lunes, 20 de abril de 2009

De algunas putas consecuencias de esta criminal Crisis

En todas las catástrofes, hay siempre algunos ganadores entre la multitud de víctimas y perdedores. Los malos tiempos, al igual que los buenos, dan beneficios para algunos. En el caso de la actual debacle económica global, con el mundo al borde del precipicio y casi 50 millones de personas que es posible que pierdan su empleo antes de que acabe el año, uno de los ganadores va a ser posiblemente la actividad criminal y los sindicatos del crimen. Desde México hasta África, Rusia o China, el grupo de gente desesperada y sobornable crece exponencialmente, indicando un potencial y repentino repunte en la actividad criminal global. A medida que aumenten los beneficios ilícitos, así lo hará la violencia de las guerras de competencia entre los sindicatos del crimen así como la de los desesperados esfuerzos de los gobiernos para intentar poner freno a la actividad criminal.

Tomemos , presente estos días en los titulares. A finales de marzo, durante su primer viaje oficial como Secretaria de Estado, a Hillary Clinton se le preguntaba insistentemente sobre el estallido de violencia relacionada con las drogas en ese país, las miles de muertes que ha conllevado, la patente incapacidad del ejército mexicano para contener, no digamos ya reprimir, el tráfico de drogas, y sobre la posibilidad de que el país esté en peligro de convertirse en un "estado fallido". México en si mismo puede que no esté en peligro de colapsarse, respondió diplomáticamente, pero un peligro muy real amenaza a ambos países en la forma de un incremento de la violencia criminal a lo largo de la frontera entre EEUU y México. "Los criminales y sus líderes que están extendiendo la violencia tratan de corroer los fundamentos de la ley, el orden, la amistad y la confianza entre nosotros", declaró en una conferencia de prensa en Ciudad de México. Para contrarrestar este peligro, la secretaria de estado prometió una respuesta militarizada que reflejase el nivel de peligro que ella percibía – un incremento significativo en la asistencia norteamericana en la lucha contra el tráfico de drogas, incluida la eminente entrega de algunos helicópteros Black Hawk.

El tráfico de drogas mexicano en sí mismo no es nada nuevo. El tráfico de exportación ilegal a los EEUU y la consecuente sangrienta competencia entre los traficantes para acceder al mercado norteamericano han preocupado desde hace mucho tiempo tanto a las autoridades mexicanas como a las de EEUU. En los últimos dos años, sin embrago, la violencia procedente del tráfico ilegal ha ascendido hasta cotas sin precedentes a medida que los principales grupos criminales – el cártel Juárez, el cártel Sinaloa, el cártel del Golfo, y Los Zetas – han resistido con éxito una fiera ofensiva gubernamental, mientras al mismo tiempo luchaban entre ellos por el control de los puntos fronterizos clave. Según el Fiscal General de México, Eduardo Medina-Mora, 5.376 mejicanos fueron asesinados en actos de violencia relacionados con las drogas en los primeros 11 meses de 2008, comparado con los 2,477 del mismo periodo de 2007, un incremento del 117%. Y a medida que la situación es cada vez más difícil para los mexicanos de a pie, reclutar para el tráfico ilegal es cada vez más fácil incluso aunque las muertes no dejen de multiplicarse. Las autoridades norteamericanas creen además que la lucha entre clanes se está extendiendo peligrosamente al territorio de EEUU, aumentándose las cifras de asesinatos en estados fronterizos como Arizona, California y Texas.

La actual masacre en México puede que este monopolizando los titulares extranjeros, pero muchos otros lugares del mundo han visto también crecer súbitamente la violencia criminal en 2008 y los primeros meses de 2009, a medida que la crisis económica global se ha ido acentuando. Mientras los empleos legales van desapareciendo, cada vez mayores grupos de jóvenes desempleados son comprensiblemente atraídos hacia lo que aún sigue disponible – puestos no del todo legales para trabajar en el ejército o la policía que en muchos países están mal pagados pero dan acceso a suculentos sobornos. Este tipo de proceso parece estar dándose en las regiones más empobrecidas de África, Asia y América Latina.

Traficantes de drogas y piratas

En realidad, es una ironía que mientras se derrumban el comercio global y demás ámbitos de la globalización económica, el crimen puede que se esté globalizando. Téngase en cuenta los últimos acontecimientos en Guinea-Bissau y Perú, cuando se trate de ver el creciente alcance y ferocidad de los traficantes de droga latinoamericanos.

El 1 de marzo en Guinea-Bissau, una antigua colonia portuguesa en la costa occidental de África, unos asaltantes desconocidos mataron el Jefe de las Fuerzas Armadas el General Batiste Tagme Na Waie y al presidente João Bernardo Vieira, con pocas horas de diferencia entre el primer asesinato y el segundo. Esos dos hombres habían sido durante mucho tiempo rivales políticos, y se cree que el presidente Vieira estuvo detrás del asesinato de Na Waie y que fue luego ajusticiado como represalia por miembros de las fuerzas de seguridad del país.

Guinea-Bissau, sin embargo, se ha convertido también en una vía de entrada importante del tráfico ilegal de drogas desde Colombia hacia Europa. Muchos observadores creen que los asesinatos estaban ligados a luchas intestinas entre los cárteles de la droga y sus vínculos con las elites políticas y militares de Guinea-Bissau. Si bien los asesinatos puede que en parte fueran motivados por "odios personales y rivalidades étnicas", dice Joseph Sala, un antiguo funcionario del Departamento de Estado que conoce a fondo el país, un factor a tener en cuenta fue también "la creciente implicación de los cárteles de la droga latinoamericanos".

En Perú, la omnipresente tentación de los grandes beneficios ilegales procedentes de la droga se refleja en el resurgir del movimiento de guerrilla Sendero Luminoso –esta vez como una operación de contrabando de cocaína. Originariamente una organización revolucionaria maoísta, Sendero Luminoso prácticamente desapareció después de que su líder mesiánico, Abimael Guzmán, fuese detenido por agentes antiterroristas peruanos en 1992. Recientemente sin embargo, una facción del grupo que sobrevivió ha reaparecido en un remoto reducto de jungla de las zonas más empobrecidas, promoviendo el cultivo de la hoja de coca y su posterior procesado en cocaína. Aunque todavía profese lealtad a sus raíces maoístas, dicha facción de la guerrilla parece destinar la mayor parte de su tiempo a rechazar los esfuerzos del ejército peruano por acabar con el tráfico de drogas en la región. El resultado ha sido un repunte de la violencia armada con al menos 22 soldados y miembros de los cuerpos policiales muertos en la región en 2008, el mayor número de muertos en casi una década.

Y a medida que las condiciones de vida se endurecen, el incremento de la violencia criminal se hace evidente de otras dos sorprendentes formas: con aumentos de la piratería en alta mar y como un repunte en el número de penas capitales en China.

El auge de la piratería ha obtenido particular notoriedad desde que piratas somalíes secuestraron en noviembre de 2008 el Sirius Star, un superpetrolero saudí que llevaba más de 100 millones de dólares en crudo. En cierto sentido, Somalia puede ser la señal de alarma sobre lo que está por venir en regiones mucho mayores en esta nueva era de criminalidad. Como genuino estado fallido, después de todo Somalia ha estado experimentado durante años su equivalente a lo que sería una gran depresión. Y aunque haya liderado en cuestión de piratería, el fenómeno está creciendo en todas partes. La toma del Sirius Star fue sólo uno de los 293 incidentes de 2008 relacionados con la piratería –la mayor cifra desde que el Piracy Reporting Centre (PRC) del International Maritime Bureau– Observatorio de la Piratería de la Oficina Marítima Internacional, N. del T. –empezó a recopilar este tipo de información en 1992. Según el informe anual sobre piratería del RPC, 889 miembros de tripulaciones fueron tomados como rehenes en 2008, 11 fueron asesinados, y 21 siguen desaparecidos y presumiblemente estén muertos; se dispararon armas en 139 de los incidentes, en comparación con los 72 de 2007.

Cuando se trata de China, cuya fructífera economía era una maravilla mundial hasta que el comercio internacional se vio fuertemente dañado el año pasado, resulta difícil calcular el nivel de violencia criminal, ya que los funcionarios parece que lo subestiman sistemáticamente. Sin embargo, hay indicios de que está aumentando y de que el crimen organizado se ha asegurado una mayor presencia en el país. En lo que es evidentemente un esfuerzo por parte de Beijing para combatir esta tendencia el gobierno ha incrementado claramente sus ejecuciones de criminales considerados culpables de delitos capitales. En 2007 y según Amnistía Internacional, al menos 470 criminales convictos fueron ejecutados y otros 1.860 (o más) sentenciados a muerte. Las cifras de 2008 acabadas de publicar muestran un incremento: enorme: 1.718 o más ejecuciones y otras 7.003 personas sentenciadas a pena de muerte. Algunas de esas personas ajusticiadas puede que fuesen prisioneros políticos acusados falsamente de delitos criminales, pero la gran mayoría eran, presumiblemente, criminales comunes condenados a muerte para intimidar a quienes se les pueda ocurrir adoptar comportamientos similares.

El surgimiento del narco-estado

Estos acontecimientos y otros similares hacen surgir la natural pregunta de: ¿en qué medida pueden los incrementos globales en la violencia criminal que vendrán atribuirse a la crisis económica mundial?

La situación en México sugiere sin duda una estrecha relación. Como el resto de países que dependen de las exportaciones a EEUU, México ha sido fuertemente golpeado por la actual crisis y sigue tambaleándose. Las exportaciones totales cayeron un 32% en enero, mientras que las exportaciones de automóviles –una de las principales fuentes de la actividad económica en los estados mejicanos fronterizos– cayeron un 50% en los dos primeros meses de 2009. Según algunos cálculos, las industrias exportadoras mexicanas han perdido 65.000 puestos de trabajo desde octubre, una cifra que los expertos consideran infraestimada. Muchos economistas predicen una dolorosa contracción del 5% para la economía mejicana en 2009.

Hay sin embargo un empresario mexicano dedicado a la exportación que está prosperando en los malos tiempos: el tráfico de drogas. Con tanta gente sin trabajo o viendo caer sus ingresos, la atracción por verse empleado en ello ha sin duda aumentado. Según algunas estimaciones el tráfico ilegal, sobretodo a los EEUU, le reporta al cártel de la droga mexicano del orden de 25 mil millones de dólares al año, haciendo de esta una de las más lucrativas industrias del país, y a pesar de las ofensivas del gobierno no parece haber ningún cambio importante a la vista. Es cierto, los traficantes se arriesgan a que les arresten y pasen una larga temporada en la cárcel, pero hay tantos policías y jueces mexicanos que están claramente en nómina de los cárteles que la posibilidad de que ello ocurra sigue siendo remota para los altos mandos del cártel. Con el resto de oportunidades de empleo para los varones jóvenes en claro declive, la tentación del dinero fácil –sin mencionar el engañoso glamour de una vida fuera de la ley– debe antojársele irresistible a muchos.

La ofensiva contra el tráfico de drogas que está llevando a cabo el gobierno mexicano junto con un fuerte apoyo de EEUU ha, paradójicamente, hecho del tráfico de drogas una profesión más atractiva. Ello es así porqué el incremento en los arrestos y las confiscaciones de alijos ha hecho subir el precio de las drogas en la calle, aumentándose así los beneficios de aquellos que consiguen eludir la policía y los agentes de narcóticos. Dado el ambiente económico que se ha generalizado, está claro que ello se va a convertir en un sistema retroalimentado que seguirá atrayendo al tráfico de drogas a jóvenes ambiciosos o desesperados.

