sábado, 27 de febrero de 2010

En los Putos Estados Hundidos de NorthAbélica la muerte de sus presos ni es noticia ni se comenta a diario

La desvergüenza del gobierno de Estados Unidos

www.granma.cu

26 de febrero de 2010

De cada cuatro presos en el mundo, uno está en una cárcel de los Estados Unidos. La composición de los presos es profundamente racista: uno de cada 15 adultos negros está preso; uno de cada 9 entre 20 y 34 años; y uno de cada 36 hispanos. Dos tercios de los condenados a cadena perpetua son negros o latinos, y en el caso del estado de Nueva York, solo el 16,3% de esos reclusos son de raza blanca.

· Cada año mueren 7 000 personas en cárceles estadounidenses, muchas son asesinadas o se suicidan.

· Por ejemplo, los guardias en las prisiones de Estados Unidos usan regularmente pistolas Taser. De acuerdo con un informe de una organización, 230 ciudadanos estadounidenses murieron por el uso de este tipo de armas desde el 2001. En la denuncia se citó el caso de una prisión en el condado de Garfield, Colorado, acusada de utilizar regularmente estas pistolas o pulverizadores de pimienta contra los presos, y de atarles después a sillas en posturas extrañas durante varias horas.

· Recientemente, se informó que 72 personas han perdido la vida en los últimos cinco años dentro de los centros de detención de emigrantes.

· Un informe dado a conocer por el Departamento de Justicia de Estados Unidos en el mandato final de W. Bush, señalaba que había 22 480 encarcelados en prisiones estatales y federales que eran portadores del VIH o enfermos confirmados de SIDA, y se estimaba que 176 reclusos estatales y 27 federales murieron por causas relacionadas con SIDA. Por ejemplo, de acuerdo con una información de Los Angeles Times del 20 de septiembre de 2007, se registraron 426 casos de muerte en las prisiones de California en el 2006, debido a un tratamiento médico tardío. De ellos, 18 fallecimientos fueron considerados como "evitables" y otros 48 como "posiblemente evitables". Un recluso diabético de 41 años de edad, Rodolfo Ramos, murió después de haber sido abandonado solo y cubierto por sus propias heces durante una semana. Los funcionarios de la prisión no le proporcionaron tratamiento médico, pese a conocer su condición.

· Al menos en 40 estados de la Unión las cortes tratan como adultos a norteamericanos de entre 14 y 18 años. Unos 200 000 menores son sometidos en Estados Unidos a juicios en tribunales para mayores, a pesar de estar demostrado lo equivocado de este proceder.

· Trece centros de detención de menores en Estados Unidos sufren de altos índices de abuso sexual y en promedio, uno de cada tres jóvenes recluidos denunciaron haber sido agredidos.

· En las prisiones hay aproximadamente 283 000 enfermos mentales, cuatro veces más que en los hospitales psiquiátricos.

· El 4,5% de los presos en cárceles estatales y federales sufrió uno o más ataques sexuales. El 2,9% informó haber sufrido incidentes en los que había estado involucrado el personal de las instalaciones penitenciarias, mientras el 0,5% afirmó haber sido atacado sexualmente por otros presos y por el personal penitenciario.

· Formas físicas y directas de brutalidad y tortura contra presos son endémicas en las prisiones de Estados Unidos. Hace unos pocos años, una película británica, Torture: America’s Brutal Prisons (Tortura: Las prisiones brutales de Estados Unidos), incluye horrorosas escenas de cámaras de vigilancia en Florida, Texas, Arizona y California, en las cuales los guardias golpean severamente a presos —hasta matan a varios— con pistolas Taser y eléctricas, perros de ataque, rociadas de químicas y dispositivos peligrosos de inmovilización. Pero, lo más dañino de la incomunicación prolongada es que ese abuso mental de los presos los afecta de manera profundamente alarmante. Muchos presos se vuelven locos (si es que no eran enfermos mentales ya) o se suicidan, por este castigo infrahumano. Se encuentran en unidades de segregación restrictiva, y muchos de ellos también están en aislamiento —pero el gobierno no da a conocer esos datos. La mayoría de los presos en Estados Unidos que están incomunicados lo han sido durante más de cinco años.

viernes, 26 de febrero de 2010

De lo que ni se ve ni se entiende: la sexplotación pornocapitalista tanatocrática impone sus códigos diarios a sangre y fuego

Salaam Habana

Gabriela Martin

Rebelión 26/02/10

Salaam Bombay es una película india que nos muestra las terribles vivencias de los niños de la calle en Bombay.

Krishna es un niño de temprana edad que por diversas circunstancias familiares es abandonado a su suerte y debe sobrevivir de cualquier modo en las calles de Bombay.

En su recorrido se encontrará con la trata de blancas, la venta y consumo de heroína y la miseria más absoluta.

La escena que más me sorprendió de esta película es el banquete de bodas, donde los niños trabajan como camareros (sirviendo el convite) por 20 rupias, unos 0’31 €, el día entero. El hecho es que a ningún invitado parece molestarle esta explotación infantil. Da la impresión que la sociedad india lo tiene bien asumido.

A pesar de haber ganado numerosos premios en diversos festivales la directora india Mira Nair también ha recibido críticas negativas. Una de ellas es que “la película ofrece una mirada-denuncia puramente occidental, y que por eso Nair no sería una verdadera india. Debería introducir otros elementos como la religión, misticismo” y supongo yo el exotismo de las “Mil y una noches” que tanto nos gusta por este lado “occidental” del mundo.

Es evidente que a nadie le gusta ver tanta desgracia junta y que resulta mucho mas placentero poder descubrir las diferencia agradables de una cultura tan singular como la india y tan diferente a la nuestra.

La burguesía india nos ha vendido una imagen bollywudiense esplendorosa, donde los saris de seda, las flores amarillas y el abanico de divinidades logran tapar todo ese submundo de pobreza y desamparo que se sabe existe pero también se minimiza fácilmente.

Como diría una amiga mía amante de esta cultura “la india es maravillosa. A los pocos días te acostumbras al olor a mierda mezclado con sahumerio”. Y ya está.

Allí van los occidentales fascinados con la amabilidad de estos “pobres hindúes que nunca se quejan de nada y todo lo aceptan con una blanca sonrisa”. ¡Genial! No se quejan de nada, si no imagínate que aburrimiento de país si cada vez que va un acomodado occidental estas gentes nos hicieran sentir culpables de sus vidas miserables. Por suerte, nada de eso ocurre y podemos volver a casa con la conciencia tranquila, que nada debemos y de nada somos responsables, ni que hablar si encima colaboramos veinte días en una ONG. Ya tenemos hecha la buena acción del año o de toda la vida.

Sí, allá y a eso vamos los occidentales. Esos mismos occidentales cuya mayor audacia de conciencia es alabar sin fisuras a un Gandhi que fracasó rotundamente en la eliminación de las castas, o sea, de las diferencias de clases fundamentadas en el fanatismo religioso.

Y ahora propongo que peguemos un largo salto geográfico y viajemos a América, la Latina, no la otra, y nos detengamos en Cuba, esa pequeñísima isla que tanto da que hablar. También aquí hay turismo europeo y burgués del bueno pero las cosas se miden con otra vara.

Aquí también se minimizan aspectos de la sociedad visitada… pero al revés. En lugar de sus carencias e inconvenientes son los logros de la Revolución Cubana lo que se minimiza. Se sabe de su excelente servicio de salud, su sistema educativo y la máxima protección a la infancia, pero nada de eso tiene importancia, lo condenable es que el cubano medio no puede decidir libremente hipotecarse de por vida o hacer turismo barato o a lo sumo morirse de un empacho de consumismo puro y duro.

Y siempre son los mismos, los occidentales, los que condenan a Cuba, donde jamás veríamos la explotación, desidia y miseria que sufren millones de personas en la India y salvan a esta última, donde no parece tener importancia la pobreza: simplemente forma parte del paisaje urbano y se acepta sin más; sin embargo, las dificultades cubanas, que por otra parte no llevan a la indigencia a ningún ciudadano cubano, son tan trascendentales que medio mundo se esfuerza en dar lecciones al gobierno y al pueblo cubano de cómo llevar adelante la soberanía de su país.

¿Por qué nos parece tan alucinante la India Bollywudiense que nos han vendido desde el turismo y que en realidad no conocemos ni nos interesa conocer y, sin embargo, no podemos tolerar la revolución social cubana? ¿O es que necesitamos ejercer esa condescendencia paternalista con un pueblo siempre amable y sonriente que se supone acepta su puto karma sin rechistar? Quizás detrás de esos enormes y hermosos ojos negros indios haya muchas lágrimas y no tanta alegría cuando el europeo de turno no está presente.

En Cuba no hay servilismos y la alegría mezclada con sus tristezas es auténtica, no se intenta agradar al europeo por el solo hecho de serlo, los cubanos enseñan y aprenden a ser solidarios con los otros seres humanos por su desnuda condición de humanos, sin oropeles, y el respeto hay que ganarlo. Quizás ese sea su mayor pecado, si es que el pecado existe.

A la exótica India se le perdona todo a la Cuba revolucionaria no se le perdona nada.

Nota aclaratoria: salaam en árabe significa paz.

martes, 23 de febrero de 2010

29 años de MENTIRAS sobre un Triunfante golpe de Estado en el Reino FrancoBourbónico de los Bribones contra la democracia

El rey debe asumir sus responsabilidades

aunque eso sea ANTICONSTITUCIONAL porque la de 1978 lo declara que es un IRRESPONSABLE

(NOTA subtitular de LPGr)

un artículo del coronel Amadeo Martínez Inglés parainSurGente).-

Ha costado casi tres décadas pero al final la verdad, como no podía ser de otro modo, ha saltado a la luz con fuerza inusitada (de momento, solo a través de los no censurados canales informativos de la red) una vez que el secreto mejor guardado de la transición, la muy reservada directiva golpista de la cúpula militar española de los años ochenta clasificada como “Máximo Secreto” y que contemplaba la madrugada del 2 de mayo de 1981 como siniestro punto de partida de un nuevo “Alzamiento Nacional”, la desconocida hasta hace muy pocos días “Operación Móstoles”, la técnicamente conocida por sus planificadores y valedores como DIPLANE (Directiva de Planeamiento Estratégico) CGA-02M-81 de la Capitanía General de Aragón y con “poder operativo real” sobre el 80% del conjunto de las FAS españolas de la época… está ya a disposición de todos los españoles.


