martes, 29 de septiembre de 2009

Contra las Putas mentiras del Pornocapital diario

Concierto cubano del clan de los Juanes:
La despolitización del vitalsocialismo
Y la politización antropofágica del Pornocapital tanatocrático



Santiago ALBA RICO
La Jiribilla, año VIII, nº 438,
del 26 de septiembre al 2 de octubre de 2009



El llamado Concierto de Juanes o Concierto por la Paz celebrado el pasado 20 de septiembre en la Plaza de la Revolución de La Habana ha provocado el enésimo intercambio de golpes entre los partidarios de la Revolución y los partidarios de la antropofagia. Nada nuevo en este casi protocolario forcejeo si no fuese porque —no sé si alguien lo ha observado— por una vez los pugilistas han invertido los papeles o, más exactamente, se han intercambiado los argumentos; y esto con el efecto paradójico de dar la razón a los antropófagos y la victoria a los revolucionarios.




Me explico. Los defensores del concierto (Jesús Gómez Cairo, Salvador Capote o Luis Toledo, por ejemplo) han insistido en negar el carácter político del mismo, invocando en su favor valores —digamos— “burgueses”: el triunfo de la cultura, el arte contra la barbarie, el derecho de los jóvenes a escuchar buenas canciones, la música de calidad por encima de las diferencias ideológicas. Del otro lado, frente a esta reivindicación del “arte puro” como abstracto conciliador de voluntades, los propagandistas anticubanos han recurrido sin parar a registros casi “guevaristas” para censurar a los participantes en el evento: la necesidad de tomar partido, el compromiso del artista, la música como vehículo de movilización. Si dejamos a un lado el fanatismo de Miami, escuetamente destructivo, resulta cuando menos curioso ver cómo los medios de comunicación españoles anticubanos —la mayoría— no han dejado de exigir más o menos veladamente a los cantantes más altos niveles de conciencia política frente a las trampas de la “paz abstracta” y la “música pacificadora”. El caso del diario El País ha sido una vez más ejemplar. En sendos artículos del 25 de septiembre, Verónica Calderón y Diego Manrique dejan a un lado el contenido musical del concierto para explorar las complicidades de Juanes y compañía con la “dictadura castrista” y lamentar precisamente la falta de compromiso de los jóvenes allí reunidos sin la más mínima conciencia, espoleados solamente por “el hambre de música pop”.
Por una vez los cubanos han querido hacer una cosa sencillamente “bonita”, amable, sin punta ni garra, para todos los públicos (y no sin razón quizás el escritor colombiano Carlos Alberto Ruiz señalaba con melancolía el carácter intencionadamente apolítico del concierto). Los cubanos han querido cantar sin más y entonces sus enemigos, los que siempre defienden la pureza del arte y abominan de toda contaminación ideológica, se han puesto a gritar: “¡Política! ¡Política! ¡Todo es política!”. En lugar de reunirse delante de la Oficina de Intereses de los EEUU para gritar consignas antimperialistas, los cubanos se concentran en una plaza para escuchar música y entonces sus enemigos se enfurecen todavía más: “ah, no, no nos engañáis, eso es más político aún”. Por una vez los cubanos se parecen a todos los demás y entonces los que llevan 50 años queriendo arrollar, negar, extirpar su diferencia se irritan más que nunca: “nada de eso, tenéis que ser ininterrumpidamente socialistas”.



Por una vez los cubanos hacen una cosa “bonita” y por una vez sus enemigos tienen razón: el arte, la música, la cultura son política. Está bien que lo reconozcan, aunque sea de nuevo contra Cuba (y no contra Madonna en Israel o contra Al Di Meola en Túnez o contra Julio Iglesias en Miami). La gran ilusión del capitalismo es la de creerse —la de hacer creer— que ha establecido las únicas condiciones posibles en las que el arte puede ser por fin solo arte. Es todo lo contrario. Cantar no es inocente en una oscuridad de lobos; caminar no es indiferente en un campo minado; elegir un vestido o un refresco, conceder un beso, hacer un regalo, dormir la siesta, no son acciones neutrales en una economía global de antropofagia ininterrumpida. Tampoco puede serlo, claro está, en una de las pocas sociedades del planeta que se defiende colectivamente contra esa locura organizada. El llamado Concierto de Juanes o Concierto por la Paz fue un acto político y, a la espera de saber qué efectos introduce en Cuba y en sus relaciones con los vecinos, conviene que Juanes, Miguel Bosé y Víctor Manuel —por citar a los más mediocres y reaccionarios de los participantes— sepan que también esta vez, como cada vez que cantan en Bogotá o en Madrid, han participado en un acto político, aunque quizás el menos político de todos o el potencialmente más “artístico” de su carrera (que es lo que los ponía en realidad un poco fuera de lugar).



Porque tiene razón Carlos Alberto Ruiz al llamar la atención sobre la despolitización intencionada del llamado Concierto de Juanes o Concierto por la Paz, aunque quizás no acierta a valorar todo lo que tiene de prometedora o de reveladora esta intención. Al contrario de lo que nos han querido hacer creer, los artistas capitalistas y los escritores capitalistas y los pintores capitalistas y los músicos capitalistas (por no hablar de los ingenieros capitalistas y los albañiles capitalistas) son más capitalistas que artistas, escritores, pintores o músicos. Bajo una economía global de antropofagia ininterrumpida, somos ininterrumpidamente capitalistas, y nuestros gestos son tanto más políticos cuanto más despolitizados nos parecen: cuando hacemos la compra, cuando amamos, cuando nos divertimos. Bajo el socialismo ocurre lo contrario. Se lucha por el socialismo para no ser todo el rato socialista; para que, en efecto, el amor y el vestido, el pincel y la nota, el poema y la risa, queden algún día al margen de la política. Somos capitalistas las 24 horas del día, pero no seremos socialistas sino de manera intermitente, en los momentos en que haya que defender las condiciones que nos permitirán ser otras cosas. Por eso, Gómez Cairo, Capote y Luis Toledo tienen tanta razón como Carlos Alberto Ruiz: porque la premeditada despolitización del llamado Concierto de Juanes hace comparecer en un relámpago ese mundo —por el que Cuba viene trabajando desde hace 50 años— en el que la cultura es solo cultura y el arte es arte y las buenas canciones son, sobre todo, buenas canciones. Ninguna despolitización puede ser más política, en sentido radical, que la que abriga este embrión. La única duda es la de saber si Cuba ha asentado tan firmemente el socialismo que puede emprender esta despolitización sin peligro o si, por el contrario, esta despolitización se produce demasiado pronto y entraña por eso mismo algún riesgo para el socialismo.



Me gustó mucho la respuesta que dio un informático habanero de 24 años a un periodista del diario español Público que le preguntaba por el concierto: “Lo que no entiendo mucho es eso de concierto por la paz… ¡Aquí hay paz! Paz con DIGNIDAD”. En el mismo sentido se expresaba en un artículo de La Jornada Arleen Rodríguez Derivet: “En cuanto a la paz, difícilmente haya otra tierra, de norte a sur y de este a oeste del planeta, donde la alegría tenga tanto que ver con la ausencia de violencia”. ¿Por qué este pequeño y pacífico país, moderadamente pobre, comparativamente generoso, consciente y solidario, merece tanta atención y siempre negativa? ¿Por qué ha molestado tanto en Miami y en Madrid que por una vez los cubanos quisieran cantar sin más? ¿Por qué les ha enfurecido de esta manera que por una vez no se reunieran para citar al incomprensible Marx o al prolífico Martí, para denunciar “demagógicamente” el terrorismo de los EE.UU o los horrores del bloqueo, sino para escuchar música pop y aplaudir a unos cuantos cantantes, unos buenos y otros menos buenos? ¿Por qué les has parecido tan mal —a los abominadores del socialismo— que durante un par de horas los cubanos dejaran de ser socialistas para pasarlo sencillamente bien sin necesidad de matar a nadie?



Quizás basta con formular estas preguntas para encontrar ya muchas respuestas.

lunes, 28 de septiembre de 2009

CONTRA LA PUTA CENSURA DE LA MAFFIA CAMORRISTA DE LOS LUISES

Algunas consideraciones sobre la impostura
El fraude García Montero y la fuerza del mito

Que una buena parte de la poesía del señor Luis García Montero es un fraude lo descubrió y mostró, hace tiempo, el fundamental libro Poesía y poder del colectivo “Alicia Bajo Cero”. Que don Luis García Montero, como personaje público, es un fraude se ha demostrado sobradamente, a lo largo de estos dos o tres últimos años, con la insidiosa conducta que él y su entorno político y mediático ha observado con respecto a su particular litigio con el profesor José Antonio Fortes, de la Universidad de Granada, del que, de nuevo, una vez más –con la parcialidad y burda manipulación a la que se nos tiene acostumbrado, en este caso–, el diario Público se hizo eco, en su edición digital del 25 de septiembre. De nuevo, una vez más, cansina y machaconamente, un personal contencioso se disfraza de cruzada ideológica contra no sé qué “tesis revisionistas” acerca de la obra de Lorca.

No voy a cansar ya a los lectores de este escrito con la historia de tal contencioso, con la suma de tergiversaciones y manipulaciones, desinformación e ignorancia que se ha agregado al caso. No. Ahora, querría que fijásemos la atención en cómo todo esto nos desvía de la cuestión central, la impostura y el fraude que tal conducta encierra; impostura y fraude que nos atañen, y nos importan, pues se dan en el ámbito de esa llamada “izquierda mediática”, literaria, cultural o universitaria (elijan ustedes) que se aprovecha de nuestra despreocupación, de nuestra desgana y de nuestra desinformación.

Claro que hay impostores y tramposos, por doquier, con mayor recorrido aún y suerte que don Luis García Montero, especialmente en los aledaños de la cultura mediática radiofónica y televisiva: propietarios de ordenadores mágicos que escriben y plagian solos; dandis y malditos profesionales de medio pelo, que cobran tanto la hora de calaveradas, y que tiran, más bien, a patéticos personajes marisabidillos; o irreverentes provocadores que dan risa (y lágrimas: pero no sonrisas). Esos tramposos no me interesan, pertenecen a un mundo que no es el mío (que, en principio, no es el nuestro), pero el señor García Montero y los que le rodean, sí me tocan, aunque sea de manera lejana, indirecta o tangencial, pues pretenden, en parte, utilizar lo que fui o lo que soy: las ideas, los medios, las palabras, que pienso, que leo, o que yo también digo, uso y escribo; y, de este modo, pretenden utilizarme a mí, y, por eso, les respondo.

