jueves, 17 de diciembre de 2009

La Puta Jeta de un Cara Dura: il fascio di Berluscoñiiiii

Va fanculo, Berlusconi



por Carlos Tena
insurgente, 16 dic 2009

Del golpe en la cara recibido por el Cavaliere Berlusconi, elegido en unas elecciones democráticas “a lo primer mundo”, es decir, un proceso en el que la inmensa mayoría de la sociedad acostumbra a no atender, y menos dar lectura al programa que presentan los candidatos, lo que más me ha extrañado es la inopia en la que vivían los guardaespaldas.

La ciudadanía de esta vieja y cada vez más puta Europa, ejerce el voto en función de la simpatía que genere cada uno de los presentados como líderes, que a su vez han sido escogidos por un Sanedrín, cuyos miembros son el resultado de múltiples reuniones en la cumbre (de la desfachatez), cuya característica común es la presencia de los banqueros y empresarios más importantes del país (entre ellos, los que detentan medios de comunicación), jueces, militares de paisano, algún alto funcionario de la Corona (en el caso de un régimen monárquico), uno o dos intelectuales escorados a la derecha, más algún miembro del gobierno de los Estados Unidos, que acude como director ejecutivo de una agencia de publicidad, cuando todos saben que es un pluriempleado de la Casa Blanca, que hoy actúa como observador, mañana lo hará en Honduras como agente del FBI, y pasado mañana se irá a Cuba para regalar teléfonos móviles o computadoras portátiles, amén de una buena cantidad de dólares, ya que ese viaje está sufragado por organizaciones terroristas de la Mafia cubano americana de Miami, tan generosas como la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), Hermanos al Rescate, Movimiento Democracia y Comité Cubano Pro Derechos Humanos, por cierto, visitados en varias ocasiones por la actual ministra española de Sanidad, la socialista Trinidad Jiménez, mostrando sin pudor alguno su afectuosa relación con asesinos a sueldo y terroristas de amplio historial.

Y lo digo sin el menor atisbo de duda, ya que personajes tan criminales como Bush o Uribe, por activa y por pasiva, Ileana Ross-Lethinen, Luís Posada Carriles, Santiago Álvarez Magriñat, Lincoln Díaz-Balart, Mel Martínez, los alcaldes republicanos Carlos Álvarez, Manny Díaz, representantes y senadores estatales, como Rudy García, Rene Eddy González, David Rivera, Anitere Flores, Luís García, Marco Rubio, Esteban Bovo, Marcelo Llorente, JC Planas, Julio Robaina, Carlos López Cantera, Yoiset de la Cruz, Matti Herrera Bower, Manny Marono, César Caraza, llegando a los comisionados Pepe Díaz, Joe Sánchez, Rebeca Sosa, Tomas Regalado y muchos otros, contribuyen desde hace cincuenta años a intentar derribar la Revolución cubana, ya sea volando aviones civiles, colocando bombas en establecimientos hoteleros de la isla, o introduciendo larvas del mosquito Aedes aegypti, transmisor del dengue hemorrágico, descubierto curiosamente por el científico cubano Carlos J. Finlay, quien presentó sus resultados por primera vez en la Conferencia Internacional de Sanidad, celebrada en Washington DC, el 18 de febrero de ¿1881?. Sus declaraciones fueron objeto de burlas por parte de médicos estadounidenses, aunque luego trataron de exponer estos descubrimientos como desarrollados en su país.

¿Y qué tiene que ver todo esto con Berlusconi, se preguntará el lector? La respuesta es simple. Tengo la sospecha razonada de que el Cavaliere podría resultar un mafioso de tomo y lomo, como Luciano o Capone, implicado en robos, estafas, crímenes, desviación de fondos, chantajes, etc. De otra manera ¿por qué dos ex convictos de la Cosa Nostra quieren contar, de forma alta y clara, los chanchullos de todo tipo en los que participó el Godfather Silvio hasta hace un par de días, como se suele decir en lenguaje popular?

La Mafia, de origen siciliano, o la Camorra, su equivalente napolitano, dominaban todos los negocios en la Cuba sometida: industria azucarera, alcohol, níquel, juego, prostitución, hoteles, armamento, y al propio gobierno de la isla, desde que Lucky Luciano escogiera a ese país como puente para llevar heroína a Estados Unidos, una vez que su compañero de fechorías, el judío Meyer Lansky, convenciera al general Fulgencio Batista, en 1941, de la conveniencia del pacto con el crimen organizado.