Como sugiere el profesor Francisco E. González de la Johns Hopkins University al explicar esta problemática en la revista Current History, "no hace falta decir que las condiciones de desesperación y las situaciones donde hay que tomar decisiones vitales extremas abundan en los países en desarrollo como México. Mientras dichas condiciones persistan, y mientras el sistema puesta en marcha para atacar el tráfico de drogas conlleve un aumento excepcional de los beneficios, seguirá habiendo personas dispuestas a jugar a esta lotería".

De hecho, esta observación puede aplicarse igual de bien a muchos otros países que sufren una severa penuria económica. Tomemos Guinea-Bissau y su vecino Guinea, ambos básicamente países indigentes que se describen generalmente como "narco-estados" (es decir, países cuyas instituciones políticas y económicas se han visto ampliamente infiltradas por los cárteles de la droga latinoamericanos). Guinea-Bissau está en el noveno lugar por la cola en el último ranking del índice de desarrollo humano (IDH) de las Naciones Unidas publicado en diciembre, que mide para todos los países estándares de calidad de vida, salud y educación. En términos de producto interior bruto per cápita es el quinto por la cola, a duras penas por encima de Liberia y Burundi. No es de extrañar pues que un gobierno que parece totalmente incapaz de generar suficientes ingresos por otras vías se suponga que está fuertemente infiltrado por los cárteles.

Según los funcionarios de Naciones Unidas, Guinea-Bissau consigue del orden de mil millones de dólares al año en rentas ilegales procedentes del tráfico de drogas, una muy buena tajada para un país tan pobre. El tráfico de drogas "juega de hecho un papel en la actual crisis" indica Carlos Cardoso, un investigador del Consejo para el Desarrollo de la Investigación en Ciencias Sociales en África. "El tráfico de drogas parece que implica a los militares. Dada la ubicuidad de los militares en la vida política, cualquier cosa que los afecte, afecta al estado".

La vecina Guinea, anteriormente llamada Guinea Francesa, presenta un cuadro muy similar. Dirigida por el dictador militar Lansana Conté hasta diciembre de 2008, ha devenido también un refugio para los narcotraficantes suramericanos. "En los últimos años, a medida que empeoraba la salud del Sr. Conté, Guinea se ha precipitado hacia el caos", escribía Lydia Polgreen en el New York Times. "Los traficantes de drogas suramericanos, que envían cocaína a Europa a través de África occidental, infiltraron el gobierno a su más alto nivel. El hijo del Sr. Conté, Ousmane, confesó en la televisión en febrero que colaboraba con los traficantes de cocaína que habían virtualmente transformado a Guinea en un narco-estado". Lansana Conté murió el 23 de diciembre y el poder fue usurpado por una junta militar dirigida por el capitán Moussa Dadis Camara; los jóvenes oficiales que integran la junta han declarado su intención de limpiar el país y derrotar a los traficantes, pero muchos guineanos muestra escepticismo sobre su capacidad para llevar a cabo esa hercúlea tarea.

Una situación de pobreza y caos ha prevalecido durante mucho tiempo en Somalia, hogar de los piratas de la alta mar más determinados y agresivos. De los 293 incidentes de piratería registrados por el PRC en 2008, 111 (el 38%) ocurrieron en el Golfo de Aden o cerca de la costa de Somalia. Muchos de los incidentes más temerarios –incluida la captura del Sirius Star– ocurrieron también en esas aguas. Por otro lado, muchos de los piratas somalíes son antiguos pescadores que se arruinaron cuando el colapso del estado somalí le impidió seguir protegiendo los ricos bancos de pesca del país ante la rapiña por parte de las mucho mejor organizadas flotas de otros países. Estando ahora sin un céntimo, estos antiguos pescadores han tenido que dedicarse a la piratería para poder sostener a sus familias. "Matar no entra en nuestros planes", dijo en octubre de 2008 a un periodista el secuestrador de un carguero que llevaba armas. "Solamente queremos dinero para poder protegernos del hambre".

Un síndrome de crimen, violencia y represión

China no es Guinea-Bissau, claro. Millones de ciudadanos chinos viven con un cierto lujo, los beneficiarios de un cuarto de siglo de crecimiento sin precedentes; pero muchos otros millones todavía viven en la extrema pobreza, luchando por la supervivencia en minúsculas granjas del interior o trabajando tras migrar a las ciudades, trabajando la mayoría en la industria manufacturera que produce artículos de consumo para la exportación. Mientras la economía china estaba en fuerte expansión, los trabajadores que migraban eran capaces de encontrar empleos en las fábricas exportadoras de la costa y podían mandar algo de dinero a sus familias en el campo. Ahora sin embargo, con las cifras sobre el comercio chino sufriendo una fuerte caída y muchas fábricas haciendo recortes o cerrando debido al declive en las exportaciones, al menos 20 millones de esos trabajadores están en la calle, mientras los funcionarios chinos temen un auge de los disturbios y la criminalidad.

Esa cifra de 20 millones de trabajadores la dio Chen Xiwen, un alto cargo que dirige el departamento de política rural del Partido Comunista Chino. "Esos trabajadores que migraron y ahora han perdido su empleo, ¿que van a hacer para conseguir ingresos cuando vuelvan a sus aldeas? ¿Cómo van a arreglárselas? Este es un nuevo factor que va a afectar la estabilidad social este año", dijo en una conferencia de prensa en febrero en Beijing.

Que muchos de esos trabajadores vayan a encontrar un empleo remunerado en sus propias aldeas es algo inconcebible – las parcelas de tierra cultivable son excesivamente pequeñas y, a pesar del paquete de estímulo del gobierno chino, hay muy pocas otras fuentes de ingresos. Como resultado, muchos de estos antiguos agricultores en paro se volverán una vez más a las ciudades en busca de cualquier tipo de trabajo. El peligro es que muchos de ellos serán engañados con su paga por unos empresarios sin escrúpulos que se aprovecharán de su situación desesperada, o sencillamente no darán con trabajo alguno, lo que llevará a furiosas protestas (que en China se conocen como "incidentes de masas"). Así que se puede contar con ello: así como en México y en el resto del mundo, algunos de ellos serán atraídos por el crimen organizado o por otras actividades ilegales.

Reconociendo estos riesgos, Chen Xiwen presagiaba la necesidad de una mayor preparación por parte del gobierno para contener dichos incidentes de masas u otras formas de desorden social. "Si ocurre algún incidente de masas, los cuadros dirigentes deberán salir todos a primera línea y hablar directamente a la gente, cara a cara, para explicarles las cosas", en lugar de sencillamente confiar el la coerción policial y de ese modo provocar un enfado aún mayor de la ciudadanía.

Este síndrome –caída del empleo en el corazón de la economía, mayor dependencia de los trabajos en empresas marginales o en la economía sumergida del mercado negro, y aumentos de los índices de violencia y criminalidad que llevan a una mayor represión estatal– es probable que se repita en una serie de otros países que sufren también el impacto de la crisis económica global.
Rusia tiene un riesgo especial ante este síndrome. Según un informe del Banco Mundial de marzo, su economía se espera que se contraiga un impresionante 4,5% en 2009, mientras el paro se espera que llegue al 12%, doblándose la cifra de 2008. Las consecuencias es claro que serán duras: "Es probable que el número de pobres en Rusia ascienda en 2,75 millones, eliminando parte de lo ganado los últimos años en reducción de la pobreza". Ello, a su vez, forzará a más gente a tener que satisfacer sus necesidades como sea, incluyendo la participación en la economía informal, hurto y pequeños robos, o el crimen organizado – motivándose así una mayor represión por parte de las autoridades estatales.

Rusia ha estado infestada de altos niveles de crimen organizado e individual durante mucho tiempo. "La embajada de los EEUU recibe numerosos informes sobre delitos e incidentes criminales por parte de norteamericanos que están en Rusia tanto oficialmente como individualmente. Esos incidentes incluyen, entre otros, violencia racial, robo, vandalismo, asaltos físicos, y asesinato", informó en febrero el Overseas Security Advisory Council (OSAC) –Consejo Asesor para la Seguridad en el Exterior, N. del T.–, una agencia del Departamento de Estado. La actual crisis económica ha, se mire como se mire, incrementado seriamente el grado de dicha desobediencia. Los periódicos rusos han estado informando de aumentos en todo tipo de delitos, desde el hurto y los pequeños robos en tiendas hasta los asaltos a personas con resultado de muerte. "Una de las consecuencias negativas más significativas de la crisis podría ser un cambio en las tendencias criminales", observaba el fiscal general de Moscú, Yuri Syomin, en febrero. "Si las condiciones de vida empeoran, el crimen aumentará".

Uno de los aspectos de la creciente ola de criminalidad en Rusia que es probable que se repita en otros lugares son los ataques a inmigrantes, que son a menudo presentados por los grupos racistas y ultra-nacionalistas como quienes se llevan los empleos de los nativos en tiempos de escasez de trabajo. "Ha habido un aumento paulatino de los incidentes por motivos raciales y de la violencia étnica a lo largo de toda Rusia", informaba el OSCA en una nota de prensa de febrero. "Los ataques a las minorías étnicas por parte de jóvenes rusos ultra-nacionalistas que profesan adhesión a consignas como 'Rusia para los rusos' han aumentado por tercer año consecutivo". Estas preocupaciones se acentuaron el pasado diciembre cuando las fotos del cuerpo decapitado de un hombre de Asia central, presumiblemente un inmigrante de alguna de las antiguas repúblicas soviéticas, fue enviado a las organizaciones de derechos humanos del país por parte de un grupo ultra-nacionalista que se hizo responsable del asesinato y mutilación.

Así pues, donde sea que uno mire la crisis económica global está destinada a ir acompañada de aumentos en el nivel de criminalidad, violencia y – cada vez más – la consecuente represión estatal. Los gobiernos que se preocupan puede que intenten impedir los riesgos de desórdenes criminales gastando más en hacer respetar la ley o, como en el caso de China, aumentando el número de ejecuciones. Pero en un mundo que se encuentra al borde del precipicio, ello es difícil que vaya a detener a aquellos que como los piratas somalíes "sólo queremos dinero para protegernos contra el hambre".

Sin un esfuerzo y estímulo global destinado a ayudar a aquellos con mayor riesgo de caer en la indigencia, el hambre y la desposesión, podemos esperar una epidemia global de crimen y la llegada de los buenos tiempos para los sindicatos criminales y los cárteles de todo el mundo.

Michael T. Klare es profesor de estudios sobre paz y seguridad mundial en el Hampshire College en Amherst, Massachusetts. Su libro más reciente, Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy, ha sido publicado hace poco en edición rústica por Henry Holt. Una versión documental de su libro previo, Blood and Oil, está disponible en la Media Education Foundation visitando Bloodandoilmovie.com. Si desea oír una entrevista radiofónica a Klare sobre la llegada de una ola global de crimen, pinche aquí. Este artículo es su segunda contribución a una serie sobre el planeta al borde del precipicio.

