miércoles, 10 de febrero de 2010

Se ofrece el Puto Palacio de LA ZARZUELA como miserable ALMACEN TEMPORAL CENTRALIZADO





Se compra con pan

Mikel Arizaleta

insurgente, 09/02/2010


Lo dice Fiodor Dostoyevski en El gran inquisidor: “la obediencia se compra con pan”.

El inquisidor dice al preso (Cristo): … “te horrorizaba la idea de comprar con panes la obediencia de la Humanidad, y contestaste que "no solo de pan vive el hombre…

* Y lo proclaman desde el ayuntamiento los doce pueblos, que se apresuran a convertirse en almacén nuclear. Su oferta surge desde el abandono y la pobreza, desde el ¡aquí no se puede vivir! Como hace años en la costa portuguesa hoy los ayuntamientos pregonan en un gran cartel de pueblo: ¡vende-se! Cuando se es pobre se cierra fácilmente los ojos de la salud.

Y es que, como escribía Hedelberto López en Rebelión, Europa, el viejo continente, que colonizó extensos territorios en África, América Latina y Asia de los cuales extrajo riquezas que le permitieron el desarrollo de sus países y sociedades, aparece en los censos de este siglo XXI con más de 80 millones de habitantes pobres.

Pero “la polémica desatada por la ubicación del Almacén Temporal Centralizado (ATC), que albergará el combustible gastado de las centrales nucleares y otros materiales procedentes del desmantelamiento de las mismas, no desaparecerá cuando se conozca el nombre de la localidad española que lo albergará. Porque el debate sobre qué pasará con su contenido una vez que transcurran los 60 años a los que hace referencia la "temporalidad" de las instalaciones aún no se ha resuelto” (Ainhoa Iriberri).

* John Felipe Herrero Meneses murió en Afganistán, soldado en guerra invasora. Y se enroló en el ejército para conseguir unos papeles imposibles para pobres. Porque John no era deportista de élite ni rico, era un colombiano pobre y joven. Tenía 21 años. Carne de cañón en el ejército español, porque el 43% de los fallecidos son extranjeros aun cuando tan sólo conformen el 7% de la tropa. La veteranía es un grado y hasta en la guerra se sabe buscar acomodo. En el estado español la clase alta pagaba para librarse del servicio militar. “Hijo quinto y sorteado, hijo muerto y no enterrado”. En la España semianalfabeta los quintos eran generalmente analfabetos y pobres, narra David Solar.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial el Imperio británico echó mano de sus colonias. De los once millones de hombres que Inglaterra movilizó, seis millones eran británicos y cinco de las colonias. En África Inglaterra movilizó a un millón de hombres, frecuentemente a la fuerza. Esos soldados lucharon contra los italianos en Somalia y Etiopía (1940-1941), contra alemanes e italianos en el desierto de Libia (1940-1943), contra el régimen de Vichy en Madagascar en 1942 y contra los japoneses en Birmania en 1944. El sueldo y la alimentación de esta tropa eran peores, sus mandos eran blancos. Un manual para oficiales describía a la tropa colonial africana como "gente de mentalidad infantil". Las protestas y rebeliones contra esa discriminación se resolvieron con castigos y penas de muerte (exposición en Berlín).

Y siempre fue, y sigue siendo así, en el ejército: en primera fila los pobres y necesitados y, por lo visto, extranjeros y jóvenes de parapeto, muy en retaguardia los generales y ya sentados en mesa puesta ministros y ministras de la guerra. Por si acaso sus hijos a resguardo. Porque si al revés fuera no habría guerras, al menos no tantas. Ni tantos ofrecimientos de ayuntamientos ni tantos soldados si no se comprara con pan.

* En nuestros días la oferta del gran inquisidor sigue en pie y obtiene respuesta.

lunes, 8 de febrero de 2010

Por una Academia Internacional de Ciencias Aplicadas desde la ética subversiva comunista




La Revolución Bolivariana y Las Antillas


Fidel Castro Ruz

Me gustaba la historia como a casi todos los muchachos. También las guerras, una cultura que la sociedad sembraba en los niños del sexo masculino. Todos los juguetes que nos ofrecían eran armas.

En mi época de niño me enviaron para una ciudad donde nunca me llevaron al cine. Entonces no existía la televisión y en la casa donde vivía no había radio. Tenía que usar la imaginación.

En el primer colegio adonde me llevaron interno, leía con asombro sobre el Diluvio Universal y el Arca de Noé. Más tarde consideré que era quizás un vestigio que la humanidad guardaba del último cambio climático en la historia de nuestra especie. Fue, posiblemente, el final del último período glacial, que se supone tuvo lugar hace muchos miles de años.

Como es de suponer, más tarde leí con avidez las historias de Alejandro, César, Aníbal, Bonaparte y, por supuesto, todo cuanto libro caía en mis manos sobre Maceo, Gómez, Agramonte y demás grandes soldados que lucharon por nuestra independencia. No poseía cultura suficiente para comprender lo que había detrás de la historia.

Más adelante centré mi interés en Martí. A él le debo en realidad mis sentimientos patrióticos y el concepto profundo de que "Patria es humanidad". La audacia, la belleza, el valor y la ética de su pensamiento me ayudaron a convertirme en lo que creo que soy: un revolucionario. Sin ser martiano, no se puede ser bolivariano; sin ser martiano y bolivariano, no se puede ser marxista, y sin ser martiano, bolivariano y marxista, no se puede ser antiimperialista; sin ser las tres cosas no se podía concebir en nuestra época una Revolución en Cuba.

Hace casi dos siglos, Bolívar quiso enviar una expedición al mando de Sucre para liberar a Cuba, que mucho lo necesitaba, en la década de 1820, como colonia azucarera y cafetalera española, con 300 mil esclavos trabajando para sus propietarios blancos.

Frustrada la independencia y convertida en neocolonia, no se podía en Cuba alcanzar jamás la dignidad plena del hombre, sin una revolución que pusiera fin a la explotación del hombre por el hombre.

"...yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre."

Martí, con su pensamiento, inspiró el valor y la convicción que llevó a nuestro Movimiento al asalto de la fortaleza del Moncada, lo que jamás habría pasado por nuestras mentes sin las ideas de otros grandes pensadores como Marx y Lenin, que nos hicieron ver y comprender las realidades tan distintas de la nueva era que estábamos viviendo.

Durante siglos, en nombre del progreso y el desarrollo, se justificó en Cuba la odiosa propiedad latifundista y la fuerza de trabajo esclava, que había sido precedida por el exterminio de los antiguos habitantes de estas islas.

De Bolívar, Martí dijo algo maravilloso y digno de su gloriosa vida:

"...lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía."

