tú te quedarás en casa, sin lamentarte, tirando pedos.
BLÉPIRO. Pero va a ser terrible para los viejos como nosotros dos, si cogiendo las riendas de la ciudad nos obligan a la fuerza...
CREMES. ¿A qué?
BLÉPIRO. ... a joderlas.
CREMES. ¿Y si damos gatillazo?
BLÉPIRO. No nos darán el desayuno.
CREMES. Pues haz un poder, por Zeus, para que desayunes y las jodas a la vez.
BLÉPIRO. Lo terrible es tener que hacerlo a la fuerza.
CREMES. Pues si es útil para la ciudad, todos deben hacerlo. Hay un dicho de los viejos, que todas las insensateces y locuras que votamos, todas nos salen bien. Ojalá ésta nos salga, Señora Palas y otros dioses.– Me voy, que lo pases bien.
BLÉPIRO. Tú también, Cremes.
(Salen. Entra el coro de mujeres disfrazadas.)
CORIFEO
Daros prisa,
cojones,
daros prisa y tener cuidado,
no sea que nos siga algún curiosón
que se haya fijado en nuestra figura
y en que nuestro pecho no es uno, son dos.
CANTO DEL CORO
Venga, tira
y aprieta, que sería una enorme vergüenza
si nuestros maridos llegan a saber
esto que hemos hecho, conque venga, tira,
mira a todos lados, y tápate bien.
¡Por fin, qué alegría! Ya estamos llegando
adonde quedamos y todo empezó;
allí es donde vive nuestra generala,
la que urdió la trama que el pueblo aprobó.
Aquí todas,
deprisa,
venid todas aquí a la sombra,
junto a este murito, nos vayan a ver
a la luz del día así y nos denuncien,
que con estas barbas todo puede ser.
Cambiaros de traje sin que nadie os vea,
quitaos esas barbas, que ya veo venir
a la generala de la Asamblea;
ya todas, amigas, estamos aquí.

III

(Entra PRAXÁGORA con la MUJER A.)
PRAXÁGORA. ¡Victoria, mujeres! Esos planes que tramamos nos han salido bien. Pero ahora, rápido, antes que alguien lo vea tirad los mantos de hombres, fuera de los pies las sandalias, desataos los nudos de las piernas, soltad los bastones.– (A la mujer A, para que entre en su casa) Tú, apaña lo tuyo; que yo quiero deslizarme dentro de casa antes de que me vea mi marido y dejar allí el manto suyo otra vez, en el sitio de donde lo cogí, y todo lo demás que me llevé.
CORIFEO. Ya está en el suelo todo lo que has dicho. Es cosa tuya explicarnos ahora en qué podemos serte útiles y obedecerte disciplinadamente. Pues sé que no he tratado con ninguna mujer más astuta que tú.
PRAXÁGORA. Esperad, que quiero que en el cargo para el que me votasteis seáis mis consejeras todas. Porque allí, en medio del barullo y los peligros, habéis sido muy machos.
BLÉPIRO. (Saliendo de su casa.) ¿Tú, de dónde vienes, Praxágora?
PRAXÁGORA. ¿Y a ti qué te importa?
BLÉPIRO. ¿Que qué me importa? ¡Lo que hay que escuchar!
PRAXÁGORA. No me dirás que vengo de casa de mi amante.
BLÉPIRO. A lo mejor no de uno sólo.
PRAXÁGORA. De eso se puede hacer la prueba.
BLÉPIRO. ¿Cómo?
PRAXÁGORA. Si huele a perfume mi cabeza.
BLÉPIRO. ¿Qué? ¿A una mujer no se la jode aunque sea sin perfume?
PRAXÁGORA. A mí por lo menos no, infeliz.
BLÉPIRO. ¿Cómo es que te marchaste al amanecer llevándote mi manto?
PRAXÁGORA. Es que una amiga me mandó llamar de noche porque estaba de parto.
BLÉPIRO. ¿Y no pudiste decírmelo antes de salir?
PRAXÁGORA. ¿Y desentenderme de la parturienta, tal y como estaba, marido mío?
BLÉPIRO. No, tenías que decírmelo. Aquí hay gato encerrado.
PRAXÁGORA. Por las dos diosas, salí tal como estaba. La que vino a buscarme me pidió que saliera como fuera.
BLÉPIRO. ¿Y no podías llevarte tu manto? No, en vez de eso me dejaste en pelotas y echándome encima tu toquilla te marchaste y me abandonaste como si fuera un muerto en un velatorio. Sólo te faltó ponerme una corona y un vaso funerario.
PRAXÁGORA. Es que hacía frío y yo soy delicada y débil. Me puse este manto tuyo para abrigarme. Te dejé allí acostado, calentito entre las mantas, marido mío.
BLÉPIRO. Y mis sandalias laconias y mi bastón, ¿por qué se fueron contigo?
PRAXÁGORA. Para que nadie me quitara el manto, me cambié de zapatos, imitándote y metiendo ruido al andar y golpeando las piedras con el bastón.
BLÉPIRO. ¿Y sabes que has perdido una arroba de trigo que yo tenía que cobrar por asistir a la Asamblea?
PRAXÁGORA. (Pausa. Haciéndose la sueca). Por cierto, ha tenido un niño.
BLÉPIRO. ¿La Asamblea?
PRAXÁGORA. No, la mujer a la que asistí. (Pausa.) ¡Ah! Pero ¿es que ha habido Asamblea?
BLÉPIRO. Sí, por Zeus. ¿No te acordabas de que ayer te lo dije?
PRAXÁGoRA. ¡Ah! Ahora recuerdo.
BLÉPIRO. ¿Y no sabes lo que se ha acordado?