Traducción para www.sinpermiso.info: Xavier Fontcuberta i Estrada

Una Puta historia sobre el atroz arrollador de la GM

Es probable que en unas cuantas semanas General Motors dé inicio a un proceso de quiebra en Estados Unidos. Por esa razón, la historia del asesinato del auto eléctrico cobra gran relevancia.

Desde hace cien años, la producción de un auto eléctrico ha tentado a las compañías automotrices, pero la trayectoria tecnológica en esta industria permaneció vinculada al motor de combustión interna. Hoy los problemas de salud pública, el costo del combustible y la necesidad de reducir emisiones de gases invernadero promueven un formato mecánico menos agresivo con el medio ambiente.

Cuando en los años 80 varias compañías experimentaron con prototipos de auto eléctrico, el Consejo de Recursos Atmosféricos (CARB) del estado de California percibió que el vehículo de emisiones cero había dejado de ser ciencia ficción. En 1990 dictó una orden a los fabricantes de autos: si querían seguir vendiendo unidades en ese estado, 10 por ciento de sus vehículos tenía que tener cero emisiones de gases contaminantes.

Aunque este mandato los disgustó, varias empresas se prepararon para acatarlo. General Motors lanzó al mercado un vehículo eléctrico, el EV1, con baterías convencionales de plomo y ácido. Poco después fue dotado de una batería de níquel e hidruro metálico (como las pilas Ni/MH de uso común), que le proporcionó un rango de autonomía de por lo menos 250 kilómetros con una sola carga. Es el mismo tipo de baterías que hoy usan varios autos híbridos.

El dueño de un EV1 podía recargar su unidad en su casa por la noche y el costo de operación era comparable con el de los de gasolina. Las ventajas se manifestaban, sobre todo, en el mantenimiento y costo de refacciones, pues el EV1 suprime muchas partes y componentes esenciales en el motor de combustión interna.

Pero en 1994, el CARB firmó un nuevo acuerdo con los fabricantes. Éstos tendrían que producir los autos de cero emisiones siempre y cuando hubiera una demanda de los consumidores para adquirir esos vehículos. Y ésa fue la pieza clave que las compañías estaban esperando. De inmediato se pusieron a demostrar que la demanda de sus propios vehículos era insuficiente y abandonaron todo esfuerzo por comercializar masivamente el producto. Es decir, estas empresas se dedicaron a sabotear su propia línea de producción.

El lobby automotriz continuó su campaña y demandó al CARB en 2001. A esa demanda se unió la Casa Blanca. Al mismo tiempo, la administración de Bush anunció un programa de apoyo para desarrollar celdas de hidrógeno. Ésta fue una táctica sucia: aunque la celda de hidrógeno es una tecnología inmadura, se le presentó como superior al auto eléctrico para restarle adeptos.

Las compañías habían tomado sus precauciones. Ninguno de los vehículos eléctricos había sido vendido. Todos fueron objeto de contratos de renta a largo plazo sin opción de venta. Así pudieron retirarlos de la circulación porque, en realidad, eran una amenaza para los intereses de las corporaciones. General Motors llegó al extremo de recoger todos los EV1 que había colocado en el mercado de California y los embarcó a sus terrenos de prueba en Arizona, donde fueron destrozados para venderse como chatarra.

En abril de 2003 el CARB se doblegó y repudió la orden que había emitido. En este aniversario es importante preguntarse, ¿quién mató al auto eléctrico? La historia es contada con lujo de detalles en un video disponible en Youtube (con subtítulos en español) que identifica a varios sospechosos y las compañías petroleras ocupan el primer lugar. Pero dos actores importantes apenas son mencionados: los distribuidores de autos y la industria de autopartes. El auto eléctrico elimina muchas piezas mecánicas, simplifica el mantenimiento y esto recorta la rentabilidad en los distribuidores.

General Motors está por iniciar un doloroso proceso de quiebra en Estados Unidos. Las subsidiarias en todo el mundo sufrirán las consecuencias. En México están en juego unos 40 mil empleos (directos e indirectos). Por lo pronto, la industria de autopartes está desangrándose. Si GM-Detroit ingresa al capítulo 11 de la Ley de quiebras, queda abierta la posibilidad de que las plantas mexicanas sigan operando, por lo menos durante un tiempo. De caer en el capítulo 7, las cosas se complican, pues la empresa dejaría de funcionar y sus activos serían liquidados para pagar a los acreedores. Mucho dependerá de las decisiones de la administración de Obama y durante su visita a México este importante tema debería discutirse abiertamente.

Hace un par de semanas, el grupo que supervisa el rescate de la industria automotriz en Estados Unidos obligó a dimitir a Rick Wagoner, el presidente y director general de GM. En una entrevista éste declaró que si se arrepentía de algo era de haber liquidado el programa del EV1. Perdió la oportunidad y en cambio compró American Motors, la división que produce los nefastos Hummer. Pésimas decisiones gerenciales que aceleraron la debacle. El próximo artículo: ¿Quién llevó a General Motors a la quiebra?

Alejandro Nadal es economista. Profesor investigador del Centro de Estudios Económicos, El Colegio de México, y colabora regularmente con el cotidiano mexicano de izquierda La Jornada.
La Jornada, 15 abril 2009

martes, 14 de abril de 2009

La Puta Locura del criminal Franco

Durante los largos años de la represión franquista, los principales psiquiatras españoles se convirtieron en guardianes de la integridad moral y política del régimen. Sus métodos, ideología y tratamientos parecían más destinados al castigo de los “rojos” y “los otros” que a la prevención y curación de enfermos. Enrique González Duro, uno de los más destacados psiquiatras españoles, ha buceado en archivos, removido documentación y analizado los textos doctrinales de sus colegas franquistas con el fin de sacar a la luz el comportamiento profesional y personal de una parte esencial de la psiquiatría oficial. El resultado es un libro estremecedor. Un riguroso trabajo que desvela aspectos, hasta ahora desconocidos, de la barbarie clínica cometida contra los perdedores.

El manicomio seguía siendo el eje fundamental de la asistencia pública y referente para el orden social, pero fue convertido en una institución de orden y para el orden. Lo importante era el mando único y la disciplina patriótica del personal facultativo, auxiliar y religioso, para controlar permanentemente al enfermo internado, considerado como un peligroso enemigo, dispuesto siempre a la fuga y tratado menos como paciente que como objeto de la disciplina y del «merecido castigo» (Enrique González Duro).


Después de la lectura de cualquier libro o de la visión de cualquier documento (gráfico, cinético, etc,...) se debería de disponer en un país que fuera mínimamente democrático de espacios sociales donde poder realizar debates que valieran de verdad la pena.

Hace unos días nos metimos de lleno en la lectura del libro Los psiquiatras de Franco. Los rojos no estaban locos del psiquiatra jienense Enrique González Duro. Es ésta una excelente obra. Y se nota que está hecha con paciencia, con mimo, con madurez. No es fruto de un berrinche ni de un puñetero resentimiento.

El libro no se debería de quedar muerto en cualquier estantería. La editorial debería de colocarlo en una impresión digital para que se tenga acceso a él desde cualquier punto de nuestro planeta. Y se deberían transformar muchas cosas: empezando por los espacios universitarios muy mal llamados académicos hasta los propios espacios parlamentarios de la política monárquica donde los burrócratas no paran de rebuznar sin decir nada que medianamente pueda ser escuchado sin aburrimiento y sin hastío.

Enrique González Duro nos regala algo más que un libro de psiquiatría o un mínimo capítulo de la historia española de la psiquiatría. No se queda en poner en su sitio a saltimbanquis de la calaña moral de un tal Antonio Vallejo Nágera o un mequetrefe de la inmoralidad de Juan José López Ibor. Que los animalicos no se contentaron con ser unos delatores de sus maestros republicanos sino que obligaron a hacer creer a muchos que sus mediocres puntos de vista podían pasar por rigurosos, científicos escritos psiquiátricos. Hasta quisieron crear una psiquiatría católica hispánica -nazional y fascista-. El libro de González nos muestra los criminales planteamientos hechos a base de un odio atroz y visceral hacia la inteligencia por parte de los defensores del genocida africanista el bastardísimo Franco. Eso sí su ceguera moral se mantiene oculta por su rigidez mental. Por eso este libro en el 78º aniversario de la insumisa y pacífica revolución republicana nos da que pensar ¡muchísimo!
Por eso y por muchas cosas públicas más nos desgañitaremos gritando una y mil veces:
¡¡¡Viva la TERCERA REPÚBLICA!!! ¡¡¡Abajo el mediocre Reino católico de los Bribones borbónicos!!!


"Para la psiquiatría franquista, un rojo era un débil mental"

LaVanguardia-24-1-09.pdf
Por Victor Amela, La Vanguardia.

Tengo 66 años. Nací en La Guardia (Jaén) y vivo en Madrid. Soy psiquiatra y trabajo en el hospital Gregorio Marañón de Madrid. Estoy doblemente divorciado. Tengo dos hijos y un nieto. La opresión franquista me hizo de izquierdas. La opresión eclesiástica me hizo ateo.

  • La psiquiatría ¿es ideología?

La Alemania nazi gaseó a 300.000 enfermos mentales: la psiquiatría nazi sostenía que el enfermo mental transmitía su tara a los descendientes, contaminando la pureza de la raza aria. Solución: eliminarlos. ¡Y mataron a todos los enfermos psiquiátricos! ¡Todos! Gaseados para depurar la raza.

  • ¿Hubo aquí una psiquiatría franquista?

Sí, y muy siniestra. No se ha hablado mucho...

  • ¿Qué argumentaba esa psiquiatría?

Que los rojos eran locos, débiles mentales, tarados. El marxismo era una patología psiquiátrica. ¡Ser de izquierdas era una enfermedad mental y moral! Patología que el enfermo contagiaba a su descendencia, deformando la grandeza de la raza española.

  • ¿Quién sostenía esas barbaridades?

Ilustres psiquiatras alineados con el bando franquista, sobre todo Antonio Vallejo-Nágera, y también Juan José López-Ibor, Marco Merenciano... Los psiquiatras republicanos fueron delatados como diabólicos y maléficos, como hizo en Barcelona Ramón Sarró con su insigne maestro Emilio Mira.

  • Guerra civil también entre psiquiatras.

La floreciente psiquiatría republicana resultó barrida. La psiquiatría franquista arguyó que los insanos rojos eran antiespañoles, siendo lo sano ser español.

  • ¿Y qué era ser español, estar sano?

Ser hispanorromano, gótico y católico: ser heredero de los Reyes Católicos, vaya. Los residuos moriscos y judíos eran impurezas que había que eliminar, y lo mismo la ilustración y masonería, esas contaminaciones foráneas.

  • Captado.

Toda esa impureza degeneraba a España: se la llamó "Antiespaña" y había que extirparla. Por eso Franco se complació en una guerra larga y de exterminio: quería limpiar la raza española. ¡Franco era un racista espiritual!

  • ¿Se proponían los psiquiatras franquistas "curar" a los rojos?

Sí, con reclusión en manicomios. Con sermones, adoctrinamiento, disciplina, fármacos, torturas, electrochoques... También se intentó "curar" a homosexuales y transexuales de su "delirio", incluso mediante neurocirugía, tratamientos aversivos, ¡salvajadas!

  • ¿Usted ha visto esas cosas?