Fíjense. Aquel que se presentó –y es presentado aún– como adalid y valedor de la educación, de las libertades y del “civismo democrático”, justificó, en su día, sin el menor sonrojo, el insulto –cuando no, la mera represalia administrativa e inquisitorial– como arma dialéctica (y en esas sigue, según parece, su entorno político y mediático: descontadas las presiones que tal entorno ejerció ya sobre el juez encargado del caso, en su momento).

Quien se presentó a sí mismo –y al que se le presenta aún, a las pruebas me remito– como defensor y campeón de la inocencia crítica y de la virginidad intelectual de sus estudiantes –pobrecitos, ellos–, los deja literalmente abandonados a los pies, se supone, de ese, a su vez, supuesto “monstruo del revisionismo”, que continúa, por el contrario, cumpliendo –él, sí– intachablemente con sus deberes de profesor. Si tanto miedo le dan las condiciones en que queda, y los aires (sic.) que corren en su abandonado departamento granadino (cosa que no dice mucho, la verdad, del respeto que les tiene a sus antiguos compañeros, que quedan en él: descontado, claro, el consabido “monstruo revisionista”; como tampoco dice de su confianza en la valía profesional de los mismos, incapaces, por lo que se ve, de hacer soplar los aires que le convienen al señor García Montero). Si tan preocupado y escandalizado se muestra por lo que pueda hacer el profesor Fortes con la santa inocencia de sus muchachos (eso sí, él solo contra toda una institución universitaria, y contra el resto de los profesores que allí quedan: que ya es suponerle fuerza e intención diabólica), ¿por qué no se queda en su puesto para defenderlos de la ignominia crítica, y de la catástrofe anunciada por él mismo y por todos sus amigos? Desde luego, como gesto de compromiso pedagógico y profesional, no resulta precisamente ejemplar esa dejación de responsabilidades, ni ese vergonzante y lastimero abandono de la trinchera al enemigo (sobre todo, si se tiene en cuenta a toda la tropa burocrática y municipal que tiene detrás, el señor García Montero, cubriéndole los flancos, tanto en la Universidad, como en la ciudad: no olvidemos quién es él, y quiénes son los suyos, en Granada). Por lo que quien declara tan pomposamente que abandona la Universidad, su “puesto de trabajo”, víctima de la injusticia, del abandono y de la indefensión, cual mártir de la causa lorquiana, resulta que, en realidad –otro fraude más–, activa un privilegio funcionarial, la excedencia voluntaria, y cumple con ello un viejo sueño, vivir tranquilamente en la Villa y Corte, dedicado a sus labores: a vivir “en poeta” (sic.); y –por lo que parece– “en poeta sindicalista oficial”, hasta nueva orden (que se dice: o vaivén electoral).

Pero, si el señor García Montero es un fraude, como personaje público –esto es, como profesor de literatura y como escritor “de izquierda”–, lo es esencialmente, no por toda esta serie de pequeñas y grandes imposturas y falsedades, sino por utilizar, desde posiciones supuestamente “democráticas” y “de izquierdas”, la inmensa y violenta potencia irracionalizadora del mito, asociado, en este caso, a la ignorancia culpable, de algunos, y la comprensible inopia, de la mayoría (aquellos que no tienen por qué haber leído nada, y menos a Lorca, y todo el aparato crítico, acerca de su tiempo y de su obra, como el profesor Fortes lleva haciendo, por cierto, durante años).

El ciego apoyo que Izquierda Unida le dio, oficialmente, en un contexto –según quiero recordar– pre/congresual o congresual, a nuestro poeta y mártir, creo que debe ser entendido en ese contexto de general inopia, sumada –y esto es lo auténticamente grave– a la irracional inercia que provocan los mitos y los significantes ideológicos (aunque, por ello mismo, en este caso, sea, a mi juicio, un signo evidente de la decadencia política e ideológica de la organización misma). Lo del puesto en la fundación de CC.OO., que le ha servido al señor García Montero de excusa para el abandono de la trinchera universitaria, sin embargo, tiene, creo, otras motivaciones. Aquí se trata de una decisión pensada, acorde y muy coherente con la deriva burocrática y acrítica que el sindicato ha venido sufriendo en los últimos años.

Si alguien duda, desde la izquierda; o, simplemente, no le da la importancia que debe a esa fuerza irracionalizadora del mito; o de la peligrosa deriva que puede tomar con la complicidad de personajes públicos como el señor García Montero, debería haber visto la mirada inyectada en sangre y odio, o la babosa mueca del insulto, cuando en una cena, entre personas y amigos “de izquierda”, se me ocurrió sugerir la lógica –por otro lado, natural e irremediable, en términos de coyuntura histórica– que llevó a Alberti y a los demás miembros de la Alianza de Intelectuales a utilizar la muerte de Lorca como estandarte simbólico de la resistencia antifascista; hecho que modificó irremediablemente la lectura y el significado de la obra del poeta granadino.

En esa mirada inyectada, en esa grosera mueca de insulto, en ese colapso instantáneo de la racionalidad, de alguien que supuestamente es “de izquierda”, estaba concentrado todo el mal que la impostura y el fraude de personajes públicos “de izquierda”, como el señor García Montero –y los entornos mediáticos que los sostienen y construyen–, pueden hacer.
Este tipo de conductas fraudulentas e impostoras, como la del señor García Montero, con García Lorca, pero no sólo con García Lorca (señor Gelman, cuídese de rendidos admiradores como este), van asociadas, además, a una cierta necrofilia y vampirismo crítico y literario. Véase el caso, paradigmático en tantos aspectos, de Vargas Llosa (por cierto, no puedo dejar de recomendarles, para que visualicen convenientemente algo de lo que quiero decirles, su fotografía de “hombre blanco con negritos”, en el suplemento dominical de El País, del 11 de enero de este mismo año; fuera aparentemente del caso que nos ocupa, posee, sin embargo, un alcance metafórico y explicativo nada desdeñable, por sí misma); en concreto, del sistemático expolio a que regularmente somete el señor Vargas Llosa al canon literario occidental. Ahora mismo, en estos días, con la obra y la figura de Juan Carlos Onetti.

Aunque peor es, quizás, lo que tantos y tantos parásitos de la noche crítica, que pueblan nuestros “medios culturales” (de izquierda y “de derecha”: da igual), hacen cada día con los clásicos (el centenariazo que se le endosó al pobre Cervantes, en el 2005, resulta ejemplar, en este sentido), o con el primer “nombre/excusa” que aparece en el candelero mediático (véase, si no, la reacción de auténtica camada hambrienta y furibunda que tuvieron contra el pobre Gamoneda, por la interesada tergiversación periodística de sus palabras, acerca de Mario Benedetti).

Que vivimos una farsa, en un gran teatro de marionetas, cuyos hilos no movemos, es tema antiguo, donde los haya, y sabido de sobra. Y, aun así, es bueno repetirlo y repetírnoslo, una vez más, levantar la voz y señalar a los impostores, sobre todo a los que pretenden aprovecharse de nuestras ideas y de nuestros espacios de debate; señalarnos, también a nosotros mismos (a mí mismo, me señalo también), como caterva de charlatanes y tramposos.Esta es la razón por la que tienen tanto valor (deberían tenerlo, al menos, para nosotros, que nos llamamos “de izquierda”, frente a toda esa ralea de impostores) aquellos que reman contra la corriente, que nos ponen una china en el zapato, que no sucumben a la irracionalidad, ni a las medias verdades, ni a las cómodas inercias de los mitos; que nos hacen parar, reflexionar, ver de nuevo, comprobar, una y otra vez, lo que creíamos sabido, aunque sea por la provocación, el sarcasmo o el zarandeo hiperbólico.

domingo, 27 de septiembre de 2009

En el aznarfabeto Reino FrancoBourbónico de los Bribones nada es casual ni azaroso

Policías políticos






Jesús Prieto





Acabo de leer en el periódico electrónico Kaos en la Red que doce agentes de la policía política autonómica que opera en las provincias vascongadas irrumpieron anteayer encapuchados en la Herriko Taberna del distrito bilbaíno de Deusto con el propósito reconocido de retirar unas fotografías prohibidas por la Ley d’Hont.


Amante, como soy, de la literatura, de la fotografía y del cine, nunca he comprendido qué peligros pueden entrañar la celulosa o el celuloide, como no sean los derivados de su entroncamiento etimológico con la palabra “célula”, que ponía de los nervios a otros preclaros policías políticos como Roberto Conesa o Melitón Manzanas.


Parece ser que un fallo en la comunicación interna llevó a los hombres de Pachi a quedar en el más desmesurado ridículo, pues otros policías políticos igualmente encapuchados se habían incautado ya de todas las perniciosas imágenes el pasado 7 de septiembre.


Pero la policía política no da puntada sin hilo y, sobre todo, no hace viajes en balde. En Deusto lo demostraron. Habían ido buscando iconografía y no se iban a ir con las manos vacías. No se atrevieron a confiscar las fotos de los nietos que la cocinera llevaba en su cartera, pero el que busca halla. Los sagaces policías políticos sólo tuvieron que echar un vistazo a las paredes para que sus profesionales ojos descubrieran el retrato de un terrorista famoso. Debía de ser algún número uno de la banda, porque la cara les resultaba muy familiar. El cabo comentó que le parecía haberlo visto tomando potes por el barrio. No se llevaron el cuadro. Se conformaron con sacarle una foto para que la examinara el sargento, que tenía el graduado escolar. Siempre podrían volver después.


Pero Google tiró su gozo a un pozo. El retrato resultó ser de un tal Vladimir Ilyich Ulyanov, que muy a vasco no sonaba, y además, según la Wikipedia, llevaba muerto 85 años.