"Déme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo."

En Venezuela, como en las Antillas hicieron otras, la potencia colonial sembró caña, café, cacao, y llevó también como esclavos a hombres y mujeres de África. La resistencia heroica de sus indígenas, apoyándose en la naturaleza y extensión del suelo venezolano, impidió el aniquilamiento de los habitantes originales.

Con excepción de una parte al Norte del hemisferio, el inmenso territorio de Nuestra América quedó en manos de dos reyes de la Península Ibérica.

Sin temor puede afirmarse que, durante siglos, nuestros países y los frutos del trabajo de sus pueblos han sido saqueados, y continúan siéndolo por las grandes empresas transnacionales y las oligarquías que están a su servicio.

A lo largo de los siglos XIX y XX, es decir, durante casi 200 años después de la independencia formal de la América Ibérica, nada cambió en esencia. Estados Unidos, a partir de las 13 colonias inglesas que se rebelaron, se expandió hacia el Oeste y el Sur. Compró Luisiana y Florida, le arrebató más de la mitad de su territorio a México, intervino en Centroamérica y se apoderó del área del futuro Canal de Panamá, que uniría los grandes océanos al Este y el Oeste del continente por el punto donde Bolívar deseaba crear la capital de la mayor de las repúblicas que nacería de la independencia de las naciones de América.

En aquella época, el petróleo y el etanol no se comercializaban en el mundo, ni existía OMC. La caña, el algodón y el maíz eran cultivados por esclavos. Las máquinas estaban por inventarse. Avanzaba con fuerza la industrialización a partir del carbón.

Las guerras impulsaron la civilización, y la civilización impulsó las guerras. Estas cambiaron de carácter, y se hicieron más terribles. Finalmente se convirtieron en conflictos mundiales.

Por fin éramos un mundo civilizado. Incluso, lo creemos como cuestión de principios.

Pero no sabemos qué hacer con la civilización alcanzada. El ser humano se ha equipado con armas nucleares de inconcebible certeza y aniquiladora potencia, mientras desde el punto de vista moral y político, ha retrocedido bochornosamente. Política y socialmente, estamos más subdesarrollados que nunca. Los autómatas están sustituyendo a los soldados, los medios masivos a los educadores, y los gobiernos empiezan a ser sobrepasados por los acontecimientos sin saber qué hacer. En la desesperación de muchos líderes políticos internacionales se aprecia la impotencia ante los problemas que se acumulan en sus despachos de trabajo y las reuniones internacionales cada vez más frecuentes.

En esas circunstancias, tiene lugar en Haití una catástrofe sin precedentes, mientras en el lado opuesto del planeta continúan desarrollándose tres guerras y una carrera armamentista, en medio de la crisis económica y conflictos crecientes, que consume más del 2,5% del PIB mundial, una cifra con la que podrían desarrollarse en poco tiempo todos los países del Tercer Mundo y tal vez evitar el cambio climático, consagrando los recursos económicos y científicos que son imprescindibles para ese objetivo.

La credibilidad de la comunidad mundial acaba de recibir un duro golpe en Copenhague, y nuestra especie no está mostrando su capacidad para sobrevivir.

La tragedia de Haití me permite exponer este punto de vista a partir de lo que Venezuela ha hecho con los países del Caribe. Mientras en Montreal las grandes instituciones financieras vacilan sobre qué hacer en Haití, Venezuela no vacila un minuto en condonarle la deuda económica, de 167 millones de dólares.

Durante casi un siglo las mayores transnacionales extrajeron y exportaron el petróleo venezolano a ínfimos precios. Venezuela se constituyó durante decenios en el mayor exportador mundial de petróleo.

Es conocido que cuando Estados Unidos gastó cientos de miles de millones de dólares en su guerra genocida de Vietnam, matando e invalidando millones de hijos de ese heroico pueblo, también rompió unilateralmente el acuerdo de Bretton Woods suspendiendo la conversión en oro del dólar, como estipulaba el acuerdo, y lanzando sobre la economía mundial el costo de esa sucia guerra. La moneda norteamericana se devaluó y el ingreso en divisas de los países caribeños no alcanzaba para pagar el petróleo. Sus economías se basan en el turismo y las exportaciones de azúcar, café, cacao y otros productos agrícolas. Un golpe anonadante amenazaba las economías de los Estados del Caribe, con excepción de dos de ellos exportadores de energía.

Otros países desarrollados eliminaron las preferencias arancelarias a exportaciones agrícolas caribeñas, como el banano; Venezuela tuvo un gesto sin precedentes: le garantizó a la mayoría de esos países suministros seguros de petróleo y facilidades especiales de pago.

Nadie se preocupó, en cambio, por el destino de esos pueblos. De no haber sido por la República Bolivariana una terrible crisis habría golpeado a los Estados independientes del Caribe, con excepción de Trinidad-Tobago y Barbados. En el caso de Cuba, después que la URSS colapsó, el Gobierno Bolivariano impulsó un crecimiento extraordinario del comercio entre ambos países, que incluía el intercambio de bienes y servicios, que nos permitió enfrentar uno de los períodos más duros de nuestra gloriosa historia revolucionaria.

El mejor aliado de Estados Unidos, y a la vez el más bajo y vil enemigo del pueblo, fue el farsante y simulador Rómulo Betancourt, Presidente electo de Venezuela cuando triunfó la Revolución en Cuba en 1959.

Fue el principal cómplice de los ataques piratas, los actos terroristas, las agresiones y el bloqueo económico a nuestra patria.

Cuando más lo necesitaba nuestra América, estalló finalmente la Revolución Bolivariana.

Invitados a Caracas por Hugo Chávez, los miembros del ALBA se comprometieron a prestar el máximo apoyo al pueblo haitiano en el momento más triste de la historia de ese legendario pueblo que llevó a cabo la primera Revolución social victoriosa en la historia del mundo, cuando cientos de miles de africanos al sublevarse y crear en Haití una República a miles de millas de sus tierras natales, llevaron a cabo una de las más gloriosas acciones revolucionarias de este hemisferio. En Haití hay sangre negra, india y blanca; la República nació de los conceptos de equidad, justicia y libertad para todos los seres humanos.

Hace 10 años, en instantes en que el Caribe y Centroamérica perdieron decenas de miles de vidas durante la tragedia del huracán Mitch, se creó en Cuba la ELAM para formar médicos latinoamericanos y caribeños que un día salvarían millones de vidas, pero en especial y por encima de todo, servirían como ejemplo en el noble ejercicio de la profesión médica. Junto a los cubanos estarán en Haití decenas de jóvenes venezolanos y otros latinoamericanos graduados en la ELAM. De todos los rincones del continente han llegado noticias de muchos compañeros que estudiaron en la ELAM, que desean colaborar junto a ellos en la noble tarea de salvar vidas de niños, mujeres y hombres, jóvenes y ancianos.