Sí, y nadie osaba oponerse: yo me avergonzaba de ser cómplice callado. Los psiquiatras ¡obligaban a los internos en los manicomios a saludar brazo en alto! Vergonzoso. Poco a poco, la antipsiquiatría plantó cara. Cuando llegué a director del manicomio de Jaén, en 1982, desmantelé allí ese estado de cosas.

  • ¿En qué sentido?

Pregunté por qué estaba ingresado cada paciente. ¡Había casos en que ni los psiquiatras lo sabían! Abrí las puertas. Los psiquiatras de la vieja guardia se opusieron. Y descubrí que una mujer llevaba allí 14 años encerrada... ¡por haber sido madre soltera!

  • ¿Con la connivencia de su familia?

Sí, y el argumento psiquiátrico de que en libertad "se hará prostituta". Para evitar que se condenase su alma... ¡Era una psiquiatría inquisitorial! De hecho, Vallejo-Nágera sugirió seriamente resucitar la Inquisición.

  • Algún rojo sí enloquecería de verdad.

Esa atmósfera opresiva enloqueció a más de uno, destrozó vidas, provocó suicidios...

  • ¿Qué otros delirios se teorizaron?

Que había rasgos físicos delatores del degenerado, del rojo: se afirmaba que era feo.

  • ¿Qué pasaba si habías luchado en el bando republicano sin ser rojo?

Todos los soldados republicanos fueron sometidos a cuarentena en campos de concentración: ¡había que descontaminarlos! Del campo de Miranda de Ebro era psiquiatra Vallejo-Nágera, jefe del servicio psiquiátrico del Ejército Nacional.

  • Qué miedo.

Su bestia negra eran las milicianas. Que una mujer --¡depositaria de la salud de la raza!-- fuese roja le desquiciaba: las llamaba "marxistas delincuentes femeninos", para no denominarlas "mujeres". Los escarmientos en mujeres izquierdistas fueron los peores.

  • ¿Qué más sostenía Vallejo-Nágera?

Que los rojos eran seres inferiores. En esto también coincidía con Franco, que decía que los había incorregibles (y a esos se les fusilaba) y los había redimibles... mediante reeducación y trabajos forzados.

  • El fusilamiento como terapia social.

Ya dijo Franco que "cuantos más enemigos mueran, mejor". Franco afirmaba que salvaría a España ¡aunque tuviese que fusilar a la mitad de los españoles! Esa regeneración de España proseguía en cárceles y manicomios: el interno era visto como enemigo objeto de "merecido castigo". Y muchos bebés recién nacidos allí de parturientas rojas fueron separados de sus madres y entregados en adopciones bajo cuerda, para salvarlos así del contagio rojo.

  • ¿Consiguieron "curar" a algún rojo aquellos psiquiatras franquistas?

Consiguieron aterrorizarlos y acallarlos. Pero no "curarlos", claro está. ¡Porque los rojos no estaban locos, por supuesto! López Ibor sostenía que al rojo sólo se le cura si se le recristianiza. El buen psiquiatra, pues, debía ser católico. Y en 1936 escribió esto Vallejo-Nágera: "Creará la guerra una estirpe de caballeros, frente a la plebeyez moral de los peones del marxismo y sus mefíticas toxinas antiespañolas".

  • ¿Cómo acabó este Vallejo-Nágera?

Cuando Hitler perdió la guerra, ¡se disgustó muchísimo! Se jubiló y pasó el resto de sus días escuchando música de Wagner.

sábado, 11 de abril de 2009

Falconetti PEÑA: algo más que excelencia para intentar transformar cinéticamente esta Puta Realidad realmente Irreal que nos desgobierna

Se queda corto lo que se pueda decir en unas líneas tras la visión de los documentales realizados por Falconetti PEÑA. Aunque se dejan entrever algunos de sus esquemas básicos antiintelectualistas se puede analizar su trabajo no dejando las palabras vacías de ideas ni de contenido. No es cierto ese cliché ideologicista que se repite por doquier de que una imagen vale más que mil palabras. Y menos en estos casos.

El documental titulado "Causa 661/52. La insolencia del condenado" se podría volver a montar. Creo que no es muy correcto -¡¡no se entienda esto por lo del lenguaje políticamente correcto!!- dejar hablar acerca de la guerrilla antifascista sólo dejando a las sencillas gentes expresarse en sus titubeos, sus galimatías, sus errores,... sus medias tintas y sus medias palabras. No creemos que se bueno el liberalismo del dejar hacer, dejar pasar ni en este ni en muchos otros casos. Ni siquiera se les entiende bien cuando intervienen ciertos y determinados profesionales de la palabra como puedan ser el profesor José Antonio Fortes o el saltimbanquis Gregorio Morán. Cuando hablan creen ellos que cualquiera les entiende. Pero: no. No es nada fácil que se les pueda entender con la necesaria claridad a sabiendas de lo que a diario nos está cayendo.

Se nota bastante que el documental EL FORAT, que va sobre la demolición urbanística del barrio del Forat en Barcelona y la lucha vecinal contra la especulación progre de los putos institucionistas, ha sido forjado de manera muy paciente. Y lo mejor de todo, a nuestro juicio, es la banda musical de La Polla Record, que le pone bastante pasión estética al mensaje final de la obra. Aunque la música y letra de este grupo sea una constante inmejorable en los tres documentales.

Y el útimo trabajo, Autonomía obrera, que hemos visualizado de Falconetti PEÑA se ocupa de una reconstrucción muy intensa de las luchas de los grupos ideologizados por las posiciones de lo que en jerga política italianizante vino en calificarse como autonomía obrera en Barcelona. Nos ayuda a comprender los rompecabezas en los que se desintegró la lucha política de las izquierdas indefinidas en el Reino de los Bribones borbónicos. Vale la pena reflexionar a fondo sobre la estúpida malla que tejen los líderes de tan lamentables universos políticos para sujetos dementes. En este documental hay muchos rasguños que, al modo de las intervenciones mensuales de Gustavo Bueno en El Catoblepas, podrían dar mucho de qué hablar. Como, por ejemplo, lo que hay detrás de esos maravillosos dibujos animados que cuentan las luchas de un ratón mexicano conocido con el nombre de Espiri y apellidado González contra el yanquidiotizado gato Silvestre.

Sabemos que no resulta fácil hacer lo que Falconetti ha hecho. Por eso pensamos que hay que animarle para que no decaiga en su valioso esfuerzo cinematográfico, de tal manera, que se puedan abrir bastantes brechas en este asfixiante universo de la presunta servidumbre voluntaria en la que se nos empuja a englobarnos a diario en la más jodida imbecilidad. Porque una de las lecciones que extraemos de su valiosa labor es que está CASI TODO por hacer...

Sobre la genealogía de los genocidios políticos revolucionarios en la Edad Modernísima de nuestra Puta contemporaneidad



Descubriendo a Babeuf
María Teresa González Cortés

El Catoblepasnúmero 86 • abril 2009 • página 24


Al publicarse en español El sistema de despoblación, de Gracchus Babeuf,traducido por Evelyne Pintor, en edición de María Teresa González Cortés, Ediciones de la Torre, Madrid 2008. PVP 14 €.

En 1794 François-Noël Babeuf, alias Gracchus Babeuf, escribía El sistema de despoblación, una obra en la que criticaba las ideas premaltusianas de ciertos contemporáneos suyos y, además, describía los planes genocidas de Saint-Just, Couthon, Barère, Billaud, Collot, Carrier y otros cabecillas de la Revolución francesa. El testimonio de Babeuf (1760-1797) fue único en su época y no tanto por señalar la deriva ideológica del movimiento revolucionario, cuanto por denunciar la política de tierra quemada de, sin duda, las figuras más prestigiosas de la Convención.


«1794», annus horribilis


«Mil setecientos noventa y cuatro» fue para Francia, y cabalísticamente hablando, un número aciago, una fecha para olvidar, incluso un guarismo para borrar de su Historia, pero sobre todo y además fue un año terrible en la vida de cientos de miles de franceses y francesas. Y si en 1794 en el París de Robespierre todos y cada uno de los grupúsculos de la cámara de la Convención ideológicamente opuestos a él fueron perseguidos, cuando no, aniquilados; y no solo eso; si desde diciembre de 1793 hasta la primavera de 1794, meses antes de la caída del líder Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, la revolución de la Vendée era acallada a golpe de sangre y muerte; casi simultáneamente al desenlace de estos sucesos se filtraban a la opinión pública francesa las brutalidades bélicas llevadas a cabo por el gobierno revolucionario, incluso contra mujeres, niños y ancianos de la Vendée.

Mientras los orígenes de la Revolución francesa se fraguan con las quejas campesinas, reflejadas a lo largo de esos 40.000 cahiers de doléances que criticaban los privilegios agrarios de la nobleza, el fin de la Revolución coincidirá paradójicamente con el aplastamiento del movimiento campesino. Quizá, por eso, la derrota vendeana nunca supo a victoria, pues junto a las cenizas de la represión de la Vendée iría acumulándose el desgaste del movimiento revolucionario o, mejor, sobre el ocaso de la Vendée iría desplomándose todo el andamiaje de la Revolución francesa. Y es que, no lo olvidemos, es en 1794 cuando se sustancia el principio del fin del órgano de la Convención, es en 1794 cuando fue defenestrada, y a la postre llevada al cadalso, la mayoría de los integrantes del gobierno tiránico de El Incorruptible Robespierre. Es, en suma, 1794 un «annus horribilis», ya que en 1794 finaliza el momento político más álgido, más rabiosamente revolucionario de la Revolución, amén de que en 1794 se agota, y para siempre, el curso de la propia Revolución francesa ante los desmanes, cometidos en su nombre, por los líderes revolucionarios más extremistas y radicales.

Babeuf, por supuesto, tuvo conocimiento de tales abusos y, frente a las luchas fanáticas de «los representantes de las Asambleas sucesivas y los militantes de los clubes por ocupar la posición simbólica dominante que es la voluntad del pueblo»{1}, Babeuf quiso mostrar las equivocaciones de los gobernantes saliendo en defensa de mujeres, niños, soldados, agricultores y demás gente humilde que, en carnes propias, padecían los errores e inexperiencia de los nuevos líderes. Por eso, escribiría El sistema de despoblación, también en 1794, una obra en la que el picardo Babeuf proporciona buen número de pistas para entender el declive del movimiento revolucionario.

El sistema de despoblación, 214 años aguardando a una edición

Pese a su valor, este escrito ha permanecido inexplicablemente durante siglos inédito. La pregunta que hay que formularse entonces es ésta: ¿cómo es posible que hasta 2008 no se haya traducido nunca esta obra de Babeuf? Una posible causa puede radicar en la ley historiográfica del revolucionarismo oficialista, ley que Georg Lukàcs en su escrito El asalto a la razón. La trayectoria del irracionalismo desde Schelling hasta Hitler (1952) supo enunciar muy bien al identificar este filósofo marxista la crítica a la Revolución francesa con la defensa de posturas ideológicamente regresivas y antediluvianas. Bien, conocida su trayectoria política, Babeuf no cumple ni remotamente con el estereotipo luckàcsiano. De hecho, Babeuf siempre se sintió de izquierdas y nunca renunció a los principios del igualitarismo. Por tanto, y ante tal paradoja, debe haber otros motivos que expliquen esos no pocos años de silencio bibliográfico.