Sí, así es, a día de hoy, cuando se cumple el vigésimo noveno aniversario del famoso y mediático 23-F, acaba de desvelarse el último de sus secretos y ya se sabe a ciencia cierta cuál fue la razón última (y única) de que en España se desarrollara, en la tarde/noche de aquél tragicómico día 23 de febrero de 1981, una de las mayores y chapuceras maniobras político-militares que recuerda la historia de este país: contra el orden establecido, contra la propia Constitución española, contra sus leyes y contra la pacífica convivencia de todos sus ciudadanos. Y a cargo, precisamente (aunque la verdad durante todo este tiempo ha permanecido escondida tras las amplias bambalinas mediáticas del sistema) de la más alta autoridad institucional que debía garantizar todo lo anterior: el jefe del Estado español a título de rey, Juan Carlos de Borbón.


Sí, sí, amigos, nos han estado engañando durante casi treinta años (cortesanos, periodistas, políticos y pelotas de la muy rancia monarquía de derecho franquista que todavía “disfrutamos”) a los ciudadanos de este país en relación con el 23-F, haciendo pasar por un rey valentón, salvador de la democracia y defensor de los derechos y libertades de todos sus súbditos a un señor (con corona eso, sí) que, en realidad, fue el impulsor, el coordinador y el máximo responsable de aquella mal llamada “intentona militar involucionista”. Y es ahora, tras 29 años de silencio culpable por parte de los poderes públicos en los que nos hemos tenido que tragar historietas falsas sobre “el bueno y gran Borbón” que nos salvó a todos los españoles de Tejero y los suyos, y hasta series televisivas hagiográficas y repugnantes por parte de TVE, cuando por fin se puede demostrar con pruebas irrefutables provenientes del ámbito militar que este monarca sin par, Juan Carlos I, demócrata, valeroso, enviado por Dios cual nuevo Santiago matamoros para salvar in extremis a la siempre cristiana España, fue en realidad quien, víctima de un agudo ataque de miedo insuperable ante lo que se le venía encima en la emblemática fecha del 2 de mayo de ese fatídico 1981 por cuenta de sus antiguos subordinados (los generales franquistas) que querían su cabeza por traidor a su generalísimo, se permitió dar luz verde a sus validos y cortesanos militares para que pusieran en marcha el contragolpe blando y palaciego que recondujera la difícil situación… o sea, el 23-F que todos conocemos.


Y ahora, sabiendo lo que ya sabemos, solo nos queda a los españoles, en el vigésimo noveno aniversario de aquella charlotada “made in Zarzuela”, el recurso de pedirle cuentas, muy claras y precisas, a nuestro querido rey “salvador” de antaño. Porque, de entrada, y a poco que estudiemos someramente la documentación que sobre el 23-F y la “Conspiración de mayo” de los generales franquistas que lo propició corre como la pólvora estos últimos días por la red, queda meridianamente claro para cualquiera que el todavía jefe del Estado español (a título de rey) cometió ese infausto día, entre otros, presuntos (pero que muy presuntos) delitos de golpismo, traición y cobardía. Sí, sí, tres y a cual peor. Aclaremos un poco la cuestión para los no iniciados en estos chanchullos borbónicos.


Veamos:


El ciudadano Borbón (rey de España sí, pero por la gracia de Franco), cometió en primer lugar un presunto delito de golpismo. Siempre estuvo muy claro para los pocos, poquísimos, investigadores que llevamos décadas estudiando aquella su subterránea apuesta palaciega del 23 de febrero de 1981, que la máxima responsabilidad de tan demencial maniobra político-militar-institucional debía recaer en su regia figura. Y existían (y existen) tantas pruebas y tan abundantes indicios racionales de esa culpabilidad que alguno de esos investigadores (no miro a nadie), inasequible al desaliento y luchando a brazo partido contra el omnímodo poder del sistema, se ha permitido trasladarlas repetidas veces a las más altas instituciones del Estado español, Cortes Generales incluidas; para que la verdad de lo sucedido hace ahora 29 años pudiera salir a la luz y fuera conocida en toda su extraordinaria gravedad por el pueblo español. Ahora, tras la salida a la opinión pública del secreto militar tan celosamente guardado durante treinta años en lo más recóndito del estamento castrense, la cosa no admite ya ninguna duda y al campechano y golpista Borbón de nuestra historia no le quedará más remedio, más pronto que tarde, que asumir su errores con todas las consecuencias.


En segundo lugar, el coronado sujeto que preside el organigrama político español, deberá asumir también algún día con todas las consecuencias la perversa traición que cometió con sus leales subordinados, colaboradores y validos militares (los generales Armada y Milans) al abandonarles a su suerte tras la absurda mascarada de Tejero; después de llamarles repetidas veces desleales, miserables y golpistas y patrocinando un absurdo juicio militar en Campamento (Madrid) que, además de salvar sus claras responsabilidades personales como supremo valedor de la desgraciada intentona político-militar puesta en escena por Tejero, corroborara la injusta clasificación de ambos altos militares como “cabezas de turco” institucionales y los enviara a prisión por treinta años sin las más elementales garantías jurídicas y de defensa.


Y por último, tras las últimas informaciones aparecidas sobre el 23-F y sus prolegómenos políticos y militares, queda también meridianamente diáfano que el monarca español, presunto héroe de aquella estrafalaria asonada, hizo gala de una cobardía sin límites a lo largo de todo su desarrollo refugiándose permanentemente en el egoísmo más brutal, en la vanidad más escandalosa y en el más absoluto desprecio por el pueblo español al que puso, con su insano proceder, al borde de una nueva guerra civil. Todo por salvar como fuera su preciada corona.


Todos los hechos históricamente relevantes en un país, hasta los más despreciables como las guerras y los golpes de Estado, tienen sus reglas y, si se permite la ironía en un caso como éste, su “deontología profesional”. Y si en un golpe de Estado o en cualquier otra acción ilegal contra la patria, un líder político o militar (y no digamos un rey inviolable, cuasi divino) se ve abocado a cambiar sus planes, sus indeseables proyectos, para reconducir su ilegal operativo e, incluso, para sobrevivir a su crimen, no puede ni debe abandonar a sus subordinados sin asumir sus responsabilidades, aunque solo sea a título intimo y personal. Y menos aún traicionarles públicamente, insultarles y enviarles a galeras por muchos años.


Prácticamente en ningún país de este violento mundo, ni el más descerebrado de los golpistas castrenses en una acción contra el Estado ni el más sanguinario de los generales carniceros en una cruenta guerra, osaría, saltándose a la torera una norma “ética” no escrita en reglamento militar alguno pero respetada hasta el sacrificio por cualquier jefe u oficial con mando, tachar de traidores y desleales a unos subordinados que, cumpliendo órdenes suyas, se han sacrificado y puesto en juego sus carreras y sus vidas.


Lamentable, desde luego, la actuación del rey Juan Carlos I en la larga noche del 23-F. Aunque alguien podría decir al respecto: “Así han obrado la mayoría de los reyes españoles durante siglos”. Y es verdad. Pero esos reyes casi siempre acabaron, aunque la historia no lo recogiera, con el infamante apellido de “rey felón” grabado a fuego sobre su regia corona. Y, además, ninguno, que yo sepa, tuvo la desfachatez y la caradura de reclamarse demócrata y salvador de los derechos y libertades de sus súbditos.


Golpista, traidor y cobarde. Tristes sambenitos para nuestro antes “muy amado” (ahora muchos españoles lo reciben con gritos e insultos) y envejecido Juan Carlos I que, sin embargo, logró salvar su corona y su figura el 23-F. Pues esta es la verdad, amigos, y así acabará pasando a la historia, pese a quien pese. Aunque TVE, siguiendo órdenes de La Zarzuela, nos siga dando la lata año tras año con su matraca oficialista: “El día más largo del rey...” Y, también, queridos pelotas de la televisión pública, el más despreciable y culpable de su ya largo reinado, a pesar de que al final, traiciona que te traiciona, se saliera con la suya. Por cierto ¡Anda que no pasó miedo ese recordado día el puñetero Juanito de nuestra historia, llorando a moco tendido en brazos de su “santa griega” y del bueno de don Sabino! Pero hay que reconocer que aguantó el tipo el muy c… –CABRONAZI– Y es que tiene una cara que se la pisa.

jueves, 18 de febrero de 2010

Una genial visión del GÉNERO de Cervantes & Shakespeare: el juego literario de la tragedia, el drama y la comedia


Elena Anaya cantando un soneto (Miguel y William)
1 min 44 s - 13 Jul 2007
www.youtube.com
El sábado 20 de febrero en TVE-1 a las 22: 30 se podrá ver una excelente película de Inés Paris. Quedáis avisados...