Dicen que la Policía no es tonta, ni siquiera la política. No seré yo quien desmienta el tópico. De hecho, casi siempre se pasa de lista.

martes, 22 de septiembre de 2009

HONDURAS VENCERÁ A LA DICTADURA PORNOCAPITALISTA DE LOS PUTOS MICHELETTI

Los gorilettis reprimen en los alrededores de la Emabajada de Brasil en Tegucigalpa (Honduras)


Pareciera que el globito ese de la sociedad de la información a la suciedad pornocapitalista se le ha debido de haber pinchado. Pues las noticias que nos llegan de Honduras son más que confusas y forman parte de la brutal campaña desinformativa.

Si se hubiera aprendido algo en todo este tiempo Honduras sólo tendría dos formas de restablecerle el poder a Mel Zelaya: o mediante la insurrección armada o mediante una firme y contundente muestra de pacifismo revolucionario. No hay otra alternativa frente a esa disyuntiva: salvo que se quiera dejar enquistar en el poder a los Putos empresarios golpistas del gorila Micheletti.

No se puede ir a manifestaciones como borregos asustados que van al puto matadero a lanzar piedritas inútiles contra unas milicias criminales acorazadas y armadas hasta los dientes. Ha llegado la hora de enfrentarse a rostro descubierto contra esa pandilla de criminales que usurpan el Poder y siembran con mentiras las decisiones democráticas del pueblo. El pueblo hondureño ha de organizarse y decidir de inmediato cuál es su aporte en esta lucha. O decide enfrentarse como un solo bloque compacto a los golpistas hasta sus últimas consecuencias o la derrota será cuestión de horas.

Mahatma Gandhi aprendió muchísimo de la revolución bolchevique. Sabía que jamás en la historia hubo anteriormente a la revolución de octubre una revolución pacifista como la soviética. Las consecuencias de aquello las sacó de inmediato. El sabio hindú no deseaba que el poder popular estuviese en la fuerza de las armas y para ello nos dejó un legado de insurrección mediante la desobediencia activa. También nosotros hemos aprendido de su fracaso. Por eso nos gusta combinar según los momentos y las circunstancias a Lenin con Gandhi.

Honduras en esta hora sólo tiene dos métodos para reconquistar el poder popular que con Mel Zelaya por vez primera en su sangrienta historia estaba experimentando. Hay que apoyarse en el depuesto presidente para radicalizar la lucha política por una democracia popular que haga de los valores republicanos como la justicia social y la libertad política auténticas conquistas laborales.

Los meses que han pasado desde el 28 de junio han sido cruciales para radicalizar a los movimientos populares (obreros, campesinos, feministas y estudiantes). La vuelta de Mel hará que Honduras vaya mucho más rápido en su camino de emancipación política y social. En estos momentos el pueblo ha de tomar conciencia de lo mucho que está en juego. La Venezuela bolivariana supo sacar lecciones impagables del golpe contra Hugo Chávez el 11 de abril de 2002. A partir del 13 de abril las cosas de la política allá se revolucionaron. Y así debe ser ahora en Honduras.

Desde LPGr apoyamos la lucha popular hasta la victoria. Y lanzamos la consigna: o las armas para las organizaciones populares o una feroz campaña de insumisión y desobediencia. Pero basta ya de ir a las manifestaciones políticas como si se fuese a una algarada deportiva o a una procesión religiosa.

viernes, 18 de septiembre de 2009

De los horrores/errores que acaecen por co*fusión en este horrible Reino FrancoBourbónico de los Putos Bribones

¿¿¡¡¡El lapsus de Evo!!!??


Carlo Frabetti
& LPGr


Es muy significativa la forma en que los medios de comunicación del Estado español tratan a los presidentes de Venezuela y de Bolivia. Las recientes y casi simultáneas visitas de Chávez y de Morales han permitido ver con especial claridad las semejanzas y las diferencias entre ambos tratamientos mediáticos, los estereotipos que unas noticias diseñadas por y para descerebrados intentan imponer a la opinión pública.


A Chávez nos lo presentan siempre como un populista histriónico y deslenguado (menos mal que hay monarcas de mente preclara que saben hacerlo callar con sutileza y elegancia); es un militar resabiado y calculador, y muy peligroso: tiene armas y petróleo, y es amigo íntimo de Fidel Castro y de los más fanáticos dirigentes orientales.


A Morales, por el contrario, los medios intentan presentarlo como un advenedizo tímido e ingenuo al que le cuesta hablar en público, como corresponde a un campesino ignorante, un indio a medio civilizar. Y su país es pobre y subdesarrollado, aunque posee importantes recursos naturales que no hay que dejar que caigan en malas manos. Morales no es peligroso en sí mismo, pero manipulado por Chávez y por Fidel puede llegar a serlo.


Y en su campaña de caricaturización y descalificación sistemática de ambos presidentes anticapitalistas, los medios no podían pasar por alto el lapsus de Evo Morales al referirse al canciller “de la República de España”. El pobre indio recién salido del altiplano ni se ha enterado de dónde está. ¿Cómo no va a manipularlo el diabólico Chávez?


Pero ¿ha sido realmente un lapsus lo de Morales? ¿Es un lapsus llamar Zelaya al presidente de Honduras o Palestina a lo que algunos llaman Estado de Israel? ¿O es sencillamente llamar a las cosas por su nombre, algo que los grandes medios nunca están dispuesto a hacer ni a admitir? Nuestro Gobierno legítimo es la República, que sigue viva en el exilio interior de millones de republicanos, y el régimen impuesto por Franco y aceptado por un atajo de traidores tiene la misma legitimidad que Micheletti o el supuesto Estado de Israel. En todo caso, el lapsus de Evo no ha sido decir “República”, sino decir “España” para nombrar a este podrido y putrefacto Reino FrancoBourbónico de los Bribones.

jueves, 17 de septiembre de 2009

El Pornocapital tanatocrático genera hambre, guerras y miseria sólo por la obtención maléfica de un Puto Plusvalor

En la Puta y Podrida Europa, los Putos ganaderos riegan sus Putos campos con leche a modo de Puta protesta












Estas escalofriantes fotografías radiografían la Puta infamia del Pornocapital tanatocrático. Así se siembran las crisis, el hambre, las enfermedades y las guerras a diario. ¡¡¡Biba la Muerte!!! ¡¡¡Biba la Puta ignorancia!!! ¡¡¡Biba la Puta tasa del maleficio pornocapitalista!!! Aznarfabetos, canallas y criminales se regodean en su puta felicidad pornocapitalista...

la Puta responsabilidad de los Sujetos criminales del Pornocapital tanatocrático



¡Los ricos también roban!
Mariano González
Rebelión 17/09/09



En Latinoamérica ya hace bastantes años, existió una telenovela que se titulaba Los ricos también lloran. A estas alturas no sé si los ricos lloran por las razones que lo hacían en la telenovela (melodrama de amores), tampoco me inquieta mucho. Pero ahora es sabido por millones de personas en el mundo que ¡los ricos también roban! Y eso sí nos debe preocupar.



En efecto, los ricos también roban. Y mucho, y con descaro y con mucho mayor efecto que aquél que roba un pan (y que tiene la disculpa que lo que quiere es sobrevivir, no lucrar). [1]



Resultado de la lectura del libro El crack del año ocho. La crisis. El futuro de Miguel Ángel Lorente y Juan Ramón Capella (editorial Trotta) se pueden extraer muchas conclusiones sobre los orígenes y efectos de la crisis económica mundial. Pero hay dos aspectos que quisiera resaltar.




En primer lugar, que la crisis es resultado de un modelo de crecimiento particular: un modelo basado en el crecimiento vertiginoso del crédito del modelo de globalización neoliberal. Al respecto ya se ha escrito bastante, pero parece necesario señalarlo con todo el vigor posible.



En segundo lugar, quisiera llamar la atención sobre un aspecto digamos, subjetivo del asunto de la crisis. Si bien esta es una crisis de carácter sistémico, derivado de una lógica sistémica, es posible considerar que, al final de cuentas, fue llevado a cabo por sujetos que siguieron fielmente la lógica de la acción racional: maximización de ganancias a través del cálculo medio-fin. Para nombrarlos de alguna forma, fueron los sujetos neoliberales los que llevaron a cabo la crisis. Estos sujetos, en sus ansias por maximizar su ganancia crearon una serie de instrumentos financieros (los famosos hedge funds, las hipotecas subprime y otros) con los que produjeron el crecimiento vertiginoso del crédito, y que resultó en una gigantesca pirámide invertida de deuda de billones de dólares. Desde una perspectiva neoliberal actuaron lógicamente, incluso ética y religiosamente [2] , pues fueron fieles al mandato de la mano invisible: “actúa de tal manera que incrementes tu ganancia”. Pero si se juzga desde otra perspectiva se puede decir que actuaron como ávidos especuladores, hundiendo bancos y haciendo perder muchísimo, incluyendo el trabajo de mucha gente. Para decirlo sin tapujos: robaron y robaron en grande. La categoría está en desuso desde hace unos cuantos siglos, pero el término usura con su connotación ética es aplicable a este caso.








Anotaciones:
[1] Una cuestión ideológica importante: el robo de los ricos está oculto por una estética de su “modo de vida” que resulta deseable. En tanto el robo pequeño, “artesanal”, despierta toda la condena. Otra cuestión al respecto son las varias formas de robo, que van desde la especulación que condujo al crack hasta la evasión de impuestos.



[2] El capitalismo contiene una espiritualidad: la espiritualidad capitalista. F. Hinkelammert habla en su libro Las armas ideológicas de la muerte, que la espiritualidad del capitalismo es el fetichismo de las mercancías. Esta espiritualidad capitalista se expresa muy bien en una cita que hacen Lorente y Capella de Juan de la Cruz , refiriéndose a los suicidas del crack: “aquellos miserables que, estando tan enamorados de los bienes, los tienen tan por su dios que no dudan de sacrificarle sus vidas cuando ven que este su dios recibe alguna mengua temporal, desesperándose y dándose ellos la muerte”.

Los menores como fiel espejo de la Puta realidad del criminal Pornocapitalismo tanatocrático

Caza al menor

Las violaciones y abusos sexuales cometidos y sufridos por menores este verano en España han alarmado, y con razón, a la opinión pública. La alarma sería mucho mayor si el espectador televisivo (pues es la televisión la fuente fundamental de este tipo de noticias) supiera que anualmente se cometen 1.500 violaciones de menores, llevándose la palma en ese aspecto las comunidades de Andalucía y Cataluña.