¿Y cuáles son esos posibles «otros motivos»? Por un lado, la obra de Babeuf (que se titulaba El sistema de despoblación, o La vida y los crímenes de Carrier) nunca constituyó ni un canto a la guerra revolucionaria ni tampoco una apología de la liberación a través del enfrentamiento bélico. ¡Babeuf no congenió demasiado bien con las ideas mayoritariamente belicistas de los jacobinos!

Pero, por otro lado, es posible que existiera otra razón, ideológicamente más fuerte, para abandonar el escrito de Babeuf en la cuneta historiográfica. Y es que, como El sistema de despoblación recogía detalles sobre los sucesos del alzamiento militar de la Vendée, creemos que eso pudo perjudicar y de manera muy seria a Babeuf, pues de hecho, todavía hoy, mencionar la Vendée es un signo de oprobio, de vergüenza nacionalista para muchos franceses. Dicho de otra manera. Que a Babeuf se le ocurriera destapar, amén de criticar las matanzas de la Vendée, masacres que los adláteres de Robespierre perpetraban amparándose jurídicamente en el recurso (de los antiguos señores feudales) «omnia potestas» o derecho de vida y muerte; que un revolucionario de su talla, y para más señas comunista, describiera el bienio de 1793-1794 en términos genocidas –no olvidemos que Babeuf acuñó en las postrimerías de la Edad Moderna, y por primera vez en la Historia, la voz «genocidio»–; todo ello, en fin, podría explicar por qué su escrito ha permanecido 214 años entre las brumas del olvido y la censura.

En cualquier caso y sean cuales sean los motivos de este lamentable descuido, la lectura del texto babeuvista resultaba incómoda para quienes buscaban (y hoy también procuran) mantener en los fueros de la Revolución francesa el santo grial de su ideología. Y por no ubicarse en el firmamento del mapa revolucionario, El sistema de despoblación acabó (¿por mezquindad intelectual o por simple desidia?) convertido en una obra heterodoxa y maldita y, sobre todo, difícil de catalogar por atípica. Recordemos que Babeuf rompía con las tradiciones violentas de la Modernidad. Y recordemos también cómo argumentalmente se opuso a esos enfoques que son respaldados por un conjunto de afirmaciones que excluyen todo lo que las niega o pueda ponerlas en duda, eso que el filósofo Julián Marías en su escrito Ortega. Circunstancia y vocación (1973) denominó con gran acierto «el absolutismo del intelecto».

La desgracia de Babeuf no fue otra que desviarse de las rutas de ese Nuevo Régimen que los jacobinos habían edificado a partir de la caída del Antiguo Régimen. Por eso, El sistema de despoblación, alejado de la cartografía oficial, expone las causas de la descomposición y debacle de la Revolución francesa y, amén de mostrar la hondura y los mecanismos del revolucionarismo terrorista durante el bienio 1793-1794, es una de esas intrahistorias que describen el devenir de Francia en uno de los momentos más borrascosos de su Historia, justo cuando la revuelta de los campesinos de la Vendée alcanza las proporciones gigantescas de una revolución.{2}

El sistema de despoblación, su temática

Para quienes sumergen el acto de razonar en la parálisis complaciente de «la ceguera voluntaria», concepto acuñado por el ex stalinista recientemente fallecido Carlos Semprún Maura, no es nunca recomendable la lectura de esta obra y sí, en cambio, es altamente aconsejable para quienes no se encierran en el monolitismo intelectual y, a pesar de sus prejuicios o ideas previas, aspiran sin miedo a seguir aprendiendo –sapere aude!–, y a no hipotecar el gusto humano, muy humano de dudar y pensar.

Hecha esta advertencia, El sistema de despoblación excluye de sus dominios todos esos rastros de teología pagana que, desde finales de la Edad Moderna, han estereotipado al «revolucionario» como individuo sabio (tradición griega), que desprende un profundo sentido público, que no privado, de la ley (tradición romana) y sabe, a la vez, dar muestras de pureza y honradez a lo largo de sus comportamientos (tradición cristiana). Pues bien, por que Babeuf no manejó la fórmula «filósofo + jurista + santo = revolucionario», nunca creyó en la suprahumanidad de los representantes del pueblo. De ahí que criticara a conspicuos líderes revolucionarios como Saint-Just, Couthon, Barère, Billaud, Collot, Carrier... y, por supuesto, a Robespierre. De ahí, igualmente, que no se dejara convencer por los oropeles de esa incipiente tradición revolucionaria francesa que, acoplándose a las simbologías mitificadoras del pasado, se apropiaba del aura trinitaria «sapiencia, nobleza política y vida virtuosa»:

«Dejemos de relacionar el carácter de mandatario del Pueblo con aquel prestigio idólatra, aquel fanatismo esclavo, aquella falsa idea de infalibilidad o, al menos, de capacidad superior a la de los demás ciudadanos. No, mi delegado no puede hacer más milagros de los que pudiera hacer yo; no he tenido el poder, al decorarle con su dignidad, de infundirle la sabiduría infinita; sigue siendo un hombre como antes lo era; cometerá tantos errores como los otros hombres, y quizá todavía más porque el resplandeciente poder con el que yo le he dotado, de pronto le deslumbrará{3}

A diferencia de muchos de sus contemporáneos que adormecieron el espíritu crítico, Babeuf se aparta de la atmósfera elegíaca que rodea a personajes y acontecimientos revolucionarios y desgrana lo que ocurre en algunas zonas de Francia poniendo así en entredicho las verdades heroicas del revolucionarismo. Y con el fin de describir el automatismo y la enorme inhumanidad del Estado autoritario, aconseja:


«Volved a analizar la legislación de sangre, hierro y fuego que hemos recordado, y os parecerán las cartas de Carrier tan sólo consecuentes. Sus principios de humanidad son los de muchos de sus colegisladores. Consultad a Lequinio en su propia obra sobre la Vendée, os repetirá casi literalmente la misma frase de Carrier; es por humanidad por lo que el autor de Prejuicios destruidos mató con sus propias manos a unos hombres indefensos en las prisiones de Fontenay y mandó fusilar sin juicio a 500 de aquellos infelices. Robespierre había establecido estas máximas: Rigor es humanidad, severidad es justicia. Estos dogmas eran generalmente admitidos, al menos en todas las cabezas senatoriales, puesto que ninguna de ellas los rechazaba y puesto que los monumentos escritos atestiguan que muchos les rindieron solemnes homenajes. El filósofo se ríe un poco hoy al ver qué cuidados se toman ahora para parecer no haber sido nunca de esa religión, y con qué confianza parecen creer que nadie está en situación de verificar los actos cuando todavía no están quemados los materiales históricos y hay como para asignarle algo a cada uno, según sus hechuras{4}

Terrenalizada, que no idealizada, la figura del gobernante, Babeuf se dedicará a retratar el grado de violencia con que ciertos líderes revolucionarios impusieron su ideario sobre la población, y reflejará los movimientos cismáticos y luchas internas por el poder. E igual que en Manifiesto de los Iguales (179?) Babeuf señaló, como paladín de los más desfavorecidos, que «siempre y por doquier se arrulló a los hombres con bellas palabras; jamás ni en ninguna otra parte han obtenido otra cosa que palabras», en El sistema de despoblación Babeuf pudo anotar, a través de la legislación gubernamental, los fraudes de la revolución. Y es que Babeuf no solo sabe de las campañas militares que contra el gobierno revolucionario de París llevaba a cabo la insumisa y, en sus palabras, «nacionida» Vendée. Sino que está informado también de las extralimitaciones de esos agentes que fueron enviados con poderes omnímodos al Oeste de Francia por orden de la elite revolucionaria de la Convención, y cuya forma de actuar se basaba en un desprecio absoluto por la vida humana, tanto de civiles como de militares.

Sabido esto, El sistema de despoblación constituía una denuncia en toda regla contra el empeño de los políticos en confundir «violencia con democracia». Tanto es así que Babeuf define en términos asesinos la actuación de los líderes de la Convención y hablará de «naturaleza carnívora», de «hordas caníbales», de «sacrificadores», de «carniceros humanos», de cómo la «aristocracia criminal» puso en marcha un mecanismo exterminador, un plan de despoblación, una «indignante masacre y escandalosa combustión», una serie de «actos mortíferos», &c. Y no solo eso. Al ver cómo la nueva clase gobernante equipara falsamente justicia con abusos, Babeuf se referirá al «comité de asesinatos públicos» en calidad de ejecutor de un «código feroz de abrasamiento y exterminio». Y rebelándose ante sus excesos, este comunista observaría el modo en que los dirigentes revolucionarios ampararon una política tendente a asear y «limpiar el vivero humano». De ahí que Babeuf empleara el término agrario de sarcler (escardar, cribar) para nombrar la estrategia logística de la Convención dirigida a borrar, «¡cribar la raza humana!». De ahí que Babeuf acuñara el término de genocidio populicide») para describir las tácticas de aniquilamiento y exterminio a que fue sometida la población francesa. De ahí, en fin, que su obra haya sido subtitulada Genocidio y Revolución francesa.{5}

La utopía o el desprecio de la vida humana

En 1798 Anne-Louise Germaine Necker, conocida bajo el nombre de Madame de Staël, hizo un balance de esa política francesa que ciegamente antepuso el ideal revolucionario ante y por encima de la vida humana. Y escribió: «si se puede inmolar a un inocente por el interés de una nación formada por un pequeño número de ciudadanos, se podrá exterminar a veinte mil, a treinta mil, si la nación aumenta en proporción. Es preciso establecer tablas de proporción entre el número de ciudadanos y la cantidad de víctimas que sus jefes pueden inmolar por el interés de todos, diez por ciento, treinta por ciento, &c. Aún sería preciso que, para una decisión de tal importancia, hubiera reglas prácticas que sirvieran de guía a las conciencias. Merece la pena que lo regulemos», añadía Madame de Staël con enorme sarcasmo.{6}

El análisis de Madame de Staël, hija del prestigioso ministro de finanzas Necker, daba en el centro de la diana, toda vez que resultaba contradictorio establecer directrices destinadas a la mejora de las condiciones sociales de los habitantes de una nación para sin embargo, y a continuación, proceder al exterminio de importantes sectores de la misma. Pero no solo Mme. de Staël realizó este diagnóstico sobre las anomalías o distopías del revolucionarismo. Unos años antes, la autora de la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana (1791), Olympe de Gouges, había criticado la tiranía de Robespierre, hecho que, junto a sus simpatías por la institución de la monarquía, le conduciría a la guillotina. A juicio de esta librepensadora no se podían callar las injusticias y desafueros que cometía el Incorruptible Robespierre. Y por que Olympe de Gouges (1748-1793) no se arredró ante los atropellos que producía el ejercicio del poder, ella calificó al líder de zafio y vil conspirador («grossier et vil conspirateur!»), y puesto que no ocultó el carácter asesino de Robespierre afirmó que de cada uno de sus cabellos pendía un crimen («et chacun de tes cheveux porte un crime»{7}).