Leonor de Vibero, hija de un comerciante español instalado en Inglaterra, una mujer joven, curiosa, y apasionada por el teatro, debe abandonar Londres y regresar a Castilla para contraer matrimonio con un duque viudo y tan acaudalado como poderoso. Leonor deja en Londres a un amante desolado, William Shakespeare, un prometedor autor de comedias al que gustan tanto los placeres de la carne como el aplauso del público.Ya en España Leonor conoce a Miguel de Cervantes, antiguo soldado y literato que ha perdido la confianza en sí mismo y la fe en su talento. Ella le convence, usando su capacidad de seducción y entusiasmo, de que escriba una comedia para celebrar su matrimonio con el duque. Pero cuando Leonor empieza a romper las resistencias del autor, se presenta inesperadamente Shakespeare, que ha decidido seguirla hasta España para impedir el matrimonio de su amada con el duque. Leonor, que hace pasar a Shakespeare por un criado, ve la ocasión de unir el talento de los dos escritores y tener una obra única. Cervantes aportará hondura y sabiduría, Shakespeare el domino de los recursos teatrales y el humor. Pero el engaño no se mantiene mucho tiempo. Los autores descubren el pastel y se convierten en enemigos.Pero justo cuando el inglés deja el palacio ocurre otra catástrofe. Las hijas del duque azuzan sus celos y le convencen de que Leonor tiene un amante al que ha entregado una valiosa joya familiar, regalo de bodas del duque. El futuro marido demuestra ser un hombre colérico y vengativo que amenaza a Leonor: si la joya no aparece, en lugar de boda habrá ejecución.Para ayudar a Leonor y pese a la rivalidad y desconfianza que inicialmente sienten el uno hacia el otro, Cervantes Y Shakespeare acaban colaborando, unen pluma y espada y logran con más ingenio que batallas, arreglan el entuerto…. ¿o no?

Los Personajes
Leonor
Tiene veintipocos años. Es española e hija única de un comerciante español instalado en Inglaterra. Morena, de ojos grandes, cuerpo sensual y mente libre a la que inspiran y provocan el arte y la mentira. LEONOR odia los convencionalismos y adora los disfraces. Quisiera dedicarse al teatro y ser actriz pero hasta que lo consiga se entretiene en hacer de su vida una comedia de enredo: miente sobre sí misma, le gusta disfrazarse de hombre y huir del círculo de la nobleza al que su destino la dirige. Aunque soñadora y apasionada, es también realista por lo que ha aceptado la boda que su padre ha acordado con el duque de Obando. Lo que no imagina es que se mete en una trampa.

Miguel
El Miguel de Cervantes que aparece en esta película es un hombre extremado y en conflicto consigo mismo. Tiene una personalidad que oscila de la euforia a la depresión. Es a la vez fuerte y sensible, imaginativo, pero lúcido y realista. Capaz de ataques de cólera que apenas controlan sus sentimientos nobles y su sentido de la justicia. Orgulloso pero acostumbrado a doblegarse. Con un “lado oscuro”, profundamente pesimista que procura enmascarar con humor. Cuando la historia comienza se encuentra en un momento de profunda crisis personal y creativa. Ha vivido mucho y su vida no ha sido nada fácil. Ha peleado en Lepanto, perdiendo una mano y ha pasado cinco años en las prisiones de Argel. Su regreso a España, la madre patria, ha sido desastroso. Pasa apuros económicos, su matrimonio no funciona (vive separado de su mujer) y su deseo de marcharse a las Indias es negado una y otra vez. Ha iniciado su camino como autor literario pero, aunque ya ha visto publicada una novela (La Galatea) y representadas sus primeras obras teatrales, siente una profunda desconfianza hacia su propio talento y hacia la recepción que sus obras puedan tener en este país que considera corrupto y mediocre. Tiene cincuenta y pocos años. Sabe que su energía física puede empezar a abandonarle. La ironía y la inteligencia son sus armas contra la decadencia física que siente como una amenaza personal y el abandono moral que contempla a su alrededor con tristeza e indignación. A lo largo de la historia veremos cómo evoluciona desde una profunda crisis hacia la recuperación de las ganas de crear. El motor de este cambio será Leonor, una mujer no sólo le devuelve las ganas de inventar y de vivir sino que le hace encontrarse con un hombre con tanto talento como él. El único capaz de hacerle sombra y de retarle a escribir algo realmente inolvidable.

William
Nuestro Shakespeare es un hombre de apenas treinta años con una capacidad creativa desbordante. Es ágil física y mentalmente. Inquieto, rápido y curioso. Le gusta la improvisación en la vida y en el arte. Se ríe con facilidad y le gusta divertir a los demás. Apasionado e ingenuo a la vez, no piensa dos veces antes de actuar, por lo que se mete en líos continuamente de los que sale gracias a su ingenio y capacidad de seducción. Esta capacidad, en la que es un superdotado, es a la vez su mejor arma y su gran debilidad. Necesita compulsivamente amar y ser amado. Muy buen actor por naturaleza. Tiene una memoria prodigiosa que ha desarrollado en su trabajo como actor. Y es un excepcional “fingidor” capaz de mentir, disfrazarse, y “ser otro”. Tiene algo de niño grande, un niño acostumbrado a que se cumplan todos sus caprichos y al que cuesta aceptar las frustraciones.Su empeño en vivir rápida y apasionadamente oculta un fondo melancólico y una conciencia de la fragilidad de la vida que teme dejar aflorar.

Duque de Obando
Fue comandante de Cervantes en Lepanto y compañero de prisiones en Argel, donde no estuvo mucho tiempo pues su rango e influencias le libraron rápidamente de tan indeseable situación (todo lo contrario que a Miguel). Viudo desde hace años, se ha enamorado perdidamente de Leonor lo que hace despertar en él al viejo “celoso” que teme por su honor al menor movimiento inesperado de su futura esposa. Es un hombre que esconde bajo la máscara de los buenos modales cortesanos un carácter primitivo y autoritario, capaz de la ferocidad y el odio. Católico y conservador, pertenece a un pequeño grupo de nobles enemigos de la política de los Austrias a los que consideran derrochadores y malos políticos. Su estancia en Argel y el hecho de que en su palacio una de las habitaciones haya sido decorada con elementos árabes le ha hecho recibir el sobrenombre de “el Moro”.

Magdalena
La mayor de las hijas del duque es algo mayor que Leonor y está casada con Vergara, uno de los secretarios de Felipe II y tiene dos hijas. Es una mujer dura, muy religiosa que detesta todo lo que Leonor representa: libertad, alegría, sensualidad. Defensora a muerte de sus privilegios de clase, teme que la nueva boda de su padre la deje sin título y herencia. Vive habitualmente con su padre pues su marido viaja continuamente para supervisar los intereses del rey español en Flandes.

Consuelo
La hija pequeña del duque, tiene unos diecisiete años, es novicia y va a tomar los votos con las monjas carmelitas. Es una mujer débil, a la vez sensible, sensual y reprimida, lo que la ha convertido en una histérica que sufre ataques durante los cuales convulsiona y tiene visiones. En vez de diagnosticarle como loca, todos la tienen por santa. Se siente enfermizamente celosa de la relación de Leonor con su padre y es manipulada por su hermana a la que obedece ciegamente.

La Dueña
Lleva tantos años en Inglaterra que ya se siente inglesa.Lo ha visto todo, lo ha vivido todo. Sin embargo es incapaz de transmitir esa experiencia a Leonor, por lo que asiste con estupor a las aventuras de la joven, que ya quisiera tener edad para hacerlas ella misma.

La Puta y miserable Universidad de Granada clausura una exposición de arte fotográfico

El mito de la libertad de cátedra en la Universidad ¿Católica? de Granada

No hace falta ser un lince para darse cuenta de la miserable realidad a la que se toma como Universidad en Granada. En otros países, sobre todo de Iberoamérica, a las élites se las adoctrina en Universidades que no tienen reparos en autocalificarse como católicas. En el Reino FrancoBourbónico Ibérico de los Bribones parece que no es necesario exhibir el calificativo religioso, como si le debiera ir de suyo.

La Universidad de Granada es hija de la Inquisición. Quien conozca algo de su fundador sabrá sin necesidad de muchos argumentos históricos en qué se basa su esencia: que no ciencia. Pues desde sus orígenes más recalcitrantes su labor ha sido la inculcación de la necedad: nesciencia.

Con el mito de la inmaculada Transición a algunos se le ha querido engatusar con el cuento de que la Universidad de Granada practicaba algo parecido a la investigación científica. No hay tal cosa en ninguno de sus estériles campos burocráticos de reconocimiento institucional.

Y en estos días cualquiera puede darse cuenta de ello. Un antiguo estudiante de Bellas Artes expone su visión actualizada de Cristo. Y como cobardes miserables se le clausura –en un santiamén: ¡¿está bien dicho y bien traído?!– la exposición.

Se podría defender tal visión de Cristo hasta desde la teología: por qué no se puede bajar al Cristo de la fe católica a ras de tierra. ¿No es una excelente muestra de preocupación religiosa el hecho de que un artista cree una nueva concepción de la existencia terrenal de Jesús en Granada y no en Nazaret? Pero no. La mediocre Universidad de Granada clausura ipso facto tal muestra de arte fotográfico. Por presiones de la clericalla católica más retrógrada, reaccionaria y fascista.

¿Cómo se puede llamar Universidad a una institución que censura las obras intelectuales más comprometidas de sus estudiantes? Y si esa actitud de servidumbre se tiene con la intolerancia católica qué muestras de obediencia no se darán ante credos aún más abominables como los fundamentalismos crematísticos del Mercado pornocapitalista o los islamistas.

Clausuran una muestra que caracteriza a Jesús como gay

Anunciación. El artista Fernando Bayona sitúa la Anunciación en la carretera de Jaén / IDEAL

EFE | GRANADA

Actualizado Martes , 16-02-10 a las 19 : 19

La Universidad de Granada (UGR) ha clausurado hoy la exposición del artista Fernando Bayona que, bajo el título "Circus Christi", está compuesta por catorce fotografías que reproducen las estaciones del Vía Crucis con un Jesús caracterizado como un gay hijo de una prostituta.