Las gentes, repito que con razón, se escandalizan cuando se enteran de que seis criajos han violado a una chiquilla de trece años, o que dos chavales han cosido a navajazos a un compañero de clase. E inmediatamente reaccionan pidiendo que esos mocosos que apenas se asoman a la vida adulta paguen sus graves delitos como si de hombres y mujeres, hechos y derechos, se tratara.

Hay que meterlos en la cárcel, modificar el código penal, traspasar la responsabilidad a sus familias... Después de todo, muerto el perro se acabó la rabia, deben pensar. Pero, ¿es eso cierto? ¿Metiendo en la cárcel a críos de 12 años van a dejar de producirse violaciones y abusos? Son culpables, ciertamente, y algo habrá que hacer con ellos, pero ¿son sólo ellos sólos los culpables?

Algunas voces han puesto el acento en la necesidad de impulsar más y mejor la igualdad de género, otras echan la culpa al sistema educativo, a la desestructuración familiar, a la baja educación de las familias de esos precoces delincuentes... Pero no hace falta ser ningún lince para advertir que hoy los chavales, desde su tierna infancia, se ven sometidos a una brutal alienación que a los menos maduros los empuja a la banalización de lo sexual, a la violencia gratuita, a la desobediencia incívica, a su autodestrucción como personas. Y somos nosotros, los adultos, ¿los verdaderos culpables?

Sentémonos cualquier día ante el televisor. Sentémonos, incluso, en familia. Si descartamos el fútbol, los concursos (con frecuencia estúpidos) y los alienantes programas del visceralismo del corazón, lo que más vemos en la tele es violencia y sexo. Sexo juvenil, por cierto, y mucho, en esas películas (de las que el canal plus es el rey) en las que las alumnas de institutos de enseñanza media californianos tienen como máximo objetivo acostarse con el guaperas de turno. Películas protagonizadas por menores (aparentemente, porque el maquillaje hace milagros) y dirigidas a menores a los que incipientemente se les empiezan a alborotar las hormonas. Y hay violencia a tope en casi todas las películas hollywoodienses, en las series televisivas y en los telediarios. Hay sexo y violencia incluso en muchos dibujos animados. Ah, y de respetar el horario infantil, nada de nada.

Eso por no hablar de internet, de los juegos de rol, de la play station...

A los críos les metemos todo eso por los ojos; milagro es que no todos acaben siendo delincuentes.

Insisto: nosotros, los adultos, por inacción, por impotencia, por no tomar partido hasta mancharnos tenemos una buena parte de culpa en esas 1.500 violaciones anuales. Pero resulta más cómodo salir a la caza del menor que tener que gobernar los desmanes del pornocapitalismo tanatocrático y no sólo legislar en serio (o sea, enfrentándose de verdad a los putos poderosos que están convirtiendo nuestras miserables vidas en una puta ruina) para impedir la estupidización progresiva de nuestros chavales.

Probablemente porque al sistema ya le viene bien la generalización de la estulticia.

Después de todo, si algunos borregos se salen del rebaño y hacen alguna trastada, con meterlos en la cárcel todos contentos.

Todo lo anterior no implica que no haya que tomar medidas y establecer castigos. Pero cuidado: no sólo contra el menor, quien, al fin y a la postre no es sólo victimario, sino también víctima.

Hay que extirpar el problema de raíz, y para eso hay que ir a las raíces, no sólo cortar los tallos.

Miguel Riera
El Viejo Topo, nº 260, septiembre de 2009
y retoques de LPGr

miércoles, 16 de septiembre de 2009

La Puta Obesidad como enfermedad del tóxico Pornocapital tanatocrático


La liberalización de los mercados ha tenido efectos en la salud de los más pobres
La globalización de la obesidad



Tener hipertensión, anemia, procesos infecciosos frecuentes o retrasos en el crecimiento y, al tiempo, obesidad. Esto resulta cada vez más habitual en las periferias urbanas de los países con mayor pobreza.


La llamada liberalización de los mercados, con la consiguiente supresión de aranceles en los países empobrecidos y la colonización de productos de los países enriquecidos, ha tenido consecuencias, además de en lo económico, en la salud de las personas que viven al sur de las fronteras y las barreras comerciales. Un estudio publicado este verano en la revista de acceso abierto Globalization and Health señala que desde que se liberalizó el comercio entre Centroamérica y Norteamérica, las importaciones y disponibilidad de alimentos procesados con un alto contenido de azúcares y grasas han crecido dramáticamente, con un aumento a su vez de enfermedades crónicas asociadas a la dieta, como las enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.


Centroamérica ha sufrido una liberalización extensiva del comercio en las dos últimas décadas y ha firmado recientemente el Free Trade Agreement [Acuerdo de Libre Comercio] con EE UU. La media de aranceles en Centroamérica descendió del 45% en 1985 a cerca del 6% en el año 2000 y el volumen de importaciones se duplicó en poco más de una década, de 1990/92 a 2000/05.


Durante este periodo, por ejemplo, las importaciones de queso procesado, como el queso en lonchas, creció un 3.215% hasta convertirse en el 37% de la importación total de queso de EE UU.


En las periferias del mundo


En el resto de Latinoamérica se han vivido procesos similares. La denominada transición nutricional de los últimos 25 años ha consistido en comer alimentos con más grasas y azúcares y menos contenido en fibra y nutrientes esenciales. Los altos precios de las frutas y las verduras frescas han convertido estos productos de la tierra en alimentos inaccesibles para las personas con menos ingresos.


El placer inmediato que proporcionan los alimentos procesados con grasas y azúcares, su capacidad para saciar y su bajo costo hacen que estos productos sean muy populares en las periferias del mundo, donde la información sobre lo ‘ecosaludable’ no llega y donde salir a hacer footing puede ser un deporte de riesgo.



sábado, 12 de septiembre de 2009

Sobre la piratería de la Puta economía criminal del Pornocapital imperialista

Somalia: los otros piratas





Jorge L. Rodríguez González

& matices de LPGr


jorgeluis@juventudrebelde.cu 11 de Septiembre del 2009 21:24:18 CDT

Los piratas que operan en las costas somalíes y el Golfo de Adén son presentados por los medios de (des)información como los villanos de las historias que cuentan, mientras que la militarización en la región impulsada por Estados Unidos, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN: Organización del Terrorismo desde América del Norte, LPGr) y la Unión Europea (UE: Usureros & Estafadores, LPGr) es encumbrada, pues garantiza la protección de esas importantes rutas comerciales, por donde circulan cada año 20 000 buques.

Pero en esta historia también existen otros bandidos que hacen de las suyas en silencio, con la complicidad de las transnacionales mediáticas y sin que las potencias hayan levantado un dedo al respecto.

Desde el colapso del Estado somalí en 1991 con la caída del gobierno de Mohammed Siad Barre, la vida institucional del país es un caos total. No existen bancos que regulen una política monetaria para evitar la inflación, ni leyes que pongan un orden civil. Un ejemplo de la magnitud de la disfuncionalidad estatal es que el Ejecutivo ha entregado sus finanzas a una consultoría privada estadounidense para que las administre y tranquilice a los proveedores internacionales de fondos.

En medio de este vacío legal y de una guerra que se hace eterna y trajo consigo la desintegración de la fuerza naval y guardacostera nacional, numerosos barcos extranjeros han usado las aguas somalíes como un basurero para verter desechos tóxicos y nucleares, o han saqueado los recursos pesqueros (principalmente atún y langosta, muy codiciados en el Primer Mundo) durante 18 años, a través de la pesca ilegal, aprovechándose de que no existe una autoridad que regule sus faenas.

Otros operaban con licencias concedidas por los denominados «señores de la guerra», que en la década del 90 se disputaban el control del poder político y económico del país, por lo que los contratos eran ilegales, y los fondos que pagaban estas compañías pesqueras servían para mantener el conflicto.

Solo en 2005, en las aguas somalíes podían estar operando unos 800 pesqueros, según reportes de la High Seas Task Force citados por Somali Press Review, mientras que la FAO daba cuenta de 700 embarcaciones, y asegura que es imposible calcular el saldo total de su saqueo.

La ganancia que deja la pesca ilegal en Somalia está valorada en 450 millones de dólares anuales —cinco veces el valor de la ayuda humanitaria destinada a ese país—, pero de esa gran suma no sale un centavo para pagar impuestos ni para compensar a las comunidades pesqueras cuyo único sostén es esa actividad, fundamentalmente luego de las enormes sequías que ha sufrido ese país y que ha obligado a muchos somalíes a desplazarse al litoral costero (más de 3 000 kilómetros).

Entre los países que han estado a la cabeza de la pesca ilegal en la región desde 1991 se encuentran Italia, España (o mejor dado su caótico desgobierno: Reino FrancoBourbónico de los Bribones, LPGr), Grecia, Gran Bretaña, Corea del Sur, Japón y Taiwán.

Algunas compañías mafiosas como AFMET y SAMICO, que a su vez contaron con el asesoramiento técnico de las inglesas McAllister Elliot y Partners, tuvieron la autorización de varios «señores de la guerra» para conceder licencias de pesca. La empresa española Pescanova y el grupo francés Cobrecaf estuvieron entre las licenciadas por estos contratos entre ladrones.

Estos son los otros piratas, la otra parte de la moneda a la que no le da el sol… Mientras, poderosos barcos de guerra invaden el mar somalí, pretendiendo proteger el comercio internacional, pero sin defender los recursos marinos de esa nación africana.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Contra el Puto olvido


El 11S como AlQaeda fueron monstruosidades inventadas por la tanatocracia imperialista del pornocapital yankee


Entrevista con el profesor de filosofía del derecho José Luis Gordillo sobre el 11-S
"Lo más prudente es pedir una nueva investigación, pero la hipótesis más plausible es la del golpe de Estado"
Salvador López Arnal
CIP ECOSOCIAL-Boletín ECOS, nº 8



José Luis Gordillo es profesor de filosofía del derecho en la Universidad de Barcelona y miembro del consejo de redacción de mientras tanto. Entre sus publicaciones más recientes cabe destacar Nostalgia de otro futuro. La lucha por la paz en la posguerra fría (Trotta, Madrid, 2008).