Habrá decenas de hospitales de campaña, centros de rehabilitación y hospitales, donde prestarán servicios más de mil médicos y estudiantes de los últimos años de la carrera de Medicina, procedentes de Haití, Venezuela, Santo Domingo, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Brasil, Chile y los demás países hermanos. Tenemos el honor de contar ya con un número de médicos norteamericanos que también estudiaron en la ELAM. Estamos dispuestos a cooperar con aquellos países e instituciones que deseen participar en estos esfuerzos para prestar servicios médicos en Haití.

Venezuela aportó ya casas de campaña, equipos médicos, medicamentos y alimentos. El gobierno de Haití ha brindado toda su cooperación y apoyo a este esfuerzo por llevar los servicios de salud gratuitamente al mayor número posible de haitianos. Será para todos un consuelo en medio de la mayor tragedia que ha tenido lugar en nuestro hemisferio.

· Nota de LPGr: Al igual que después del huracán Mitch se construyó una Escuela latinoamericana de Ciencias Médicas en La Habana ahora tras la tragedia de nuestro hermano Haití se debería de hacer una Academia Internacionalista de Ciencias (Arquitectónicas y Ecológicas) que basada, por ejemplo, en los principios éticos de un Oscar Niemeyer tuviera como horizonte político: la subversión comunista de lo comunitario y lo popular.

Del Puto Reino FrancoBourbónico de los Bribones: el Borbonazi

El golpista y el emperador

A punto de cumplirse el 29 aniversario del 23-F, Obama recibe al “Fujimori” español


Amadeo Martínez Inglés
insurgente, 8 de febrero de 2010

Juan Carlos de Borbón y Borbón, heredero de Franco y jefe del Estado español a título de rey desde noviembre de 1975, el “Fujimori” español, el presunto golpista de alto estanding (lo de “presunto” no deja de ser una piadosa concesión personal al Estado de derecho en el que teóricamente nos desenvolvemos los ciudadanos españoles en espera de que el Congreso de los Diputados, que ya ha recibido la correspondiente denuncia, ose pronunciarse al respecto) que el 23 de febrero de 1981, sentando con ello un perverso precedente histórico que no dudaría en aprovechar once años después el ahora condenado ex presidente de Perú apodado “el chino”, patrocinó una oscura, chapucera, ilegal y anticonstitucional maniobra palaciega, un auténtico autogolpe de Estado, con el fin de asegurar su preciada corona, será recibido y agasajado el próximo 17 de febrero en Washington por el “emperador” Obama. Escasos días después de que la derecha meapilas norteamericana, el lobby espiritual denominado “La Familia”, en el pomposo “Desayuno Nacional de Oración” y con la aquiescencia del mediático inquilino de la Casa Blanca, haya obligado a confesarse de todos sus pecados y a introducirse públicamente en el controvertido escenario bíblico al antes agnóstico, rojo, feminista, republicano, progre, atrapacuras, látigo de los obispos y sobre todo socialista, jefe del Ejecutivo español, señor Rodríguez Zapatero.

O sea, centrándonos en el evento del próximo día 17 de febrero (los ejercicios espirituales de ZP en el Hilton de Washington ya han pasado a los anales de las especiales y muy controvertidas relaciones España-USA) nos encontramos, a punto de cumplirse el vigésimo noveno aniversario de aquél evento tan traumático para los españoles como fue el 23-F, con el siguiente pútrido escenario internacional: el comandante supremo del Occidente civilizado, el gurú de los demócratas de todo el mundo, el flamante Premio Nóbel de la Paz, el centinela universal de los derechos humanos, el cerrojo de Guantánamo, el gran humanitario de Haití, el hombre de color (solo “bronceado” para el premier Berlusconi) designado por Dios para defender al hombre blanco del perverso Islam (a golpe de marines, naturalmente)… va a ser el anfitrión, el valedor, el sonriente compañero fotográfico de un jefe de Estado como el español que no disfruta de ninguna credibilidad democrática, heredero de uno de los dictadores más sanguinarios del siglo XX (del que recibió su espuria “legitimidad real”), que juró ante los Evangelios respetar y defender los principios y las leyes del fascismo “made in Spain” institucionalizado durante cuarenta años por su siniestro mentor y que, al igual que haría años después en el Perú el presidente Alberto Fujimori (recientemente condenado por la justicia de su país a 25 años de prisión), se permitiría organizar en España su particular autogolpe de Estado y sus expeditivos batallones de la muerte. El primero (el 23-F), para acabar con los militares radicales de la extrema derecha que ansiaban su caída por haber traicionado a su generalísimo; y los segundos, para desmantelar a través de la guerra sucia y de los crímenes de Estado la organización separatista ETA.

Insisto, el emperador de Occidente, el gendarme unipolar, la gran esperanza tornasolada de una civilización en crisis global, va a dar su respaldo moral, con esta visita, a

- un monarca como el español que, como acabo de señalar, adoptando la misma artera disposición que haría suya un par de lustros después el inefable “chino” peruano, dejaría hacer a sus generales de despacho (Armada y Milans) para que salvaran su corona como fuera, pasándose la Constitución (la suya) y las leyes (las españolas) por el arco del triunfo; y un par de años después miraría para otro lado, se taparía su robusta nariz y pondría su dedo gordo de la mano derecha mirando al infierno cuando, en 1983, los servicios secretos militares propusieron al Estado español, a través de la ya muy conocida en medios políticos y judiciales como “Acta fundacional de los GAL” (que recibió, además de su regia persona, el Gobierno en pleno y la cúpula militar) el inicio de la guerra sucia contra ETA; con el consabido corolario de asesinatos (28, de momento) y secuestros (1, que se sepa).

- un primer mandatario de la nación española que en los últimos 30 años ha pasado, de estar permanentemente con una mano delante y la otra detrás, a ser poseedor de una de las mayores fortunas personales de España, Europa y el mundo; pelotazo financiero, milagro institucional conseguido, además, con un “modesto” sueldo medio anual de 6 millones de euros.

- un apasionado gentleman con corona que se ha permitido dilapidar, un año tras otro, una parte substancial de los fondos reservados que este país dedica a la lucha contra el terrorismo, la seguridad nacional y el narcotráfico, en pagos irregulares para neutralizar los chantajes sexuales a los que le sometió una de sus numerosas amantes; que tuvo la inteligente previsión de filmar subrepticiamente las francachelas regias a las que la sometía su apasionado partenaire.