Naturalmente, también en los ejes de la denuncia del terror se movería Babeuf cuando al inicio de El sistema de despoblación increpa a sus contemporáneos y exclama que «¡el título de gobernante no excluye el de asesino cuando el que fue condecorado con dicho título así se comporta!» Pero no solo eso. Babeuf dio un paso más y se atreve a ofrecer una estimación de la barbarie e, incluso, a señalar el número de víctimas que, en su opinión, ha generado el genocidio revolucionario:

«es aquí donde invito al lector a abrir mucho los ojos. Han llegado el momento y la ocasión de divulgar a Francia un inmenso secreto. [...] Es posible que un millón de habitantes, arrojados a la tumba, viviesen todavía...»{8}

¿Un millón de muertos entre 1793 y 1794? ¿Es eso posible? Teniendo en cuenta que las matanzas vendeanas se consumaron en tiempo récord; teniendo en cuenta que el total de personas asesinadas, tomando la cifra más baja, alcanza a 120.000 según las estimaciones del investigador vendeano R. Secher; la cifra resulta aún así muy elevada –de ahí la propuesta millonaria de Babeuf–, pues tal y como ha señalado el pensador francés Jean-François Revel, una vez comparados el censo de 1793 y el censo actual de Francia, el número de muertos en la Vendée «equivaldría a siete millones y medio de víctimas».{9}

Sólo un último detalle. Si la Ilíada (c. s. IX a. C.) en muchos de sus relatos muestra las fracturas, traumatismos, hemorragias, corte de tendones, &c., que recibían los héroes homéricos y otros contendientes en el campo de batalla, casi tres milenios después volverá a anotarse la brutalidad del lenguaje bélico. De hecho, en El sistema de despoblación se habla de trocear, desmenuzar, quemar, en suma, de aniquilar de mil variopintas maneras a seres humanos, ejercicio de destrucción en el que también sobresalieron horriblemente los vendeanos: ahí está la horrible masacre de Machecoult, entre otros testimonios. Por cierto, algunas de las estampas guerracivilistas que recopiló Babeuf en El sistema de despoblación (1794) encontrarán –véanse a este respecto los grabados de los Desastres de la Guerra (1810-1815) de Francisco de Goya– su repetición en la actuación de las tropas francesas durante la guerra española de la Independencia (1808-1814).

Datos sobre la edición

El escrito babeuvista imita la duración de los días laborables de la semana republicana de la Revolución francesa. Por eso, El sistema de despoblación consta de 9 partes, cada una de las cuales lleva por encabezamiento un parágrafo o párrafo explicativo. A estos datos hay que sumar un detalle muy importante: el texto (que consta de tan solo 85 páginas) no solo ha sido traducido, sino revisada su traducción, y ello con el objetivo de exorcizar al máximo los peligros que encierra ese viejo adagio de «tradutore traditore». Además, la edición, muy cuidada en todos y cada uno de sus aspectos, aporta un estudio histórico con gran número de fuentes documentales inéditas extraídas de los fondos de la Biblioteca Nacional Francesa. También aporta bibliografía actualizada sobre la Revolución francesa y, asimismo, un índice explicativo de los autores y términos que empleó Babeuf en su obra El sistema de despoblación.


Notas
{1} François Furet (1978), Pensar la Revolución Francesa, Ediciones Petrel, Barcelona 1980, pág. 70.
{2} Recordemos que fue el historiador francés Georges Lefèbvre (1874-1959) quien puso el acento en la evidencia de que en Francia hubo desde 1789 varias revoluciones dentro de lo que se denomina y conoce como única Revolución francesa. Pero, recordemos así mismo, fue otro historiador francés, François Furet (1927-1997) quien destacó que las explosiones revolucionarias pueden ser de distinto color ideológico (progresistas, conservadoras, radicales...), sin por ello dejar de ser explosiones revolucionarias.
{3} Gracchus Babeuf (1794), El sistema de despoblación, Ediciones de la Torre, Madrid, 2008, pág. 94.
{4} Ibidem, pág. 149.
{5} Las páginas citadas están extraídas de la obra de Gracchus Babeuf (1794), El sistema de despoblación, Ediciones de la Torre, Madrid 2008.
{6} Madame de Staël (1798), Sobre las circunstancias actuales que pueden poner término a la Revolución y sobre los principios que han de servir de base a la República en Francia, 2ª parte, cap. III, en Madame de Staël, Escritos políticos, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid 1993, págs. 200-201.
{7} Olympe de Gouges (c. 1792), Pronostic sur Maximilien Robespierre par un animal amphibie. Portrait exact de cet animal. El documento original puede leerse en versión digital en la Biblioteca Nacional Francesa: http://gallica.bnf.fr/
{8} Gracchus Babeuf (1794), El sistema de despoblación, Ediciones de la Torre, Madrid 2008, pág. 95.
{9} Jean-François Revel (1988), El conocimiento inútil, Austral, Madrid 2006, 2ª, pág. 277.

Sobre el puto mal uso de las instituciones púbicas de reconocimiento social

Reflexiones sobre la investidura honoris causa de Richard Dawkins
Darwin, el Papa y la involución
El mundo ha experimentado grandes cambios en los últimos cien años. Algunos descubrimientos científicos, como el de la estructura y función del ADN, no sólo han tenido interesantes aplicaciones biomédicas, sino que han servido para consolidar una teoría, la de la evolución de las especies por selección natural, que arroja luz sobre la vida en general y la naturaleza humana en particular. Ya no hay razones para que ninguna persona culta ponga en duda la evolución. Y sin embargo, la cuestión, o sus connotaciones y derivaciones, sigue suscitando controversias.

El 22 de febrero de 1909 se celebró en la Universidad de Valencia un homenaje a Charles Darwin, siendo esta universidad la única de España en conmemorar el centenario del célebre naturalista.

Aquel acto contó con la presencia de varios importantes intelectuales de la época, entre ellos Don Miguel de Unamuno. [i] Un siglo más tarde, el año en que se celebra el bicentenario de Darwin y el sesquicentenario de la publicación del “Origen de las especies”, la Universidad de Valencia inviste doctor honoris causa al biólogo más brillante de nuestros días, elegido hace dos años como una de las cien personas más influyentes del mundo por la revista “Time”: Richard Dawkins. La titulación honoris causa es uno de esos galardones que, como los Premios Príncipe Felipe, parece más destinado a poner de relieve al organismo que lo otorga, y no a la persona que lo recibe. En efecto, más honor es para la Universidad de Valencia que Dawkins acuda a su paraninfo de lo que supone para él añadir una distinción más a su larga lista de premios y reconocimientos. Su libro “El gen egoísta” está considerado como la obra de divulgación científica más importante del siglo XX. Como dijo el Dr. Font en la laudatio: “El gen egoísta . . . es un libro imprescindible y tremendamente actual que . . . nos ofrece una forma revolucionaria de entender la selección natural darwiniana; . . .y su prosa es brillante, elocuente, cautivadora”. [ii]

El homenajeado dio una rueda de prensa antes del acto, y aprovechó para arremeter contra las recientes declaraciones del Papa acerca del uso del preservativo en África. Hizo también referencia a la investigación con células madres, al cambio climático y a su esperanza de que la ciencia siga avanzando en la comprensión de los misterios de la vida. Pero, salvo alguna notable excepción, lo que reflejaron los titulares de todos los periódicos fueron sus palabras críticas con Benedicto XVI (“. . . tilda al Papa de ignorante y corto”).
En nuestro país, donde el anticlericalismo goza de más adeptos que el amor a la ciencia, Dawkins es más conocido por su faceta ateísta que por sus aportaciones a la biología. Y es cierto que, en los últimos años, se ha volcado especialmente en luchar contra la irracionalidad en general y la religión en particular; “El espejismo de Dios”, publicado hace tres años, es un best-seller que ya se ha traducido a 45 idiomas. Ese es el tomo que más se veía entre los que habían traído un libro para que su autor lo firmase el pasado 31 de marzo.

Dentro del paraninfo, una vez iniciado ya el solemne acto, Dawkins fue más discreto. El elocuente discurso que pronunció ante un cuadro de la Virgen María, no contenía la palabra “Dios”, y no incluía ningún comentario que hubiera podido chirriar con la imagen del óleo o con el “amén” con el que había concluido el “Veni creator” interpretado por el Orfeón universitario. Su intervención fue una loa a la ciencia. [iii] En opinión de Dawkins, la ciencia puede darnos respuesta a casi todas las preguntas fundamentales; hay cuestiones profundas, como la consciencia, a la que aún no tenemos respuesta; pero si la respuesta existe, es la ciencia quien la encontrará. Subrayó que la ciencia es, como la música, un lenguaje universal que transciende las fronteras, y arremetió contra el “relativismo cultural” que iguala a “Don Quijote” con los culebrones televisivos. Citó a Carl Sagan, quien dijo una vez que “le parecía perverso no explicar la ciencia”. Y se dirigió a quienes aman la lengua y la literatura, proponiéndoles que no hay tema más noble para la escritura que el universo y su expansión, la inmensidad del tiempo y del espacio y la profunda complejidad de la vida que surge de la evolución.

Dawkins se ha jubilado recientemente de su cátedra de divulgación de la ciencia en la Universidad de Oxford, pero sigue activo defendiendo aquello en lo que cree, a través de la fundación que lleva su nombre [iv] y dando charlas allí donde haya gente dispuesta a oírlo. Dawkins es una de esas personas que disfrutan tanto hablándonos como disfrutamos nosotros escuchándolo. Es por tanto una pena que sólo haya podido dirigirse a poco más de un centenar de personas en la ciudad de Valencia. ¿No hubiera sido el Museo Príncipe Felipe un lugar adecuado para una conferencia con asistencia más masiva? La Ciudad de las Artes y las Ciencias podría ser algo más que un hermoso complejo arquitectónico fotografiado por los turistas; podría cumplir la función de acercar la ciencia a los ciudadanos, y qué mejor ocasión que la visita a Valencia de un científico de la talla de Dawkins. Pero no pudo ser. El director del Museo de la Ciencia, Manuel Toharia, se siente más cómodo dando sus propias charlas, por ejemplo en una cárcel de Ciudad Real, donde compartió sus dudas acerca del cambio climático. [v] Tal vez pensó que no era buena idea contratar a un orador a quien el público relaciona, sobre todo, con la campaña de los “autobuses ateos”, a los que la empresa municipal de transporte está poniendo muchas trabas en la ciudad del Turia.

“Gozaba con las polémicas, era un gran orador y tenía el arte de escribir con claridad y elegancia. Aparte de todo esto, estaba muy interesado en extender la educación entre el público.” [vi]

Estas líneas no se refieren a Richard Dawkins, sino a Thomas Henry Huxley, a quien en sus tiempos llamaban “el bulldog Darwin”. Ante el paralelismo entre ambos, no es de extrañar que a Dawkins le hayan puesto el sobrenombre de “rottweiler de Darwin”. De no haber sido por el apoyo que recibió de Huxley, quién sabe si Darwin habría llegado a publicar sus grandes obras. Huxley defendió incondicionalmente las tesis darwinianas luchando contra el creacionismo. Ha transcurrido más de un siglo desde entonces, y la Iglesia Anglicana ha pedido perdón a Darwin; pero la Iglesia Católica, que ha homenajeado recientemente con una misa a Galileo Galilei, en su día condenado por la Inquisición, aún se muestra ambigua con respecto a la evolución. El creacionismo, ahora llamado “diseño inteligente”, campa a sus anchas en EEUU y está experimentando un auge en Europa y en los países musulmanes. Richard Dawkins es, en nuestros días, tan necesario como lo fue Huxley en el siglo XIX. Han pasado cien años y no hemos evolucionado. Seguimos estando ante el abismo de una nueva edad de las tinieblas.