En una nota editorial, magnífica en mi opinión, publicada en el número 110-111 de mientras tanto, informabas que en la revista The Open Chemical Physics Journal, se había publicado en abril de 2009 un artículo titulado: “Active Thermitic Material Discovered in Dust from the 9/11 World Trade Center Castastrophe” (“Material de thermita activa descubierto en el polvo de la catástrofe del WTC del 11-S”). ¿Qué nuevas informaciones de interés contenía este artículo?


Básicamente, como el mismo título indica, que se han encontrado restos de un explosivo denominado “nano-thermite” en el polvo generado por el hundimiento de los edificios del World Trade Center. Más en concreto, el artículo concluye diciendo: “Basándonos en estas observaciones, llegamos a la conclusión de que las capas rojas de las esquirlas rojo/gris que hemos descubierto en el polvo generado en el WTC es material termítico activo sin reaccionar que incorpora tecnología nanotermítica y se trata de un material altamente energético, pirotécnico o explosivo.” El artículo incluye fotografías de esos restos. La “termita” es un explosivo que se utiliza para la demolición controlada de edificios. Ese hallazgo corrobora la principal tesis defendida por la asociación norteamericana “Arquitectos e ingenieros por la verdad sobre el 11-S” (que ya tiene más de 700 miembros), según la cual la forma en que se derrumbaron la Torre Norte, la Torre Sur y el Edificio nº 7 (un edificio con estructura de acero contra el que no se estrelló ningún avión y que se derrumbó a las 17’20h. en 6’60 segundos de manera totalmente simétrica), sólo pudo ocurrir como resultado de una serie de explosiones en secuencia. Richard Gage, arquitecto y presidente de dicha asociación, lo explicó con mucho detalle en una conferencia de tres horas pronunciada en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, el 7 de noviembre del año pasado. Tele 5 ofreció un breve pero fiel resumen de su contenido en el telediario del mediodía del día posterior (ver http://www.youtube.com/watch?v=Ngw1YWvzjgc).


¿Quién o quienes firmaban el artículo, un trabajo que según apuntas en tu nota fue entregado en mano por un activista estadounidense a Biden, el vicepresidente de Estados Unidos?


La referencia del artículo es “Active Thermitic Material Discovered in Dust from the 9/11 World Trade Center”, The Open Chemical Physics Journal, 2009; 2:7-31. doi: 10.2174/1874412500902010007. Esta revista es de libre acceso, se publica online, utiliza revisores por pares (peer reviewed Journal) e incluye artículos originales sobre todas las áreas de la físico-química. Los autores del artículo son: Niels H. Harrit, profesor del Departamento de Química de la Universidad de Copenhague; Jeffrey Farrer, profesor del Departamento de Física y Astronomía de la Brigham Young University de EE.UU; Steve Jones, físico y antiguo profesor de la universidad citada anteriormente; Kevin R. Ryan, ingeniero estadounidense y antiguo empleado de la empresa Underwriters Laboratories a la que se pidió que colaborara con la investigación oficial sobre las causas del derrumbe de las torres del WTC (Ryan fue despedido cuando denunció que esa investigación no se fundamentaba en datos contrastados); Frank M. Legge, químico empleado en la empresa australiana Logical Systems Consulting; Daniel Farnsworth, profesor del Departamento de Física y Astronomía de la Brigham Young University; Gregg Roberts, psicólogo y colaborador de “Arquitectos e Ingenieros por la verdad sobre el 11-S”; James R. Gourley, ingeniero químico y colaborador del International Center for 9/11 Studies de Dallas; y Bradley R. Larsen, colaborador de “científicos por la verdad y por la justicia sobre el 11-S(ver http://www.911truth.org/).


El artículo fue entregado efectivamente a Joseph Biden por activistas del grupo We Are Change (Somos el cambio). El mismo grupo repitió la misma operación con varios congresistas norteamericanos hacia mediados de julio. Existe una grabación de la acción muy divertida que se puede encontrar en la web de “investigar11-S” (www.investigar11s.org/). Los activistas de We Are Change persiguen por los pasillos del Congreso a todos los congresistas que encuentran y les entregan una copia del artículo de manera muy educada.


En España, activistas de “investigar11-S” se fueron a la redacción de El País y entregaron una nota de prensa, con registro de entrada, en la que se informaba que Niels H. Harrit pronunciaría una conferencia sobre el contenido del artículo el 21 de julio pasado en el Ateneo de Madrid. Si el diario más leído de España no ha dicho ni una sola palabra sobre dicha conferencia o sobre el artículo, está claro que no ha sido por ignorancia, sino por decisión de sus jefes de redacción.


¿Cómo hay que interpretar que el director del equipo científico investigador trabaje en una Universidad danesa?


No hay que darle un significado especial. Como sabes, los científicos se relacionan entre sí a nivel internacional. A Niels H. Harrit, como buen científico, lo que le interesa es la verdad sobre el 11-S. Harrit explicó por televisión (ver: http://www.youtube.com/watch?v=pgcvZQcMSdM) que cuando vio el hundimiento del Edificio nº 7 (un hecho que el informe de la Comisión ni siquiera menciona) se quedó boquiabierto y pensó que el 11 de septiembre de 2001 habían sucedido cosas muy extrañas en EE.UU que convenía estudiar. A Harrit le sucedió lo que a muchos otros a lo largo y ancho del mundo: que a poco de interesarse por la cuestión, descubren que la versión oficial es una tomadura de pelo del tamaño de la Catedral de Burgos. Eso sí: hay que meterse en el asunto, leer, estudiar y buscar información por canales alternativos. Una vez que lo has hecho es muy fácil, por cierto, saber quien se ha metido en el asunto y quien no: basta con preguntar cuántos edificios del WTC se hundieron el 11-S en cuestión de segundos. Si la respuesta es “las Torres Gemelas”, ya sabes que se trata de alguien que del 11-S no sabe casi nada.


¿Ha habido hasta la fecha alguna reacción de la nueva administración usamericana ante estas nuevas investigaciones?


Ninguna que yo sepa. Para el gobierno de EE.UU el 11-S es tabú, no se habla ni se discute sobre él. Obama ha dado por buena y ha repetido como un loro la versión sobre su autoría difundida por Bush, Cheney, Rumsfeld y compañía tres días después de los atentados, ¡cómo si en tres días fuera posible investigar en serio unos atentados de esa magnitud! La versión oficial del 11-S es cuestión de fe (en última instancia, de fe en el poder norteamericano), no de raciocinio. En nombre del 11-S se han justificado guerras, como la de Iraq, en las que están en juego grandes intereses que tienen que ver, directa o indirectamente, con el aprovisionamiento energético de las suciedades occidentales. Si dudas sobre la versión oficial del 11-S estás cuestionando también la guerra de Afganistán y, más en general, la penetración occidental en Asia Central que tiene como objetivo prioritario controlar las reservas y las rutas de transporte del petróleo y el gas del Mar Caspio. Y recuerda que la era del petróleo abundante y barato está dando sus últimas boqueadas.


Señalas en tu nota que el resultado de la investigación “supone una bofetada monumental al informe del gubernamental NIST (Instituto Nacional sobre Estándares y Tecnología) que atribuyó el hundimiento de las tres torres del WTC al efecto combinado del impacto de los aviones y los incendios consiguientes”. ¿Por qué? ¿Quieres decir con ello que lo que se nos ha contado una y mil veces oficialmente es mentira, una mentira diseñada con todo detalle y con malévola intención?


Hay muchos elementos para pensar que así es. El NIST -una institución cuyos directivos son designados por el gobierno- afirmó que el impacto de los aviones provocó un incendio pavoroso que fundió y/o debilitó las vigas de acero de los pisos afectados por el choque, provocando después un derrumbe en cadena de los pisos inferiores. Pero ni antes ni después del 11-S se han hundido edificios con estructura de acero como consecuencia de un incendio en unos pocos segundos, de forma perpendicular, simétrica y sobre sus propios cimientos (la Torre Norte y la Torre Sur se hundieron en 10 segundos, el Edificio 7 en 6’60 segundos como ya se ha dicho). La increíble afirmación del gubernamental NIST llamó la atención, para decirlo de forma suave, de científicos de varios países. Lo cual es bastante lógico, porque si fuese cierto que un edificio con un esqueleto de vigas de acero puede colapsar en cuestión de segundos a causa de un incendio, las empresas que se dedican a la demolición controlada de edificios deberían echar el cierre y los arquitectos e ingenieros de todo el mundo deberían celebrar un congreso internacional para revisar las reglas de construcción de rascacielos, algo que no ha sucedido que yo sepa.


La mala intención fue notoria cuando la Administración Bush intentó convencer al mundo de que Sadam Hussein era uno de los conspiradores del 11-S. Hay un video en youtube (titulado: “bush wmd lies”) que denuncia de forma magistral las mentiras de la guerra de Iraq, incluidas las que hacían referencia a Al Qaeda. Para la propaganda bélica occidental, el 11-S, el 7-J, el 11-M y otros atentados similares –con independencia de su real o supuesta autoría- se han convertido en “atentados multiusos” que igual sirven para un fregado que para un barrido; igual sirven para justificar la invasión de Iraq que el envío de más soldados a Afganistán; igual para justificar la aprobación de un montón de nuevas leyes antiterroristas que una tanda de bombardeos en Somalia. Después de los atentados de Nueva York y Washington, el gobierno estadounidense hizo pública una lista en la que se nombraban decenas de organizaciones “terroristas” muy bien repartidas por el mundo. A continuación, Bush y sus cómplices dijeron que esas organizaciones eran los objetivos a abatir en la “guerra contra el terrorismo”. El problema era que el 99’9% de ellas no tenía nada que ver con el 11-S: ni ETA, ni el Partido Comunista de las Filipinas, ni los paramilitares colombianos, ni los lealistas irlandeses, ni Sendero Luminoso, ni Hamas, ni Hezbolá, para citar solo algunas que se mencionaban en la lista, tenían relación alguna con el 11-S. Ningún gobernante europeo alzó la voz para denunciar una manipulación tan grosera y escandalosa. Todos dijeron amén. Y no sólo los gobernantes. Rodríguez Zapatero, entonces en la oposición, llegó a decir que la sociedad norteamericana había dado una lección de “patriotismo constitucional” después del 11-S. Josep Piqué, por entonces ministro de asuntos exteriores, literalmente dijo: “cualquier acción de EE.UU tendrá su justificación”. Más recientemente Obama ha dicho, con motivo del sesenta aniversario de la fundación de la OTAN, que los Estados europeos debían enviar más soldados a Afganistán porque Al Qaeda podía volver a atentar y lo haría seguramente en Europa. Eso fue, como diría Al Gore, “política del miedo” (incluso sonaba como una amenaza). Los dirigentes occidentales no tienen buena opinión sobre las poblaciones que gobiernan: piensan que son como niños atontados a quienes hay que asustar para obtener su sumisión y obediencia. Sí, los gobernantes occidentales mienten como bellacos y también lo han hecho en relación con el 11-S.