- un militar de alto copete (aunque de pega) que, a sus 18 años, siendo veterano cadete del Ejército español por deseo testicular de su amado generalísimo Franco y experto por lo tanto en el uso y manejo de toda clase de armas portátiles, mató en el año 1956 de un certero disparo en la cabeza a su hermano D. Alfonso de Borbón, mucho más inteligente que él y al que su padre, el conde de Barcelona, pretendía cederle sus derechos dinásticos. Sin que la Justicia, hasta el momento, se haya permitido decir nada sobre semejante homicidio y posible fratricidio premeditado.

- un campechano “dictador en la sombra” que, con el señuelo de traer derechos y libertades a unos súbditos que jamás lo eligieron para el alto puesto que ocupa, no ha tenido ningún reparo en convertir durante los últimos treinta años la finca celtibérica que le regaló su genocida protector (España) en su cortijo particular, en su finca de recreo, en su país de las maravillas, en su picadero regio… reinando (y gobernando a placer entre bambalinas) sobre un país asustado, dócil hasta la nausea, y con el trauma permanente de una férrea dictadura militar de 40 años.

Sin duda muchos españoles de buena fe, de los llamados “de a pie”, pensarán que una visita protocolaria como ésta, inmersa en la cortesía diplomática internacional y que forma parte del tradicional vasallaje que “el rey de todos los españoles” ha venido rindiendo todos estos años a los sucesivos emperadores USA, no debería suscitar una especial atención ni para el común de los mortales radicado en este país (que bastante tiene el pobre con nadar veinticuatro horas al día contra la corriente de la feroz crisis que le empuja al precipicio) ni para cualquier periodista o analista político que se precie. Enfrascados estos últimos meses en la ardua tarea de debatir el negro horizonte electoral del presidente Zapatero, el paro desorbitado, el futuro de las pensiones, los taconazos futbolísticos o los ex abruptos barriobajeros de la sargento/presidenta de la Comunidad de Madrid. Pero un malintencionado historiador o un perverso escritor como el que suscribe no podía dejar de aprovechar la ocasión (estamos a muy pocos días del 29 aniversario del “tejerazo” o mejor dicho del “borbonazo”) para bautizar tan (en teoría) inocuo “rendez vous” diplomático entre el rey de España y el presidente norteamericano, como el de “el golpista y el emperador”. Porque, desde luego, así es y así debe pasar a la historia.

Y digo inocuo en teoría porque el trasfondo real de tan estúpido encuentro Obama-Borbón no lo es en absoluto. ¡Qué mundo este del Occidente civilizado, de los derechos humanos, del TPI (Tribunal Penal Internacional) y de la justicia universal promovida por el inefable justiciero español y conferenciante de lujo “Garzonator”! Con más varas de medir conductas descarriadas que amapolas tiene el campo en primavera. Veamos. En un caso, en el del peruano Alberto Fujimori, alias el chino (y estamos hablando de un país en vías de desarrollo y con su credibilidad democrática manifiestamente mejorable) se juzga a un ex primer magistrado de la nación (con toda la razón por supuesto) por auto golpista y terrorista de Estado (25 asesinatos y 2 secuestros) y, sin embargo, en otro muy similar, casi idéntico, esta vez en la demócrata, europea, avanzada, cristiana y desarrollada España, el presunto auto golpista y asimismo terrorista de Estado (28 asesinatos y 1 secuestro), el malversador de fondos públicos, el fratricida, el corrupto (ha recibido y recibe yates, coches de lujo, palacios, fincas y…hasta herencias, de particulares), el hombre de pésima catadura moral que, como ha sido norma por otra parte en todos sus regios predecesores, lleva ejerciendo de “golfo institucional” más de treinta años… no solo sigue ahí en su poltrona del palacio de La Zarzuela, inviolable, irresponsable, ajeno a cualquier cuenta con la justicia sino que, además, es recibido con todos los honores por el amo del mundo, por el presidente norteamericano, en el “sancta santorum” de su poder, en el Partenón yanqui, en el lugar sagrado donde reposa el poderoso maletín nuclear que puede mandarnos a todos los mortales, en cuestión de segundos, a freír puñetas.

Desde luego, este príncipe de la paz, este primer emperador “bronceado” que ha tenido el mundo (el occidental, pues el otro obedece sin tapujos a Bin Laden), este comandante en jefe de las fuerzas globales que, según su propia confesión, “hace la guerra (dos mejor que una) para asegurar la paz mundial”, este escurrido mesías que encandila a las masas con su fácil verbo de predicador visionario… debería seleccionar mejor a sus invitados institucionales. Si el Fujimori ese (el de verdad, el peruano, el chino, don Alberto) resultó ser un golpista de salón y un terrorista de Estado de vía estrecha y, en consecuencia, con la inestimable colaboración de la CIA (que en noviembre de 2005 lo llevó con engaños de su exilio dorado en Japón a Chile), fue juzgado y condenado nada menos que a 25 años de prisión, debería obrar de igual forma ante casos similares y en lugar de invitar a su casa al “Fujimori borbónico” que le va a visitar dentro de muy pocos días y, puesto que en España la justicia es impotente constitucionalmente para llevarlo ante los tribunales, sentar las bases (echando avispas en sus intimidades a los sabuesos de la CIA especializados en estas cuestiones) para que el TPI pueda conocer, entender y juzgar sus andanzas golpistas y terroristas. Lo de perseguir a Bin Laden contra viento y marea por los secarrales paquistaníes está bien, aunque alguien deberá pagar algún día por los centenares de miles de muertos iraquíes y afganos que se ha llevado por delante tamaña persecución global, pero resulta meridianamente claro que también existen otros delincuentes occidentales en muy altos puestos de sus respectivos escalafones nacionales, sin barba y sin túnica pero seguramente con más poder y más mala leche, que se merecen atención y castigo. Por sus crímenes de lesa humanidad, mayormente.