Desde aquella fecha hasta bien entrado el año 1958, la Mafia italo americana organizó un colosal imperio en La Habana, convirtiéndola en la capital más importante del mundo para el lavado de dinero ilegal desde Estados Unidos, el procesamiento de diamantes y oro llegados de contrabando, amén de una red de casinos, hoteles, cabarets, a la que añadiremos el tráfico hacia EEUU de la cocaína, que traían ya procesada desde Colombia. El 21 diciembre de 1946, Vito Genovese llegaba a la ciudad, hospedándose en la calle 3ª del barrio habanero de Miramar, donde residía Luciano, para organizar una impresionante Cumbre (por el número que había de asistentes, ametralladoras, bombas de mano, fusiles, pistolas, guardaespaldas, etc.) en la que estuvieron presentes (menos el pobre Al Capone, convaleciente en su residencia de Miami tras una breve estancia en prisión), colegas de Silvio Berlusconi como Alberto Anastasia, Tommy Lucchese, Joe Bonano, Joe Profaci, Giuseppe Magliocco, Mike Miranda, Willie Moreti y Augie Pisano, Steve Magaddino, Tony Accardo, los hermanos Charlie y Ronco Fischetti, Carlos Macello, "Dandy Phil' Pastel, Santos Traficante, Amadeo Barletta y Amleto Battisti. Tras la reunión, en la que se ultimaron tratados por valor de miles de millones de dólares, un tal Frank Sinatra puso el broche de oro a la cumbre, con sus canciones y sus chutes.

El crimen organizado, ha permitido en la Italia del siglo XXI que un miembro “no liberado” de esa Mafia, acceda a la presidencia de una nación, sin el menor rubor. Berlusconi se ha alzado con el título del gangster más respetado y admirado por millones de italianos, sin duda orgullosos del poder de aquella organización, que tras el final de la II Guerra Mundial, sirvió de apoyo al ejército y al gobierno norteamericanos, para controlar a los miles de heroicos combatientes del Partido Comunista, muchos de los cuales cayeron asesinados en los primeros años cincuenta, precisamente por su continua batalla contra la Cosa Nostra y el fascismo, que se habían ocultado bajo el manto de la Democracia Cristiana, con la bendición del Vaticano y la plana mayor de la Fuerzas Armadas estadounidenses, muchos de cuyos generales protegieron, ampararon, defendieron y promovieron a líderes de la Mafia, no sólo a la hora de comerciar oficialmente con su gobierno, sino presionando sobre las autoridades municipales italianas, para que alguno de esos miembros de la organización fueran elegidos alcaldes de decenas de ciudades en Sicilia y el sur de la península.

Berlusconi lleva tejiendo desde hace décadas la trama en la que al final, se ha enredado irremediablemente. Una red casi impenetrable formada por jueces, políticos corruptos, empresarios condenados en procesos por estafa, extorsión y evasión de capitales, policías, chivatos, delincuentes, narcotraficantes, así como profesionales del cine, la canción y la televisión. A su Imperio no le falta de nada, excepto un artículo de la Carta Magna española, según la cual el monarca puede cometer los delitos que le vengan en gana, ya que se le considera intocable. El Caballero de la Nariz hoy rota, no ha logrado consagrar su impunidad ante los procesos que se le vienen encima.

Berlusconi no le ha agredido un tapado de la Mafia (que hubiera sido más radical en la golpiza), sino un pobre hombre harto de las fechorías y bravuconadas de este delincuente en sesión continua, que tanta simpatía despierta en los círculos de Esperanza Aguirre, José Maria Aznar, Benedicto XVI, Tony Blair, Sarkozy, Angela Merkel, Álvaro Uribe, Alan Garcia, Mohamed VI, y demás escoria política. Algunos de estos nombres son hoy sustitutos de quienes se reunieron en La Habana en aquel 1946, solo que en el siglo XXI han llegado a presidir naciones, gobiernos o comunidades, merced a la toma y asalto de las leyes más elementales de la democracia, para violentarlas y manipularlas, en la búsqueda de un mundo mejor… sólo para ellos.

Si esa agresión la hubiera sufrido Hugo Chávez, Fidel Castro o Evo Morales, los medios de comunicación en pleno (salvo las excepciones conocidas), habrían disfrutado de lo lindo e ido de inmediato en pos del agresor, no para censurar su conducta, sino para entrevistarle en los programas de Julia Otero, Ana Rosa Quintana, Gran Wyoming, Buenafuente, Pablo Motos, o en el de Iñaki Gabilondo.

Berlusconi no ha sido agredido. Ha recibido la caricia de la tempestad generada por sus vientos, del ciclón del paro y el desempleo, del maremoto de su descaro y desfachatez. Que nadie se lleva las manos a la cabeza; que nadie se rasgue las vestiduras ante el hostiazo. Yo no condeno al agresor, es más, comprendo perfectamente su rabia, su frustración, su arrebato.

Otros menos afortunados, que jamás causaron daño a nadie, recibieron disparos a quemarropa sin que esos mismos medios, esos mismos dirigentes, e incluso muchas personas de buen corazón, clamaran con la misma fuerza e intensidad para condenar las mortales agresiones que sufrieron: me refiero a John Lennon, Gandhi, Monseñor Ellacuría, los abogados laboralistas de Atocha, Santi Brouard, Josu Muguruza, Arnulfo Romero, Víctor Jara, el Ché, y miles de anónimos inocentes que jamás saldrán de la fosa común, porque el Tribunal Supremo español impide que las víctimas del terrorismo franquista reciban el homenaje de la verdadera democracia, que no es la misma que la de sus miembros… y miembras.

Parafraseando la canción de Marco Massini: ¡Va fanculo, Berlusconi! ...

martes, 15 de diciembre de 2009

Carta abierta del Compa que más luz proyecta sobre este Puto y criminal Pornocapital tanatocrático


14 de Diciembre del 2009 18:16:13 CDT

Querido Hugo:

Hoy se cumplen 15 años de nuestro encuentro en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 14 de diciembre de 1994. La noche antes te había esperado en la escalerilla del avión que te trajo a Cuba.