PRAXÁGORA. ¿Yo? No, por Zeus.
BLÉPIRO. Siéntate pues y ponte cómoda. Dicen que os han entregado la ciudad.
PRAXÁGORA. ¿Para qué? ¿Para tejer?
BLÉPIRO. No, para gobernar.
PRAXÁGORA. ¿Sobre qué?
BLÉPIRO. Sobre todos los asuntos de la ciudad.
PRAXÁGORA. Por Afrodita, va a ser afortunada Atenas de ahora en adelante.
BLÉPIRO. ¿Por qué?
PRAXÁGORA. Por muchas razones. Los que se atreven a afrentar al estado, ya no podrán en adelante ni testificar ni calumniar...
BLÉPIRO. Por los dioses, no hagas eso: no me quites mi pan.
VECINO. (Saliendo de su casa inesperadamente. Antes, ha estado pegando la oreja a la ventana.) Desgraciado, deja hablar a tu mujer.
PRAXÁGORA. ... ni rapiñar, ni envidiar a los vecinos; basta de ir desnudos, basta de pobres, se acabaron los insultos y las fianzas de los préstamos.
VECINO. Grandes cosas, por Posidón, si es que no miente.
PRAXÁGORA. (Al VECINO.) Voy a explicarlo, de forma que tú seas mi testigo y éste no tenga nada que replicar. (Al público) Voy a enseñaros cosas útiles, estoy segura; pero ¿deseará el público abrazar las novedades y desechar las costumbres antiguas? Ése es mi temor.
VECINO. No tengas miedo a las revoluciones, porque en esto precisamente consiste nuestro régimen y en olvidar lo antiguo.
PRAXÁGORA. Entonces, que ninguno de vosotros discuta ni interrumpa antes de conocer el plan y de oír mi propuesta. Todos deben tener todo en común, participando en todo, y vivir de lo mismo y no que uno sea rico y otro pobre y uno tenga muchas tierras y otro ni para que lo entierren, ni que uno tenga muchísimos esclavos y otro ni un sirviente. No: establezco una vida común para todos, una vida igual.
BLÉPIRO. ¿Cómo va a ser común?
PRAXÁGORA. Vas a ser el primero en comer mierda.
BLÉPIRO. ¿Pero la mierda también será común?
PRAXÁGORA. No, por Zeus, es que te ha faltado tiempo para interrumpirme. Lo que yo quería decir era esto: la tierra, lo primero, voy hacerla un bien común de todos y el dinero y todo lo que tiene cada uno. Y con todo esto, que será común, os mantendremos, y aplicando nuestro buen criterio lo administraremos y ahorraremos.
BLÉPIRO. ¿Y qué hará el que no posee tierra, pero sí plata y monedas de oro, riqueza que no se ve?
PRAXÁGORA. Lo entregará al fondo común.
BLÉPIRO. Pero ¿y si no lo entrega?
PRAXÁGORA. Cometerá perjurio.
BLÉPIRO. ¡ Si así es como se enriqueció!
PRAXÁGORA. Pues ese dinero de nada le valdrá.
BLÉPIRO. ¿Por qué?
PRAXÁGORA. Nadie hará nada por pobreza, todos tendrán de todo: panes, salazón de pescado, galletas, mantos, vino, coronas, garbanzos. ¿Qué provecho va a haber en no entregarlo? Averígualo y dímelo.
BLÉPIRO. ¿Pero no son ahora los que tienen dinero los que más roban?
VECINO. Eso era antes, compañero, cuando teníamos las leyes de otros tiempos, pero ahora que la vida va a ser común, ¿qué ventaja hay en no entregarlo?
BLÉPIRO. Si uno ve a una muchacha y quiere jugar con ella a clavarle el aguijón, podrá hacerle un regalo de su propio dinero y a la vez participará del fondo común cuando se acueste con ella.
PRAXÁGORA. ¡Pero si va a poder acostarse gratis! Hago a las mujeres comunes a todos los hombres, para que quien quiera se acueste con ellas y les haga.
BLÉPIRO. ¿Y cómo no van a irse todos detrás de la más guapa y a tratar de beneficiársela?
PRAXÁGORA. Las feas y las chatas se sentarán al lado de las bellas: y si uno desea a una de éstas, tendrá que cepillarse primero a la fea.
BLÉPIRO. ¿Y a nosotros los viejos, después de tener trato con las feas, no nos flaqueará la polla antes de que lleguemos donde dices?
PRAXÁGORA. No se pelearán, créeme; tranquilo, que no se pelearán.
BLÉPIRO. ¿Por qué?
PRAXÁGORA. Para acostarse contigo primero. No hay más cera que la que arde.
BLÉPIRO. Por vuestra parte, la cosa tiene sentido, puesto que hay un proyecto de decreto para que no quede vacío el agujero de ninguna. Pero ¿qué va a pasar con los hombres? Las mujeres huirán de los feos e irán en busca de los guapos.
PRAXÁGORA. Los menos agraciados vigilarán a los guapos cuando se marchen del banquete, acecharán sus pasos en los lugares públicos. Y no será legal si las mujeres se acuestan con los hermosos y los altos antes de que a los feos y bajos concedan sus favores.
BLÉPIRO. ¿La nariz de Lisícrates, entonces, va a estar tan orgullosa como los hombres guapos?
PRAXÁGORA. Sí, por Apolo. Y es un plan democrático, y menuda guasa va a haber de esos engreídos cargados de sortijas cuando uno en alpargatas diga: “Ponte a la cola y mira, que yo me voy a despachar a gusto y ya llegará tu turno.”
BLÉPIRO. Y si vivimos de este modo, ¿cómo va a ser capaz cada cual de reconocer a sus hijos?