Los españoles, señor Obama, señor emperador del orbe civilizado, somos la mayoría republicanos aunque solo lo manifestemos en la intimidad de nuestra cobardía personal, y en estos momentos, aún cuando permanezcamos calladitos y quietecitos como solemos hacer históricamente hasta que algún alcalde pueblerino nos echa al monte con su proclamas patrioteras, estamos hasta los mismísimos de todo lo que nos rodea: del monarca golferas que nos metió el dictador Franco a frotamiento duro en 1975; de la modélica transición (que no ha tenido nada de modélica ni ha sido verdadera transición) que parieron al alimón franquistas y monárquicos; de la rueda de molino denominada Constitución de 1978 que tuvo que tragarse el pueblo español a golpe de propaganda y miedo; del actual Estado de las autonomías (un federalismo vergonzante “made in Spain”) que nos está arruinando y enfrentando; de los políticos (y políticas) analfabetos que se apuntan a las listas cerradas de los partidos para sentarse en el Congreso, cobrar un buen sueldo y poder aspirar mejor al clásico pelotazo financiero; de la crisis económica que corroe a este pueblo más que a otros, muy mal gestionada por los estúpidos e indocumentados que nos gobiernan, y que ya ha lanzado a millones de españoles a las colas del hambre; del veleta y católico sobrevenido ZP, que lleva años ejerciendo de zombi presidencial, mentiroso compulsivo y alocado jefe de Ejecutivo; y, también, del soseras que aspira a reemplazarle cuando este país sea un auténtico erial: el coñazo de Rajoy…

Pregúntele, pregúntele, señor Obama, al rey golpista español (en la actualidad el único que existe en su género en el amplio abanico de naciones que integran el mundo que usted dirige) en su íntima charla del día 17 de febrero, como piensa gestionar la salida al caos integral que se ha instalado entre los españoles y que empieza a amenazar ya su preciada corona; él que constitucionalmente debe coordinar y arbitrar las instituciones españolas, en estos momentos totalmente inoperativas y al borde del colapso. Porque en esta España que según el presidente Zapatero es el orgullo de la gran Europa; en este viejo país que, después de creerse durante años que era de verdad inmensamente rico y capaz de sobrepasar a alemanes y franceses, se afana ahora en fabricar mes a mes decenas de miles de mendigos y desesperados, la cosa está que arde. Muy fea. Y como sigamos por este camino (no hacen falta años, solo meses) el día menos pensado aparecerá por La Castellana, surgiendo del hambre, el hastío y el rencor, el numerosísimo ejército de parados reclutado en los dos últimos años por ZP, armados de palos, guadañas, navajas barberas, facas destripagabachos, barras de hierro, escopetas de caza… y demás adminículos ofensivos utilizados históricamente por la plebe para facilitar los cambios políticos traumáticos, dispuestos a pasarse por la piedra lo que sea, incluido el mismísimo palacio de La Zarzuela. Con el gusano franquista dentro. ¡Ah, y también, faltaría más, la modesta residencia aneja al anterior (800 millones de las antiguas pesetas) que, en virtud del artículo 47 de la sacrosanta Constitución española del 78, le correspondió en suerte al principito vaguetón!

domingo, 31 de enero de 2010

De las Putas Luces se nos invita a contemplar un buen apagón (Homenaje a RIP en su imposible 56º aniversario)


Apología del apagón
Santiago Alba Rico
La Calle del Medio (Cuba)
www.rebelion.org 31/01/2010

Este texto forma parte de un libro de inminente aparición, "El naufragio del Hombre", del que también es autor Carlos Fernández Liria y que publicará la editorial Hiru: http://www.hiru-ed.com/COLECCIONES/PENSAR/El-naufragio-del-hombre.htm


Los aeropuertos se han convertido en el símbolo y el motor de la civilización capitalista: lugares de paso –hacia otros lugares de paso– donde está siempre a punto de estancarse un tiempo muerto, o un tiempo-basura, cuya superfluidad total sólo puede dirigirse hacia el consumo. En el Leonardo da Vinci, en Roma, hace dos años, tuve una experiencia angustiosa. En tránsito hacia Túnez, me dirigía hacia mi puerta de embarque por un pasillo de maravillas, flanqueado por una sucesión de cafés, comercios y boutiques –todas las marcas, todos los prestigios– que saturaban de luz cegadora hasta el último rincón del campo visual. De pronto, a mi derecha, un enorme cartel apremiante me alertó de las consecuencias de seguir avanzando. Se me encogió el corazón. “ATENCIÓN. Todavía está usted a tiempo de volver atrás. A partir de este punto ya no hay tiendas”. Lo malo no es que a partir de ese punto no hubiera tiendas; es que no había nada. Las puertas de embarque habían sido confinadas en un espacio intencionadamente desnudo y sombrío, sucio y vacío, abandonado a su suerte. Como en los cuentos, si se hacía caso omiso de la advertencia se pasaba abruptamente de un mundo brillante y colorido a otro sórdido y amenazador: de la felicidad a la pesadumbre, de la libertad a la prisión, de la luz a la oscuridad. El efecto era tan traumático que resultaba imposible no volver sobre los propios pasos para buscar con ansiedad, no alimentos, bebidas o chucherías, no, sino un poco de luz eléctrica.

Somos adictos al sexo, a la velocidad, a los espectáculos, al plástico, pero somos adictos, sobre todo, a la luz eléctrica. No hay nada de extraño en nuestra dependencia energética; sin ella ni la industria ni la sanidad ni la cultura serían ya posibles. Lo extraño es nuestra dependencia estética; el hecho, es decir, de que esa luz que el novelista inglés Robert Louis Stevenson consideraba, por contraste con la del fuego, “un horror para realzar otros horrores”, nos parezca tan hermosa, hasta el punto de que su prestigio se utiliza para reforzar todas las otras adicciones. La Razón, que los franceses llamaban les lumières –las luces– sólo necesitaba una lamparita para activarse; las luces que persiguen y destierran hoy todas las sombras han acabado por ofuscar y cegar a la Razón misma. ¿Necesitamos tanta luz? ¿Es realmente bonita la luz eléctrica? ¿Es de verdad interesante una luz que no produce sombras?

Nunca me atrevería a hacer en Cuba una “apología del apagón”, pero todos los niños saben cuántos mundos más excitantes se ocultan detrás de ese muro de claridad plana; cuando cae se levantan tras él profundidades inauditas. En las casas tradicionales japonesas, nos cuenta el escritor Tanizaki, el centro del hogar no era la televisión sino un “hueco” –el toko no ma– destinado a delimitar una sombra como punto de arraigo y exploración de la mirada. La sombra, que es la ropa del tiempo, ha sido arrancada de todas las superficies en un frenesí de vatios, trapos y cosméticos. No sólo hemos acabado por identificar la seguridad, la higiene y la belleza con la luz eléctrica sino que también la asociamos a la emoción del espectáculo. Al contrario de lo que le ocurre a la razón, nada inmóvil y oscuro puede atraer la mirada del consumidor.