El vicerrectorado de Extensión Universitaria de la Universidad ha anunciado a través de un comunicado que, de acuerdo con el autor de la muestra, que ha recibido amenazas en los últimos días, han decidido clausurarla "dado que no es posible garantizar la seguridad de la misma".

La polémica ha acompañado a esta exposición de arte contemporáneo desde su inauguración el pasado 11 de febrero en la sala de muestras de la Corrala de Santiago, una residencia universitaria, sobre todo tras la aparición de varias noticias y reportajes en distintos medios de comunicación local.


San José, «camello»

Inspiradas en el Nuevo Testamento pero con una estética contemporánea, las imágenes muestran a prostitutas en la carretera de Jaén, en Granada, siendo una de ellas la Virgen María que va a conocer a José en la forma de un vendedor de drogas venido a menos. Fernando Bayona recrea además a un Jesús que da a conocer su palabra con un grupo de rock, y que se inicia en el sexo con María Magdalena para luego hacerse gay.

La muestra estaba programada hasta el próximo 5 de marzo y en este tiempo "sólo ha recibido la visita de 38 personas", ha especificado el vicerrector de Extensión Universitaria, Miguel Gómez Oliver, quien ha lamentado en nombre de la Universidad que "se hayan sentido heridos los sentimientos y las convicciones de un elevado número de personas". Como ya había dicho el propio autor, la Universidad ha querido aclarar hoy también que no ha subvencionado la exposición "ni a través de becas ni de ninguna otra forma".

Las 14 fotografías de la exposición clausurada

El Puto fascismo es la moral impuesta a sangre y fuego en el actual Reino FrancoBourbónico de los Bribones

El Supremo, ¿cómplice del fascismo?

VICENÇ NAVARRO

Público, 18 de febrero de 2010

Una de mis mayores sorpresas cuando volví de mi largo exilio fue ver la enorme tolerancia que había en España hacia el fascismo. En realidad, ni siquiera se utilizaba el término fascismo para definir el régimen dictatorial que existió en España durante 40 años. Se le llamaba régimen franquista, implicando que era un régimen caudillista dirigido por el general Franco, ignorando que aquel régimen fue mucho más que un régimen caudillista. En realidad, reunió todas las características de los regímenes fascistas, por mucho que politólogos procedentes de aquel régimen, como Juan Linz, y revisionistas de varias sensibilidades políticas –incluidas algunas de centro izquierda– lo nieguen. Como he documentado en otro artículo, “Franquismo o fascismo” (Público, 28-05-09), aquel régimen tenía cada una de las características del fascismo, es decir, un nacionalismo exacerbado con visiones imperialistas basado en una concepción racista que justificaba su derecho de conquista –ver “El racismo del nacional catolicismo” (Público, 14-01-10)–; un absoluto control sobre los medios que intentaba reproducir una ideología totalizante, el nacional catolicismo; una supeditación de la sociedad civil al Estado, dirigido por una persona que el régimen presentaba como dotada de méritos sobrenaturales (referido como “caudillo por la gracia de Dios”), líder supremo del partido fascista, del Estado y de sus Fuerzas Armadas, caudillo que dirigía un Estado enormemente represivo. Por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000. Más de 200.000 personas fueron fusiladas y 114.421 desaparecieron en el periodo 1936-1951, sin que todavía hoy se conozca dónde están sus cuerpos. El mal llamado franquismo fue un régimen fascista, uno de los regímenes que cometió las mayores atrocidades y violaciones de los derechos humanos en la Europa del siglo XX.

Resultado de la manera inmodélica en que se hizo la Transición, no existe plena conciencia de lo horrible que fue aquel régimen. El silencio que siguió a la dictadura y el olvido del pasado (excepto en pequeños círculos académicos) explica que la juventud, por ejemplo, no sepa que en otros países donde existieron regímenes semejantes, como en Alemania, cualquier tolerancia al nazismo está prohibida, incluyendo la existencia del partido nazi o de asociaciones afines. No así en España, cuyo Jefe del Estado –el monarca– fue nombrado por el régimen anterior. En realidad, todavía hoy uno de los dos mayores partidos del país, el PP, muestra su rechazo a condenar aquel régimen por su nombre, excusándose en denuncias genéricas y asumiendo una equidistancia en los horrores y responsabilidades en los dos bandos de la mal llamada Guerra Civil (que, en realidad, fue un golpe militar, ayudado por Hitler y Mussolini, resistido por la mayoría de las clases populares durante tres años), que dan prueba de su falta de comprensión de lo que fue aquel régimen fascista. El PP no es antifranquista, y esto disminuye su credibilidad democrática. Y en algunas comunidades autónomas gobernadas por él, como Madrid y Valencia, sus gobiernos autonómicos todavía apoyan programas educacionales que justifican el golpe militar y el régimen que estableció.

Pero esta tolerancia ha llegado a un extremo que es vergonzoso. Las fuerzas herederas de aquel fascismo quieren llevar a los tribunales al único juez, Baltasar Garzón, que ha intentado llevar a los tribunales al franquismo. Tal situación es impensable en cualquier país democrático europeo que vivió y sufrió el fascismo. Y lo que es vergonzoso es que el Tribunal Supremo esté dispuesto a considerar esta acusación, utilizando además el argumento, defendido por uno de sus miembros, el juez Varela, de que la Ley de Amnistía firmada al final de la dictadura ofreció inmunidad a los dirigentes de aquel régimen, ignorando también que el Estado español firmó tratados internacionales que exigen el juicio de los responsables de aquellas atrocidades. No puede verse hoy en Europa un hecho semejante y cubre a España de vergüenza. ¿Cómo pueden los miembros del Tribunal Supremo (presidido por un juez que juró lealtad al fascismo) llegar a este extremo de insensibilidad democrática? ¿Cómo pueden llegar a legitimar a los herederos del régimen que asesinó al mayor número de españoles y demócratas en el siglo XX, aceptando su demanda? Tal comportamiento ofenderá una vez más a los millones y millones que perdieron todo lo que tenían en su defensa de la democracia. ¿Y donde están las derechas, siempre listas ellas para defender el honor de España, en un momento y en un hecho que cubre de vergüenza al país? Su hipocresía sobre el terrorismo queda evidenciada cuando excluye de su homenaje al enorme número de víctimas del terrorismo fascista, que fue mucho mayor en número que el cometido por el terrorismo de ETA. ¿Cómo es que el príncipe Felipe, en representación del monarca, presidiera los actos de homenaje a los últimos y nunca ha presidido ninguno de los primeros?


El argumento que se ha utilizado para definir lo que estamos viendo es que es un mero conflicto entre dos jueces, uno de ellos molesto por el excesivo protagonismo del otro. El juez Varela que intenta penalizar a Garzón es cómplice de aquella demanda y como tal merece el mayor rechazo por parte de todas las personas demócratas. Su animosidad hacia Garzón y el protagonismo de Garzón son temas irrelevantes. Es una enorme frivolidad ver lo que está ocurriendo como un mero conflicto de personalidades. Al contrario, este comportamiento del Tribunal Supremo (en caso de aceptarse la petición del juez Varela), le haría cómplice del fascismo, mostrando un indicador más de lo inmodélica que fue la Transición de la dictadura a la democracia y de la escasa sensibilidad democrática del Estado español. El fascismo continúa vivo y presente en España.

· Vicenç Navarro es catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

lunes, 15 de febrero de 2010

De la dignidad subversiva con que se ha de estudiar nuestra Putísima y pésima historia


María del Carmen Barcia: Una historia con tres amores

CARMITA, como afectuosamente la llama todo el gremio de historiadores, ha declarado muchas veces poseer tres amores en su vida: su familia, la historia y la docencia. De ellos ha privilegiado siempre el primero, al que nunca ha renunciado pese a todas las actividades, responsabilidades y compromisos académicos que han ocupado gran parte de su vida. El hogar ha sido su refugio para compartir sentimientos íntimos con sus hijas y nietos, a los que considera personas esenciales, como lo fue años atrás Félix, su esposo, al que la muerte le arrebató aún joven. Quizá sea esa la primera razón que de forma sutil e imperceptible haya encaminado a nuestra entrevistada por los senderos de la historia de familias, en la actualidad su tema central de investigaciones.

—¿Por qué se decidió por el campo de la historia?

—Nunca me disgustó la historia, pero nunca me propuse formalmente ser profesora de esa materia. Las coyunturas definen, en ocasiones, una línea de vida, y en mi caso me inicié en ese campo a partir del Plan Fidel, para el cual fuimos convocados estudiantes universitarios de diversas carreras. Los de letras debíamos impartir docencia de Gramática o de Ciencias Sociales y yo me decidí por el segundo grupo.

—Los historiadores siempre hemos afirmado que el trabajo de investigación histórica es enriquecedor de la docencia. ¿Cómo ambas funciones se han complementado en su carrera?

—Yo no concibo la investigación sin la docencia. Cuando enseñas a nivel universitario, proyectas tus ideas, tus hallazgos y los confrontas. La visión del otro siempre te enriquece. La vinculación al aula te obliga a una permanente actualización teórica y metodológica, a estar al día en las discusiones internacionales y, lo que es más importante, a mantener una mente joven y fresca. Siempre repito que la edad, más que cronológica, es una actitud mental ante la vida.

«Mis temas de investigación no han estado influidos por la docencia. Creo que de una forma u otra he seguido un hilo conductor que ha tenido que ver con mi formación y mis intereses personales. Llegué a los estudios de la esclavitud moderna por mi formación teórica en la esclavitud clásica. Llegué al estudio de las capas populares a partir del estudio de las élites. Me introduje en la historia social porque considero que solo si se profundiza en sus temas se pueden encontrar explicaciones para una historia política más cabal».

—¿Cuál es el misterio de su elevada productividad científica? ¿Cuáles publicaciones suyas se presentarán en la Feria del Libro, dedicada a usted en representación de los científicos sociales cubanos?