¿Hay que creer entonces la hipótesis, a la que haces también referencia, apuntada por testimonios de centenares de personas que afirmaron haber oído y/o padecidos explosiones antes y mientras se hundían los edificios? ¿Los tres rascacielos fueron destruidos mediante una demolición controlada?


No es cuestión de creencias, sino de hechos, pruebas y leyes científicas. Como dicen los arquitectos por la verdad sobre el 11-S, no hay muchas más opciones de acuerdo con las leyes de la física y las reglas de la ingeniería y de la arquitectura. Además de la investigación dirigida por Niels Harrit, existen efectivamente los testimonios de cientos de personas entrevistadas en vivo y en directo inmediatamente después de los colapsos. Uno de ellos es el de William Rodríguez, un portero de la Torres Gemelas que padeció –y no sólo escuchó- una explosión en los sótanos de la Torre Norte momentos antes de que se estrellara el primer avión. Un compañero suyo, llamado Felipe David, resultó gravemente herido, con quemaduras en su cara y en sus brazos. Rodríguez ayudó después a salir del edificio a decenas de personas. Fue recibido por Bush en la Casa Blanca y alcanzó cierta notoriedad porque los medios le bautizaron como uno de los “héroes del 11-S”. Fue llamado a declarar ante la Comisión y explicó lo de la explosión en los sótanos previa al impacto del primer avión. Mientras la declaración de otros testimonios fue televisada, la suya fue a puerta cerrada. En el Informe final, su testimonio y su nombre no aparecen por ninguna parte.


Pero hay más datos que apuntan en la misma dirección: en un documental muy interesante de Massimo Mazzucco, titulado Engaño global, se pueden ver el hundimiento de las Torres Gemelas a cámara lenta (ver: http://www.nodo50.org/rebeldemule/foro/viewtopic.php?f=4&t=5244). En esas imágenes se ven claramente estelas del humo horizontales procedentes de explosiones. A esto hay que añadir los charcos enormes de metal fundido que se formaron en los cimientos tras los derrumbes. Ante la estupefacción general, semanas después del 11-S todavía persistían esos charcos con el metal al rojo vivo. El físico Steve E. Jones, mencionado más arriba, se planteó la cuestión en su artículo “¿Por qué se derrumbaron realmente los edificios del WTC?”, que se puede consultar en la web http://www.journalof911studies.com/, donde ya se apuntaba que la respuesta más probable a ese fenómeno tenía que ver con el uso de la termita, un explosivo que permite cortar y fundir fácilmente el acero.


¿Una conjetura así no olvida los otros aviones y las otras explosiones, algunas de ellas no exitosas desde el punto de vista de su aparente finalidad?


No, porque lo uno no es incompatible con lo otro. Dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas y provocaron daños graves, así como unos incendios que al cabo de quince minutos ya emitían humo grisáceo, lo que era indicativo de que al fuego le faltaba oxígeno y por tanto que no eran unos incendios pavorosos. Con todo lo terribles que pudieron ser para quienes se vieron atrapados en ellos, no fueron unos grandes incendios que consiguieran fundir los cientos de vigas de acero.


El avión del Pentágono resultó ser un avión muy extraño: no dejó rastros visibles de su existencia después de chocar contra la fachada del edificio más vigilado del mundo. En la primera versión oficial que se dio del incidente se dijo literalmentee que el avión se había evaporado o “gasificado”. Había 86 cámaras de video que filmaron la escena del impacto, pero esas filmaciones fueron requisadas por el FBI inmediatamente después del ataque. En 2006, el Pentágono accedió a hacer públicas algunas imágenes de vídeo para intentar acallar la polémica. Pero éstas tuvieron el efecto contrario, ya que en esas imágenes (que, repito, son las imágenes “oficiales”, dadas por buenas por el gobierno de Bush) no se ve por ningún lado un Boeing 757, que es un armatoste considerable. Únicamente se ve una explosión, pero no lo que la provoca.


El avión de Pensilvania dejó restos en un radio de 15 kilómetros, lo que sugiere que estalló a gran altura y no que se estrelló contra el suelo. Y aún hay más cosas de una larga lista de temas muy poco claros: el mismo FBI, por ejemplo, ha reconocido que en 2001 no se había comercializado todavía la tecnología que hubiera permitido hacer o recibir llamadas con teléfonos móviles desde los aviones de pasajeros cuando éstos estaban volando.


Cuando uno cuenta estas cosas, siempre hay quien pregunta por el verdadero destino del avión del Pentágono o por quién o qué pudo hacer estallar el avión de Pensilvania. También yo me lo pregunto porque, la verdad, no conozco ninguna versión alternativa a la oficial completa, redonda y creíble que dé razón de todo lo ocurrido el 11-S. Pero sí conozco muchos asuntos oscuros de ese acontecimiento que merecerían ser investigados a fondo por periodistas que sean críticos y no acepten una versión oficial tan poco verosímil. Les animo a hacerlo. Después de todo, se supone que eso forma parte de su trabajo.


¿Hay que desechar entonces a Al Qaeda, una organización que se movía en la clandestinidad en el país más vigilado del mundo, según tú mismo recuerdas, como autora del atentado?


No necesariamente, pero conviene reflexionar sobre lo que sabemos de Al Qaeda y Osama Bin Laden. Sabemos que Al Qaeda fue fundada por la CIA al final de la invasión soviética de Afganistán. Como es notorio, la guerra contó con abundante apoyo financiero y militar de Estados Unidos y Arabia Saudí con el reclutamiento de miles de voluntarios islámicos, con fuerte presencia de egipcios, saudíes, pakistaníes y yemeníes (como el propio Bin Landen, hijo de un multimillonario constructor saudita de origen yemení) y el apoyo logístico de Pakistán. Algunos miembros de Al Qaeda reaparecieron en la guerra de los Balcanes contratados por la compañía privada de seguridad MPRI (Military Profesional Resources Incorporated), que es una empresa subcontratista del Pentágono. Por el testimonio de Michael Springman, empleado del cuerpo diplomático de EE.UU, sabemos que muchos de los secuestradores suicidas entraron en EE.UU gracias a unas visas expedidas por la oficina consular estadounidense de Jeddah, en Arabia Saudí, gracias a un plan organizado por la CIA que Springman denomina “visados para terroristas”. Springman es un testigo muy importante porque cuando eso ocurría él estaba trabajando en el consulado de Jeddah. Sabemos que el FBI dice que no tiene pruebas para inculpar a Osama Bin Laden, antiguo colaborador de la CIA, como responsable del 11-S y que por eso no lo acusa en su página web (ver: www.fbi.gov/wanted/terrorists/terbinladen.htm) de ser responsable de esos atentados, pero sí en cambio de los de Kenia y Tanzania de 1998, pues sobre esos atentados sí dispone de pruebas.


Es posible que Bin Laden y personas vinculadas a Al Qaeda tuvieron algo que ver con el 11-S, pero no sabemos en calidad de qué. Pudo ser en calidad de tontos útiles, de figurantes o de chivos expiatorios. En Madrid he visto pintadas que dicen “Al Qaeda=CIA”. ¿Nos atrevemos a pensar sobre ello? Por lo demás, la Al Qaeda de la que hablan los medios de comunicación es una cosa muy rara. De entrada posee el don de la ubicuidad, como el dios de los católicos. Si nos hemos de creer todo lo que dicen los medios, Al Qaeda está en todas partes: en Afganistán, en Iraq, en Indonesia, en las islas Filipinas, en Balí, en Argelia, en Marruecos, en Somalia, en la China, en Pakistán, en Arabia Saudí, en Líbano, en EE.UU., en Barcelona, en Madrid, en Santa Coloma de Gramenet… Para los medios de comunicación occidentales, todo grupo islámico que practica la violencia política es Al Qaeda, está relacionado con Al Qaeda o hay alguien de ese grupo que tiene un primo que conoce a uno que es de Al Qaeda. Por cierto, si alguien quiere videos de Al Qaeda puede entrar en la página web de la empresa “IntelCenter” (www.intelcenter.com/audio-video/index.html) y comprarlos a un precio asequible.


Los historiadores del futuro, cuando analicen la política occidental de la primera década del siglo XXI, señalas en tu nota, deberán optar como mínimo entre tres líneas de interpretación. ¿Qué líneas interpretativas son esas? ¿Por qué como mínimo? ¿Tienes en mente alguna más o es simple precaución intelectual?


Es precaución intelectual, como muy bien dices, pero también recurso retórico, para dar perspectiva al lector, y un poco de ironía amarga, sobre todo lo de “los historiadores de dentro de 50 años”: dado el conformismo generalizado, la verdad sobre 11-S es probable que se conozca en un tiempo superior al que hemos tardado en saber que no hubo “incidente de Tonkin”, el hecho que fue invocado para justificar el envío masivo de tropas norteamericanas a la guerra de Vietnam. Lo de las tres líneas de interpretación es otra manera de hablar de la versión de los gobiernos (todo se explica como una reacción al 11-S, siendo éste un ataque externo), la percepción mayoritaria que tiene ahora la opinión pública europea (reacción al 11-S como ataque externo más aplicación de una agenda política decidida con anterioridad) y el 11-S como acto decisivo de un plan golpista, como ha defendido con mucho coraje el movimiento norteamericano por la verdad sobre el 11-S y es convicción muy extendida en los países musulmanes, en Rusia y en la América Latina “bolivariana”.


¿Qué aspectos te parecen más débiles en la primera línea que propones?