Y sin embargo, el primer espectáculo, aquel que define al ser humano como precisamente humano, aquel del que ha surgido todo lo que hemos hecho y todo lo que somos, tiene que ver con la oscuridad y la quietud. El exceso de luz del capitalismo, lo sabemos, tiene un coste ecológico insostenible: el mediodía perpetuo de las grandes ciudades –mientras 2.000 millones de personas permanecen a oscuras– consume 1,5 Gtep de energía eléctrica, del que el 81% procede de centrales termoeléctricas. Dubai, el país con la mayor huella ecológica del planeta, acaba de construir la torre más alta del mundo, 860 metros, cuyo consumo diario de electricidad –mientras un keniata disfruta de tan sólo 140 kwh al año– equivale a 500.000 bombillas de 100 w encendidos al mismo tiempo y sin interrupción. Pero la llamada “contaminación lumínica” no tiene sólo un coste ecológico de dimensiones catastróficas; se acompaña también de una catástrofe cultural, estética, antropológica. En el campo, en una noche sin luna, pueden verse a ojo desnudo hasta 2.500 estrellas. En las ciudades, donde vive ya la mayor parte de la humanidad, si levantamos la cabeza (¿y quién va a levantar la cabeza habiendo escaparates iluminados a un lado y otro de la calle?) apenas si alcanzamos a distinguir entre diez y doscientas estrellas, según se viva más o menos cerca del centro urbano. Un estudio de Global at night indica que el 99% de la población estadounidense y europea y los dos tercios de la población mundial vive bajo un cielo fotocontaminado. Más inquietante aún: el 93% de los habitantes de Estados Unidos, el 90% de los europeos y el 40% de la población mundial vive en un permanente y artificial claro de luna. Pero más inquietante aún: el 80% de los estadounidenses, el 70% de los europeos y más de un cuarto de la población mundial vive en un falso plenilunio ininterrumpido. Para ellos –para nosotros– nunca llega a hacerse realmente de noche, de manera que hemos perdido la posibilidad de ver la Vía Láctea; es decir, la galaxia en la que habitamos y que nos permite orientarnos en el cosmos. Nuestros cielos son tapas o valvas que ocultan el firmamento. Como moluscos, estamos encerrados dentro.

¿Es muy grave esta pérdida? En uno de sus más famosos poemas de amor, Neruda escribió: “La noche está estrellada y tiritan, azules, los astros a lo lejos”. Al final de una de sus más famosas obras, el filósofo Kant escribió: “Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuanto con más frecuencia y aplicación se ocupa de ellas la reflexión: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí”. Y en uno de los pasajes de una de sus más famosas novelas, Joseph Conrad escribió: “Era una de esas noches claras, estrelladas, cubiertas de rocío, que oprimen el espíritu y aplastan nuestro orgullo con la brillante prueba de la terrible soledad, de la oscura insignificancia desesperada de nuestro planeta”.

¿Y qué? ¿Es tan grave no poder escribir ya frases como ésta? ¿Habrá que conservar las estrellas por cursi elitismo literario? No. Fueron necesarios millones de años de evolución para que una criatura viva se irguiese sobre sus pies, rellenase su casco craneal y levantase sus ojos hacia las estrellas. Desde allí se vio, desde allí se conoció, desde allí interiorizó sus límites: mediante ese gesto de alzar la cabeza hacia el cielo para compararse con él, un animal –y sólo ése– se hizo humano. El amor, la moral, la razón, la conciencia de la mortalidad –que es de lo que hablan Neruda, Kant y Conrad cuando evocan las estrellas– son inseparables de esa transformación. Y la contaminación lumínica, por tanto, tiene el efecto de un retroceso catastrófico en la evolución filogenética de la Humanidad. En un tiempo estuvimos encerrados en valvas, escamas, plumas, pieles, sin ninguna salida a la luz; hoy estamos encerrados precisamente en nuestra luz, de la que no podemos salir hacia las estrellas.

Es imperativo desintoxicarse de la luz eléctrica, reacostumbrarse a la belleza de las sombras, recuperar el misterio y profundidad de la razón. Sí, me voy a atrever a hacer una apología del apagón: del apagón controlado, relativo, igualitario, liberador, humanizador. De ese apagón que embridará los vatios y desnudará los astros, velados por un puritano exceso de luz. De ese apagón que apagará Dubai y Nueva York y encenderá la Osa Mayor. De ese apagón, en fin, del que depende, en materia y en espíritu, la posibilidad misma de formar parte de la Humanidad.

¿Es apagón? ¿O es revolución?

Enlace a la editorial Hiru: http://www.hiru-ed.com/COLECCIONES/PENSAR/El-naufragio-del-hombre.htm

sábado, 30 de enero de 2010

Hiru vuelve a juntar a esta Pareja de Des(H)echo: DE PUTA MADRE

"El naufragio del Hombre"

Santiago Alba Rico / Carlos Fernández Liria

Una madre tarda nueve meses en gestar un niño; un enamorado tarda años en explorar el cuerpo de la amada; un poeta tarda décadas en gestar una metáfora; un pueblo tarda siglos en construir una historia; y un dios cualquiera tarda milenios en construir un mundo. Destruir una manzana con los dientes es muy agradable, sobre todo cuando se hace en compañía; pero destruir en solitario la ropa, los electrodomésticos, las casas -cada vez más deprisa, cada vez más deprisa, como demanda el mercado- no produce placer: produce sólo hambre. El hambre es incompatible con la civilización. Es incompatible con la humanidad. Es el naufragio del Hombre. Bueno, ¿y qué? ¿Y qué si el Hombre es una antigualla?¿Y qué si de todos modos seguimos teniendo Historia y Sociedad? Pero si el Hombre caduca, ¿qué hay más allá de él? ¿Qué se anuncia más allá de lo humano? La razón ilustrada había prometido la ciudadanía universal: la igualdad, la libertad, la fraternidad. Pero es el capitalismo, y no la ilustración, el que ha dejado al Hombre a sus espaldas para instalar los cuerpos en una realidad post-humana. Ahora son los propios seres humanos los que corren detrás de la Historia, con la lengua fuera. Y cuando logran alcanzarla, de ellos sólo queda su pellejo o, aún peor, su imagen: por el camino han dejado sus ritos, sus dioses, sus ancestros, sus lazos tribales, sus densidades culturales, incluso su sexo o su edad. En su lugar encuentran la proletarización de los trabajos y los placeres y la amenaza de la destrucción planetaria.