—Siempre he trabajado mucho, tengo un gran poder de concentración y, como disfruto lo que hago, llego a perder la noción del tiempo y a veces del espacio, hasta llegar a insertarme en el mundo que investigo. Las labores hogareñas, por llamar de alguna forma a esa doble jornada laboral que asumimos las mujeres, forman parte de márgenes residuales. No me molesta hacer trabajo académico de ningún tipo y siempre que puedo proyectarlo hacia los jóvenes lo disfruto.

«Para la Feria se reeditan dos libros agotados: Una sociedad en crisis: La Habana a finales del siglo XIX, un título pequeño, al que me siento vinculada por razones personales. El otro, Capas populares en Cuba 1878-1930, fue editado por la Fuente Viva, de la Fundación Fernando Ortiz y ahora saldrá en una edición conjunta con Ciencias Sociales. Se publicará una versión actualizada de La otra familia: parientes, redes y descendencia de los esclavos en Cuba, que fue premio Casa de las Américas y ahora aparecerá con el sello de la Editorial Oriente. También estará a disposición de los lectores Los ilustres apellidos: negros en La Habana colonial, que fue Premio de la Crítica este año. Saldrá por la Editorial Boloña y Ciencias Sociales, conjuntamente. Finalmente está el libro que se le edita a los premios nacionales, en mi caso de Ciencias Sociales. Quise dedicarlo a recopilar artículos dispersos, y se titula Mujeres al borde de la Historia, y será publicado por Ciencias Sociales».

—Partiendo de su experiencia anterior en los diseños de planes de estudio, ¿cómo evaluaría el panorama universitario actual, especialmente en la carrera de Historia? ¿Tiene algunos consejos para contribuir a la formación del historiador en la actualidad?

—La formación actual de los historiadores debe ser repensada. Años atrás el nivel de ingreso era otro y teníamos dos años de especialización. De hecho, cuando se graduaban como licenciados, tenían el nivel que en la actualidad tiene un máster. Después se eliminó la especialización, al considerar que los graduados debían tener un nivel general de formación. Creo que la enseñanza universitaria tiene que pensarse como sistema, que las maestrías deben suceder de inmediato a las licenciaturas, y ser continuadas seguidamente en los doctorados curriculares, lo cual implica un rejuvenecimiento de los profesionales que deben acceder al posgrado.

«Habría que pensar en una carrera de Ciencias Sociales que tuviera años básicos para la formación de sociólogos, antropólogos, arqueólogos, historiadores, y que a partir de un año, que pudiera ser el tercero, se continuaran estas especializaciones, que cada vez se enlazan más.

«Un historiador actual tiene que tener una sólida formación en diversas ramas de las ciencias sociales».

—¿Cuáles historiadores son sus paradigmas? ¿Dentro de qué tendencia historiográfica se inscribe su obra?

—No me gustan los paradigmas; prefiero referir lo que he aprendido de los que me antecedieron. Sergio Benvenuto me inclinó al aprendizaje teórico y metodológico. Los temas, las investigaciones y los resultados de Juan Pérez de la Riva me atraparon tempranamente. De Fernando Ortiz aprecié la necesidad de la interrelación y de la cultura. De Manuel Moreno Fraginals, la capacidad de problematizar y exponer sus ideas. De Hortensia Pichardo, la tenacidad y el detalle. De Fernando Portuondo, la escritura inteligente, clara y sencilla. De Julio le Riverend, la racionalidad. De Jorge Ibarra, sus entrelazamientos teóricos y su discursividad en temas diversos.

«En Cuba no tuvimos “escuelas históricas” que hayan relacionado a profesores y alumnos en una comunidad de trabajo. Tal vez estemos avanzando en esta dirección y en el futuro, algunos jóvenes historiadores se sientan directamente vinculados a sus predecesores».

—¿Piensa continuar trabajando o está valorando jubilarse? ¿Qué problemas historiográficos considera que deben tener un tratamiento urgente y sistemático por parte de los historiadores? ¿Cómo evaluaría a la historiografía cubana de los últimos 20 años? ¿Qué le augura a la ciencia histórica cubana del futuro?

—«Jubilarse» viene de «jubileo» y no hay mayor júbilo, para quien ama su profesión, que continuarla. Tampoco me gusta el término «retiro», porque implica separación y alejamiento. A veces la coyuntura influye en las decisiones, pero por el momento mantendré mi estatus laboral.

«Asuntos que requieren un serio tratamiento historiográfico, que implica ciencia en serio, hay muchos, más de los que pueden ser abarcados. Me preocupa que pocos jóvenes se proyecten hacia la historia económica, campo imprescindible, inclusive para los que nos denominamos historiadores sociales. También me inquieta la parcelación excesiva, porque los estudios puntuales debieran incluirse en líneas que explicaran las rupturas y las continuidades a través de la historia. La historia del presente reclamaría cierta dedicación y también un respaldo para el uso de las fuentes y la discursividad de los resultados, lo cual no implica que se dejen de investigar otras etapas, que reclaman atención, como ocurre con los siglos XVII y XVIII.

«Considero que nuestra historiografía goza de muy buena salud. En los últimos 20 años, a pesar de las dificultades, se han publicado excelentes libros, y lo que es mejor aún, con un reemplazo generacional que destaca por su calidad. Lamento, sin embargo, que sea poco conocida a nivel internacional. Para su mayor divulgación pudieran hacerse esfuerzos en el canje de libros, que beneficiarían a todas las partes involucradas.

«Con respecto al futuro de la historia, y muy a pesar de los posmodernistas, desde Francis Fukuyama hasta Keith Jenkins, que decidieron que había terminado, vemos, sin sorpresa, que goza de excelente salud y que seguirá tratando de reconstruir el pasado, para explicar el presente y alertar, ya que no proyectar, cuestión que sería sumamente atrevida, el futuro».

sábado, 13 de febrero de 2010

Sobre la Puta criminalidad de la Organización del Terrorismo desde AméRICA del Norte (OTAN): los muy Hijos de la Gran Britannia













Vista de Dresde tras el ataque brutal de los Hijos de la Gran Britannia






O de cómo los Putos Hijos de la Gran Bretaña demonizaron al libertario Ejército Rojo

Hace 60 años, 13-14 de febrero de 1945: Por qué se destruyó Dresde

El mito de la guerra buena: EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial

Jacques R. Pauwels

Global Research www.rebelion.org 13/02/10

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

La noche del 13 al 14 de febrero de 1945 la antigua y hermosa capital de Sajonia, Dresde, fue atacada tres veces, dos por la RAF [las Fuerzas Aéreas Británicas] y una por la USAAF, Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, en una operación en la que participaron más de 1.000 bombarderos. Las consecuencias fueron catastróficas ya que el centro histórico de la ciudad quedó incinerado y perdieron la vida entre 25.000 y 40.000 personas [1]. Dresde no era un centro industrial o militar importante y, por lo tanto, no era un objetivo que mereciera el considerable e inusual esfuerzo conjunto estadounidense y británico que supuso el ataque. La ciudad tampoco fue bombardeada como represalia por anteriores bombardeos alemanes de ciudades como Rotterdam y Coventry. En venganza por la destrucción de estas ciudades, bombardeadas despiadadamente por la Luftwaffe en 1940, Berlín, Hamburgo, Colonia y otras muchas ciudades alemanas grandes y pequeñas ya habían pagado un alto precio en 1942, 1943 y 1944. Además, a principios de 1945 los comandantes aliados sabían perfectamente que ni siquiera el bombardeo aéreo más feroz lograría “aterrorizar [a los alemanes] hasta rendirse” [2], por lo tanto no es realista pensar que quienes planearon la operación tuvieran esta motivación. El bombardeo de Dresde parece, pues, que fue una masacre sin sentido y aparece como una tarea más terrible incluso que la devastación atómica de Hiroshima y Nagasaki que, por lo menos, se suponía habían llevado a la capitulación de Japón.

Sin embargo, en los últimos tiempos el bombardeo de países y ciudades se ha convertido en un acontecimiento casi cotidiano, no sólo justificado por nuestros dirigentes políticos sino también presentado por nuestros medios de comunicación como una empresa militar eficaz y un medio perfectamente legitimado de lograr objetivos que supuestamente merecen la pena. En este contexto, incluso el terrible ataque a Dresde ha sido rehabilitado por un historiador británico, Frederick Taylor, que argumenta que quienes planearon el ataque no tenían intención de provocar a la ciudad sajona esa descomunal destrucción, sino que ésta fue el resultado imprevisto de una combinación de desafortunadas circunstancias, incluyendo unas condiciones climatológicas perfectas y un sistema de defensas aéreas alemanas completamente inadecuado [3]. Sin embargo, la afirmación de Taylor la contradice un hecho, que él mismo cita en su libro, en concreto que aproximadamente 40 [bombarderos] “pesados” estadounidenses se desviaron de su ruta de vuelo y acabaron arrojando sus bombas en Praga en vez de en Dresde [4]. Si todo hubiera ocurrido como se había planeado, la destrucción de Dresde seguramente habría sido aún mayor de lo que fue. Por consiguiente, es obvio que se había buscado un grado de destrucción excepcionalmente grande. Más grave es la insistencia de Taylor en que Dresde constituía un objetivo legítimo ya que no sólo era un importante centro militar sino también un punto de cruce de primera categoría del tráfico por ferrocarril así como una importante ciudad industrial en la que gran cantidad de fábricas y talleres producían todo tipo de equipamiento fundamental desde el punto de vista militar. No obstante, una serie de hechos indican que estos objetivos “legítimos” apenas tuvieron peso en los cálculos de quienes planificaron el ataque. En primer lugar, no se atacó la única instalación militar verdaderamente importante, el aeródromo de la Luftwaffe situado a pocos kilómetros al norte de la ciudad. En segundo lugar, los aviones británicos que señalaban los objetivos a los bombarderos no marcaron como objetivo la supuesta crucialmente importante estación de tren. En vez de ello se ordenó a las tripulaciones que arrojaran sus bombas dentro de la ciudad, situada al norte de la estación [5]. A consecuencia de ello, aunque los estadounidenses bombardearon la estación y gran cantidad de personas murió allí, sus instalaciones sufrieron relativamente pocos daños estructurales, tan pocos que, de hecho, a los pocos días de la operación otra vez pudieron circular trenes que transportaban tropas [6]. En tercer lugar, la gran mayoría de las industrias militarmente importantes de Dresde no estaba situadas en el centro de la ciudad sino a las afueras, donde no se arrojaron bombas, al menos deliberadamente [7].