Conocía de tu levantamiento en armas contra el gobierno pro yanki de Venezuela. A Cuba habían llegado noticias de tus ideas cuando guardabas prisión, y al igual que nosotros, te consagrabas a la profundización del pensamiento revolucionario que te llevó al levantamiento del 4 de febrero de 1992.

En el Aula Magna, de forma espontánea y transparente, vertiste las ideas bolivarianas que llevabas dentro, y te condujeron, en las condiciones específicas de tu país y de nuestra época, a la lucha por la independencia de Venezuela contra la tiranía del imperio. Después del esfuerzo de Bolívar y demás colosos que llenos de sueños lucharon contra el yugo colonial español, la independencia de Venezuela era solo ridícula apariencia.

Ningún minuto de la historia es igual a otro; ninguna idea o acontecimiento humano puede ser juzgado fuera de su propia época. Tanto tú, como yo, partimos de conceptos que fueron evolucionando a lo largo de milenios, pero tienen mucho de común con la historia lejana o reciente en la que la división de la sociedad en amos y esclavos, explotadores y explotados, opresores y oprimidos fue siempre antipática y odiosa. En la época actual constituye la mayor vergüenza y la principal causa de la infelicidad y el sufrimiento de los seres humanos.

Cuando la productividad del trabajo, apoyada hoy en la tecnología y la ciencia, se multiplicó por decenas y en algunos aspectos cientos y hasta miles de veces, tales y tan injustas diferencias debían desaparecer.

Tú, yo y con nosotros millones de venezolanos y cubanos compartimos esas ideas.

Tú partiste de los principios cristianos que te inculcaron y un carácter rebelde; yo, de las ideas de Marx y un carácter también rebelde.

Hay principios éticos universalmente admitidos que son válidos tanto para un cristiano, como para un marxista.

Desde ese punto de partida, las ideas revolucionarias se enriquecen constantemente con el estudio y la experiencia.

Es conveniente señalar que nuestra sincera y revolucionaria amistad surge cuando tú no eras Presidente de Venezuela. Nunca te solicité nada. Cuando el movimiento bolivariano obtiene la victoria en las elecciones de 1999, el petróleo valía menos de 10 dólares el barril. Lo recuerdo bien porque me invitaste a tu toma de posesión.

El apoyo tuyo a Cuba fue espontáneo, como lo fue siempre nuestra cooperación con el hermano pueblo de Venezuela.

En pleno Período Especial, cuando la URSS se derrumbó, el imperio endureció su brutal bloqueo contra nuestro pueblo. En un momento determinado los precios del combustible se elevaron y nuestros suministros se dificultaban. Tú garantizaste el abastecimiento comercial seguro y estable a nuestro país.

No podemos olvidar que después del golpe político contra la Revolución Bolivariana en abril del 2002, y tu brillante victoria frente al golpe petrolero a fines de ese mismo año, los precios se elevaron por encima de 60 dólares el barril, nos ofreciste entonces suministro de combustible y facilidades de pago. Bush era ya Presidente de Estados Unidos y fue el autor de aquellas ilegales y traidoras acciones contra el pueblo de Venezuela.

Recuerdo cuánto te indignó que exigiera mi salida de México como condición para aterrizar en ese sufrido país, donde tú y yo asistíamos a una conferencia internacional de Naciones Unidas en la que también él debía participar.

A la Revolución Bolivariana no le perdonarán nunca su apoyo a Cuba cuando el imperio imaginó que nuestro pueblo, después de casi medio siglo de resistencia heroica, caería de nuevo en sus manos. En Miami, la contrarrevolución reclamaba tres días de licencia para matar revolucionarios, tan pronto se instaurara el gobierno de transición en Cuba que Bush exigía.

Han transcurrido 10 años de ejemplar y fructífera cooperación entre Venezuela y Cuba. El ALBA nació en ese período. Había fracasado el ALCA ―promovido por Estados Unidos― pero el imperio está de nuevo a la ofensiva.

El golpe de Estado en Honduras y el establecimiento de siete bases militares en Colombia, son hechos recientes ocurridos con posterioridad a la toma de posesión del nuevo Presidente de Estados Unidos. Su predecesor había restablecido ya la IV Flota, medio siglo después de finalizada la última contienda mundial y no existía ni Guerra Fría, ni la Unión Soviética. Son obvias las intenciones reales del imperio, esta vez, bajo la sonrisa amable y el rostro afroamericano de Barack Obama.

Daniel Ortega explicó ayer cómo el golpe en Honduras determinó el debilitamiento y la conducta de los miembros del Sistema de la Integración Centroamericana.

El imperio moviliza tras sí a las fuerzas derechistas de América Latina para golpear a Venezuela, y con ella, a los Estados del ALBA. Si de nuevo se apodera de los cuantiosos recursos petroleros y gasíferos de la Patria de Bolívar, los países del Caribe anglófono y otros de Centroamérica perderán las generosas condiciones de suministro que hoy le ofrece la Venezuela revolucionaria.