PRAXÁGORA. ¿Qué falta hace? Pensarán que son padres suyos todos los viejos, si coincide la edad.
BLÉPIRO. Entonces, por culpa de esa ignorancia, estrangularán a sus anchas a cualquier viejo, uno detrás de otro. Ahora, sabiendo y todo quién es su padre, le estrangulan. ¿Qué va a ser cuando ya no lo sepan, no van a cagarse encima?
PRAXÁGORA. No lo permitirá nadie que esté presente. En aquel tiempo no se preocupaban nada de los padres ajenos si les pegaban, pero ahora si escuchan que están pegando a alguien, a cualquiera, por temor de que el pegado sea su padre, lucharán contra los que lo hagan.
BLÉPIRO. No es nada torpe lo que dices. Pero la tierra, ¿quién la cultivará?
PRAXÁGORA. Los esclavos. Tu ocupación será, cuando por la tarde la sombra del reloj de sol sea de diez pies, ir reluciente a algún banquete.
BLÉPIRO. Y los vestidos ¿quién nos los va a proporcionar? Esto es menester preguntarlo.
PRAXÁGORA. Lo primero, tendréis ésos de ahora, y luego, nosotras tejeremos.
BLÉPIRO. Todavía una pregunta: ¿qué ocurrirá si uno pierde un pleito? ¿Cómo pagará? No será del dinero común, porque eso no sería justo.
PRAXÁGORA. Para empezar, no habrá juicios.
BLÉPIRO. (Al VECINO.) Eso va a hacerte pupa.
VECINO. Lo mismo he pensado yo.
PRAXÁGORA. ¿Y por qué va a haber pleitos, desgraciado?
BLÉPIRO. Por muchas razones, por Apolo. Lo primero, por una elemental: si uno debe dinero y no paga.
PRAXÁGORA. Pero de dónde va a sacar dinero el prestamista si todo es común? Cómo no sea robando.
VECINO. Por Deméter, lo explicas bien.
BLÉPIRO. Pues que me diga esto: ¿de dónde pagarán los pendencieros por sus broncas, cuando después de alguna juerga se envalentonen? Creo que te has quedado sin respuesta.
PRAXÁGORA. Del pan que comen: cuando a uno se lo quiten no va a envalentonarse fácilmente, si le castigan en su estómago.
BLÉPIRO. ¿Y no habrá ladrones?
PRAXÁGORA. ¿Cómo van a robar si también tienen su parte?
BLÉPIRO. ¿Ni le atracarán a uno de noche?
VECINO. No, si duerme en su casa.
PRAXÁGORA. Ni tampoco si lo hace fuera, como antes; todos tendrán medios de vida. Y si le quieren quitar el vestido, él mismo lo dará. Pues ¿para qué resistirse? Se va al fondo común y se coge uno mejor que el viejo.
BLÉPIRO. Entonces, ¿tampoco van a jugar a los dados?
PRAXÁGORA. ¿Y qué van a apostar?
BLÉPIRO. En resumen, ¿qué clase de vida vas a implantar?
PRAXÁGORA. Una vida comunitaria. De la ciudad voy a hacer una casa única: tiraré los tabiques y haré una sola habitación, para que puedan visitarse unos a otros.
BLÉPIRO. Y la comida ¿dónde la servirás?
PRAXÁGORA. Los tribunales y los pórticos los haré comedores.
BLÉPIRO. Y la tribuna de la Asamblea, ¿qué utilidad tendrá?
PRAXÁGORA. Pondré allí las crateras y los cántaros y los niños podrán cantar canciones a los valientes en la guerra, y si hay algún cobarde para que no cene de vergüenza.
BLÉPIRO. Muy bien pensado, por Apolo. Y las urnas, ¿para qué vas a usarlas?
PRAXÁGORA. Voy a ponerlas en el ágora. Citaré a todos en la estatua de Harmodio y haré un sorteo, para que, según les toque, vayan felices sabiendo en qué letra cenarán. Proclamará el heraldo que los de la beta vayan al Pórtico Real a cenar; la zeta, al Pórtico vecino, los de la kappa al Pórtico en que venden la cebada.
BLÉPIRO. ¿A picotearla?
PKAXÁGORA. Por Zeus, no, para cenar.
BLÉPIRO. Y al que no le salga su letra, ¿se quedará fuera?
PRAXÁGORA. No será así entre nosotras. Habrá abundancia para todos; coronados, así, borrachos, marcharán todos con su antorcha. Y en las esquinas, las mujeres vendrán a ellos, según pasan, y les dirán: “Vente conmigo, tengo una chica muy guapa para ti”.
“Ven a mi casa”, dirá otra desde el piso de arriba: “la mía es la más bella, la más blanca, pero antes que con ella debes dormir conmigo». Y mientras vigilan a los guaperas y a los jovencitos, los feos dirán así: «¿A dónde? Aunque llegues el primero, no te comerás una rosca, pues se ha decretado que antes jodan con los feos y los chatos y que vosotos entre tanto os la peléis en los portales con una hoja de higuera ” Vamos, decidme, ¿os gusta esto?
BLÉPIRO Y VECINO. Muchísimo.
PRAXÁGORA. Bueno, ahora tengo que marcharme al ágora para recoger las cosas que vayan entregando. Y llevaré conmigo una pregonera de buena voz. No tengo más remedio que hacerlo, ya que me han elegido para tener el mando, y para organizar las comidas en común de manera que hoy mismo os deis un festín.
BLÉPIRO. ¿Nos banquetearemos hoy ya?
PRAXÁGoRA. Así lo afirmo. Y luego, quiero dejar cesantes a las putas, a todas.
BLÉPIRO. ¿Con qué intención?