Carlos Fernández Liria (Zaragoza, 1959) es Profesor de Filosofía de la UCM. Es autor de los libros Geometría y Tragedia. El uso público de la palabra en la sociedad moderna (Hiru, 2002), El materialismo (Síntesis, 1998), Sin vigilancia y sin castigo. Una discusión con Michel Foucault (Libertarias, 1992). También es coautor de Educación para la ciudadanía. Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho (Akal, 2007) y un libro de texto para 4º de la ESO titulado Etica Cívica (Akal, 2008). Junto con Luis Alegre, ha publicado Comprender Venezuela, pensar la democracia (Hiru, 2006) y Periodismo y Crimen. El caso Venezuela 11-04-02 (Hiru, 2002). Con Santiago Alba Rico es coautor de los libros Cuba 2005 (Hiru, 2005), Cuba: la Ilustración y el socialismo (La Habana, 2005) y los libros Dejar de pensar (Akal, 1986) y Volver a pensar. Una propuesta socrática a los intelectuales españoles (Akal, 1989). Es colaborador habitual de las revistas Viento Sur, Logos, Archipiélago, El Viejo Topo, y del diario Público. Próximamente publicará, junto a Luis Alegre, un estudio sobre Marx titulado El orden de “El Capital” (Akal). Durante los años ochenta, fue guionista programa de televisión La Bola de cristal (TVE-1).

Santiago Alba Rico (Madrid, 1960) estudió filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Entre 1984 y 1991 fue guionista de tres programas de televisión española (La Bola de Cristal entre ellos). Entre sus obras, se cuentan los ensayos Dejar de pensar y Volver a pensar, escritos con Carlos Fernández Liria, Las reglas del caos (finalista del premio Anagrama 1995), La ciudad intangible, El islam jacobino, Vendrá la realidad y nos encontrará dormidos (Hiru), Leer con niños y Capitalismo y nihilismo, así como dos antologías de sus guiones: Viva el Mal, viva el Capital y Viva la CIA, viva la economía. Es también autor de un relato para niños de título El mundo incompleto y ha colaborado en numerosas obras colectivas de análisis político (el 11-S, el 11-M, Cuba, Venezuela, Iraq, etc.). Desde 1988 vive en el mundo árabe, habiendo traducido al castellano al poeta egipcio Naguib Surur y al novelista iraquí Mohammed Jydair. En los últimos años viene colaborando en numerosos medios (Rebelión, Archipiélago, Ladinamo, Diagonal etc.). Ha publicado junto a Pascual Serrano el libro Medios violentos (palabras e imágenes para la guerra), y en colaboración con Carlos Fernández Liria Cuba; la ilustración y el socialismo.

Nº de páginas: 178
PVP: 17

lunes, 11 de enero de 2010

AUNQUE LA MONA SE VISTA DE SEDA: GenIDEOlogía FrancoBourbónica de una Bribona del Reino


La vicepresidenta primera del Gobierno es propietaria de un piso situado en la madrileña calle de Hernani cuyo valor actual se aproximaría a los 600.000 euros, mientras que su hermano Jesús Fernández de la Vega tuvo otra casa en la misma finca que vendió en 2002 por 420.708,478 euros. Ambos pisos, con una superficie total de 128 metros cuadrados, están dentro de un inmueble expropiado a sus legítimos dueños durante el régimen de Franco, y que fue vendido posteriormente por el Ayuntamiento de Madrid al Patronato de funcionarios del Ministerio de Trabajo, según consta en el Registro de la Propiedad de Madrid.

Los hermanos De la Vega se convirtieron en propietarios de estos inmuebles gracias a que su padre, Wenceslao, era abogado-inspector de Trabajo y desempeñaba sus tareas como funcionario en el ministerio. La finca en cuestión tiene una extensión de 3.913 metros cuadrados y fue expropiada en la década de los años 60 por la Comisión de Planeamiento y Coordinación del Área Metropolitana de Madrid (Coplaco), dentro del llamado "ensanche de la Castellana".

El padre de De la Vega ejerció de Inspector de Trabajo y, por su labor, Wenceslao Fernández de la Vega Lombán fue condecorado con la "Orden del Mérito en el Trabajo con categoría de plata y ramas de roble", con ocasión de la fiesta del 18 de Julio de 1971.

lunes, 4 de enero de 2010

La puta miseria de los Bribones del Reino FrancoBourbónico

A la cola europea en cuanto a avances sociales pero en cabeza del beneficio empresarial, del pelotazo y de la corrupción
633,30 euros. Ni tienen vergüenza ni la han conocido



La llegada del nuevo año no hace sino colmarnos de parabienes. Por ejemplo, el salario mínimo interprofesional ha subido nada menos que hasta los 633,30 euros al mes. Gracias a que tenemos la suerte de contar con un Gobierno socialista que, aun defendiendo en todo momento el interés general de España, pone el acento en los sectores menos favorecidos que componen esta gran nación. Con 633,30 euracos al mes la igualdad social, por la que murieron muchos socialistas en el 36, está a punto de ser conseguida.

633,30 euros mensuales significan 21,11 diarios o lo que es lo mismo 2,63 a la hora, siempre que la patronal y el Gobierno no aumenten la jornada laboral más de las 40 horas semanales como ahora. Zapatero prometió al inicio de su mandato una subida anual del SMI de un 8%, ahora ofrecía un 1% y tras una ardua lucha de los sindicatos de clase CCOO y UGT que se han batido en lucha contra el Gobierno y la patronal como auténticos bolcheviques, se ha quedado en un 1,5%. [La lucha ha sido dialéctica, no en un sentido marxista sino en el meramente oral, porque estos sindicatos no son partidarios de huelgas y enfrentamientos estériles que a nada conducen]. Y el consenso y la concertación social es lo que tienen, para el patrón beneficios, para los sindicatos subvención y para ti 2,63 a la hora. No es de extrañar que aumente la oferta de actividades sexuales previo pago. Muy hecho unos zorros debe de estar uno si no consigue más de 2,63 a la hora por prostituirse en una cama en vez de hacerlo en una cadena de montaje, una obra, o en un mostrador de El Corte Inglés.

En el 2008, (ruego me disculpen por no disponer de datos más actuales), el SMI, con Gobierno socialista, en lo que llaman España, se situaba en 600 euros. En otro estado como el holandés, con Gobierno conservador, la cantidad era de 1.357 euros. ¡Hombre claro Holanda -se me dirá-, un país avanzado donde uno puede fumar lo que le apetezca o le salga de las gónadas! Bien, de acuerdo, pero en la católica Irlanda el salario mínimo en 2008 era de 1.462 euros, es decir, dos veces y media más. España era, es y lo seguirá siendo la cola europea en cuanto a avances sociales y, por lo mismo, se halla en cabeza del beneficio empresarial, del pelotazo y de la corrupción. Porque esto último conlleva lo anterior.