Hace unos días, después del discurso pronunciado por el presidente Barack Obama, en la escuela militar de West Point, para anunciar el envío de 30 mil soldados a la guerra de Afganistán, escribí una Reflexión en la que calificaba de acto cínico aceptar el Premio Nobel de la Paz cuando ya había adoptado esa decisión.

El pasado 10 de diciembre, al pronunciar en Oslo el discurso de aceptación, hizo afirmaciones que constituyen un ejemplo de la lógica y el pensamiento imperialista. “…soy responsable por desplegar a miles de jóvenes a pelear en un país distante. Algunos matarán. A otros los matarán”, afirmó, tratando de presentar como una “guerra justa” la brutal carnicería que lleva a cabo en aquel distante país, donde la mayoría de los que perecen, son pobladores indefensos de las aldeas donde estallan las bombas lanzadas por aviones no tripulados.

Después de esas frases, pronunciadas entre las primeras, dedica más de 4 600 palabras a presentar su carnicería de civiles como guerra justa. “En las guerras de hoy ―afirmó― mueren muchos más civiles que soldados”.

Sobrepasan el millón de civiles no combatientes que han muerto ya en Iraq y Afganistán y en la frontera de Pakistán.

En ese mismo discurso elogia a Nixon y a Reagan, como personajes ilustres, sin detenerse a recordar que uno lanzó más de un millón de toneladas de bombas sobre Vietnam, y el otro hizo estallar por medios electrónicos el gasoducto de Siberia bajo la apariencia de un accidente. Fue tan fuerte y destructiva la explosión que los equipos monitores de las pruebas nucleares lo registraron.

El discurso pronunciado en Oslo se diferencia del de West Point, porque el pronunciado en la academia militar estaba mejor elaborado y declamado. En el de la capital noruega, el rostro del orador expresaba la conciencia de la falsedad de sus palabras.

Tampoco el momento y las circunstancias eran iguales. Oslo se ubica en las proximidades de Copenhague. En este punto, tiene lugar la importantísima Conferencia sobre el Cambio Climático, donde sé que tú y Evo piensan asistir. En aquel lugar se libra en estos momentos la batalla política más importante de la historia humana. Allí se puede apreciar en toda su magnitud, cuánto daño ha ocasionado el capitalismo desarrollado a la humanidad. Hoy, ésta debe luchar desesperadamente no solo por la justicia, sino también por la supervivencia de la especie.

Seguí de cerca la reunión del ALBA. Los felicito a todos. Disfruté mucho al ver tantos y tan queridos amigos elaborando ideas y luchando unidos. Los felicito a todos.

¡Hasta la victoria siempre!

Un fuerte abrazo.

Fidel Castro Ruz

Diciembre 14 de 2009

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Sobre la Puta maffia criminal del Pornocapital tanatocrático


El hambre en su contexto

Juan Torres López

Rebelión

Es habitual que cuando se habla del hambre se tienda a ver como una especie de desgracia, como un desastre colosal, una fatalidad terrible del destino. Quizá sea lo normal cuando está alcanzando una magnitud tan colosal en nuestros días: ¿quién puede atreverse a pensar que detrás de la muerte diaria de 30.000 personas puede haber algo más que eso, cómo creer que alguien puede estar causando semejante atrocidad?

Sin embargo, Jean Ziegler, el anterior relator de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, que sabía bien de lo que hablaba, expresó muy rotundamente lo que es el hambre: "un crimen organizado contra la humanidad".

Me parece que no es posible llegar a otra conclusión si se conoce lo que hay a su alrededor, cómo funcionan de verdad los mecanismos comerciales y las instituciones y políticas de las que depende que los seres humanos más vulnerables del planeta puedan acceder o no a los recursos con los que pueden alimentarse. Y para conocerlos basta quizá con ir leyendo año a año los informes que van presentando los relatores de las Naciones Unidos, los informes de la FAO, por más que caigan en saco rato también un año detrás de otro.

Los factores que están haciendo que mueran 30.000 personas de hambre cada día, que solo en 2009 el número de hambrientos haya aumentado en 100 millones de personas, no son difíciles de descubrir y entender.

En primer, influye de modo muy determinante la dificultad que tienen millones de personas para acceder a recursos que están a su lado, que deberían ser suyos pero cuyo uso le está vedado. De hecho, no puede pensarse que el hambre sea algo que se padece exclusivamente en países radicalmente pobres sino en los que a pesar de disponer en algún momento o ahora mismo de recursos suficientes no pueden ponerlos al servicio de sus ciudadanos. Unas veces es la tierra, otras el agua y últimamente las semillas, es decir, lo recursos más básicos que poco a poco van acumulándose por los grandes propietarios o empresas multinacionales.

Los informes de las Naciones Unidas viene poniendo claramente de manifiesto que el reforzamiento de los derechos de propiedad que reclaman, con éxito, los grandes propietarios y empresas, solo sirve para que éstos aumenten su poder de mercado y para que aumenten los precios de los insumos, lo que aleja a los pequeños campesinos de la posibilidad de garantizar la mínima seguridad alimentaria a sus poblaciones. Y que la extensión continua de los derechos de propiedad a nuevas variedades de semillas está verticalizando la cadena alimentaria, de modo que los pequeños productores cada vez tienen menos autonomía y posibilidades de orientar la producción hacia la satisfacción de las necesidades de su entorno. Además de fomentar el monocultivo que proporciona altos réditos comerciales pero pocos recursos alimentarios a las poblaciones.