PRAXÁGORA. Está bien claro: (señalando al Coro.) para que disfruten éstas de la flor de los jóvenes. Y en cuanto a las esclavas, se les prohíbe que, acicalándose, roben bajo cuerda el placer de las mujeres libres. Se acostarán sólo con los esclavos, con el conejito depilado deprisa y corriendo.
BLÉPIRO. Voy a ir contigo para que me miren y digan: «¿No os gusta el marido de la generala?»
VECINO. Y yo también, para llevar mis cacharros al ágora, voy a coger y examinar mis bienes.
(Salen todos en dirección al ágora, incluido el CORO.)
INTERLUDIO CORAL (no conservado)
SEGUNDA PARTE
(Las dos casas de la escena han cambiado de propietario. De una de ellas sale el HOMBRE A, mientras dos esclavos sacan los objetos que va nombrando él cada vez y los ponen en la calle.)

IV

HOMBRE A. Ven tú, cedazo bonito, primorosamente a la calle, la primera de mis cosas, para que hagas de canéforo, molido como estás de tanto volcar mis sacos de harina.– ¿Dónde está la que lleva tu taburete? Sal tú, marmita, toda negra, por Zeus, ¡ni que hubieras cocido el tinte con que Lisícrates se tiñe el pelo!.– Tú, doncella de alcoba, ponte a su lado.– Y tú, moza del cántaro, ponlo ahí.– Sal también tú, tañedora de cítara, que tantas veces me has despertado para ir a la Asamblea en plena noche con tu canto mañanero.– Que se adelante ahora el que trae el gran cofre; tráeme los panales, pon cerca los ramos y saca los dos trípodes y el lecito. Los pucheros y los trastos, dejadlos.
(Los esclavos han ido sacando: un cedazo, una marmita, un frasco de perfumes, un cántaro, una muela de molino, un cofre, unos panales, ramos, dos tripodes y un lecito. Los colocan en fila, representando a personas y objetos de la procesión de las Panateneas.)
HOMBRE B. (Entrando, sin apercibirse de la procesión de cachivaches.) ¿Que yo vaya a entregar lo mío? Sería un desgraciado, un hombre sin seso. No, por Posidón, jamás, voy antes a poner a prueba todo esto y a examinarlo. No voy a tirar tan tontamente mi sudor y mi ahorro por mucho que se diga, antes de averiguar en qué consiste todo esto.– (AL HOMBRE A.) Tú, ¿qué significan esos cacharritos? ¿Los has sacado fuera porque te mudas o es que los vas a dar en prenda?
HOMBRE A. De ninguna manera.
HOMBRE B. ¿Y por qué están así en fila? ¿O es una procesión que hacéis en honor del heraldo Hierón, para que los subaste?
HOMBRE A. No, por Zeus, es que quiero entregarlos a la ciudad en el ágora según las leyes que han sido aprobadas.
HOMBRE B. ¿Vas a entregarlos?
HOMBRE A. Desde luego.
HOMBRE B. Eres un infeliz, por Zeus Salvador.
HOMBRE A. ¿Cómo?
HOMBRE B. ¡Cómo te lo digo!.
HOMBRE A. ¿Pues qué? ¿No debo obedecer a las leyes?
HOMBRE B. ¿A cuáles, desgraciado?
HOMBRE A. A las decretadas.
HoMBRE. ¿A las decretadas? ¡Serás tonto!.
HOMBRE A. ¿Tonto?
HOMBRE B. ¿Cómo no? El más imbécil de todos.
HOMBRE A. ¿Porque hago lo que está ordenado?
HOMBRE B. ¿Y el hombre cuerdo debe hacer lo que está ordenado?
HOMBRE A. Antes que nada.
HOMBRE B. Eso serán los estúpidos.
HOMBRE A. ¿Y tú no piensas entregar nada?
HOMBRE B. Me guardaré mucho antes de ver qué es lo que quiere el pueblo.
HOMBRE A. ¿No ves que están dispuestos a entregar sus cosas?
HOMBRE B. Cuando lo vea lo creeré.
HOMBRE A. Por lo menos, es lo que van diciendo por la calle.
HOMBRE B. ¡Sí, si lo dirán!
HOMBRE A. Y aseguran que las cogerán y las llevarán.
HOMBRE B. ¡Sí, si lo asegurarán!.
HOMBRE A. Desconfiando, vas a estropearlo todo.
HOMBRE B. ¡Sí, si desconfiarán!
HOMBRE A. Que Zeus te haga pedazos.
HOMBRE B. ¡Sí, si te harán pedazos!.– ¿Te crees que cualquiera que tenga juicio va a llevar sus cosas? No es costumbre tradicional nuestra: nosotros sólo debemos recibir, por Zeus. Lo mismo hacen los dioses, lo conocerás por las manos de las estatuas: cuando hacemos oraciones para que nos den sus bienes, allí se quedan extendiendo su mano con la palma hacia arriba, no con aire de dar, sino para recibir.
HOMBRE A. Diantre de hombre, déjame hacer algo útil. Estas cosas hay que atarlas. ¿Dónde tengo una cuerda?
HOMBRE B. ¿De verdad vas a llevarlas?
HOMBRE A. Sí, por Zeus, ya estoy atando estos dos trípodes.
HOMBRE B. ¡Qué estupidez! No esperar ni siquiera a ver qué hacen los otros y, entonces ya...
HOMBRE A. ¿Entonces qué?
HOMBRE B. Esperar más, y luego entretenerse todavía.
HOMBRE A. ¿Para qué?
HOMBRE B. Si hay un terremoto o un fuego de mal presagio o si se cruza una comadreja, entonces dejarán de llevar las cosas, estúpido.
HOMBRE A. Sería divertido si no queda sitio donde colocar todas estas cosas.