No se puede negar que Dresde, como cualquier otra ciudad alemana importante, contenía instalaciones militarmente importantes y que al menos algunas de estas instalaciones estaban situadas en el centro de la ciudad y, por lo tanto, fueron destruidas en el ataque, pero esto no lleva lógicamente a la conclusión de que el ataque se planeó con este propósito. También se destruyeron hospitales e iglesias, y murieron muchos prisioneros de guerra aliados que estaban casualmente en la ciudad, pero nadie argumenta que el ataque se hiciera para provocar eso. Del mismo modo, muchos judíos y miembros de la resistencia a los nazis de Alemania que esperaba ser deportados y/o exterminados pudieron escapar de la prisión durante el caos ocasionado por el bombardeo [8] pero nadie afirma que éste fuera el objetivo del ataque. Por tanto, no hay razón lógica para concluir que la destrucción de una cantidad desconocida de instalaciones militares de mayor o menor importancia fuera la razón del ataque. La destrucción de la industria de Dresde, como la liberación de unos cuantos judíos, sólo fue una consecuencia secundaria de la operación que no se había planeado.

Con frecuencia se sugiere, Taylor también, que el objetivo del bombardeo de la capital sajona era facilitar el avance del Ejército Rojo. Supuestamente los propios soviéticos habían pedido a sus socios occidentales durante la Conferencia de Yalta, celebrada del 4 al 11 de febrero de 1945, que debilitaran la resistencia alemana en el frente oriental por medio de ataques aéreos. Sin embargo, no existe prueba alguna que confirme esta afirmación. La posibilidad de ataques aéreos anglo-estadounidenses sobre objetivos del este de Alemania sí se discutió en Yalta, pero durante estas conversaciones los soviéticos expresaron su preocupación de que sus propias líneas fueran atacadas por los bombarderos, por lo que pidieron que la RAF y la USAAF no operaran demasiado al este [9] (el temor de los soviéticos a padecer el llamado “fuego amigo” no era infundado, como quedó demostrado durante el propio ataque a Dresde cuando una cantidad considerable de aviones bombardeó por error Praga, situada igual de lejos de Dresde de lo que estaban las líneas del Ejército Rojo). Fue en este contexto en el que un general soviético llamado Antonov expresó un interés general en “ataques aéreos que impidieran los movimientos del enemigo”, pero esto no se puede interpretar como una petición de imponer a la capital sajona (a la que, por cierto, no mencionó en absoluto) ni a cualquier otra ciudad alemana el tipo de tratamiento que recibió Dresde el 13-14 de febrero. Ni en Yalta ni en ninguna otra ocasión los soviéticos pidieron a sus aliados occidentales el tipo de ayuda aérea que supuestamente se materializara en forma de la devastación de Dresde. Es más, nunca dieron su aprobación al plan de bombardear Dresde, como a menudo se ha afirmado [10]. En cualquier caso, aun cuando los soviéticos hubieran pedido esa ayuda desde el aire, es extremadamente poco probable que los aliados hubieran respondido lanzando inmediatamente la potente flota de bombarderos que de hecho atacó Dresde.

Para entender por qué esto es así tenemos que examinar de cerca las relaciones entre los aliados a principios de 1945. Desde mediados a finales de enero los estadounidense seguían envueltos en las convulsiones finales de la “Batalla del Saliente” [a], una inesperada contraofensiva alemana en el frente occidental que les había causado grandes dificultades. Los estadounidenses, británicos y canadienses todavía no habían cruzado el Rhin, ni siquiera habían alcanzado las riberas occidentales de este río, y todavía les separaban de Berlín más de 500 kilómetros. Mientras tanto, en el frente oriental el Ejército Rojo había lanzado una importante ofensiva el 12 de enero y avanzaba rápidamente a 100 kilómetros de la capital alemana. La resultante probabilidad de que los soviéticos no sólo tomaran Berlín sino que penetraran profundamente en la mitad occidental de Alemania antes de que acabara la guerra perturbaba enormemente a muchos dirigentes militares y políticos estadounidenses y británicos. ¿Es realista creer que en esas circunstancias Washington y Londres estuvieran deseosos de posibilitar a los soviéticos hacer progresos aún mayores? Aunque Stalin hubiera pedido ayuda anglo-estadounidense, Churchill y Roosevelt le habrían proporcionado alguna ayuda simbólica, pero nunca habrían lanzado la operación masiva y sin precedentes combinada de la RAF y la USAAF que resultó ser el bombardeo de Dresde. Es más, atacar Dresde significaba enviar cientos de grandes bombarderos a más de 2.000 kilómetros a través del espacio aéreo enemigo, acercarse tanto a las líneas del Ejército Rojo que podían correr el riesgo de arrojar por error sus bombas sobre los soviéticos o de ser disparados por la artillería antiaérea soviética. ¿Se podía esperar que Churchill o Roosevelt invirtieran semejante cantidad de recursos humanos y materiales, y corrieran semejantes riesgos en una operación que haría más fácil al Ejército Rojo tomar Berlín y posiblemente llegar al Rin antes de lo que lo hicieron? Tajantemente no. Los dirigentes políticos y militares estadounidenses y británicos sin lugar a dudas opinaban que el Ejército Rojo ya estaba avanzando bastante deprisa.

Hacia finales de enero de 1945 Roosevelt y Churchill se prepararon para viajar a Yalta para celebrar una reunión con Stalin. Habían solicitado esta reunión porque querían establecer acuerdos vinculantes sobre la Alemania de posguerra antes de que acabaran las hostilidades. Si estos acuerdos no existían, las realidades militares sobre el terreno determinarían quién iba a controlar qué partes de Alemania y parecía que para cuando los nazis capitularan finalmente, los soviéticos iba a controlar la mayor parte de Alemania, con lo que podrían determinar unilateralmente el futuro político, social y económico del país. Los propios Washington y Londres habían creado un fatídico precedente de este tipo de plan de acción unilateral cuando liberaron Italia en 1943 y negaron categóricamente a la Unión Soviética toda participación en la reconstrucción de ese país; lo mismo hicieron en Francia y Bélgica [11]. Stalin, que había seguido el ejemplo de sus aliados cuando liberó países en el este de Europa, obviamente no necesitaba o quería este acuerdo vinculante respecto a Alemania y, por lo tanto, esa reunión. Aceptó la propuesta, pero insistió en que el encuentro tuviera lugar en territorio soviético, en el balneario crimeo de Yalta. Contrariamente a las creencia convencionales sobre la Conferencia, Stalin demostraría ser de lo más complaciente y acceder a la fórmula propuesta por los británicos y estadounidenses, que era extremadamente ventajosa para ellos, es decir, la división de la Alemania de posguerra en zonas ocupadas, de las que sólo aproximadamente una tercera parte del territorio alemán (lo que luego serían “Alemania del este”) se asignaba a los soviéticos. Roosevelt y Churchill no podían haber previsto este afortunado resultado de la Conferencia de Yalta, de la que volvieron “con un ánimo exultante” [12]. Durante las semanas anteriores a la conferencia esperaban que el dirigente soviético fuera un interlocutor exigente y difícil, animado por los recientes éxitos del Ejército Rojo y por el hecho de gozar de una especie de ventaja en el juego. Había que encontrar una manera de hacerle volver a poner los pies en la tierra, de condicionarle para que hiciera concesiones a pesar de ser el favorito provisional del dios de la guerra.

Era de una importancia crucial dejar claro a Stalin que no se debía subestimar el poder militar de los aliados occidentales a pesar de los recientes reveses en las Ardenas belgas. Había que reconocer que el Ejército Rojo disponía de enormes masas de soldados de infantería, de excelentes tanques y de una artillería formidable, pero los aliados occidentales tenían en sus manos una baza militar que los soviéticos eran incapaces de igualar. Esta baza era su fuerza aérea, que contaba con la más impresionante colección de bombarderos que jamás había visto el mundo. Esta arma hacía posible que estadounidenses y británicos lanzaran los más devastadores ataques aéreos sobre objetivos que estaban muy lejos de sus propias líneas. ¿No resultaría más fácil negociar con Stalin en Yalta si se pudiera conseguir que fuera consciente de esto?

Fue Churchill quien decidió que la destrucción total de la ciudad alemana en las narices de los soviéticos, por así decirlo, enviaría el mensaje deseado al Kremlin. Durante cierto tiempo la RAF y la USAAF habían sido capaces de infligir golpes devastadores a cualquier ciudad alemana y se habían preparado meticulosamente planes detallados para esta operación conocida como “Operación Trueno”. Sin embargo, durante el verano de 1944, cuando el rápido avance desde Normandía hizo probable que la guerra se ganara antes de fin de año y ya se empezaba a pensar en la reconstrucción de posguerra, una operación al estilo de la Operación Trueno se había empezado a ver como un medio de intimidar a los soviéticos. En agosto de 1944 un memorándum de la RAF señalaba que “la devastación total del centro de una vasta ciudad [alemana] […] convencería a los aliados rusos […] de la eficacia de la potencia aérea anglo-estadounidense” [13].