Los informes internacionales también denuncian sin mucho éxito cómo el acceso al crédito, especialmente de las mujeres (que producen más de la mitad de la producción alimentaria mundial, y entre el 80 y el 90% de la de los países más pobres, pero que solo reciben el 10% de la financiación dirigida a la agricultura) se restringe cada vez más, cuando eso se podría resolver con una milésima parte de lo que se ha dedicado a salvar a los bancos que han provocado la crisis financiera.

Las relatorías vienen denunciando desde hace años que la regulación en la que se mueven las grandes compañías multinacionales, por llamarla de algún modo, es extraordinariamente lesiva para el derecho a la alimentación de los seres humanos precisamente porque en ningún caso hacen valer este derecho ante cualquier otro privilegio comercial.

Y de un modo particularmente expreso se ha demostrado que las condiciones en que se desenvuelve el comercio internacional impiden que se pueda satisfacer ese derecho porque está pensado, en el mejor de los casos, para que genere rendimientos a nivel agregado, como ganancias del sistema de comercio en su conjunto, y a largo plazo, pero no en términos de proporcionar ganancias a las personas concretas y en relación con su capacidad efectiva para poder alimentarse. Y también han puesto de relieve que las políticas liberalizadoras están produciendo una mayor concentración de la producción, más monocultivo y expulsión de los pequeños productores porque para que puedan redundar en un más efectivo derecho a la alimentación sería necesario que se pudiera proteger la producción dedicada a la provisión autóctona y que se garantizara la diversidad. Lo que no se permite a los más pobres y débiles de la cadena de la producción alimentaria, aunque sí a los más ricos.

También es cada vez más evidente que, si bien es verdad que la producción agroalimentaria necesita formas de financiación específica a nivel nacional e internacional, la vinculación hoy día existente entre los canales de financiación y los mercados financieros especulativos solo está sirviendo para alimentar la ingeniería financiera, las burbujas y la inseguridad alimentaria. Solo basta entrar en las páginas web de cualquier entidad bancaria o de inversión financiera para comprobar lo habitual que es la oferta de productos de ahorro destinados a rentabilizar la subida de precios de los productos alimenticios que así quedan cada vez más lejos del poder adquisitivo de millones de seres humanos. No nos engañemos: ese dinero mata.

El nuevo relator de las Naciones Unidas, el belga Olivier de Schutter (quien según sus propias palabras solo dispone de un presupuesto para dos a tres misiones internacionales por año, de un asistente en Ginebra que lo apoya administrativa y logísticamente y que no recibe ninguna remuneración añadida a la de su sueldo como profesor en Bélgica), también ha sido bastante claro al poner de relieve el daño que la producción de biocombustibles está produciendo a la hora de disfrutar del derecho básico a alimentarse. En su opinión, la política de Estados Unidos y de la Unión Europea en este campo es "irresponsable" y el despliegue de los biocombustibles "un escándalo que sólo sirve a los intereses de un pequeño grupo de poder".

En sus informes al Secretario General la relatoría viene también manifestando que el problema de fondo que está provocando el hambre en el mundo es que los Estados "no respetan" el derecho a la alimentación, no solo porque sus políticas no se encauzan por vías que pudieran hacer efectivo su disfrute sino que, para colmo, ni siquiera respetan sus compromisos de ayuda.

En junio de 2007 se celebró una Cumbre mundial sobre la crisis alimenticia en la que los países poderosos se comprometieron (como en tantas otras) a destinar recursos para combatir el hambre. Cuando a finales de 2008 presentaba el Informe Anual de la FAO, su director Jacques Diouf, declaraba que su organismo no "ha visto un dólar de los 11 mil millones que fueron prometidos por algunos países al final de dicha cumbre". Y eso en un período en el que, como ya he señalado, esos mismos gobiernos dedicaron cientos de miles de millones de euros a salvar a bancos y banqueros irresponsables.

Por eso resulta cada vez más evidente que combatir el hambre es evidentemente un asunto económico, en el sentido de que es preciso que funcionen mecanismos de asignación y provisión que garanticen producción suficiente y una distribución efectiva. Pero también, y sobre todo, que la principal dificultad para ponerlos en marcha es política. La causa del hambre es una distribución muy asimétrica del poder y de las capacidades de decisión y la vía para acabar con esa plaga no pueden ser otras que invertir ese equilibrio. En una dimensión que puede parecer más microscópica, así lo señala el último informe de la FAO sobre El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2008 cuando afirma que para acabar con el hambre y la desnutrición infantil hace falta reducir la desigualdad de poder entre hombres y mujeres.

Por extensión, lo necesario a nivel global para combatir el hambre es invertir el equilibrio de poder, reconocer el derecho a la alimentación como plenamente exigible y anteponerlo a cualquier otro y evitar que su disfrute esté constantemente amenazado por una lógica comercial y financiera que, además de injusta, es completamente insostenible.

· Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, colaborador habitual de Rebelión, editor de www.altereconomia.org y miembro del Consejo científico de ATTAC-España. Su web: www.juantorreslopez.com

· Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Sobre la lógica interna del Pornocapital tanatocrático

Sobre el objetivo 8 de las Metas del Milenio

Capitalismo y Milenarismo

Santiago Alba Rico

Rebelión

08/12/09

Texto del catálogo de la exposición Deseos, promesas, realidades. Ocho objetivos para el desarrollo. MUVIM, Valencia, 15 de octubre 2009 a 7 febrero 2010.

En la Biblia el profeta Isaías (11, 6-8 y 25, 8) anunciaba un tiempo en “que habitará el lobo juntamente con el cordero; y el tigre estará echado junto al cabrito” y en el que “el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y borrará de toda la tierra el oprobio de su pueblo”. En los primeros siglos del cristianismo, Papías, Ireneo y Lactancio anticipaban una edad “en la que las viñas crecerán y cada una de ellas tendrá mil cepas, y en cada cepa habrá diez mil ramas y cada rama contará con diez mil botones y en cada botón habrá diez mil racimos y cada racimo tendrá diez mil uvas y cada uva dará veinticinco medidas de vino; y lo mismo sucederá con las frutas y todas las otras semillas”. Justino, por su parte, añadía que en esa Jerusalén futura "no se escucharán más gemidos ni lamentos; no habrá niños nacidos antes de término, ni ancianos que no cumplan su ciclo [...]. Se construirán casas y cada uno de nosotros vivirá en ellas; se plantarán viñedos y nosotros mismos comeremos su producto". Estas utopías religiosas de abundancia material reciben en la tradición cristiana el nombre de “milenarismo” porque confiaban en el establecimiento sobre la tierra, tras el segundo advenimiento de Cristo, de un Milenio de paz y bienestar para todos los seres humanos. De Montano a Müntzer, de Joaquín de Fiore a Jan de Leyden, de los taboristas a los anabaptistas, la historia de Europa estuvo enhebrada, o pespunteada, por un tozudo hilo milenarista, díscolo y soñador al mismo tiempo, que pretendía quebrar la lógica de los tiempos, que es siempre la de los poderosos, para imponer la de la justicia, reclamada por los pobres, los humillados, los sometidos.

En la Alemania del siglo XVI, los campesinos concibieron la reforma luterana a favor no sólo de la libre interpretación de la Biblia sino de la libre disposición de los bienes de este mundo. El hambre de pan, de tierras y de felicidad levantó contra los príncipes alemanes a campesinos y obreros urbanos en cuyos oídos -cuenta Ernest Bloch- “resonaba el fragor de la revolución mundial”, el rumor fantástico de un alzamiento global desde España hasta Turquía. Encabezados por Thomas Müntzer, confiados en la intervención de Cristo, los campesinos rebeldes, y sus predicadores comunistas, fueron vencidos en 1525 y después perseguidos, cazados, torturados y asesinados en toda Europa, culpables -como denunciaba Lutero- de “querer invertir el orden de las cosas y poner en la tierra lo que debe seguir en el cielo”.

El milenarismo de los campesinos alemanes creía en el advenimiento de un nuevo orden social igualitario en el que la guerra sería definitivamente abolida como medio de dirimir las diferencias entre los pueblos, en el que las enfermedades y epidemias serían vencidas y olvidadas para siempre, en el que todos los seres humanos vivirían de su trabajo y en el que la justicia -para hombres y mujeres- imperaría sin diferencias en toda la tierra. ¿Nos resulta familiar? Estas son justamente las famosas Metas del Milenio establecidas en el año 2000 por las Naciones Unidas en un mundo que, como el del siglo XVI, sigue azotado por el hambre, la enfermedad, la desigualdad y la guerra.

El milenarismo europeo había adelantado fechas muy precisas, siempre aplazadas y desmentidas, para este cambio general. Hans Hut había previsto el inicio del Milenio para el período de Pentecostés del año 1528; Melchor Hoffman lo esperaba para 1533 y Miguel Servet, que había sumado el número apocalíptico de 1260 al año de 325, fecha del Concilio de Nicea, lo había anunciado para 1585. Las Naciones Unidas, por su parte, han fijado el año de 2015 para el cumplimiento de los objetivos del Milenio. Hans Hut, Melchor Hoffmann y Miguel Servet murieron martirizados sin ver realizadas sus predicciones, como miles, cientos de miles de personas morirán en el 2016 -según todos los indicios- sin ver materializado el compromiso de la ONU.

El milenarismo europeo, que mezclaba profundos y ancestrales sueños de abundancia e igualdad con residuos diurnos religiosos, excogitaba una salvación al mismo tiempo global, inminente, terrenal y colectiva. Condición y efecto del Milenio del Bienestar eran la coordinación de los esfuerzos y el consenso fraternal entre los hombres. Fue sin embargo el consenso de los poderosos -príncipes, papas y emperadores, con independencia de sus diferencias teológicas- el único que llegó a aquilatarse y el que aniquiló en Turingia las fuerzas desorganizadas de los certeros soñadores. Condición y efecto del Milenio de la ONU es también la coordinación y colaboración, tal y como se recoge en el Objetivo 8, el cual invoca en realidad -o suplica- un “consenso de los poderosos”. Se anuncian los objetivos y luego se establece, como objetivo también, la imposibilidad de alcanzarlos: la ayuda de la industria farmacéutica, el apoyo de los mercados financieros, la cooperación de las grandes multinacionales de la telecomunicación.