HOMBRE B. ¿Que no queda sitio? No te preocupes, podrás depositarlas, aunque llegues pasado mañana.
HOMBRE A. ¿Cómo?
HOMBRE B. Yo sé muy bien que éstos votan muy deprisa, pero luego se echan para atrás.
HOMBRE A. Las llevarán, amigo mío.
HOMBRE B. ¿Y si no las transportan, qué?
HOMBRE A. Descuida, las transportarán.
HOMBRE B. ¿Y si algunos lo impiden, que?
HOMBRE A. Lucharemos con ellos.
HOMBRE B. ¿Y si son más fuertes, qué?
HOMBRE A. Lo dejaré todo y me iré.
HOMBRE B. ¿Y si las venden, qué?
HOMBRE A. Ojalá revientes.
HOMBRE B. ¿Y si reviento, qué?
HOMBRE A. Harás muy bien.
HOMBRE B. ¿Y tú sigues empeñado en llevarlas?
HOMBRE A. Desde luego. Veo que mis vecinos las llevan.
HOMBRE B. Seguro que el estreñido de Antístenes va a llevarlas. Es mucho más probable que con tal de no hacerlo cague... durante más de treinta días.
HOMBRE A. Vete al infierno.
HOMBRE B. ¿Y Calímaco el poeta va a llevarles alguna cosa?
HOMBRE A. Más que el rico Calias.
HOMBRE B. Ese hombre va a perder toda su hacienda.
HOMBRE A. Dices algo terrible.
HOMBRE B. ¿Por qué algo terrible? No te das cuenta de que constantemente se votan decretos como ése. ¿No te acuerdas de aquello que se acordó sobre la sal?
HOMBRE A. Claro que sí.
HOMBRE B. ¿Y no te acuerdas cuando votamos aquellas monedas de cobre?
HOMBRE A. Fue desgraciada aquella acuñación. Vendí uvas y me marché con la boca llena de cobre y entonces fui al ágora a por harina de cebada. Y cuando acababa de poner debajo el saco gritó el heraldo: «No aceptéis en adelante monedas de cobre: sólo valen las de plata.» (Pausa.) .– Pero no es lo mismo, amigo. En aquel tiempo mandábamos nosotros, y ahora mandan las mujeres.
HOMBRE B. Voy a tener cuidado con ellas, por Posidón, no se me meen encima.
HOMBRE A. No entiendo las tonterías que dices. (A un siervo.) Mozo, trae la pértiga.
MUJER HERALDO. (Llegando.) Oh ciudadanos todos, (pues éste es el nuevo estado de cosas), corred, venid junto a la generala para que seáis sorteados y la fortuna os indique a cada uno dónde cenar. Porque las mesas ya están llenas de toda clase de delicias; y los lechos, junto a ellas, están llenos de pieles de cabra y de alfombras. Están mezclando el vino y las perfumistas están allí de pie, todas en fila. Fríen el pescado, ensartan las liebres en brochetas, cuecen pasteles, trenzan coronas, tuestan aperitivos, las más jóvenes cuecen pucheros de puré. Y entre ellas Esmeo, con su vestido de jinete, va limpiando las escudillas de las mujeres (Gesto obsceno.). Gerón avanza con su manto de lana fina y sus zapatos elegantes, riendo a carcajadas con otro jovencito (Gesto de afeminamiento.); tiradas lejos, yacen en el suelo las alpargatas y la zamarra. Id pues, que el que reparte el pan está allí ya en pie: ea, abrid las mandíbulas (Sale).
HOMBRE B. Bueno, allá voy. ¿Por qué quedarme aquí, si esa es la decisión de la ciudad?
HOMBRE A. ¿Y a dónde vas a ir si no has entregado tus bienes?
HOMBRE B. A la cena.
HOMBRE A. Ni lo sueñes: si a las mujeres les queda un poco de sentido común, antes debes hacer la entrega.
HOMBRE B. Ya la haré.
HOMBRE A. ¿Cuándo?
HOMBRE B. Por mí no habrá problema, tío.
HOMBRE A. ¿Cómo es eso?
HOMBRE B. Ya verás que otros la hacen después de mí.
HOMBRE A. ¿Y vas a cenar, a pesar de todo?
HOMBRE B. (Con ironía.) ¡Qué remedio! Los hombres de bien deben ayudar a la ciudad en lo que puedan.
HOMBRE A. ¿Y si no te dejan?
HOMBRE B. Entraré al asalto agachando la cabeza.
HOMBRE A. ¿Y si te azotan, qué?
HOMBRE B. Las citaré a juicio.
HOMBRE A. ¿Y si se burlan, qué?
HOMBRE B. Puesto ante la puerta...
HOMBRE A. ¿Qué vas a hacer? Dímelo.
HOMBRE B. Les quitaré la comida mientras la llevan dentro.
HOMBRE A. Ve, si quieres, pero detrás de mí. Vosotros, Sicón y Parmenón, transportad mis cosas. (Los esclavos las ponen en la pértiga.)
HOMBRE B. Vamos, que te echo una mano.
HOMBRE A. De ninguna manera. A ver si delante de la generala, cuando yo deje mis cosas en el suelo, las reclamas como tuyas. (Sale.)
HOMBRE B. Por Zeus, tengo que inventar alguna cosa para seguir siendo dueño de lo mío y tener en común con éstos una parte de lo que se cuece. Mi idea es la mejor: debo ir con ellos a cenar y no perder ni un minuto.
INTERLUDIO CORAL (no conservado)
V
(La escena con dos casas representa un lugar distinto. La VIEJA A está en la calle, delante de su casa, donde se esconden la VIEJA B y la VIEJA C. Por la ventana de la otra casa se asomará la JOVEN.)