A principios de 1945 ya no se consideraba necesaria la Operación Trueno para derrotar a Alemania. Pero hacia finales de enero de 1945, mientras se preparaba para viajar a Yalta, Churchill vio de pronto un gran interés en este proyecto, insistió en que se debía llevar a cabo inmediatamente y ordenó específicamente al jefe del Comando de Bombarderos de la RAF, Arthur Harris, que borrara del mapa una ciudad en el este de Alemania [14]. El 25 de enero el primer ministro británico indicó dónde quería que “se acribillara” a los alemanes, a saber, en algún lado “en su retirada [en dirección oeste] desde Breslau [ahora Wroclaw, en Polonia]” [15]. En términos de centros urbanos esto equivalía a deletrear D-R-E-S-D-E. El hecho de que el propio Churhill estuviera detrás de la decisión de bombardear una ciudad del este de Alemania también se daba a entender en la autobiografía de Arthur Harris, quien escribió que “en aquel momento gente mucho más importante que yo mismo consideraba que el ataque a Dresde era una necesidad militar” [16]. Es obvio que sólo personalidades del calibre de Churchill eran capaces de imponer su voluntad al zar de los bombardeos estratégicos. Como ha escrito el historiador militar británico Alexander McKee, Churchill “trató de escribir [una] lección en el cielo nocturno [de Dresde]” para los soviéticos. Sin embargo, puesto que la USAAF acabó implicándose también en el bombardeo de Dresde, podemos asumir que Churchill actuó con el conocimiento y aprobación de Roosevelt. Los socios de Churchill en lo más alto de la jerarquía tanto militar como política de Estados Unidos, incluyendo al general Marshall, compartían su punto de vista; como escribe McKee, estaban demasiado fascinados por la idea de “intimidar a los comunistas [soviéticos] aterrorizando a los nazis”[17]. La participación estadounidense en el ataque a Dresde no era verdaderamente necesaria porque sin lugar a dudas la RAF era capaz de borrar del mapa Dresde actuando en solitario. Pero el efecto de “exageración” resultante de una redundante contribución estadounidense era perfectamente funcional para el propósito de demostrar a los soviéticos lo letal que era el poderío aéreo anglo-estadounidense. También es probable que Churchill no quisiera que fuera exclusivamente británica la responsabilidad de lo que él sabía iba a ser una masacre terrible; era un crimen para el que necesitaba un socio.

Una operación al estilo de la Operación Trueno dañaría, por supuesto, cualquier instalación militar e industrial, así como la infraestructura de comunicaciones que hubiera en la ciudad que era su objetivo y, por consiguiente, supondría otro golpe para el ya tambaleante enemigo alemán. Pero cuando finalmente se lanzó esta operación con Dresde como objetivo, se hizo mucho menos para acelerar la derrota del enemigo alemán que para intimidar a los soviéticos. Utilizando la terminología de la escuela de sociología estadounidense del “análisis funcional”, golpear a los alemanes lo más duramente posible era la “función manifiesta” de la operación, mientras que intimidar a los soviéticos era su mucho más importante función “latente” u “oculta”. La destrucción masiva infligida a Dresde se planeó (en otras palabras, era “funcional”) no para infligir un golpe devastador al enemigo alemán, sino para demostrar al aliado soviético que los anglo-estadounidenses tenían un arma que el Ejército Rojo no podría igualar, sin importar lo poderoso que éste fuera y el éxito que éste tuviera contra los alemanes, y que tenían un arma contra la que los soviéticos no tenían defensas adecuadas.

Sin lugar a dudas, muchos generales y oficiales de alto rango estadounidenses y británicos eran conscientes de la función latente de la destrucción de Dresde y aprobaron esta empresa; también los comandantes locales de la RAF y la USAAF, así como los “maestros bombarderos” eran conscientes (después de la guerra dos de ellos afirmaron recordar que se les había dicho claramente que la intención de este ataque era “impresionar a los soviéticos con el poder destructor de nuestro Comando Bombardero”) [18]. Pero los soviéticos, que hasta el momento habían hecho la mayor contribución a la guerra contra la Alemania nazi y que por ello habían sufrido no sólo las mayores pérdidas sino que también habían tenido los éxitos más espectaculares, por ejemplo, en Stalingrado, gozaban de muchas simpatías entre el personal militar de baja graduación estadounidense y británico, incluyendo las tripulaciones de los bombarderos. Estas personas seguramente habrían desaprobado un plan para intimidar a los soviéticos y con toda seguridad un plan (la destrucción de una ciudad alemana desde el aire) que ellos tendrían que llevar a cabo. Por lo tanto, fue necesario camuflar el objetivo de la operación tras unas razones oficiales. En otras palabras, como no se podía decir la atroz función latente de la operación, había que inventarse una función manifiesta que se pudiera decir [b].

Y así se instruyó a los comandantes regionales y los maestros bombarderos para formular otros objetivos, que se esperaba fueran creíbles, por el bien de sus tripulaciones. En vista de ello podemos entender por qué las instrucciones dadas a las tripulaciones respecto a los objetivos eran diferentes de una unidad a otra y por qué a menudo fueron descabelladas e incluso contradictorias. La mayoría de los comandantes hicieron hincapié en los objetivos militares y citaron “blancos militares” indefinidos, hipotéticas “fábricas vitales de munición” y “depósitos de armas y suministros”, el supuesto papel de Dresde como “ciudad fortificada” e incluso la existencia en la ciudad de algún “cuartel general del ejército alemán”. Con frecuencia se hicieron también vagas alusiones a “importantes instalaciones militares” y a “depósitos de vagones y máquinas de tren” . Para explicar a las tripulaciones por qué se atacaba el centro de la ciudad y no los barrios periféricos industriales, algunos comandantes hablaron de la existencia en el centro de “cuarteles generales de la Gestapo” y de "una gigantesca fábrica de gas”. Algunos oradores o bien fueron incapaces de inventarse esos objetivos imaginarios o bien por alguna razón no deseaban hacerlo y dijeron escuetamente a sus hombres que se iban a arrojar las bombas en el “centro construido de la ciudad de Dresde” o, simplemente, “en Dresde” [19]. Destruir el centro de una ciudad alemana con la esperanza de provocar tanto daño como fuera posible a las instalaciones militares e industriales, y a las infraestructuras de comunicaciones resultó ser la esencia de la estrategia aliada, o al menos británica, de “bombardear una zona” [20]. Las tripulaciones de los bombarderos habían aprendido a aceptar este desagradable hecho de la vida, o más bien de la muerte, pero en el caso de Dresde muchos de ellos se sintieron incómodos. Cuestionaron las instrucciones respecto a los objetivos y tuvieron la impresión de que este ataque implicaba algo inusual y sospechoso, y de que sin lugar a dudas no era un asunto “de rutina”, tal como Taylor lo presenta en su libro. Por ejemplo, el radio-operador de un B-17 declaró en una comunicación confidencial que “ésta era la única vez” que “a [él] (y a otros) les parecía que la misión era inusual”. La angustia que experimentaron las tripulaciones quedó también ilustrada por el hecho de que en muchos casos unas órdenes del comandante no provocaron los tradicionales vítores de las tripulaciones sino que se recibieron con un silencio gélido [21].

Directa o indirectamente, con intención o sin ella, las instrucciones y órdenes dirigidas a las tripulaciones a veces revelaban la verdadera función del ataque. Por ejemplo, una directriz de la RAF a las tripulaciones de varios grupos de bombarderos emitida el día del ataque, el 13 de febrero de 1945, afirmaba de forma inequívoca que la intención era “enseñar a los rusos, cuando lleguen a la ciudad, lo que es capaz de hacer nuestro Comandante de Bombarderos” [22]. En esas circunstancias apenas es sorprendente que muchos miembros de las tripulaciones entendieran claramente que tenían que borrar Dresde del mapa para asustar a los soviéticos. Un miembro canadiense de la tripulación de un bombardero declararía después de la guerra a un historiador oral que estaba convencido de que el objetivo de bombardear Dresde había sido dejar claro a los soviéticos “que tenían que portarse bien, si no les íbamos a enseñar lo que también podíamos hacer a las ciudades rusas” [23].

Las noticias de la destrucción particularmente espantosa de Dresde también causaron un gran malestar entre civiles británicos y estadounidenses, que compartían la simpatía de los soldados por los aliados soviéticos y que tras conocer las noticias del ataque sintieron igualmente que esta operación rezumaba algo inusual y sospechoso. Las autoridades trataron de eliminar la inquietud del público explicando la operación como un esfuerzo para facilitar el avance del Ejército Rojo. En una conferencia de prensa de la RAF en el París liberado el 16 de febrero de 1945 se les dijo a los periodistas que la destrucción de este “centro de comunicaciones” situado cerca del “frente ruso” se había inspirado en el deseo de hacer posible que los rusos “continuaran su lucha con éxito”. Que esto era meramente una excusa inventada por lo que ahora se llama “vendedores de humo” [c] lo reveló el propio portavoz militar que reconoció sin convicción que él “creía” que la intención “probablemente” había sido ayudar a los soviéticos [24].

La hipótesis de que el ataque a Dresde fuera intimidar a los soviéticos explica no sólo la magnitud de la operación sino también la elección del objetivo. Para quienes planearon la Operación Trueno Berlín siempre se presentaba como el objetivo perfecto. Sin embargo, a principios de 1945 la capital alemana ya había sido bombardeada varias veces. ¿Se podía esperar que otro bombardeo aéreo, sin importar lo devastador que fuera, tuviera el efecto deseado sobre los soviéticos cuando luchara para abrirse camino hacia la capital [alemana]? La destrucción creada en 24 horas seguramente sería mucho más espectacular si el objetivo fuera una ciudad bastante grande, compacta y “virginal”, esto es, todavía no bombardeada. Dresde, afortunada por no haber sido bombardeada hasta entonces, era ahora lo suficientemente desafortunada para reunir todos esos criterios. Además, los comandantes británicos y estadounidenses esperaban que los soviéticos llegaran a la capital sajona en unos pocos días, por lo que podrían ver enseguida con sus propios ojos lo que la RAF y la USAAF podían lograr en una sola operación. Aunque el Ejército Rojo entró en Dresde mucho después de lo que los británicos y estadounidenses esperaban, es decir, el 8 de mayo de 1945, la destrucción de la capital sajona tuvo el efecto deseado. Las líneas soviéticas estaban situadas sólo a unos doscientos kilómetros de la ciudad de modo que los hombres del Ejército Rojo pudieron admirar el resplandor del infierno de Dresde en el horizonte nocturno. Supuestamente la tormenta de fuego era visible a una distancia de 300 kilómetros.