Puede parecer provocativa la asimilación de las metas del Milenio de la ONU al espíritu del milenarismo cristiano medieval y renacentista; pero lo cierto es que las diferencias no hacen sino agravar los reproches. Global, inminente, terrenal y colectiva, la salvación milenarista de los campesinos europeos sólo podía ser “sobrenatural”. Su infelicidad misma, y la desproporción entre sus ansias de dicha y sus medios de combate, les obligaba a dar un salto religioso -mientras revelaban los límites modificables de su situación social- por encima de las fuerzas productivas de su época: podían liberarse de sus amos, pero sólo Cristo podía garantizarles una vacuna contra el sarampión y una fuente inagotable de leche y de miel. Bajo el capitalismo, objetivamente hablando, la alimentación y la salud no dependen ya de una intervención divina. El capitalismo produce pobreza y muerte, pero no es ese su objetivo. El capitalismo produce riqueza, placeres y remedios, pero no es ese tampoco su objetivo. Como no puede hacer diferencias y ha desarrollado de una manera sin precedentes las fuerzas productivas –incluidas las tecnologías médicas y agrícolas- ha puesto a disposición del ser humano potencialidades que al mismo tiempo no le permite usar. Las muertes por malaria, por sarampión, por dengue, por cólera, por disentería, por hambre, ¿son muertes naturales? ¿No son particularmente acusatorias en un mundo que puede curar esas enfermedades? ¿Que podría alimentar modestamente a todo el mundo? La violencia del capitalismo tiene que ver también con sus instrumentos de emancipación; es decir, con su necesidad intrínseca de –al mismo tiempo- multiplicar la riqueza y reprimir su uso, de aumentar los medios de salvación y prohibir su utilización, lo que se traduce en la naturalización de la muerte y la destrucción: “Los pobres”, nos decían los periódicos hace unos meses, “viven 30 años menos que los ricos”. ¿A quién, a qué fuerza silenciosa imputar esa diferencia? El Objetivo 8 de las Metas del Milenio, en su formulación misma, ¿no renuncia a enfrentarse a esa potencia que, al mismo tiempo que cumple los sueños de Isaias y de Justino, limita su disfrute, y de manera insostenible, a una zona reducidísima del planeta? ¿No hay menos ingenuidad sobrenatural en pedir la intervención de Cristo que en pedir la intervención de Roche, de Monsanto, de Sony, de la OMC, del FMI?

La ONU, ese gran progreso de la razón humana, puede formular pero no solucionar los problemas. No porque no logre un verdadero consenso sino porque no es capaz de impedir el “consenso de los poderosos”. La crisis actual, que se invoca como justificación del fracaso ya asumido de las Metas del Milenio, ha generado una intervención coordinada sin precedentes destinada a “refundar el capitalismo”. El 14 de septiembre del año 2008, el mismo día en que la FAO informaba de que el hambre afectaba ya a casi 1.000 millones de seres humanos y valoraba en 30.000 millones de dólares la ayuda necesaria para salvar sus vidas, la acción concertada de seis bancos centrales (EEUU, UE, Japón, Canadá, Inglaterra y Suiza), inyectó 180.000 millones de dólares en los mercados financieros para salvar a los bancos privados. A continuación, el consenso de los poderosos, cristalizado en una cumbre del G-20 y otra del G-8, ha proporcionado aún más dinero para sostener las instituciones y empresas capitalistas y ha adoptado medidas convergentes para avanzar alegremente hacia el abismo sin cuestionar el modelo. ¿Es esto cumplir el Objetivo 8 de las Metas del Milenio? Quizás sí, pero en todo caso no es esa la preocupación de los poderosos, como lo demuestra el escaso interés que despertó, tanto por parte de los gobiernos como de los medios de comunicación, la “Conferencia de las Naciones Unidas sobre la crisis financiera y económica mundial”, denominada G-192 y celebrada casi a escondidas el pasado mes de junio en Nueva York, muy poco después de que los miembros del G-8 se reunieran, bajo la luz de los reflectores, en Italia.

Sea como fuere, hay algo hermoso, emocionante y precursor incluso en el “consenso de los poderosos”: eso es lo que se llama “planificación”. En tiempos de Marx, el capitalismo era sólo “una excepción en algunas regiones del planeta” y, si ha llegado a cubrir el conjunto de la superficie del globo, ha sido gracias a una permanente intervención estatal, a una “planificación” ininterrumpida que combinaba y combina los desalojos de tierras, las acciones armadas, las medidas proteccionistas, los golpes de Estado y los acuerdos internacionales. Nunca a lo largo de la historia un experimento económico ha dispuesto de medios más poderosos ni de condiciones más favorables para demostrar su superioridad. En los últimos sesenta años, la minoría organizada que gestiona el capitalismo global se ha visto apoyada, a una escala sin precedentes, por toda una serie de instituciones internacionales (el FMI, el Banco Mundial, la OMC, el G-8, el G-20 etc.) que han concebido en libertad, y aplicado contra todos los obstáculos, políticas de liberalización y privatización de la economía mundial. Después de 200 años de existencia libre, apoyado, defendido, apuntalado por todos los poderes y todas las instituciones de la tierra, el trasto viejo y homicida nos ha traído hasta aquí: 1.000 millones de seres humanos se están muriendo de hambre y, si no corremos ahora a socorrer a los culpables, los demás quizás acabemos enterrados con los más pobres después de habernos matado unos a otros.