VIEJA A. (Junto a la ventana de la primera casa.) ¿Por qué no han llegado ya los hombres? Ya tenían que haber venido.– Aquí estoy embadurnada de blanco, con mi camisa de azafrán, ociosa, canturreando una cancioncilla, jugueteando para pillar a alguno que pase por aquí. Musas, acudid a mi boca con alguna coplilla verde.
LA JOVEN. (En la ventana de la segunda casa.) Me has cogido la delantera, escoria. Creías que yo no estaba y que ibas a vendimiar mi viña abandonada y a atrapar a alguno cantando. Pero si lo haces, yo cantaré también. Aunque fastidie al público, puede ser agradable y divertido.
VIEJA A. (Enseñando el dedo corazón.) ¡Móntate aquí! Y tú, flautista, amorcito mío, coge la flauta y acompaña mi canción como tú sabes hacerlo.
Si uno quiere algo bueno,
duerma conmigo.
Que una joven no tiene
maduro el higo.
Yo le haré que disfrute
como ninguna,
que en amores no tengo
rival alguna.
LA JOVEN.
No hables mal de mí, vieja,
que tú no vales
lo que mis tiernas peras
y mi muslamen.
Porque así repintada
de blanco fuerte
va a venir a buscarte
sólo la Muerte.
VIEJA A.
Ojalá que no folles
nunca en tu cama;
Pierdas el agujero
mas no las ganas.
Que cuando quieras besos
y estés caliente
sólo encuentres a mano
una serpiente.
LA JOVEN
Me he quedado aquí sola,
no está mi madre,
y ya siento las carnes
que se me abren.
Mas sin mi amigo
tengo ya unos picores
que no te digo.
A Empalmágoras llama,
como tú sueles,
por favor, mi nodriza
que me consuele.
VIEJA A.
Por tu canto sospecho
que estás cachonda,
esperando a algún novio
de tranca horonda.
Pero te advierto:
antes tendrá tu novio
que arar mi huerto.
Así que canta todo lo que quieras y asómate como una comadreja, porque nadie va a entrar en tu casa antes que en la mía.
LA JOVEN. Para enterrarme no, por cierto.– No lo esperabas, ¿eh, escoria?
VIEJA A. ¡Bah! ¿Qué cosa nueva podría decirle nadie a una vieja? Mi vejez no va a darte disgusto alguno. Además ¿por qué hablas conmigo?
LA JOVEN. ¿Y tú por qué te asomas?
VIEJA A. ¿Yo? Le canto a mi amigo Epígenes.
LA JOVEN., ¿Tienes algún amigo, aparte de Viejales?
VIEJA A. El te lo dirá, va a venir enseguida.– Mira, aquí está ya.
LA JOVEN. No viene precisamente por tí, peste.
VIEJA A. ¡Por Zeus que sí!
LA JOVEN. Vieja tísica, él te lo demostrará enseguida. Yo me voy.
VIEJA A. Y yo también, ‘pa’ chula tú chula yo.
(Se meten dentro ambas.)
EL JOVEN. (Llegando.)
En tu cama quedarme sin resuello
ojalá yo pudiera, joven bella,
y pasar junto a ti toda la noche
sin tener que tirarme para ello
a una chata, una vieja o una camella;
que además de algo indigno
es un derroche.
VIEJA A. (Asoma de nuevo.)
Pues tendrás que tirarte, me barrunto,
a toda aquella que te lo demande
porque tal es la ley y eso es lo justo.
Y si estás maquinando algún asunto
con la joven de enfrente, ten presente
que antes a viejas hay que darles gusto.
(Se retira dentro.)
EL JOVEN. Ojalá, oh dioses, coja sola a la joven que estoy buscando, bebido y salido desde hace rato.
LA JOVEN. (Se asoma.) He engañado a la maldita vieja: se ha ido, pensando que iba a quedarme dentro. Pero aquí está el joven del que hablábamos.
Acércate, amor mío, estoy aquí
sé tu mi amante, amor, en esta noche.
Terrible amor me agita y me recorre,
herida estoy de amor, mi amor, por ti.
No me atormentes, Eros, yo te imploro,
no me desgarres más el tierno pecho;
haz que venga este joven a mi lecho,
que por él desespero, tiemblo y lloro.
EL JOVEN. Acércate, mi amor, sin disimulo
corriendo baja y ábreme enseguida
y abrázame, que en pago a tu acogida
voy a luchar a golpes con tu culo.
Pero, ¿por qué, oh Cipris, me enloqueces?
No me atormentes, Eros, te suplico,
que más vale tener callado el pico
que espantarla con términos soeces.
Mejor será un requiebro moderado,
romántico, meloso, compungido...
Probemos otra vez: mi amor, te pido
que me abras y me acojas a tu lado;
capullito cubierto de rocío,
mi abeja de la Musa, mi retoño
de Afrodita, entrégame tu co...
¡Ábreme ya y abrázame, amor mío!
(Llama a la puerta de LA JOVEN.)
VIEJA A. (Abre su puerta y se dirije al JOVEN.) Tú, ¿Me estás llamando? ¿Me buscas a mí?
EL JOVEN. ¿Qué dices?
VIEJA A. Has golpeado mi puerta.
EL JOVEN. Antes morir.
VIEJA A. Entonces, ¿por qué has venido con una antorcha?
EL JOVEN. Estoy buscando a Paco.
VIEJA A. ¿Qué Paco?
EL JOVEN. A Paco Jones, no a Paco Jertes, como quizá tú esperas.
VIEJA A. Pues sí que voy a cogerte, por Afrodita, quieras o no quieras. (Le abraza. EL JOVEN se separa.)