Si intimidar a los soviéticos se considera la [función] “latente”, en otras palabras, la función real de la destrucción de Dresde, entonces tiene sentido no sólo la magnitud de la operación sino también el momento en que se hizo. Al menos según algunos historiadores, se suponía que el ataque iba a tener lugar el 4 de febrero de 1945, pero debido a las inclemencias del tiempo se tuvo que posponer a la noche del 13 al 14 de febrero [25]. La Conferencia de Yalta empezó el 4 de febrero. Si los fuegos artificiales de Dresde hubieran tenido lugar ese día, podría haber dado qué pensar a Stalin en ese momento crítico. El dirigente soviético, que volaba alto tras los recientes éxitos del Ejército Rojo, habría sido llevado a poner los pies en la tierra con esta proeza de las fuerzas aliadas y, por consiguiente, se habría vuelto un interlocutor menos confiado y más condescendiente en la mesa de la conferencia. Esta expectativa quedó reflejada claramente en un comentario hecho por un general estadounidense, David M. Schlatter, una semana después de que empezara la Conferencia de Yalta: “Creo que nuestras fuerzas aéreas son una fuerte baza con la que nos acercaremos a la mesa del tratado para la posguerra y que esta operación [el planeado bombardeo de Dresde y/o Berlín] se sumará poderosamente a su fuerza o, más bien, ayudará a que los rusos conozcan su fuerzas [26]”.

El plan de bombardear Dresde no se canceló sino que meramente se pospuso. El tipo de demostración de potencia militar que se suponía que era mantuvo su utilidad psicológica incluso después de terminada la Conferencia de Crimea. Se seguía esperando que los soviéticos entraran pronto en Dresde y así pudieran ver de primera mano la horrible destrucción que las fuerzas aéreas anglo-estadounidenses eran capaces de causar a una ciudad completamente arrasada en una sola noche. Después, cuando los bastante vagos acuerdos alcanzados en Yalta se tuvieran que poner en práctica, los “chicos del Kremlin” seguramente recordarían lo que habían visto en Dresde, sacarían útiles conclusiones de sus observaciones y se comportarían como Washington y Londres esperaban que hicieran. Cuando hacia el final de las hostilidades las tropas estadounidenses tuvieron la oportunidad de llegar a Dresde antes que los soviéticos, Churchill vetó lo siguiente: incluso a esas alturas, cuando Churchill estaba muy deseoso de que los anglo-estadounidenses ocuparan la mayor cantidad de territorio alemán posible, todavía insistió en que se debía permitir a los soviéticos ocupar Dresde, sin duda para que pudieran beneficiarse del efecto demostrativo del bombardeo.

Dresde fue arrasado para intimidar a los soviéticos con una demostración del inmenso poder destructivo que permitió a los bombarderos de la RAF y de la USAAF sembrar muerte y destrucción a cientos de kilómetros de sus bases y el trasfondo era claro: este poder destructivo se podría dirigir a la propia Unión Soviética. Esta interpretación explica las muchas particularidades del bombardeo de Dresde, como la magnitud de la operación, la inusual participación en una sola operación tanto de la RAF como de la USAAF, la elección de un objetivo “virginal”, la (buscada) enormidad de la destrucción, el momento del ataque y el hecho de que no se tocaran lo que supuestamente era crucialmente importante, la estación central y los barrios periféricos con sus fábricas ni tampoco el campo de aviación Luftwaffe. El bombardeo de Dresde tenía poco o nada que ver con la guerra contra la Alemania nazi: fue un mensaje anglo-estadounidense a Stalin, un mensaje que costó la vida de cientos de miles de personas. Más tarde ese mismo año siguieron dos mensajes codificados de manera similar aunque no muy sutiles que supusieron más víctimas, pero esta vez el objetivo fueron ciudades japonesas, y la idea era llamar la atención de Stalin sobre la letalidad de la terrible nueva arma estadounidense, la bomba atómica [27]. Dresde tenía poco o nada que ver con la guerra contra la Alemania nazi; tenía mucho que ver, si no todo, con un nuevo conflicto en el que el enemigo iba a ser la Unión Soviética. Había nacido la Guerra Fría en el espeluznante calor del infierno de Dresde, Hiroshima y Nagasaki.

* Jacques R. Pauwels es escritor nacido en Bélgica aunque reside en Canadá desde 1969. Es autor de El mito de la guerra buena : EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial, Hondarribia, Hiru, 2002; traducción de José Sastre.

Notas:

[1] Frederick Taylor, Dresden: Tuesday, February 13, 1945, Nueva York, 2004, pp. 354, 443-448; Götz Bergander, Dresden im Luftkrieg. Vorgeschichte, Zerstörung, Folgen, Weimar, 1995, capítulo 12 y especialmente pp. 210 ff., 218-219, 229; “Luftangriffe auf Dresden”, http://de.wikipedia.org/wiki/Luftangriffe_auf_Dresden, p. 9.

[2] Véase, por ejemplo, los comentarios hechos por el general Spaatz citados en Randall Hansen, Fire and fury: the Allied bombing of Germany, 1942-45, Toronto, 2008, p. 243.

[3] Taylor, p. 416.

[4] Taylor, pp. 321-322.

[5] Olaf Groehler, Bombenkrieg gegen Deutschland, Berlín, 1990, p. 414; Hansen, p. 245; “Luftangriffe auf Dresden”, http://de.wikipedia.org/wiki/Luftangriffe_auf_Dresden, p.7.

[6] “Luftangriffe auf Dresden”, http://de.wikipedia.org/wiki/Luftangriffe_auf_Dresden, p. 7.

[7] Taylor, pp. 152-154, 358-359.

[8] Eckart Spoo, “Die letzte der Familie Tucholsky”, Ossietzky, No. 11/2, junio de 2001, pp. 367-70.

[9] Taylor, p. 190; Groehler, pp. 400-401. Citando un estudio sobre Yalta, al autor británico del último estudio sobre el bombardeo aliado durante la Segunda Guerra Mundial señala que los soviéticos “claramente preferían mantener a la RAF y la USAAF lejos del territorio que pronto ocuparían”, véase C. Grayling, Among the Dead Cities: Was the Allied Bombing of Civilians in WWII a Necessity or a Crime?, Londres, 2006, p. 176.

[10] Alexander McKee, Dresden 1945: The Devil’s Tinderbox, Londres, 1982, pp. 264-265; Groehler, pp. 400-402.

[a] N. de la t.: En términos militares un saliente es un campo de batalla que se adentra en territorio enemigo y, por lo tanto está rodeado por el enemigo en tres de sus lados, lo que hace que las tropas que lo ocupan sean vulnerables. Esta batalla también se conoce como “Batalla de las Ardenas”.

[11] Véase, por ejemplo, Jacques R. Pauwels, The Myth of the Good War: America in the Second World War, Toronto, 2002, p. 98 ff. [Traducción al castellano, El mito de la guerra buena: EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial, Hondarribia, Hiru, 2002; traducción de José Sastre.]

[12] Ibid., p. 119.

[13] Richard Davis, “Operation Thunderclap”, Journal of Strategic Studies, 14:1, marzo de 1991, p. 96.

[14] Taylor, pp. 185-186, 376; Grayling, p. 71; David Irving, The Destruction of Dresden, London, 1971, pp. 96-99.

[15] Hansen, p. 241.

[16] Arthur Travers Harris, Bomber offensive, Don Mills/Ont., 1990, p. 242.

[17] McKee, pp. 46, 105.

[b] N. de la t.: el autor juega con los términos “unspeakable” (que significa inefable, pero también atroz) y “speakable”, término que no existe en inglés y resultaría de eliminar el prefijo privativo “un-” y vendría a significar “decible”.

[18] Groehler, p. 404.

[19] Ibid., p. 404.

[20] Los estadounidenses preferían el “bombardeo de precisión”, en teoría si no siempre en la práctica.

[21] Taylor, pp. 318-19; Irving, pp. 147-48.

[22] Cita de Groehler, p. 404.Véase también Grayling, p. 260.

[23] Citado en Barry Broadfoot, Six War Years 1939-1945: Memories of Canadians at Home and Abroad, Don Mills, Ontario, 1976, p. 269.

[c] N de la t.: El término empleado es “spin doctors” término anglosajón de difícil traducción que se refiere a los profesionales de la manipulación política con fines propagandísticos, tan en boga durante la “era Bush”.

[24] Taylor, pp. 361, 363-365.

[25] Véase,por ejemplo, Hans-Günther Dahms, Der Zweite Weltkrieg, segunda edición, Frankfurt am Main, 1971, p. 187.

[26] Citado en Ronald Schaffer, “American Military Ethics in World War II: The Bombing of German Civilians”, The Journal of Military History, 67: 2 de septiembre de 1980, p. 330.

[27] A. C. Grayling, por ejemplo, escribe en su último libro sobre el bombardeo aliado que “se ha reconocido que uno de los principales objetivos de los ataques con bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki era demostrar a los rusos la superioridad armamentística que habían alcanzado los estadounidenses [...]. En el caso de Dresde algo similar es desgraciadamente cierto”.

Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=17515