Mínimas lecciones para entender la puta crisis del pornocapital tanatocrático

Entrevista con José Martins, economista marxista
La Eurocatástrofe que se avecina
La crisis, para Marx, era una oportunidad, el único momento de desorganización y debilitamiento del Estado capitalista. En esta entrevista, el economista José Martins desarrolla el tema de la crisis; critica los marxistas “financieristas” por tener un programa de salvación del capitalismo; demuestra que los EE UU siguen siendo el motor económico del mundo y que China no les puede hacer frente; y prevé una crisis en el crédito público de dimensiones gigantescas.
  • Rubra- Para Marx la crisis era una oportunidad. ¿Cómo lo explicas?
Jose Martins -Sí, Marx estaba feliz con las crisis capitalistas. La crisis económica, en términos objetivos, es la única oportunidad de desorganización y debilitamiento del Estado capitalista. El Estado es una organización política muy sólida en los momentos en que el capital tiene éxito en la acumulación, en la valorización del capital. La crisis económica debilita ese bloque monolítico. La crisis revela que la burguesía es incapaz de gobernar la sociedad, incapaz de decidir por la sociedad qué producir, cómo producir y para quién producir – las tres preguntas esenciales de organización de una sociedad. Para Marx y Engels, la crisis catastrófica es condición necesaria para la revolución. Es sólo con la crisis general del capital que se abren los conflictos decisivos entre las diversas fracciones burguesas, los conflictos inter-capitalistas e inter-imperialistas. Marx sólo podía estar feliz porque ese es el único momento en que se puede reventar con esa aparentemente invencible costra de totalitarismo en que toda la sociedad vive inmersa. La clase obrera no vence a la burguesía sólo desenmascarando sus ideas. Además, eso es imposible en situaciones de paz social. Sólo la crisis abre la posibilidad material para la clase obrera de vencer la guerra social y pasar a decidir por ella misma qué producir, cómo producir y para quién producir.
  • La II Guerra Mundial fue una respuesta a la crisis de 1929 y usted escribió que la invasión de Irak fue una salida para la crisis de 2000/2001. ¿La intensificación de la guerra de Afganistán de Obama es ya una respuesta a la crisis actual?

La economía de guerra es la única que posibilita a los capitalistas la superación de una crisis general. Lo que ocurre es que la verdadera demanda agregada del régimen capitalista que hace que se supere una crisis general no es una demanda de mercancías como bienes de consumo. Es una mercancía muy especial –llamada medios de destrucción– y eso fue desarrollado sobre todo por Rosa Luxemburgo que, además de revolucionaria, entendía como nadie de economía política. El dinero entregado a los bancos se evapora en la propia circulación, pero el capital gastado por el Gobierno en armamento permite recuperar la tasa de acumulación de la industria privada. La industria de guerra es perfecta para los capitalistas. A partir de la industria productora de armamentos hay un efecto multiplicador de demanda efectiva sobre los demás ramos industriales: siderurgia, petroquímica, aeroespacial, automovilística, etc. Todos los sectores serán alcanzados por esas inversiones en armamentos. Pero es una mercancía que exige un consumo bien particular –son necesarios poblaciones humanas y territorios para ser bombardeados. Entonces, compete al Estado imperialista hacer una política exterior que permita la realización de esas mercancías, es decir, encontrar justificaciones, como la guerra al terror, entre otras, que convenzan a la opinión pública de la necesidad de la guerra. La inversión en ese sector de producción de armamento significa un aumento de la tasa de acumulación del sistema económico nacional. De momento de la guerra se alcanza el pleno empleo. La tasa de paro en la II Guerra Mundial era cero en Alemania, cero en EE UU, cero en Inglaterra. Se cambian líneas de producción por líneas de destrucción. Si fuese posible una guerra permanente, desaparecerían las crisis capitalistas.
  • Los economistas que dirigen o tienen acuerdo con las posiciones de ATTAC –y cuya política es defendida en el Le Monde Diplomatique, con tirajes en varios países de Europa– defienden medidas como la tasación de transacciones financieras (tasa Tobin), el fin de los off-shores, etc, para resolver la crisis. ¿Qué piensa de estas medidas?
Para el marxismo, la crisis siempre se inicia como una crisis financiera pero es fundamentalmente una crisis de superproducción de capital. Como tales, esas medidas reformistas de un cierto «marxismo bastardo» son, como mucho, una aspirina para combatir un síntoma y no la enfermedad. Además, ellas son tímidas incluso frente a lo que los Gobiernos están haciendo: nacionalizar bancos. Mientras los “financieristas” de ATTAC defienden la tasa Tobin, ¡la burguesía ya nacionalizó bancos y promete nacionalizar industrias! La burguesía es más radical en la práctica que nuestros «marxistas» en la idea. Creo que cometen algunos errores de análisis básicos. Si vas a buscar una estadística de la revista Forbes, de las 100 mayores empresas del mundo, el 80%, por lo menos, son de empresas industriales (Boeing, General Electric, etc.), 15% son empresas comerciales (Walmart, Carrefour, etc.) y 5% son los bancos. Es una gran tontería teórica y práctica decir que «el capital financiero domina y sofoca el capital industrial». En segundo lugar, los “financieristas” parten del presupuesto, que ahora todos repiten, de que los «EE UU dejaron de ser la gran potencia mundial», de que los EE UU están en una decadencia industrial. La «nueva potencia» ¡China! Pues, eso no es verdad. La industria americana es cada vez más la industria más poderosa del mundo. Basta ver los números. Sólo ver los informes mensuales de la FED sobre producción industrial y la capacidad instalada. La producción industrial americana es más de 3 billones [millones de millones] de dólares, un tercio de la producción mundial, 3 veces mayor que la japonesa o la alemana, 4 veces la producción industrial de China, etc. El PIB es de 13 billones. Gran parte de lo que se llama «producción industrial de China» es producción de empresas norteamericanas y de otras partes del Mundo. Entonces, además de esos 3 billones que son la producción interna del territorio de EE UU, tendría que acrecentarse un 20% más de producción externa.
  • Pero también se lee que China es una amenaza a EE UU.
Es una liviandad muy grande afirmarlo. En concreto, el poder económico de EE UU sólo aumentó en los últimos años. El de Europa cayó. El de Japón cayó. China es un país pobre, no desarrolla ciencia, no desarrolla tecnología. Toda la producción china es hecha por empresas globales: de Japón, de EE UU, de Europa y hasta de Brasil. China es la fábrica del mundo, como también lo son Vietnam e India. Hay 500 millones de trabajadores en China. Alrededor de 200 millones de trabajadores de cuello azul, de trabajadores productores de plusvalía. Incluyendo el sector cada vez más capitalista de la agricultura. Un brutal ejército industrial de reserva globalizado.
  • Hace un año y medio que escribe en sus boletines que el riesgo para el capital es la «trampa de la liquidez» y la «deflación». Es difícil encontrar alguien en Europa que tenga la experiencia de qué es la deflación –lo que siempre vivimos fue la inflación. En diciembre, sin embargo, economistas de los periódicos burgueses habían empezado a hablar del mismo…
El tipo de interés de la FED ya alcanzó un nivel (0.25% anual) bajo el cual no existe nada más a que el vacío de la trampa de la liquidez y de la deflación. ¿Qué significa esto? La mayor economía del planeta está inmersa en un diluvio de moneda y un sistema de crédito privado absolutamente trabado. Mucha moneda y ningún crédito. Esta situación se generaliza en todas las economías del sistema mundial. Sin excepción. Los bancos no quieren prestar y las empresas no quieren pedir préstamos. Eso caracteriza la llamada «trampa de la liquidez», una situación en que las pocas empresas industriales todavía en condiciones seguras de endeudamiento no se interesan por el crédito casi gratuito ofrecido por los bancos. Congelan y atesoran el capital-dinero. Transforman el capital-dinero en dinero puro y simple. Paran de producir. ¿Para qué producir si el lucro desapareció? Esa paradoja, de un diluvio de dinero y un desierto de crédito, acontece también con el consumo individual. Los consumidores que todavía poseen alguna fuente de rendimientos no desean adeudarse para nuevas compras. Se instala en este final de año [2008] un corrosivo y generalizado proceso deflacionario, de caída de los precios. Trampa de la liquidez y deflación son caras de una misma moneda, la moneda circulante de la catástrofe económica. ¿Por qué ocurre la deflación? Porque ocurrió un poco antes la depresión de los beneficios y de los precios de producción.
  • Si dijéramos a un trabajador que va a haber deflación, él hasta puede quedar contento. Significa que los precios van a bajar.
¡No! Como dicen los economistas, no hay almuerzos gratis. Hay que entenderse que en el proceso deflacionario todo cae: empezando por el valor de la producción, la productividad del trabajo, el empleo, la tasa de beneficio de los capitalistas, el capital-dinero, la tasa de acumulación del capital, los precios de producción, los precios de mercado, las ventas externas, las ventas internas y por último, la caída fulminante del producto nacional. De nada sirve tener un descenso de los precios monetarios si tus rendimientos, los rendimientos individuales, caen más rápidamente que los precios. Todo cae menos… el paro y el hambre.
  • ¿Qué otros ejemplos en el siglo XX hay de crisis de superproducción que se manifestaron con deflación de los precios?

Todas las anteriores a la crisis de 1929. Esta fue la última en que la deflación alcanzó el fondo del pozo. En los ciclos posteriores a la II Guerra Mundial, la deflación estuvo presente tímidamente, pero pudo ser sofocada por los capitalistas, igual que la crisis general. El ejemplo de la deflación japonesa de los últimos diez años ilustra este fenómeno.

  • ¿Deflación y depresión son hermanas gemelas?

Sí, sólo que en el orden inverso, una depresión viene siempre acompañada por la deflación, caída general del precio de producción y también del precio de mercado.

  • En sus boletines económicos escribe que la crisis que se manifestó ahora en el crédito subprime y otros va a ser mucho mayor cuando estalle en el crédito público, a causa de los traspasos de dinero que se están haciendo a esos bancos.

Igual que hablamos de la deflación como índice concreto de una depresión económica propiamente dicha, la crisis del crédito público también es una manifestación necesaria de la crisis catastrófica. Esos paquetes de rescate son dinero que en gran parte no va a retornar al tesoro. Pasan a ser gastos improductivos y el déficit público aumenta. Aumentando el déficit público, la confianza en el papel del Gobierno y en la moneda empieza a caer. El mercado no es tonto. El mercado sabe que si [Ben] Bernanke [presidente de la Reserva Federal de EE UU, o FED] hace funcionar la maquinita de impresión de dinero, ese dinero no tiene valor, no tiene correspondencia productiva. Hablo de una cosa simple, pero que pasa lejos de la cabeza de los keynesianos y de los “financieristas”. Ellos creen que el valor-capital se crea en el banco central y no en las líneas de producción, en el trabajo humano explotado en las fábricas y en los campos. Ellos creen que Bernanke crea valor. Multiplicación de los panes sin pasar por la panadería. El problema aparece como déficit público y después como desconfianza en la moneda y en los títulos y, yo diría lo siguiente: la crisis del crédito en EEUU estará marcada por el hundimiento del dólar, que es la moneda de reserva internacional y por la huida de los papeles, de los títulos de tesorería, los títulos públicos a 10 años de EEUU. En ese momento, gobiernos y rentistas de todo el mundo intentan protegerse adquiriendo títulos públicos americanos. Particularmente los títulos a 10 años. Nunca el precio de mercado de esos títulos estuvo tan elevado como ahora. Y el dólar también, en un primer momento empezará a valorizarse frente a las demás monedas, al euro y también al yen. Y, antes de estallar la crisis del crédito público de EEUU, va a estallar en Europa y en Japón. Yo ya escribí hace un buen tiempo un artículo llamado «Eurocatástrofe» donde defiendo que Europa va a ser la primera de los tres grandes a hundirse en la crisis del crédito público. Pero la coyuntura actual muestra que EEUU o Japón pueden perfectamente desmentir aquella previsión. Veremos.