El más débil es algo en lo que no pongo suficiente énfasis en la nota y debería haberlo hecho: la absoluta falta de fundamentación empírica de la afirmación de que el 11-S fue un ataque externo. La versión oficial no se sostiene en pruebas creíbles. Cinco o seis de los diecinueve secuestradores “suicidas”, por ejemplo, están vivitos y coleando, como informaron The Independent, el 17 de septiembre de 2001, The Daily Telegraph, el 23 de septiembre de 2001 y la CBS el 27 de septiembre del mismo año. Tras el ataque a Pearl Harbour, se llevaron a cabo ocho investigaciones para determinar responsabilidades. A consecuencia de ellas, dimitieron o fueron depuestos varios generales y responsables políticos. Respecto al 11-S, sólo ha habido una investigación que, si se caracteriza por algo, es por sus muchas omisiones y por los muchos misterios que deja sin resolver. De ella han renegado hasta sus principales responsables: Thomas Kean y Lee Hamilton, presidente y vicepresidente de la Comisión del 11-S. Estos dos políticos publicaron un artículo en el The New York Times, el 2 de enero de 2008, en el que acusaban a la Administración Bush de haber obstaculizado las investigaciones sobre los atentados. Si Bush y los suyos hicieron eso, entonces toda la investigación es una tomadura de pelo monumental porque no puede contestar, con datos fiables, a una de las preguntas más importantes que siempre hay que hacer en relación con el 11-S: ¿por qué durante dos horas se mostró tan ineficaz el rigidísimo sistema de protección del espacio aéreo de los EE.UU? Vale la pena recordar que si un avión entra en el espacio aéreo de EE.UU y se desvía de su ruta o desconecta el transponder -la emisora de radar que le mantiene permanentemente localizable-, en diez minutos como máximo se va a encontrar escoltado por dos cazas que tienen la potestad autónoma de pegarle un pepinazo si no obedece las órdenes de los pilotos militares. Durante el 11-S, cuatro aviones se desviaron de su ruta y apagaron los transponders pero ninguno fue interceptado. Nadie dimitió o fue destituido por ello. Es más: algunos de los principales responsables militares fueron ascendidos. Cada vez que un responsable político occidental invoca el 11-S para justificar una barbaridad, pongamos por caso enviar más soldados a la guerra de Afganistán, los parlamentarios que se tienen por personas decentes le deberían preguntar a ese responsable quién cree que llevó a cabo el 11-S y qué pruebas tiene de ello. Si el debate fuera serio y riguroso, todos los responsables políticos occidentales sudarían la gota gorda para contestar a esa y a otras muchas preguntas.


La segunda línea de interpretación, señalas, debería resolver “la escasa preocupación por la seguridad nacional que mostró el gobierno de Bush después de haber padecido una agresión tan brutal”. ¿Por qué la precaución fue tan escasa? ¿No se tomaron medidas, numerosas medidas, en ese sentido?


Si te refieres a las medidas internas, se puede pensar que fue así, pero si piensas en las decisiones referidas al ámbito internacional, la cosa no hay por donde cogerla. ¿Cómo puede ser que el día siguiente a lo que se supone fue la peor agresión padecida por EE.UU, el presidente y sus principales consejeros estuvieran discutiendo sobre los planes de ataque a Iraq sin tener una sola prueba que relacionase a este país con los atentados? Eso muestra que el gobierno de los EE.UU estaba pensando en otras cosas, no en la protección de su país, repito: ¡el día siguiente!, ¡sin haber transcurrido ni 24 horas desde los atentados!


La tercera opción, ¿no nos remite a la teoría conspirativa o conspiranoica de la historia? ¿Admitirías una adjetivación así?


No, porque la teoría conspirativa de la historia es otra cosa, al menos para quienes hemos leído a Marx: es el absurdo de presentar, por ejemplo, la transición del feudalismo al capitalismo como el resultado de un complot. Aquí estamos hablando de cosas más concretas y más limitadas en el tiempo: de decisiones adoptadas tras unos atentados que no se pudieron perpetrar sin preparación y planificación previas. Si sus autores fueron Bin Laden y los 19 suicidas, también tuvieron que prepararlos con mucha antelación. Dicho con otras palabras: sin conspiración no hay atentados del 11-S, sean quienes sean sus autores. La versión oficial es también una teoría de la conspiración. No puede ser de otra manera. En ese sentido, todos los que se la creen son también “conspiranoicos”. Lo que ocurre es que la expresión “conspiración” se usa para deslegitimar, para ridiculizar, para quitar importancia a un tema, para hacer creer que se produjeron un conjunto de actos de forma casi automática. Pero si los edificios del WTC fueron demolidos, como cabe deducir de la investigación de Harrit y sus colegas, eso sólo se pudo hacer con la complicidad de los responsables de seguridad de los edificios y, en última instancia, de las autoridades. Harrit ha declarado en la televisión danesa que se debieron necesitar varias toneladas de explosivos para destruir los edificios.


En el Edificio nº7 había oficinas de la CIA. ¿Colocó Al Qaeda explosivos en las columnas de ese edificio sin que los agentes de la CIA se dieran cuenta? Si fuera así, esos agentes serían más ineptos que Mortadelo y Filemón, los famosos agentes de la TIA.


Hablas en tu nota, al dar cuenta de esta tercera opción, de “golpe de Estado” que había dado paso a un régimen político autoritario. ¿Podrías precisar esta afirmación?


Tras el 11-S se aprobó, entre otras cosas, la Patriot Act, con el voto favorable de los dos partidos. En 2006 se renovó su vigencia con el voto favorable nuevamente de los dos partidos o de las dos corrientes principales del partido único que DESgobierna EE.UU desde hace más de un siglo, como prefieras. Esa ley viola derechos tan fundamentales como el derecho a no ser detenido arbitrariamente por la policía o el derecho al habeas corpus. En virtud de la Patriot Act, en EE.UU cualquiera puede ser detenido y encarcelado por tiempo indefinido por decisión del gobierno, sin que se le hagan acusaciones concretas y sin que un juez pueda revisar su caso. Cuando un Estado hace eso, no hay que dudar: se está ante alguna clase de despotismo.


Tal como lo veo, las medidas legales que toma la junta de Bush tienen un “carácter preventivo”: se trataba de aprobar toda una serie de medidas con las que poder afrontar las tensiones sociales generadas por el final de la era de petróleo abundante y barato. Un autor norteamericano, Michael Ruppert, lo ha expuesto con mucha lucidez en su libro: Crossing the Rubicon: The Decline of the American Empire at the End of the Age of Oil, (Gabriola Island, Canada, New Society Publisher, 2004). Entre las medidas legales a las que aludía se encuentra la National Security Presidencial Directive 51, promulgada el 9 de mayo de 2007, en virtud de la cual el Presidente se arroga la potestad de “coordinar” la dirección de los tres poderes del Estado en caso de “emergencia catastrófica”, siendo ésta: “un incidente, sin importar su ubicación geográfica, que produzca niveles extraordinarios de desastre masivo, daño o perturbación que afecten severamente a la población de EEUU, su infraestructura, medio ambiente, economía o funciones de gobierno”. La competencia para determinar si se está o no ante un supuesto de “emergencia catastrófica” es del propio presidente. La directiva, además, tiene unos anexos secretos. Cuando el poder ejecutivo se prepara para asumir el control de los otros dos poderes del Estado, tampoco hay que dudar: se está a las puertas de una dictadura pura y dura, en el sentido más clásico de la palabra.


¿Cuál de las tres posibilidades señaladas te parece más plausible? ¿Crees que tenemos elementos de juicio suficientes en la actualidad para apostar por ella?


Lo más prudente y sensato es pedir una nueva investigación sobre el 11-S, como lo están haciendo decenas de miles de ciudadanos de Nueva York en este momento (por cierto, ¿dónde están, para apoyarles, todos aquellos que en 2001 gritaban “Todos somos americanos” dándose muchos golpes en el pecho?). Pero si me preguntas por mis intuiciones racionales (si es que se puede hablar en estos términos), desde que en 2005 escuché al profesor Mariano Marzo explicar el problema del pico del petróleo, considero la hipótesis del golpe de estado como la más plausible. Y de datos para apoyarla hay muchos. Volviendo, por ejemplo, a la pregunta que hacía más arriba sobre la protección del espacio aéreo de EE.UU. ¿Por qué no funcionó? Por el documental de Michael Moore, Fahrenheit 9/11, sabemos que Bush, el Comandante en Jefe del ejército de EE.UU, estuvo más de veinte minutos leyendo un cuento a los niños de una escuela después de que le comunicaran que un segundo avión se había estrellado contra la Torre Sur. No se levantó inmediatamente y dijo algo así como: “¡venga, vamos a defender a este país!”. Siguió leyendo un rato más, y eso que su propia vida se suponía que también estaba en peligro. El vicepresidente Cheney estuvo metido en un bunker junto a Norman Mineta, el que entonces era secretario de transporte. Por el testimonio de éste, expuesto ante la Comisión del 11-S, sabemos que Cheney se negó a interceptar el vuelo 77 que supuestamente se dirigía hacia Washington D.C, la ciudad donde se encontraba el propio Cheney. Donald Rumsfeld, el secretario de defensa, estuvo ilocalizable hasta después de que se estrellara el último avión. ¿Por qué no funcionó el sistema de protección del espacio aéreo de EE.UU.? Verde y con asas, alcarraza: porque los principales responsables políticos de ponerlo en marcha no lo pusieron en marcha, así de claro. Todo eso lo sabe mucha gente, pero hay un miedo irracional a hablar de ello y a extraer las oportunas conclusiones.


Apuntas en tu nota, por otra parte, dos problemas en la tercera interpretación: señalar los hechos y pruebas que fundamenten la afirmación de que el 11-S fue un acto criminal realizado por redes estatales y/o paraestatales y hacer frente al ambiente inquisitorial que demoniza todo cuestionamiento de la versión oficial del 11-S. ¿No son demasiados problemas para que sean superados por una posición crítica señalada con dedos, manos y órganos represivos?