EL JOVEN. Hemos dado carpetazo a los expedientes de más de sesenta años, los hemos archivado para más adelante. Ahora tenemos entre manos los de menos de veinte años.
VIEJA A. Eso era con el régimen anterior, bomboncito. Ahora tienen que meternos (Gesto obsceno) a nosotras las primeras.
EL JOVEN. No entiendo lo que dices: tengo que aporrear la otra puerta.
VIEJA A. Primero tienes que aporrear la mía (Gesto obsceno).
EL JOVEN. No es un estropajo lo que ahora estoy buscando.
VIEJA A. Sé que me amas, pero te has quedado cortado al encontrarme en la puerta. Ven, acerca tu boca.
EL JOVEN. Amiguita, me da miedo tu amante.
VIEJA A. ¿Cuál?
EL JOVEN. El mejor de los pintores.
VIEJA A. ¿Quién es ése?
EL JOVEN. El que pinta los vasos funerarios para los muertos. Entra dentro, no te vea en la puerta.
VIEJA A. Ya sé, ya sé lo que quieres.
EL JOVEN. También yo, por Zeus.
VIEJA A. Afrodita, Afrodita, lo que se da no se quita. (Le agarra.)
EL JOVEN. Estás chocheando, abuelita.
VIEJA A. Déjate de tonterías y vente a la cama. (Tira de él.)
EL JOVEN. ¿Por qué compramos ganchos para sacar el cubo del pozo cuando podríamos usar a esta viejecita?
VIEJA A. No te burles de mí, desgraciado, ven conmigo.
EL JOVEN. No tengo obligación si no has pagado a la ciudad el impuesto correspondiente.
VIEJA A. Por Afrodita, sí que tienes obligación, porque me gusta acostarme con los de tu edad.
EL JOVEN. Y a mí con las de tu edad me da asco: te vas a quedar con las ganas.
VIEJA A. (Enseñando un rollo de papiro.) Pues, por Zeus, esto te va a obligar.
EL JOVEN. ¿Qué es eso?
VIEJA A. Un decreto que te obliga a venir conmigo.
EL JOVEN. A ver, léemelo.
VIEJA A. Agárrate. (Leyendo.) “Han decretado las mujeres que si un joven desea a una joven, que no se la pase por la piedra antes de haberse cepillado a la vieja. Y si se niega, las mujeres viejas tendrán vía libre para llevárselo a rastras cogiéndolo del rabo”
EL JOVEN. ¡Ay de mí! Hoy me cortan las dos orejas y el rabo.
VIEJA A. Las leyes están para cumplirlas.
EL JOVEN. ¿Y si paga una fianza un vecino mío o un compadre?
VIEJA A. No hay fianza que valga viniendo de un varón.
EL JOVEN. ¿No puedo hacerte un pagaré?
VIEJA A. No, hay que cumplir en el acto.
EL JOVEN. Alegaré que soy objetor.
VIEJA A. Te voy a poner firme.
EL JOVEN. Entonces, ¿qué hay que hacer?
VIEJA A. Venir conmigo.
EL JOVEN. ¿A la fuerza?
VIEJA A. A la fuerza te llevo.
EL JOVEN. Pues vete poniendo la mortaja.
VIEJA A. Seguro que me comprarás también una corona.
EL JOVEN. Sí, por Zeus, una corona de muerto. Pues creo que te vas a quedar en el sitio.
(La VIEJA se lo lleva dentro. Sale LA JOVEN.)
LA JOVEN. ¿A dónde te lo llevas a rastras?
VIEJA A. Éste se viene a mi casa.
LA JOVEN. No estás bien de la cabeza. No tiene edad para acostarse contigo, es tan jovencito. Podrías ser su madre. Si implantáis esa ley, vais a llenar de Edipos la tierra entera.
VIEJA A. So guarra, la envidia te corroe. Pero mi venganza será terrible (Entra en casa.)
EL JOVEN. Por Zeus Salvador, qué gran favor me has hecho, bomboncito, librándome de la vieja. A cambio, te voy a hacerte otro favor grande y gordísimo. (Gesto obsceno. Hace ademán de irse con ella.)
VIEJA B. (Entrando.) Tú, ¿a dónde la arrastras? Estás violando la ley: está escrito que tiene que acostarse primero conmigo?
EL JOVEN. ¡Pobre de mí! ¿De dónde ha salido este fiambre? Esta peste es peor todavía que la otra.
VIEJA B. Ven aquí.
EL JOVEN. (A LA JOVEN.) No dejes que me arrastre, te lo suplico.
VIEJA B. No soy yo quien te arrastra, es la ley.
EL JOVEN. La ley no, es una bruja purulenta y chupasangre.
VIEJA A. Ven de una vez, monada, no charles tanto.
EL JOVEN. Bueno, déjame ir a mi casa a ver si me repongo, que se me ha descompuesto el cuerpo. Si no, me lo voy a hacer encima.
VIEJA B. Descuida: que dentro te vas cagar.
EL JOVEN. Temo que más de lo que quiero. (Lo arrastra. Aparece la VIEJA C.)
VIEJA C. Eh tú, ¿a dónde te crees que vas con ésta?
EL JOVEN. No voy, me arrastran. Pero, seas quien seas, que los dioses te bendigan por no permitir que me hagan papilla. (Se fija mejor). Heracles, Panes, Coribantes, Dioscuros, es una peste todavía peor que la otra. ¿Qué es esto, por favor? ¿Una mona ‘con la cara repeyá’ o una vieja resucitada de los muertos?
VIEJA C. No te burles, ven aquí.
VIEJA B. No, aquí.
VIEJA C. (Le agarra.) No voy a soltarte.
VIEJA B. (Le agarra.) Ni yo tampoco.
EL JOVEN. Vais a partirme en dos, malditas.