  • ¿Qué medidas podrían ayudar ahora a los trabajadores en la lucha contra el capital?

Yo estuve la pasada semana en Campinas, en el Sindicato de los Metalúrgicos, que es la vanguardia de la clase obrera brasileña, ligada a la región del Vale del Paraíba, donde están la mayor parte de las empresas multinacionales. Lo único que les dije fue que ustedes van a tener que decir ahora a los patronos que un compañero despedido es una fábrica ocupada. Los trabajadores tienen que pensar en la ocupación de las fábricas. Mantener la producción bajo control obrero. Pero yo soy un individuo, sólo un economista que se esfuerza para dar informaciones cualificadas sobre la dinámica económica a los trabajadores. Nada más que eso. Quien decide qué hacer con esas informaciones es la clase obrera, no este o aquel obrero individual. La revolución es una obra de millones y millones de proletarios en todo el mundo.

  • Dice que la crisis va a empezar a manifestarse de una forma dura sobre la clase trabajadora con el paro masivo. ¿Qué le parecen las teorías de Robert Kurz, de Holloway, entre otros, que defienden que la propia noción de trabajo debe ser puesta en duda?

Pienso que la realidad de la crisis se encargará de poner esas teorías en el lugar que les corresponde: en la basura. La clase trabajadora siempre cuestionó objetivamente la noción de valor, la noción del trabajo es subordinada. El trabajo para esos ideólogos es una generalidad conceptual que les permite hablar de humanidad sin hablar de clase proletaria. En verdad, esos análisis parten del presupuesto –no asumido– del fin de las clases sociales, y de la idea de crisis estructural del capitalismo.

  • István Mészáros, por ejemplo, defiende esa idea de crisis estructural

Él y muchos otros «marxistas de cátedra», que tienen mucho éxito en la academia y entre los intelectuales de clase media. Para el sociólogo húngaro, la crisis cíclica y periódica de sobreproducción de capital ya no existe. Él dice que lo que existe es una crisis estructural, una crisis permanente, la crisis de una fantasiosa «humanidad» –el capital financiero, puramente especulativo, amenazando la «humanidad». Él niega el carácter de la crisis como formulado por Marx y Engels. Lo único que hizo Marx, obsesivamente, fue buscar el punto de fractura del sistema. Marx no hizo una anatomía del régimen capitalista, sino su necrológica. La teoría de Marx es una teoría de la crisis. Y la teoría de la crisis de Marx es la teoría de la crisis cíclica y periódica. Marx nunca habló de crisis estructural. Eso de crisis permanente es una noción maltusiana de crisis, ajena a la de Marx y Engels.

  • Al final ¿cuál es el carácter de esta crisis?

Es una crisis de sobreproducción de capital. Estas crisis sólo habían empezado a suceder históricamente a partir de 1815. Son las crisis modernas del régimen capitalista. La actual no es una crisis de crédito o motivada por subconsumo, que son crisis del tipo pre-capitalista, que surgen por insuficiencia de una demanda previa. La crisis actual es aquella crisis cíclica y periódica de sobreproducción de capital de Marx. Para entender eso, tenemos que saber qué es capital. Entonces, no se confundirá más capital con dinero, capital con máquina, o capital con una mera relación de producción. Tenemos que entender el capital como el valor en proceso, el valor que busca valorizarse a través del aumento de la explotación de la clase obrera. Sobreproducción de capital es exactamente eso, el aumento desmesurado de la productividad de la fuerza de trabajo global, de los sectores industriales productivos de plusvalía, lucro y capital. En ese movimiento de búsqueda del beneficio o de mantenimiento de una tasa promedio de beneficio, lo que ocurre es que, contradictoriamente, el capital, sobreproduciendo, provoca una caída en la tasa de beneficio. La sobreproducción de mercancías es una cosa y superproducción de capital es otra, a pesar de las dos cosas estén relacionadas. El problema no es una abundancia de mercancías que no pueden ser vendidas. El problema es una abundancia de mercancías que no pueden ser vendidas a una determinada tasa de beneficio. La crisis actual es exactamente eso, la tendencia a la caída de la tasa de beneficio que ocurre, repito, no de una forma de larga duración, sino de una forma periódica y cíclica. El último periodo de esa sobreproducción que tuvimos fue en los años 2000/2001 y que ahora se repite con una intensidad que todavía no puede medirse pero que es, ciertamente, mucho mayor que la última.

  • ¿Por qué dice que una crisis de crédito o de subconsumo son crisis pre-capitalistas?

Porque aquello que nosotros oímos en los medios de comunicación es que esa crisis es una crisis de crédito, o una crisis de subconsumo, en que los trabajadores no alcanzarían a comprar suficientes mercancías. El trabajador de la época del modo de producción capitalista no fue creado por el capital para ser consumidor. El trabajador en el régimen capitalista existe para producir plusvalía, producir capital. Está claro que la tendencia es que los trabajadores seamos empujados, casi permanentemente, a un subconsumo, a una miseria creciente. Pero no es eso lo que caracteriza, que determina una crisis de superproducción de capital. Recuerdo de una frase de Lenin: cuando decían que la crisis era provocada por el subconsumo de las masas, él decía: «Bueno, entonces ustedes quieren algo diferente del régimen actual, del régimen capitalista. Mientras se mantenga el régimen capitalista, los trabajadores estarán en el subconsumo.»

  • La primera manifestación de la crisis fue, aparentemente, la de una crisis financiera, de crédito…

Las crisis cíclicas aparecen antes más como una crisis de crédito, una crisis financiera. La crisis tiene un ritmo definido, empezando en su esfera más superficial, más improductiva, que es la esfera financiera, después ella cae para la esfera productiva, donde está el verdadero motivo de la crisis, que es la crisis industrial, que revela la discapacidad, en un determinado momento, de los capitalistas mantengan el crecimiento de la explotación o de la tasa de plusvalía sobre los trabajadores y, si las acciones de los capitalistas, a través de las políticas económicas y de otras medidas de intervención del Estado no dan resultados, la crisis industrial se fundirá con una crisis agrícola mundial, tercera y última práctica de una crisis general. Es ese el itinerario. Recientemente, antes de esta crisis de ahora, la revista The Economist publicó un material muy interesante que yo usé en uno de mis boletines llamado «Euroáfrica» («Bring oct your models», Economist.com, 31 de Julio de 2008). Algunos expertos de la UE, de la revista The Economist, afirman que puede haber una escasez radical de alimentos en Europa. Y ellos se refieren a la Europa rica. No a la Europa del Este. Hablan de la eurozona más Inglaterra. Y decían que puede haber una catástrofe de abastecimiento en Europa en función del choque de la crisis económica que se aproximaba en aquel momento. Vea qué claridad de análisis tiene esa burguesía cuando la cosa es importante para la supervivencia del capital.

  • ¿Quiénes son los responsables por esa crisis?

La responsabilidad de la crisis es de la burguesía propietaria de los medios de producción, que decide los destinos de la producción y de la reproducción social. No hablamos de una «banda de judíos» especuladores o de unos administradores «gananciosos». No hablo de cosas de menor importancia para la crisis, como el capital ficticio, contra quien los “financieristas” lanzan las culpas. La especulación no es determinante en el proceso de expansión, aceleración y crisis que ocurre periódicamente. Lo que es determinante es la acción industrial de la burguesía, la producción desmesurada de plusvalía y de capital.

José Martins es economista, doctor en economía por la Universidad de París I (Panthéon-Sorbonne), catedrático en el área de economía política internacional, redactor del boletín Crítica Semanal de la Economía, autor de varios libros, entre los cuales: La Riqueza del Capital y la Miseria de las Naciones (1994); Imperio del Terror – Estados Unidos, ciclos económicos y guerras en el inicio del siglo XXI (2006). Su boletín económico semanal se puede consultar en http://www.criticasemanal.org/
Reproducido de la revista portuguesa Rubra, núm. 4, enero de 2009.
Traducción y difusión por Lucha Internacionalista

domingo, 5 de abril de 2009

Contra las Putas Crisis de la Pena Capital


Como 'chiste de humor negro' calificó Galeano decisión del G-20


TeleSUR - Efe / FC

Para Galeano, la decisión anunciada por el grupo de los 20 significa "burlarse de los burlados", y califica de ilógica puesto que el FMI y el BM no "son organismos internacionales" y ninguno de los dos expresa "la voluntad del mundo.


De "chiste de humor negro" calificó este sábado el escritor uruguayo Eduardo Galeano la decisión del G20 de destinar un billón de dólares a los organismos financieros internacionales para enfrentar la crisis.


"Me han dicho que los van a canalizar a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM). Es un chiste de humor negro, sin duda, no puede ser verdad", afirmó. Para Galeano, la decisión anunciada por el grupo de los 20 significa "burlarse de los burlados", según afirmó el escritor en una entrevista con la agencia de noticias Efe, en México.


Esa medida es "para burlarse de los burlados, para echar sal sobre la herida porque eso no me lo puedo tomar yo en serio", por lo que califica de ilógica puesto que el FMI y el BM no "son organismos internacionales" y ninguno de los dos expresa "la voluntad del mundo, sino la de los amos del mundo, que son los que están empujando al planeta el abismo".


"En primer lugar porque hay una potencia que tiene derecho en los dos, que es Estados Unidos. Y en segundo lugar porque las decisiones las toman en el Fondo Monetario cinco países y en el Banco Mundial ocho".


"Son los que nos han impuesto a nosotros, los del sur del mundo, a través justamente del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, nos han impuesto la religión del mercado, han hecho puré el Estado (...) nos han obligado a bailar salsa al ritmo de la orquesta del Titanic", destacó.


De igual manera, Galeano consideró que "con toda la plata que le están dando a los culpables de la bancarrota universal, recompensándolos por el desastre que ellos mismos ocasionaron, con todo ese dinero se podría acabar con el hambre en el mundo".


Al ser consultado sobre un informe de la ONG Oxfam previo a la cita del G20, según el cual con los 8 mil 420 billones de dólares de dinero público comprometidos por los Gobiernos del mundo rico para el rescate del sector bancario podría eliminarse la pobreza mundial durante los próximos cincuenta años, Galeano indicó que el informe "se queda corto" y agregó que con ese dinero se podría "dar de comer a los hambrientos de aquí a la eternidad con postre incluido".


Lo único positivo que a su parecer se obtuvo de la promocionada cumbre de Londres, es que "al parecer se han puesto de acuerdo todos en que hay que acabar con el secreto bancario".


Con relación a este tema, hizo referencia a la palabras del ex-ministro de Economía uruguayo Ignacio de Posadas, quien rechazó la posibilidad de levantar el secreto bancario arguyendo que el secreto bancario "es un derecho humano", a lo que Galeano calificó como "Una frase inmortal para la antología de la infamia".