Quienes seguimos la actividad de los arquitectos e ingenieros por la verdad sobre el 11-S o la de los científicos por el mismo objetivo, sentimos una gran admiración por todos ellos y estamos gratamente sorprendidos por la eficacia de su trabajo. Con todo, acepto que investigar crímenes de Estado es algo muy difícil. Nosotros todavía estamos desenterrando a los republicanos asesinados tras el golpe de estado del 18 de julio de 1936. Es posible que lo más realista sea, para el corto plazo, denunciar las mentiras sobre el 11-S para conseguir de esta manera que, al menos, dejen de invocarlo como pretexto para intentar justificar más destrucción y muerte. En cualquier caso, las familias de las víctimas del 11-S exigen simplemente la verdad y hay que apoyarles por una cuestión de principio. Ahora bien, la verdad no se impone por sí sola, necesita de agentes que la defiendan y que la den a conocer. La actividad de los científicos no es suficiente. Se necesita de un amplio movimiento sociopolítico de alcance planetario que exija aclaraciones y responsabilidades a la Administración norteamericana. Recuerda que en la Torres Gemelas murieron miles de personas de nacionalidades diferentes. Los gobiernos de cada una de ellas tienen la obligación de averiguar quiénes asesinaron a sus ciudadanos. Richard Falk, profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Princenton y relator especial de la ONU, ha propuesto la formación de una Comisión Internacional que lleve a cabo una nueva investigación sobre el 11-S similar a la que se formó para investigar el asesinato de Rafik Hariri, el que fuera primer ministro del Líbano.


¿Por qué el artículo, el trabajo que citas en tu nota no ha merecido, como tú mismo recuerdas, ni una sola línea en ningún gran medio de comunicación, europeo o usamericano?


Habría que preguntárselo a los responsables de esos medios de comunicación. Es posible que si pudiéramos hablar a solas con el más cínico de ellos, nos diría que las dudas sobre la autoría del 11-S son razonables, pero que no conviene hablar sobre estos asuntos porque podría afectar a la fortaleza del dólar, la moneda del comercio internacional, y que eso podría agravar la crisis económica mundial. Así que hay que apechugar con las mentiras y los muertos y confiar en que Obama vaya desactivando los aspectos más escandalosos de las políticas adoptadas tras el 11-S. Pero seguramente nos diría algo parecido si le preguntásemos sobre el carácter catastrófico de algunas de las consecuencias del 11-S, como por ejemplo las guerras de Iraq y Afganistán. Seguramente nos diría que sí, que éstas guerras son una catástrofe, pero que no hay que crearle problemas a Obama porque es un tipo simpático y porque sin un papel activo de EE.UU no va a haber recuperación económica a nivel mundial. Personalmente estimo que no hay solución buena a ninguno de los grandes problemas que afronta la humanidad (el hambre, la pobreza, el desempleo, el cambio climático y la crisis ecológica, el cambio de modelo energético, la crisis financiera, la militarización del mundo, etc) que no pase por la pérdida de poder e influencia de EE.UU y sus aliados. El 11-S ha sido la gran excusa para intentar imponer el unilateralismo de los EE.UU, pero también es el principal talón de Aquiles de ese proyecto.


El filósofo estadounidense David Ray Griffin, recuerdas tú mismo, ha sostenido que la única verdad que podemos afirmar ahora sobre el 11-S es que la versión oficial sobre su autoría es mentira. ¿Estás de acuerdo con esta consideración?


Sí, totalmente. Por eso he traducido al castellano, junto con mi amigo Toni Giménez, la lista de diálogos del documental ZERO-Investigación sobre el 11-S, en el que participan Dario Fo y Gore Vidal y que ilustra con mucho detalle esa afirmación.


Perdona, José Luis. ¿Puede darnos la referencia de esa traducción?


La versión castellana de ese documental italiano todavía no ha sido comercializada en España, así que no te puedo dar las referencias. Hicimos la traducción de la lista de diálogos gratia et amore y encargamos al servicio de audiovisuales de la Universidad de Barcelona la versión doblada al castellano. Pensamos que sería una buena contribución a la transmisión de conocimiento de la universidad a la sociedad, ese objetivo por el que tanto suspiran los rectores de nuestras universidades. Pero ZERO todavía está buscando un distribuidor en España y no lo encuentra. Hemos hablado con algunas empresas productoras y distribuidoras de documentales y nos han dicho que el tema “no encajaba en su línea” y cosas así. Hemos enviado copias a responsables de programación de cines muy conocidos de Barcelona y, salvo en un solo caso, ni siquiera nos han respondido. El documental lo ha visto un productor de programas de televisión y tampoco le ha parecido “programable” en TV. Por eso, junto con los compañeros de “Barcelona 11-S” e “investigar 11-S”, hemos organizado diversos pases gratuitos de ese documental en cines, Facultades, Escuelas de Ingenieros y centros cívicos.


Prosigue por favor. Te preguntaba por las declaraciones de David Ray Griffin


Decía que estoy tan de acuerdo con ellas que también he aceptado formar parte de la lista de profesores que cuestionan la versión oficial del 11-S. Somos unos 400 Professors Question 9/11 (a sumar a los más de 200 militares, agentes de inteligencia o altos funcionarios; 200 pilotos y aviadores profesionales; 230 supervivientes y familiares de víctimas; 200 artistas y profesionales de los medios de comunicación; así como los 700 arquitectos e ingenieros de los que hablaba más arriba). No estoy en mala compañía: Gianni Vattimo, Francis Boyle, Richard Falk, Daniel Berrigan, Michel Chossudovsky o Jean Bricmont también están en la lista. Por ahora, soy el único profesor universitario español que aparece en ella. Como, por lo que parece, eso no está bien visto y tampoco está de moda, estoy muy orgulloso de ello.


No, no estás en mala compañía, en absoluto. ¿Y por qué crees que no se han sumado más profesores universitarios españoles a esa lista de personas críticas y razonables? Estoy pensando en muchos amigos y amigas que se adherirían con gusto y con ganas.


Me olvidaba mencionar que para estar en ella hay que haber expresado en público, en una entrevista o en un artículo por ejemplo, dudas razonadas sobre la versión oficial del 11-S. Estoy seguro que muchos amigos y conocidos nuestros harán eso cuando estén seguros de que hay buenas razones para formular esas dudas. Para lo cual hay que proporcionarles buena información. Yo lo intento hacer con los que tengo más cerca y ya he conseguido que, al menos, me tomen en serio. Vamos lentos pero seguros.


¿Qué nuevas investigaciones podían realizarse, en tu opinión, para esclarecer lo sucedido?


Los diferentes aspectos que deberían ser considerados en una investigación seria sobre el 11-S están muy bien explicados en diferentes artículos publicados en la revista electrónica Journal of 911 Studies (ver http://www.journalof911studies.com/), y a ellos me remito. Lo que sí creo que se debería hacer es divulgar los hechos, pruebas y testimonios que ya se conocen. Para lo cual se podría organizar un “Tribunal Russell” sobre el 11-S con un jurado compuesto por intelectuales y científicos de prestigio, e invitar a declarar a Niels Harrit y sus colegas, así como a todas las personas que escucharon y/o padecieron las explosiones en los edificios del WTC. Te aseguro que sólo con eso unos cuantos se pondrían muy nerviosos.


Por lo demás, señalas también que las teorías oficiales sirven para intentar justificar lo injustificable, como, por ejemplo, el envío de más soldados españoles a la guerra de Afganistán. ¿Qué petición o exigencia debería realizarse al gobierno español en este sentido? ¿Debería dejarse Afganistán en manos de los talibanes?


Al gobierno español hay que exigirle que retire las tropas españolas de Afganistán y que deje de intentar legitimar con mentiras esa desdichada aventura neocolonial. La ministra Chacón ha dicho que las tropas españolas deben estar ahí para evitar otro 11-S y otro 11-M. Con ello ha sugerido que hubo una relación entre el 11-M y Afganistán, cuando es notorio que en marzo de 2004 hacía casi tres años que ese país había sido “liberado” por las tropas de la OTAN y muchos columnistas celebraban, a bombo y platillo, la “llegada de la democracia” a ese desgraciado país. Por otra parte, los jueces de la Audiencia Nacional dijeron en su sentencia que los atentados del 11-M fueron perpetrados por un grupo local sin conexión orgánica con Al Qaeda. ¿Qué relación hay pues entre el 11-M y Afganistán? Ninguna, según los jueces de la Audiencia Nacional. A la ministra Chacón, por tanto, le está empezando a crecer la nariz como a Pinocho. Y sobre el 11-S, el gobierno español, antes de repetir el dogma de que Afganistán fue la cuna del “terrorismo internacional”, debería exigir a Obama que lleve a cabo una nueva investigación sobre el 11-S en la que, entre otras cosas, se pregunte a Bush, Cheney y Rumsfeld por qué no funcionó el sistema de protección del espacio aéreo ese día.


En Afganistán existe una guerra civil desde hace treinta años. La intervención occidental de 2001 consistió en apoyar a un bando de esa guerra civil en contra del otro por razones puramente geoestratégicas. Si eso es una “misión humanitaria y de paz”, que baje dios y lo vea. Karzai y los “señores de la guerra” que le apoyan son igual de bestias, brutales, corruptos, fundamentalistas y misóginos que los talibanes. Los dos bandos sacan provecho del cultivo y el tráfico de opio. Como ha escrito Tariq Ali, lo mejor que se podría hacer es retirar todas las tropas de la OTAN y convocar una conferencia regional en la que estuvieran presentes todos los vecinos de Afganistán, para lograr de ellos el compromiso de no seguir armando a los grupos afganos afines a sus intereses. Sin armas no se puede continuar la guerra. Y si hicieran falta fuerzas de interposición durante un tiempo limitado, que envíen tropas países como Bolivia, Ecuador, Túnez, Siria, Cuba, Venezuela o Sudáfrica, esto es, países que no tienen ningún interés geoestratégico en Afganistán.


No es una mala idea; gracias por tus respuestas José Luis. ¿Quieres añadir algo más? Si no fuera así, y no te pareciese un error, además de agradecer la ayuda de Joan Benach, podríamos dedicar la conversación a las víctimas del 11 de septiembre neoyorquino y a las otras víctimas de aquel 11 de septiembre de 1973 en que tanto tuvo que ver los deseos y finalidades de un imperio siempre insaciable.


Gracias a ti por la entrevista y a Joan Benach por sus comentarios a la misma. Me parece una idea fantástica lo de acabar esta conversación invocando el recuerdo de las víctimas de los dos 11 de septiembre. Al final, a lo mejor, va a resultar que tienen más cosas en común que lo que parecía hace ocho años.