VIEJA B. Debes venir conmigo, de acuerdo con la ley.
VIEJA C. No si viene otra vieja mas fea todavía.
EL JOVEN. ¿Y si perezco miserablemente por culpa de las dos, decid, cómo voy a llegar a aquel monumento?
VIEJA C. Eso es asunto tuyo. Pero esto, has de cumplirlo.
EL JOVEN ¿Y a cuál he de tirarme primero para quedar libre?
VIEJA C. ¿No lo sabes? Vas a venir aquí.
EL JOVEN. Entonces, que me suelte esa otra.
VIEJA B. No, ven aquí conmigo.
EL JOVEN. Si me suelta ésa.
VIEJA C. Yo no te suelto, por Zeus.
VIEJA B. Ni yo tampoco.
EL JOVEN. Pero, ¿cómo voy a ser capaz de ventilarme a las dos?
VIEJA C. Lo harás en cuanto comas un puchero de cebollas. (Tira más fuerte.)
EL JOVEN. Ay, pobre de mí, ya casi me ha arrastrado hasta la puerta.
VIEJA B. Pues no vas a adelantar nada: yo entraré contigo.
EL JOVEN. No, por los dioses. Mejor es ser acometido por una desgracia que por dos.
VIEJA C. Por Hécuba, si quieres, como si no quieres.
EL JOVEN. (Declamando.) ¡Ay mísero de mí, ay infelice!, si a una mujer podrida he de joder todo el santo día y luego, cuando me libre de ella, a una sujeta que tiene una boca como un pozo sin fondo. ¿Seré desgraciado? En verdad soy varón infortunado y desdichado, por Zeus Salvador, si he de nadar con semejantes bichos. Sin embargo, si mientras navego hacia este puerto me hundo con estas putas, enterradme en bocana y a ésta (señala a la VIEJA C), embadurnándola aún viva de pez, echando plomo derretido a sus dos pies en torno a los tobillos, ponedla encima de la tumba, a manera de vaso funerario–. (La VIEJA C le hace entrar dentro, pese a los esfuerzos de la otra.)

INTERLUDIO CORAL (no conservado)

VI


SIRVIENTA. (Llega de fuera. Declamando ante el CORO.) Oh pueblo dichoso, tierra feliz, y mi señora más dichosa que nadie y vosotras, las que estáis junto a las puertas, y los vecinos y todos los del barrio y yo también, la seirvienta, con la cabeza perfumada con perfumes excelentes, por Zeus. Pero a estos perfumes les dan cien vueltas las anforitas de vino de Tasos: porque quedan mucho tiempo en la cabeza, pero los otros perfumes pronto se pasan y se disipan. Aquéllos son mucho mejores, muchísimo, por las díosas. Mezcla vino puro: te dará alegría la noche entera si eliges el de mejor aroma.- Pero mujeres, decidime dónde está el amo, el marido de mi ama.
CORIFEO. Si te quedas aquí, me parece que vas a encontrarlo. (Sale BLÉPIRO con corona y antorcha.)
SIRVIENTA. Mira, ya va a la cena. Amo, hombre feliz, tres veces venturoso...
BLÉPIRO. ¿Yo?
SIRVIENTA. Tú, sí, por Zeus, más que nadie. Pues ¿quién podría ser más feliz que tú, el único de los treinta mil ciudadanos que no ha cenado todavía?
CORIFEO. Está claro que se trata de un hombre afortunado.
SIRVIENTA. ¿A dónde vas?
BLÉPIRO. Voy a la cena.
SIRVIENTA. Por Afrodita, eres el último de todos. Sin embargo, el ama me encargó que te cogiera y te llevara allí con estas jovencitas. (Señala al CORO.) Queda aún vino de Quíos y otras muchas exquisiteces. Conque no os retraséis, y los espectadores que sean amigos nuestros y los jueces del concurso, si no están mirando para otra lado, que vengan también con nosotros. Les daremos de todo.
BLÉPIRO. ¿Por qué no se lo dices a todos sin saltarte a ninguno? ¿Por qué no invitas rumbosamente a viejos, jóvenes y niños? Ya está preparada la cena para todos (Guiño al público) ... en vuestra casa. Yo salgo ya para la cena: llevo a punto mi antorcha.
SIRVIENTA. No te entretengas tanto tanto y llévate a éstas? Mientras vas bajando a la ciudad, yo, como aperitivo, cantaré una canción.
CORIFEO (Al público.) Un pequeño consejo deseo dar a los jueces: a los sabios, que recuerden las cosas sabias que he dicho y me voten, y a los que se ríen a gusto, que por la risa me voten. Y que no me perjudique el sorteo de las comedias, en el que yo salí en primer lugar. Debéis recordar todo esto y ser imparciales y juzgar las comedias con justicia y no os portéis como querindongas que sólo se acuerdan del último.
SIRVIENTA. ¡Hala!, amigas queridas, si vamos a poner en obra nuestro asunto, es hora de salir pitando a la cena. Venga, bailad, tú mueve también los pies.
BLÉPIRO. Ya lo hago.
SIRVIENTA.
Porque habrá enseguida muy rico pescado,
rodajas cocidas de raya y cazón,
torcaces, palomas, mirlos, palominos,
alondras, pichones y un galo capón,
alitas de pollo cocidas en vino
con queso rallado y de postre un melón.
Conque date prisa, vete a por un plato,
no sea que hoy cenes tan solo puré.
Y el público atento que salte y que baile,
que aplauda si quiere y que cene también.
CORO. (Danzando.)
Porque ya nos vamos, porque esto se acaba,
porque ahora ya toca gritar evoé.
¡Evoé, evoé, evoé, evoé, evoé!