José Luis Rodríguez Zapatero, socialista de talante, cobra 7.665 euros mensuales, dietas y gastos aparte. Celestino Corbacho Chaves, flamante Ministro de Trabajo e Inmigración, percibe unos 6.763 mensuales, dietas y gastos aparte. María Emilia Casas Baamonde, presidenta del Tribunal Constitucional, es decir la que vela por la Constitución española que a todos nos iguala, se lleva a casa 12.195,21 mensuales de vellón.

¿Se puede hablar de democracia, siquiera formal, en un país donde un ciudadano puede cobrar veinte veces menos que el funcionario que dicen está a su servicio? Estos son los socialistas, los del cambio y los sindicalistas, de clase. Cuando vean a alguno de ellos no duden en agradecérselo como corresponde.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20100103/175071/es/63330-euros-Ni-tienen-verguenza-han-conocido

sábado, 2 de enero de 2010

Palabras para animar a participar en una Puta polémica literaria

Caín, una novela dentro de la saga de La Biblia atea de Saramago

Hace nada que acabé de leer la última novela de José Saramago, Caín. En vez de celebrar el final del 2009 con el rito inventado hace 100 años en Alicante de tomar las doce uvas, una por cada mes que hay en un año, decidí hincarle el diente a las últimas cien páginas que me quedaban de la novela del escritor portugués. Creo que ha sido un buen fin para el 2009 y un excelente comienzo del 2010. Creo que ha valido la pena el no repetir los caminos trillados de las espantosas ceremonias de la tradición comercial.

No es lo único que he leído del él, pero desde que le concedieron el oprobioso Premio Nóbel de Literatura, no se me hacía nada cómodo enfrentarme a la escritura de este nieto de campesinos portugueses. Me encantó el Ensayo sobre la ceguera. Pero, quizás, porque lo leí antes de 1998. Se me resistió La caverna. Abandoné su lectura a las pocas páginas. Igual dentro de unos días, si encuentro esa novela entre mi desorden selvático donde habito, la vuelva a leer, la retome y la concluya. Seguramente lo haré por el buen sabor de boca que me ha dejado Caín.

Si alguien quiere clavarle el ojo que lo haga sin prejuicios. Creo que Saramago ha vuelto a uno de sus temas claves: poner en entredicho la memoria tradicional que le fue inculcada mediante relatos bíblicos. Y lo ha hecho desde su singular maestría. Como él suele hacerlo.

Pareciera que Caín ha sido escrito por un adolescente. Me da pena pensar en a edad real del escritor portugués. Nació en Azhinaga allá por el lejano 1922, entra ya en su posible octogésimo octavo aniversario. Seguramente alguna gente muy docta, según los parámetros meritocráticos de la escolástica eclesiástica, le reproche muchas cosas a la manera en que Saramago realiza su personal ajuste de cuentas con el dios bíblico del Antiguo Testamento.

Como ha destacado en una breve nota su compañera y traductora a la lengua hispanoamericana, Pilar del Río Sánchez, este nuevo libro de Saramago no es un ensayo, ni un tratado, ni un libro de historia académica. Es pura ficción. Pero aunque es literatura. Y de la muy buena. No es sólo eso. Es mucho más.

En Caín Saramago nos muestra sus cartas bocarriba. Quizá por eso pueda haber mucha gente que se moleste y se indigne. Ya los ha habido en su país de origen. Hasta un diputado portugués en el Parla/miento europeo le ha puesto su nacionalidad en entredicho. Tal vez lo del Nobel haga que muchos otros se repriman y no expresen sus maledicencias en público de la misma manera. No quiero ni pensarme qué se le haría si el escritor portugués no fuera quien es y fuera un pobre adolescente al que le hubiera dado por escribir una historia como Caín. Por eso nos interesa confrontar lo que nos enseña Saramago con su escritura a diario. Pocas personas actúan sin miedos y sin esperanzas como él. Podría decir que cumple a las mil maravillas los requisitos que un sabio en óptica y, por tanto, en Ética como Spinoza les exigía a cualquier ciudadano que fuera realmente libre. A veces los medios de incomunicación y manipulación –sin piedad– de masas nos revientan en la cara el trabajo del escritor hispanoportugués. Y su polivalente ubicuidad se nos quiere hacer pasar como problemática y superficial. Pero hay que estar siempre alerta ante las constantes manipulaciones que esos medios hacen a diario.

Caín, debería sobrar decirlo, es una excelente novela. Saramago juega con el tiempo histórico de una manera magistral. Hace del personaje caín un protagonista de los relatos más crueles que aparecen en las profanas escrituras bíblicas. Lo mismo lo hace aparecer en la historia del arca de noé que cuando abraham tiene que casi sacrificar a su propio hijo por exigencias de su señor amo. Para algunos de quienes se dediquen a oficiar en los púlpitos de la tres veces santa madre iglesia católica apostólica y romana se rasgarán las vestiduras ante tamaño despropósito. Quizá algunos sientan hasta nostalgias de antiguos métodos inquisitoriales para poner la cabeza de Saramago en el presidio que según ellos le corresponde. Pero Saramago pasa revista a través de caín de las crueldades a las que el amo de los judíos sometió a su pueblo elegido. Y hay burla, por supuesto. Los que somos hijos de la comedia griega echamos de menos que Saramago no explicite su novela con rasgos más aristofánicos o hasta pantagruélicos. Pero eso quizá habría sido demasiado subversivo. Saramago no llega a tanto.

Si el docente berlinés Hegel escribió hace ya casi dos siglos que la filosofía no es más que la autoconsciencia de nuestro tiempo contemporáneo expresada en conceptos, se podría decir que el Caín de Saramago tiene bastante de una cierta prefilosofía materialista de la religión. Pero una literatura prefilosófica de la religación hecha desde una óptica materialista, erótica e histórica. Y lo mejor que tiene esa obra de ficción es que es un libro profano que se puede leer por cualquiera que esté inmerso en nuestra actual atmósfera cultural. Esa es una de las cositas que más me gusta de la escritura de Saramago, a saber: que pone por escrito historias que están en el aire. Y la forma de expresarlo genera o puede llegar a producir cierta empatía social.

Por eso es importante que sus libros no se queden inertes en los estantes de las bibliotecas. Que se muevan y que ayuden a crear consciencia de lo que somos y podemos llegar a ser. Saramago pertenece por decisiones sabiamente tomadas de consciencia de clase social y política a la tradición emancipatoria de un Ludwig Feuerbach o de un Ernst Bloch. Quien se quede insatisfecho con alguno de sus planteamientos que no se quede paralizado como en uno de sus poemas el viejo Bertolt Brecht al borde del camino, sino que siga profundizando por las sendas perdidas de los inmensos bosques de nuestra fraterna liberación humana. Quizá pueda encontrar veredas que nos ayuden a ver mejor nuestro horizonte político.