Parece, pues, que planificar para salvar bancos y aseguradoras no sirve, al menos para cumplir los Objetivos del Milenio. ¿Y planificar para salvar vidas? Esto no lo hemos probado aún. Capitalismo y socialismo no se retaron en mundos paralelos y en igualdad de condiciones, cada uno en su laboratorio desinfectado y puro, sino que el socialismo nació contra el capitalismo histórico, para defenderse de él, y nunca ha fracasado porque nunca ha tenido ni medios ni apoyos para poner a prueba su modelo. Lo poco que intuimos en la actualidad es más bien esperanzador: a partir de una historia semejante de colonialismo y subdesarrollo, el socialismo ha hecho mucho más por Cuba que el capitalismo por Haití o el Congo. Cuando se habla de “socialismo en un solo país” se olvida que igualmente imposible es “el capitalismo en un solo país” y que por eso se ha dotado de una musculosa organización internacional capaz de penetrar todos los rincones y todas las relaciones. ¿Qué pasaría si la ONU decidiese aplicar su carta de DDHH y de Derechos Sociales? ¿Si la FAO la dirigiese un socialista cubano? ¿Si el modelo de intercambio comercial fuera el ALBA y no la OMC? ¿Si el Banco del Sur fuese tan potente como el F.M.I? ¿Si todas las instituciones internacionales impusiesen a los díscolos capitalistas programas de ajuste estructural orientados a aumentar el gasto público, nacionalizar los recursos básicos y proteger los derechos sociales y laborales? ¿Si seis bancos centrales de Estados poderosos interviniesen masivamente para garantizar las ventajas del socialismo, amenazadas por un huracán? ¿No sería ése realmente el Objetivo 8? Podemos decir que la minoría organizada que gestiona el capitalismo no lo permitirá, pero no podemos decir que no funcionaría.

El cumplimiento de los 7 primeros objetivos del Milenio de la ONU depende de que se cumpla primero el octavo y eso -mucho me temo- no depende sólo de formularlo bien. No estaría mal, en todo caso, empezar por hacer eso. El milenarismo cristiano es hoy por fin materialmente realista. Hagámoslo por fin materialmente realidad.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Las Putas Cumbres sólo sirven para hundirnos más en el abismo

InSurGente.09/12/09-

Según desvela The Daily Telegraph, la cumbre estrella que dice luchar contra el cambio climático generará tanto dióxido de carbono como una ciudad de 200.000 personas. Los mejores hoteles están completos, ultimando los preparativos de las vieiras, el foie gras y caviar…Incluso las prostitutas aportan su granito de arena prometiendo “sexo libre a cualquier persona que tenga un pase de delegado de la Conferencia contra el Cambio Climático”. En fin, toda una farra.

Esta cumbre, anunciada a bombo y platillo como la que traerá el "acuerdo definitivo" para "salvar al mundo del cambio climático", incumple sus propios objetivos incluso antes de comenzar. Según ha calculado The Daily Telegraph, exclusivamente su celebración generará más dióxido de carbono que una ciudad e 200.000 habitantes.


Alrededor de 140 jets privados aterrizarán en el aeropuerto de Copenhague, cuyos hoteles más lujosos están al completo desde que se anunció la cumbre. Según su propio manifiesto, esta reunión de "expertos y líderes mundiales" quiere "salvar al mundo" del cambio climático, para lo que los restaurantes ya se abastecen de caviar y foi gras.


El diario británico ha consultado a Majken Friss Jorgensen, directora gerente de la compañía de limusinas más grande de Copenhague, que tiene doce vehículos en la carretera. Durante la cumbre "salvadora" tendrá 200.

La señora Jorgensen calcula que entre ella y sus rivales, el número total de limusinas en Copenhague ya ha roto la barrera de los 1.200, e incluso afirma que "no tenemos limusinas suficientes en el país para satisfacer la demanda".


Cuando le preguntan por el número total de coches eléctricos o híbridos que se emplearán en la cumbre, la respuesta es reveladora. "Cinco", musita la señora Jorgensen. Frente a más de 1200.

Los hoteles, todos completos por el módico precio de 720 euros la noche, preparan un menú digno de la Cumbre Climática ( y que sin duda será "sostenible"): " vieiras, foie gras y esculpido de caviar.

Como señala Telegraph "siendo un país escandinavo, incluso las prostitutas están aportando su pedacito de arena por la causa climática, haciendo algo por el planeta". El sindicato de trabajadores del sexo en Dinamarca se indignó con una recomendación del Consejo, que instaba a los delegados a "ser sostenibles, no compren sexo". En consecuencia, han anunciado que sus "trabajadoras" darán sexo libre a cualquier persona que tenga un pase de delegado de la Conferencia contra el Cambio Climático.


Fuente: The Daily Telegraph.